May 3 2021
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Política

Los escenarios de conflicto pospandemia

El uso de t√©rminos b√©licos para describir la pandemia ha sido una caracter√≠stica comunicacional sin poca importancia. Estamos en guerra, se dijo por todos los medios, se habl√≥ del enemigo invisible y se propusieron medidas autoritarias que acompa√Īaron al discurso m√©dico: estados de emergencia, toques de queda, militarizaci√≥n de las calles, fueron parte de ellos.

Lo más serio, fue comparar a quienes llevaban adelante las medidas de cuidado como soldados de la primera línea de combate en esta guerra, ratificando la visión que sólo de allí pueden salir los héroes. La metáfora bélica era simple, pero a la vez peligrosa por convincente. Y al mismo tiempo se resaltaban las guerras comerciales, la guerra contra la migración sin papeles o el pedido del alto al fuego de procesos bélicos que, en general, no pararon o se disimularon, como en el caso de los asesinatos diarios de dirigentes populares y de excombatientes en Colombia.La geopolítica de la pospandemia, por Joseph S. Nye | Columna | COVID-19 | Coronavirus | Pandemia | China | Estados Unidos | OPINION | EL COMERCIO PERÚ

Efectivamente, el ‚ÄúNuevo Orden Internacional‚ÄĚ pac√≠fico que anunciaron tras la ca√≠da del Muro de Berl√≠n, nunca se acerc√≥ a ser real. La crisis multilateral del sistema se agudiza; el neoliberalismo, lejos de debilitarse sigue como la l√≠nea econ√≥mica central, combinada en ciertos casos con medidas keynesianas; la globalizaci√≥n se ajusta al nuevo mapa geopol√≠tico; lo com√ļn se presenta superior a la propiedad privada; y, las guerras, sean armadas o econ√≥micas, se presentan como un escenario potencialmente factible.

Pandemia y escenarios próximos

Seg√ļn las posiciones ideol√≥gicas y los intereses de clase, hay muchas proyecciones de como la crisis, agudizada por la pandemia, cambiar√° al mundo. ¬†Estas parten generalmente de proyecciones como las siguientes:

  • Seg√ļn la OCDE, se espera al menos una reducci√≥n de m√°s de 15 % en la producci√≥n de las econom√≠as avanzadas y de las econom√≠as de los pa√≠ses emergentes.
  • Seg√ļn la Organizaci√≥n Internacional del Trabajo de la ONU (OIT), en el segundo trimestre se perdi√≥ un 14% estimado de horas laborales por la pandemia, equivalente a 400 millones de empleos a tiempo completo y se espera que el desempleo siga creciendo. Nuestro continente ser√° el m√°s afectado y, en el caso ecuatoriano, estiman que 850 mil trabajadores estar√°n en el desempleo a finales de a√Īo.
  • El tele trabajo y otras formas de desregulaci√≥n laboral, incluyendo la uberizaci√≥n de las m√°s diversas actividades han crecido exponencialmente, sobreexplotando a los de abajo.
  • La FAO y el Programa Mundial de Alimentos, organismos igualmente de la ONU, advierten que 27 pa√≠ses se ver√°n amenazados por hambrunas generalizadas, mientras afectar√° a millones en todo el mundo, especialmente a desempleados que no podr√°n comprar los alimentos b√°sicos. La cifra ven√≠a creciendo cada a√Īo y se estima que en 2019 ya eran 130 millones quienes padec√≠an inseguridad alimentaria aguda.
  • CEPAL anuncia una crisis alimentaria en Am√©rica Latina, a pesar de ser la regi√≥n que podr√≠a alimentar al mundo.
  • Al mismo tiempo, las formas industrializadas y llenas de qu√≠micos que se emplean en la producci√≥n intensiva de alimentos, contin√ļan con consecuencias negativas a pesar de las pruebas de la superioridad, en todo sentido, de la agroecolog√≠a. En las corporaciones c√°rnicas se van generando nuevos virus (ya se conoce una nueva variedad de gripe porcina que podr√≠a expandirse), lo que se suma a la destrucci√≥n de una defensa natural que tenemos en la naturaleza silvestre, en los ecosistemas sanos.
  • Contin√ļa imparable la direcci√≥n hacia un mayor cambio clim√°tico y sus efectos negativos, mayor contaminaci√≥n, as√≠ como a la gran extinci√≥n de especies.
  • En lo social y en lo pol√≠tico, la situaci√≥n es igualmente dif√≠cil. A√ļn en condiciones de pandemia, las movilizaciones populares se hacen sentir; en otros pa√≠ses, se espera la presencia social en las calles que d√© continuidad a las luchas realizadas entre octubre y diciembre del a√Īo pasado. Las contradicciones en las clases dominantes de los grandes pa√≠ses tambi√©n se reflejan en los gobiernos y parlamentos y en esos mismos pa√≠ses los pueblos ocupan las calles para hacer o√≠r su voz.

Estas o cualquier otra proyecci√≥n se√Īalan que la recuperaci√≥n del sistema no ser√° f√°cil y tardar√° en llegar. Por eso, algunos de sus defensores insisten en la aplicaci√≥n del recetario neoliberal, lo que anticipa un mundo peor que el actual (Byung-Chul Han). Tambi√©n est√°n quienes plantean que se refuerza una tendencia a la ‚Äúrefeudalizaci√≥n‚ÄĚ econ√≥mica, que ya ven√≠a expres√°ndose en los mercados y acumulaci√≥n de riquezas, pero que ahora se fortalece con el apoyo de los bancos centrales, especialmente de las potencias, a los grandes propietarios de empresas transnacionales (Hans Krysmanski y Olaf Ralteimer). En ambos casos, la democracia liberal deja el lugar a formas m√°s autoritarias de poder burgu√©s.

De manera diferenciada, est√°n los que plantean reformas m√°s o menos importantes, mientras otros plantean reformas que ‚Äúcorrijan‚ÄĚ al capitalismo o lo ‚Äúhumanicen‚ÄĚ. Usan nombres como capitalismo progresista (Joseph Stiglitz), socialismo participativo (Thomas Piketty), Green New Deal (Bernie Sanders), retorno al keynesianismo y el Estado de bienestar con una renta universal para todos los ciudadanos (varios) o democracia econ√≥mica (Joe Guinan y Martin O‚ÄôNeill).

Todos se basan en un optimismo que no encuentra muchos hechos que lo sustenten. La expresi√≥n may√ļscula de ese optimismo es confiar en que la epidemia (y no los pueblos) le d√© un golpe mortal al capitalismo y provoque un salto cualitativo hacia un ‚Äúcomunismo reinventado‚ÄĚ(SlavojZizek).

Casi se puede decir que hay anuncios para todos los gustos. Es obligatorio, sin embargo, se√Īalar cuatro elementos que se minimizan en ellos: la presencia de una creciente lucha de clases que se expresa en lo econ√≥mico, ideol√≥gico y pol√≠tico; las lecciones del comportamiento de esas clases en grandes crisis del pasado; los l√≠mites que la naturaleza pone al desarrollo capitalista; y las opciones revolucionarias que pueden surgir desde los pueblos y desde las izquierdas, aunque no sea de manera inmediata.

Lo que vendr√°, no llegar√° sin confrontaci√≥n de intereses de clase y lucha social, ni ser√° resultado mec√°nico de la pandemia. Los pueblos tendr√°n que aprender de esta nueva experiencia y escribir ese nuevo momento hist√≥rico para defender y recuperar el sentido com√ļn de la sociedad humana.

La guerra como necesidad del capitalismo en crisis

Lenin se√Īalar√≠a entre las caracter√≠sticas de la etapa imperialista del capitalismo tanto el reparto del mundo como la guerra cuando este ya no convence a las partes. Con la guerra, en momentos de depresi√≥n, se han destruido fuerzas productivas para reorganizar el sistema, de manera que es en s√≠ misma un negocio capitalista.

Hay que recordar que la industria b√©lica es la √ļnica, junto al narcotr√°fico, que no ha entrado en crisis y que, en las √ļltimas d√©cadas otro negocio millonario ha sido la ‚Äúreconstrucci√≥n‚ÄĚ del pa√≠s destrozado tras la guerra, tal como fue el reparto entre empresas, principalmente norteamericanas y alemanas de la reconstrucci√≥n de Irak.

De manera que las contradicciones de la época tienen el trasfondo de la guerra. Unas veces, directas, pero hoy las potencias acostumbran más a enfrentar a otros países para satisfacer sus intereses. El caso actual de Libia, en que puede decirse que casi todas las potencias están metidas a través de facciones internas, es un ejemplo. Lo fue también, en su momento, la guerra que fragmentó a Yugoslavia, que tuvo en cada bando contendor a alguna potencia.

No solo que el presupuesto militar ha crecido a niveles record, sino que en los pa√≠ses de mayor impacto del Covid-19, como Italia, las empresas de armamento no pararon y se las consider√≥ ‚Äúvitales‚ÄĚ como los alimentos. En 2019, el gasto militar mundial tuvo un aumento del 3,6 por ciento en comparaci√≥n con 2018, continuando la tendencia mundial a la carrera armamentista de los √ļltimos a√Īos, llegando a un bill√≥n 917 mil millones de d√≥lares de gasto mundial en armas en 2019[i].

Tarja Cronberg, miembro del SIPRI, interpreta el aumento y especialmente el gasto de los EU, China y Rusia -que est√°n entre los 5 primeros ‚Äď como prueba de la creciente rivalidad entre las tres grandes potencias. Con su presupuesto armamentista, los EU por s√≠ solos representan el 38% del gasto mundial en armas.

Amela Skiljan, coordinadora del International Peace Bureau (IPB), ayuda a desglosar para ayudarnos a comprender su magnitud: Ese billón 917.000 millones de dólares anuales significan un gasto militar mundial de 60.800 dólares por segundo. Ello representa el negocio de la venta de armas y de conflictos militares sin fin, junto con la agudización de la rivalidad entre las potencias.

El mundo no ve todav√≠a una guerra directa entre las grandes potencias. El petr√≥leo, por ejemplo, se disputa en guerras locales y con la careta de conflictos internos o regionales, con guerras h√≠bridas o de cuarta generaci√≥n, apoyando o no a organizaciones como el Estado Isl√°mico o destruyendo pa√≠ses, preparando otras guerras como una posible agresi√≥n imperialista contra Venezuela, cuyos pasos no se han detenido en momentos de pandemia. Las guerras est√°n al orden del d√≠a y para las potencias hay otro objetivo: inviabilizar a los estados nacionales, convertirlos en ‚Äúestados fallidos‚ÄĚ, con lo cual se publicita una labor ‚Äúcivilizadora‚ÄĚ e incluso ‚Äúhumanista‚ÄĚ que justifica cualquier cosa que realicen.

Parte de la escalada de los conflictos está en las sanciones unilaterales y al margen de cualquier legislación internacional que realiza principalmente Estados Unidos y que le enfrenta incluso con sus más cercanos aliados.

Lo b√©lico permite ver una suma de dos contradicciones: la del imperialismo y pa√≠ses dependientes y la interimperialista. Por supuesto, los Estados que no quieren las cadenas de dominaci√≥n est√°n en condiciones duras. El llamado ‚Äúfrente de la resistencia‚ÄĚ de Oriente Medio se muestra decidido a enfrentar a distintos niveles la agresi√≥n, pero hacia dentro tienen sus propios conflictos al aplicar medidas autoritarias, sectarias y neoliberales. No son una verdadera alternativa, pero, en todo caso, demuestran disposici√≥n a luchar por la independencia y en defensa de sus recursos naturales.

Precisamente nada ser√≠a como es si no se tuviera tambi√©n una estrategia de desarrollo capitalista que implica, parafraseando a Marx, la destrucci√≥n de las dos fuentes de riqueza: las clases trabajadoras y la naturaleza. Volver a la ‚Äúnormalidad‚ÄĚ es tambi√©n fortalecer los procesos que fracturan la simbiosis entre sociedad y naturaleza, retornar al extractivismo feroz en la medida que se recupera la producci√≥n y el consumo, poner a las empresas por encima de cualquier expresi√≥n o base para la vida.

Mientras la naturaleza sea tratada como un enemigo al que hay que dominar, estaremos en una guerra de la que la humanidad será la mayor víctima e inevitablemente derrotada. En cuanto eso ocurra, toda forma de economía que cuide la vida será despreciada. El capitalismo, así como es incompatible con la protección de la naturaleza de la que somos parte, es contrario también a las formas sociales de economía del cuidado, así como seguirá aprovechando la economía del cuidado a escala doméstica para descargar los costos de la reproducción de la fuerza de trabajo en la familia de los productores o productoras.

Esto √ļltimo nos liga a las nuevas expresiones de la lucha de clases. En 2014, Waren Buffett, uno de los m√°s grandes millonarios del mundo, dijo claramente: ¬ęHay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la m√≠a, la de los ricos, la que est√° haciendo esa guerra, y vamos ganando¬Ľ. Ahora ello incluye la destrucci√≥n de derechos alcanzados tras largas luchas.

El teletrabajo se usa para desvanecer la diferencia entre tiempo de trabajo y tiempo de socializaci√≥n, el tiempo m√°ximo de trabajo tambi√©n se pierde, los hogares pasan a ser oficinas pero en las que el patrono no paga ni por equipos ni por alquiler, el que quiere trabajar debe tener los recursos de trabajo que ya no le proveer√° el patrono, los salarios decaen y los controles sobre la vida de cada uno se intensifican teniendo la vigilancia electr√≥nica del ‚Äúgran hermano‚ÄĚ.

La agudización de las contradicciones no es una condena

Aunque se identifique que la cuarentena dio tiempo a la gente para pensar, para llevar una vida familiar y revalorizar lo m√°s importante, estos son procesos que pueden darse a nivel personal o de las familias, especialmente de las que viven en pobreza. Los millonarios, pr√°cticamente siguieron su vida de siempre, siguieron teniendo sirvientes en todos los campos, incluyendo a muchos presidentes y diputados.

Al mirar por clases y sectores de clase, veremos que puede haber cambios solo debido a que las disparidades e injusticias sociales se han hecho más evidentes para muchos, caen las imágenes paradisíacas de las potencias, se puede visibilizar directamente que tenemos que restablecer la simbiosis con la naturaleza a partir de respetarla, la violencia patriarcal no pudo esconderse y las mujeres dieron las mayores batallas por la vida y, ahora, tuvimos la oportunidad de valorar más el trabajo de un campesino, una enfermera o de quienes limpian las calles, que lo que hacen una serie de gentes que solo sostienen el sistema de opresión.

Comprenderlo, no es automático. Por ello las organizaciones populares y de izquierda mantuvieron reuniones y asambleas, escuelas de formación, debates, expresiones de protesta y alternativa. La mayoría debieron ser realizadas con el empleo de las mismas tecnologías usadas para alienarnos, revirtiendo su uso y su contenido. Otras, en caceroladas, plantones y marchas que rompieron incluso los toques de queda.

Dijeron que hay alternativas, que la vida puede cambiar para bien, que es momento de juntar las luchas. Dijeron que no se quiere la ‚Äúnormalidad‚ÄĚ sino la humanidad, que la vida es m√°s importante que las ganancias de pocos.

Con ello, queda claro que las contradicciones se agudizan, que hay expresiones de la guerra entre el pasado y el futuro en todos los planos, pero que son los pueblos, sus hombres y mujeres, sin distingo de cultura o de color de piel, los que tendr√°n la √ļltima palabra. Y si mujeres y j√≥venes han sido los m√°s fuertemente afectados por la crisis general y por la pandemia, son tambi√©n quienes presentan m√°s acci√≥n y fuerza resistente, demostrando que no ser√° aceptado f√°cilmente el retorno a la ‚Äúnormalidad‚ÄĚ.

La historia está por escribirse y nos dará a conocer cual es el escenario que finalmente se convierte en realidad. Felizmente quienes trabajan por un escenario de transformaciones radicales y revolucionarias para superar el capitalismo, van creciendo, en distintas formas, alrededor del mundo. Muchas esperanzas también crecen a partir de ello.

[i] Seg√ļn datos del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo).

*  Académico y ex ministro de Medioambiente de Ecuador. Asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

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