Jun 18 2007
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Política

LOS ALIADOS CIRCUNSTANCIALES – O LA IMPOSIBILIDAD DE DAR UN PASO ATRÁS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Las batallas son paralelas y con vasos comunicantes, nunca excluyentes. Tenemos un asunto político coyuntural y un asunto de igual o mayor trascendencia: la lucha contra un despotismo de cuño maquillado y la necesidad de construir un país. Debemos entender que construir un país se integra a la batalla coyuntural: mientras formemos más ciudadanos y establezcamos nuevas pautas de comportamiento social más se debilitará el régimen al que nos oponemos.

No podemos plantearnos primero salir del régimen y luego comenzar la construcción. Debemos hacer ambas cosas a la vez. Si miramos a la gesta de 1928 podremos encontrar una lucha contra la tiranía gomecista y la siembra de una democracia donde las mujeres votaran, al igual que los analfabetas, una donde los gobernantes fueran electos por votación popular y no designados a dedo por quienes ejercían el poder. Fue precisamente los planteamientos de construcción de un país distinto lo que dio solidez a la lucha contra Gómez. La generación del 28 no se planteó que el asunto era salir del dictador, sino que el asunto fundamental eran las formas políticas que habrían de sustituir a lo existente.

Los movimientos de resistencia a un régimen autoritario no pueden sobrevivir sobre la base de restaurar lo que existía antes del mismo. Después del régimen totalitario, especialmente si se disfraza de revolución, no se puede volver atrás. De manera que el planteamiento de restituir la democracia en contraparte de este aborto militarista es uno absolutamente vacío y carente de fuerza como para dar al traste con la intentona recurrente de perpetuar una dictadura. La lucha contra la coyuntura implica un paso adelante, una oferta de establecimiento de una nueva realidad.

No puede existir una democracia sustitutiva del actual engendro si la política no es rescatada como valor fundamental. No puede existir una democracia sustitutiva del actual engendro si no recolocamos el valor de las ideas como pináculo y eje de todo un movimiento giratorio. Debemos admitir que ahora tenemos un país muy diferente al que teníamos antes de comenzar este período histórico que terminará. La sacudida ha permitido un despertar generalizado hacia la participación y el interés en los asuntos públicos.

El tercer escenario es, pues, la construcción de organizaciones de participación política con carácter horizontal, lo que significa una sacudida total sobre las llamadas instituciones intermedias que sirven de vasos comunicantes entre el poder y la población. El cuarto escenario no puede limitarse a una reforma del poder judicial que le devuelva su independencia, sino un proceso de cambio aún mayor, pues implica una reformulación del concepto jurídico hacia el establecimiento de un Estado Social de Derecho que excede, con creces, a una mera preocupación asistencialista.

El quinto escenario pasa por una reformulación de la teoría económica limitada a los problemas tradicionales de esta ciencia (equilibrio macroeconómico, control de inflación, políticas monetarias, etc.) para ir más allá y llegar hasta una reformulación del mercado, a la posibilidad de coexistencia de variadas formas de propiedad y al diseño de una economía inclusiva, de una que me he permitido definir como subordinada a la política y no a la inversa como hasta ahora, en que la política ha estado subordinada a la economía.

Es lo que denominado una democracia del siglo XXI, una sustitutiva de aquella que se agotó en el corazón y en las mentes de los pueblos por su manifiesta incapacidad, por sus tortuosos vicios, por las corruptelas ahora maximizadas en el régimen que la reemplazó. Es así como una lucha centrada sobre la restitución de lo extinto se hace banal ante el poder comunicacional y represivo de lo que debemos sustituir. Si paralelamente al combate contra el régimen no decimos con que lo sustituiremos esta pelea se eternizará y nos encontraremos, cuando llegue su final, ante un vacío pavoroso que arropó a nuestros grandes ensayistas del pasado dejándoles como voces en el desierto.

Leo expresiones como “ex-país” o “territorio de mineros” para referirse a lo que tenemos. Una de las razones que las explican es que nos ha faltado el tiempo para pensar y la mirada lejana y muchas veces despectiva con que hemos castigado a los constructores de país, siempre ocupados los venezolanos a tiempo completo en salir del régimen que nos acogota y siempre sin tiempo para reflexionar sobre el porvenir. Si vamos al análisis histórico nos encontraremos que todo gran movimiento renovador y trascendente se basó sobre un cúmulo de ideas que inflamaron las banderas de la libertad e hicieron posible, paralelamente, la caída del régimen y la apertura hacia el futuro.

En la lucha contra el presente tenemos de aliados a los representantes y herederos del pasado. En alguno de mis artículos de los meses anteriores definí la unidad “como nociva para la salud”; lo que quería significar era que en la batalla que libramos tenemos aliados provisionales y circunstanciales. Debemos, es cierto, hacer posible el cambio para que se manifiesten, al igual que deberán manifestarse los que saldrán, pero algo que debemos tener claro es que la democracia debe ser restituida para derrotarlos.

No podemos permitirnos encauzar nuestra lucha hacia el retorno de los yiddies, por lo que, paralelamente, debemos saber que los aliados circunstanciales no son más que eso, aliados circunstanciales, y que es fundamental, imperioso, absolutamente imprescindible dar aquí, en este momento, la batalla de las ideas.

Vamos hacia una democracia del siglo XXI, clara y precisa, transparente y cristalina, una donde a punta de ideas y acción combinadas derrotaremos las viejas expresiones y las expresiones enlodadas. Seguramente gritaremos, junto a los aliados circunstanciales, “libertad”, pero debemos recordar lo que para ellos esa palabra significaba y significa (manipulación, poder ejercido en la trastienda, arreglos impúdicos, conculcación a quienes no coinciden con sus intereses económicos, etc.). Para nosotros, los que debemos hacer la oferta sustitutiva, “libertad” significa fin de privilegios, claridad y participación, justicia social e inclusión, en suma, una república de ciudadanos ejerciendo una democracia del siglo XXI.

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* Escritor.

tlopezmelendez@cantv.net.

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