May 3 2021
277 lecturas

Pol铆tica

Los escenarios de conflicto pospandemia

El uso de t茅rminos b茅licos para describir la pandemia ha sido una caracter铆stica comunicacional sin poca importancia. Estamos en guerra, se dijo por todos los medios, se habl贸 del enemigo invisible y se propusieron medidas autoritarias que acompa帽aron al discurso m茅dico: estados de emergencia, toques de queda, militarizaci贸n de las calles, fueron parte de ellos.

Lo m谩s serio, fue comparar a quienes llevaban adelante las medidas de cuidado como soldados de la primera l铆nea de combate en esta guerra, ratificando la visi贸n que s贸lo de all铆 pueden salir los h茅roes. La met谩fora b茅lica era simple, pero a la vez peligrosa por convincente. Y al mismo tiempo se resaltaban las guerras comerciales, la guerra contra la migraci贸n sin papeles o el pedido del alto al fuego de procesos b茅licos que, en general, no pararon o se disimularon, como en el caso de los asesinatos diarios de dirigentes populares y de excombatientes en Colombia.La geopol铆tica de la pospandemia, por Joseph S. Nye | Columna | COVID-19 | Coronavirus | Pandemia | China | Estados Unidos | OPINION | EL COMERCIO PER脷

Efectivamente, el 鈥淣uevo Orden Internacional鈥 pac铆fico que anunciaron tras la ca铆da del Muro de Berl铆n, nunca se acerc贸 a ser real. La crisis multilateral del sistema se agudiza; el neoliberalismo, lejos de debilitarse sigue como la l铆nea econ贸mica central, combinada en ciertos casos con medidas keynesianas; la globalizaci贸n se ajusta al nuevo mapa geopol铆tico; lo com煤n se presenta superior a la propiedad privada; y, las guerras, sean armadas o econ贸micas, se presentan como un escenario potencialmente factible.

Pandemia y escenarios pr贸ximos

Seg煤n las posiciones ideol贸gicas y los intereses de clase, hay muchas proyecciones de como la crisis, agudizada por la pandemia, cambiar谩 al mundo. 聽Estas parten generalmente de proyecciones como las siguientes:

  • Seg煤n la OCDE, se espera al menos una reducci贸n de m谩s de 15 % en la producci贸n de las econom铆as avanzadas y de las econom铆as de los pa铆ses emergentes.
  • Seg煤n la Organizaci贸n Internacional del Trabajo de la ONU (OIT), en el segundo trimestre se perdi贸 un 14% estimado de horas laborales por la pandemia, equivalente a 400 millones de empleos a tiempo completo y se espera que el desempleo siga creciendo. Nuestro continente ser谩 el m谩s afectado y, en el caso ecuatoriano, estiman que 850 mil trabajadores estar谩n en el desempleo a finales de a帽o.
  • El tele trabajo y otras formas de desregulaci贸n laboral, incluyendo la uberizaci贸n de las m谩s diversas actividades han crecido exponencialmente, sobreexplotando a los de abajo.
  • La FAO y el Programa Mundial de Alimentos, organismos igualmente de la ONU, advierten que 27 pa铆ses se ver谩n amenazados por hambrunas generalizadas, mientras afectar谩 a millones en todo el mundo, especialmente a desempleados que no podr谩n comprar los alimentos b谩sicos. La cifra ven铆a creciendo cada a帽o y se estima que en 2019 ya eran 130 millones quienes padec铆an inseguridad alimentaria aguda.
  • CEPAL anuncia una crisis alimentaria en Am茅rica Latina, a pesar de ser la regi贸n que podr铆a alimentar al mundo.
  • Al mismo tiempo, las formas industrializadas y llenas de qu铆micos que se emplean en la producci贸n intensiva de alimentos, contin煤an con consecuencias negativas a pesar de las pruebas de la superioridad, en todo sentido, de la agroecolog铆a. En las corporaciones c谩rnicas se van generando nuevos virus (ya se conoce una nueva variedad de gripe porcina que podr铆a expandirse), lo que se suma a la destrucci贸n de una defensa natural que tenemos en la naturaleza silvestre, en los ecosistemas sanos.
  • Contin煤a imparable la direcci贸n hacia un mayor cambio clim谩tico y sus efectos negativos, mayor contaminaci贸n, as铆 como a la gran extinci贸n de especies.
  • En lo social y en lo pol铆tico, la situaci贸n es igualmente dif铆cil. A煤n en condiciones de pandemia, las movilizaciones populares se hacen sentir; en otros pa铆ses, se espera la presencia social en las calles que d茅 continuidad a las luchas realizadas entre octubre y diciembre del a帽o pasado. Las contradicciones en las clases dominantes de los grandes pa铆ses tambi茅n se reflejan en los gobiernos y parlamentos y en esos mismos pa铆ses los pueblos ocupan las calles para hacer o铆r su voz.

Estas o cualquier otra proyecci贸n se帽alan que la recuperaci贸n del sistema no ser谩 f谩cil y tardar谩 en llegar. Por eso, algunos de sus defensores insisten en la aplicaci贸n del recetario neoliberal, lo que anticipa un mundo peor que el actual (Byung-Chul Han). Tambi茅n est谩n quienes plantean que se refuerza una tendencia a la 鈥渞efeudalizaci贸n鈥 econ贸mica, que ya ven铆a expres谩ndose en los mercados y acumulaci贸n de riquezas, pero que ahora se fortalece con el apoyo de los bancos centrales, especialmente de las potencias, a los grandes propietarios de empresas transnacionales (Hans Krysmanski y Olaf Ralteimer). En ambos casos, la democracia liberal deja el lugar a formas m谩s autoritarias de poder burgu茅s.

De manera diferenciada, est谩n los que plantean reformas m谩s o menos importantes, mientras otros plantean reformas que 鈥渃orrijan鈥 al capitalismo o lo 鈥渉umanicen鈥. Usan nombres como capitalismo progresista (Joseph Stiglitz), socialismo participativo (Thomas Piketty), Green New Deal (Bernie Sanders), retorno al keynesianismo y el Estado de bienestar con una renta universal para todos los ciudadanos (varios) o democracia econ贸mica (Joe Guinan y Martin O鈥橬eill).

Todos se basan en un optimismo que no encuentra muchos hechos que lo sustenten. La expresi贸n may煤scula de ese optimismo es confiar en que la epidemia (y no los pueblos) le d茅 un golpe mortal al capitalismo y provoque un salto cualitativo hacia un 鈥渃omunismo reinventado鈥(SlavojZizek).

Casi se puede decir que hay anuncios para todos los gustos. Es obligatorio, sin embargo, se帽alar cuatro elementos que se minimizan en ellos: la presencia de una creciente lucha de clases que se expresa en lo econ贸mico, ideol贸gico y pol铆tico; las lecciones del comportamiento de esas clases en grandes crisis del pasado; los l铆mites que la naturaleza pone al desarrollo capitalista; y las opciones revolucionarias que pueden surgir desde los pueblos y desde las izquierdas, aunque no sea de manera inmediata.

Lo que vendr谩, no llegar谩 sin confrontaci贸n de intereses de clase y lucha social, ni ser谩 resultado mec谩nico de la pandemia. Los pueblos tendr谩n que aprender de esta nueva experiencia y escribir ese nuevo momento hist贸rico para defender y recuperar el sentido com煤n de la sociedad humana.

La guerra como necesidad del capitalismo en crisis

Lenin se帽alar铆a entre las caracter铆sticas de la etapa imperialista del capitalismo tanto el reparto del mundo como la guerra cuando este ya no convence a las partes. Con la guerra, en momentos de depresi贸n, se han destruido fuerzas productivas para reorganizar el sistema, de manera que es en s铆 misma un negocio capitalista.

Hay que recordar que la industria b茅lica es la 煤nica, junto al narcotr谩fico, que no ha entrado en crisis y que, en las 煤ltimas d茅cadas otro negocio millonario ha sido la 鈥渞econstrucci贸n鈥 del pa铆s destrozado tras la guerra, tal como fue el reparto entre empresas, principalmente norteamericanas y alemanas de la reconstrucci贸n de Irak.

De manera que las contradicciones de la 茅poca tienen el trasfondo de la guerra. Unas veces, directas, pero hoy las potencias acostumbran m谩s a enfrentar a otros pa铆ses para satisfacer sus intereses. El caso actual de Libia, en que puede decirse que casi todas las potencias est谩n metidas a trav茅s de facciones internas, es un ejemplo. Lo fue tambi茅n, en su momento, la guerra que fragment贸 a Yugoslavia, que tuvo en cada bando contendor a alguna potencia.

No solo que el presupuesto militar ha crecido a niveles record, sino que en los pa铆ses de mayor impacto del Covid-19, como Italia, las empresas de armamento no pararon y se las consider贸 鈥渧itales鈥 como los alimentos. En 2019, el gasto militar mundial tuvo un aumento del 3,6 por ciento en comparaci贸n con 2018, continuando la tendencia mundial a la carrera armamentista de los 煤ltimos a帽os, llegando a un bill贸n 917 mil millones de d贸lares de gasto mundial en armas en 2019[i].

Tarja Cronberg, miembro del SIPRI, interpreta el aumento y especialmente el gasto de los EU, China y Rusia -que est谩n entre los 5 primeros 鈥 como prueba de la creciente rivalidad entre las tres grandes potencias. Con su presupuesto armamentista, los EU por s铆 solos representan el 38% del gasto mundial en armas.

Amela Skiljan, coordinadora del International Peace Bureau (IPB), ayuda a desglosar para ayudarnos a comprender su magnitud: Ese bill贸n 917.000 millones de d贸lares anuales significan un gasto militar mundial de 60.800 d贸lares por segundo. Ello representa el negocio de la venta de armas y de conflictos militares sin fin, junto con la agudizaci贸n de la rivalidad entre las potencias.

El mundo no ve todav铆a una guerra directa entre las grandes potencias. El petr贸leo, por ejemplo, se disputa en guerras locales y con la careta de conflictos internos o regionales, con guerras h铆bridas o de cuarta generaci贸n, apoyando o no a organizaciones como el Estado Isl谩mico o destruyendo pa铆ses, preparando otras guerras como una posible agresi贸n imperialista contra Venezuela, cuyos pasos no se han detenido en momentos de pandemia. Las guerras est谩n al orden del d铆a y para las potencias hay otro objetivo: inviabilizar a los estados nacionales, convertirlos en 鈥渆stados fallidos鈥, con lo cual se publicita una labor 鈥渃ivilizadora鈥 e incluso 鈥渉umanista鈥 que justifica cualquier cosa que realicen.

Parte de la escalada de los conflictos est谩 en las sanciones unilaterales y al margen de cualquier legislaci贸n internacional que realiza principalmente Estados Unidos y que le enfrenta incluso con sus m谩s cercanos aliados.

Lo b茅lico permite ver una suma de dos contradicciones: la del imperialismo y pa铆ses dependientes y la interimperialista. Por supuesto, los Estados que no quieren las cadenas de dominaci贸n est谩n en condiciones duras. El llamado 鈥渇rente de la resistencia鈥 de Oriente Medio se muestra decidido a enfrentar a distintos niveles la agresi贸n, pero hacia dentro tienen sus propios conflictos al aplicar medidas autoritarias, sectarias y neoliberales. No son una verdadera alternativa, pero, en todo caso, demuestran disposici贸n a luchar por la independencia y en defensa de sus recursos naturales.

Precisamente nada ser铆a como es si no se tuviera tambi茅n una estrategia de desarrollo capitalista que implica, parafraseando a Marx, la destrucci贸n de las dos fuentes de riqueza: las clases trabajadoras y la naturaleza. Volver a la 鈥渘ormalidad鈥 es tambi茅n fortalecer los procesos que fracturan la simbiosis entre sociedad y naturaleza, retornar al extractivismo feroz en la medida que se recupera la producci贸n y el consumo, poner a las empresas por encima de cualquier expresi贸n o base para la vida.

Mientras la naturaleza sea tratada como un enemigo al que hay que dominar, estaremos en una guerra de la que la humanidad ser谩 la mayor v铆ctima e inevitablemente derrotada. En cuanto eso ocurra, toda forma de econom铆a que cuide la vida ser谩 despreciada. El capitalismo, as铆 como es incompatible con la protecci贸n de la naturaleza de la que somos parte, es contrario tambi茅n a las formas sociales de econom铆a del cuidado, as铆 como seguir谩 aprovechando la econom铆a del cuidado a escala dom茅stica para descargar los costos de la reproducci贸n de la fuerza de trabajo en la familia de los productores o productoras.

Esto 煤ltimo nos liga a las nuevas expresiones de la lucha de clases. En 2014, Waren Buffett, uno de los m谩s grandes millonarios del mundo, dijo claramente: 芦Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la m铆a, la de los ricos, la que est谩 haciendo esa guerra, y vamos ganando禄. Ahora ello incluye la destrucci贸n de derechos alcanzados tras largas luchas.

El teletrabajo se usa para desvanecer la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de socializaci贸n, el tiempo m谩ximo de trabajo tambi茅n se pierde, los hogares pasan a ser oficinas pero en las que el patrono no paga ni por equipos ni por alquiler, el que quiere trabajar debe tener los recursos de trabajo que ya no le proveer谩 el patrono, los salarios decaen y los controles sobre la vida de cada uno se intensifican teniendo la vigilancia electr贸nica del 鈥済ran hermano鈥.

La agudizaci贸n de las contradicciones no es una condena

Aunque se identifique que la cuarentena dio tiempo a la gente para pensar, para llevar una vida familiar y revalorizar lo m谩s importante, estos son procesos que pueden darse a nivel personal o de las familias, especialmente de las que viven en pobreza. Los millonarios, pr谩cticamente siguieron su vida de siempre, siguieron teniendo sirvientes en todos los campos, incluyendo a muchos presidentes y diputados.

Al mirar por clases y sectores de clase, veremos que puede haber cambios solo debido a que las disparidades e injusticias sociales se han hecho m谩s evidentes para muchos, caen las im谩genes paradis铆acas de las potencias, se puede visibilizar directamente que tenemos que restablecer la simbiosis con la naturaleza a partir de respetarla, la violencia patriarcal no pudo esconderse y las mujeres dieron las mayores batallas por la vida y, ahora, tuvimos la oportunidad de valorar m谩s el trabajo de un campesino, una enfermera o de quienes limpian las calles, que lo que hacen una serie de gentes que solo sostienen el sistema de opresi贸n.

Comprenderlo, no es autom谩tico. Por ello las organizaciones populares y de izquierda mantuvieron reuniones y asambleas, escuelas de formaci贸n, debates, expresiones de protesta y alternativa. La mayor铆a debieron ser realizadas con el empleo de las mismas tecnolog铆as usadas para alienarnos, revirtiendo su uso y su contenido. Otras, en caceroladas, plantones y marchas que rompieron incluso los toques de queda.

Dijeron que hay alternativas, que la vida puede cambiar para bien, que es momento de juntar las luchas. Dijeron que no se quiere la 鈥渘ormalidad鈥 sino la humanidad, que la vida es m谩s importante que las ganancias de pocos.

Con ello, queda claro que las contradicciones se agudizan, que hay expresiones de la guerra entre el pasado y el futuro en todos los planos, pero que son los pueblos, sus hombres y mujeres, sin distingo de cultura o de color de piel, los que tendr谩n la 煤ltima palabra. Y si mujeres y j贸venes han sido los m谩s fuertemente afectados por la crisis general y por la pandemia, son tambi茅n quienes presentan m谩s acci贸n y fuerza resistente, demostrando que no ser谩 aceptado f谩cilmente el retorno a la 鈥渘ormalidad鈥.

La historia est谩 por escribirse y nos dar谩 a conocer cual es el escenario que finalmente se convierte en realidad. Felizmente quienes trabajan por un escenario de transformaciones radicales y revolucionarias para superar el capitalismo, van creciendo, en distintas formas, alrededor del mundo. Muchas esperanzas tambi茅n crecen a partir de ello.

[i] Seg煤n datos del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo).

*聽聽Acad茅mico y ex ministro de Medioambiente de Ecuador. Asociado al Centro Latinoamericano de An谩lisis Estrat茅gico (CLAE,聽www.estrategia.la)

 

  • Compartir:
X

Env铆e a un amigo

No se guarda ninguna informaci贸n personal


    Su nombre (requerido)

    Su Email (requerido)

    Amigo(requerido)

    Mensaje

    A帽adir comentario