Dic 12 2008
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OpiniónPolítica

Lo que Lula debería decir (y hacer)

Emir Sader*

El capital financiero es el mayor enemigo del crecimiento económico del país. Remunerado por las más altas tasas de intereses reales del mundo, es un capital parásito, sanguijuela, que vive a costa del endeudamiento de las personas, del Estado y de las empresas (especialmente de las pequeñas y medias empresas). Sus balances son un exabrupto por el nivel de ganancias que siguen acumulando, sin crear empleos (al contrario, despidiendo trabajadores), sin crear riqueza, sin financiar las investigaciones, las inversiones productivas y el consumo.

Debe ser combatido frontalmente, para lo cual, el gobierno precisa imponer un plan riguroso de disminución radical e inmediata de las tasas de interés y someter al Banco Central a las directrices generales del gobierno, que fue electo para promover el desarrollo económico y social de Brasil y no el enriquecimiento de los banqueros.

Para que disminuya la desigualdad y la injusticia social en Brasil, precisamos adoptar un modelo económico que privilegie la producción, la creación de empleos, el fortalecimiento del mercado interno de consumo popular, medidas fundamentales que terminen con la hegemonía del capital financiero – que entre nosotros es fundamentalmente un capital especulativo.

Para que tengamos un Brasil realmente para todos, precisamos terminar con la farra especulativa del sistema financiero, que ya demostró su carácter antisocial, para que sea posible utilizar los recursos del Estado brasilero para extender los derechos sociales, económicos y culturales para todos, superando el estigma del país más desigual del mundo, en gran parte porque remunera el capital financiero de la manera más generosa y somete a la masa de la población a políticas de crédito que solo los enriquecen, en lugar de favorecer el crecimiento económico y social del país.

– En Brasil, quien paga impuestos son los ciudadanos y los trabajadores comunes. Grandes empresas y, sobre todo, los bancos y el sistema financiero, siempre encuentran formas de driblar al fisco. Por eso el Brasil precisa urgentemente de una gran reforma tributaria, con un profundo carácter social y redistributivo, en que quien gana más y tiene mas, paga más. Solo así el Estado brasilero dejará de transferir la renta del mundo del trabajo para el mundo financiero.

– Los capitales financieros son verdaderos urubúes1, que vuelan para donde encuentran mayores ganancias, con mayor liquidez y poco o ningún impuesto. No tienen nacionalidad, ni compromiso con los intereses del país y de la gran masa de la población. Por eso la circulación del capital financiero precisa ser controlada, tributada, orientada para las necesidades de financiamiento de los sectores que el crecimiento económico y social impone. La entrada y salida de capitales del país será tributada, con impuestos que servirán para extender los derechos de ciudadanía de la gran masa pobre del país.

– El gobierno no concederá ninguna exención fiscal o favores afines, sin contrapartidas concretas de parte de las empresas, principalmente extensión de los empleos formales, mejoría de las condiciones de trabajo, respeto estricto a las condiciones del medio ambiente, pago riguroso de todos los tributos gubernamentales.

– La crisis actual demuestra la fragilidad del sistema financiero internacional. Por esa razón Brasil propugnará que el Banco del Sur sea el depositario fundamental de las reservas de nuestro país y de todos los otros de la región. Se determinará la centralización del cambio, porque la política monetaria es una variable con innumerables consecuencias sobre la economía y por esa razón no puede estar simplemente determinada por los vaivenes del mercado.

– Como las grandes empresas privadas de los medios de comunicación brasileros son propiedad de algunas pocas grandes familias, que pretenden imponer sus pontos de vista a la gran mayoría de la población, el gobierno pasará a actuar para fortalecer de forma decidida los medios de comunicación públicos, así como todas las formas alternativas de comunicación – de radios comunitarias a Internet -, utilizando para eso, de forma clara, los recursos de la publicidad gubernamental.

El pueblo decidió, en las dos últimas elecciones presidenciales, que no está de acuerdo con los grandes medios privados y que, al contrario, eligió y reeligió el candidato que esos medios oligárquicos atacan sistemáticamente. Esas elecciones son la mayor y la más verdadera investigación de opinión. Y el pueblo dijo que quiere unos medios democráticos, pluralistas, de raíces nacionales, identificados con las grandes políticas gubernamentales que favorecen al pueblo. Por eso actuaremos firmemente en la dirección de la democratización profunda de los medios brasileros, sin la cual nunca tendremos una democracia real en el país.

– Brasil precisa involucrarse prioritariamente en el fortalecimiento de la economía familiar, de las pequeñas y medias empresas y de las cooperativas que son las que realmente producen para el mercado interno y generan ocupación y renta en el campo para la gran masa de trabajadores. Para eso incentivará la producción de esos sectores con créditos y todas las formas de apoyo técnico, combatiendo al mismo tempo la producción con transgénicos por parte de las empresas de agronegocios.

– El gobierno incentivará todas las formas de movilizaciones populares en la lucha por los intereses de la masa de la población, sin la cual no será posible combatir y superar los enormes obstáculos para la construcción de un Brasil para todos. Fue así que se consiguió, en el segundo turno de las elecciones presidenciales del 2006, derrotar a la derecha y su candidato neoliberal, a pesar de todo el empeño de los medios. Es así que será posible construir en Brasil una democracia con alma social.

– El gobierno se empeñará fuertemente en la construcción, junto a todas las fuerzas del campo popular, de una plataforma antineoliberal, para que el candidato que suceda a este gobierno pueda consolidar los avances conseguidos, combatir las fuerzas conservadoras y hacer que el país avance en la dirección de una sociedad justa y solidaria. 
 
1 Aves de rapiña

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