Ago 3 2008
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OpiniónPolítica

Los movimientos sociales en el ALBA

Fernando Bossi*

Honduras está a punto de ingresar en la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, afirmó la última semana el presidente Manuel Zelaya. Paraguay y Ecuador estudian la propuesta y en un futuro no lejano, podrían ser dos nuevos países sumados al ALBA.
Mientras tanto, Petrocaribe sigue incorporando nuevos integrantes: Guatemala y Costa Rica son dos nuevos miembros. La política de integración y unidad bolivariana, avanza sin descanso en toda Nuestra América.
 
El vicepresidente de Guatemala Rafael Espada afirmó recientemente: “Si Centroamérica y América Latina no se unen, vamos a estar muy desperdigados en nuestras fuerzas. La fuerza de América Latina es esa Unión de la sangre latina, en la que debemos trabajar todos juntos”.
Venezuela, Cuba, Bolivia, Nicaragua, la Mancomunidad de Dominica, tal vez en un breve lapso de tiempo Honduras, Ecuador y Paraguay son países del ALBA o próximos al ALBA.
 
Tampoco podemos olvidar que, de ganar el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional las elecciones presidenciales del 2009, El Salvador sería un país de muy probable incorporación; la fórmula Mauricio Funes-Sánchez Cerén lideran con importante ventaja todas las encuestas.
Es por lo tanto claro que la Alternativa Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América comienza a presentarse para diferentes gobiernos latinoamericanos y caribeños como una posibilidad real de “espacio de unidad” sobre nuevos parámetros.
 
Más allá de los gobiernos nacionales que han firmado el ALBA o están en posibilidad de hacerlo, este espacio, como ningún otro, ha generado una expectativa mayúscula en los movimientos sociales de la región, como asimismo en una infinidad de gobiernos locales. No es temerario afirmar entonces, que el ALBA ya es más que los países cuyos gobiernos lo han firmado, porque existen fuertes organizaciones sociales y gobiernos locales de países cuyos gobernantes no adhieren al ALBA que sí desearían incorporarse.
 
Cuando en la VI Cumbre del ALBA, realizada en Venezuela en enero de este año, se presentó oficialmente el Consejo de Movimientos Sociales del ALBA, se dio un paso importante para avanzar en la ampliación del espacio. Un avance cuantitativo, en cuanto a posibilidad de sumar a movimientos sociales fuera de los países cuyos gobiernos no adhieren al ALBA, y cualitativo al sumar a los pueblos en la construcción de la unidad solidaria y participativa.
 
El Consejo de Movimientos Sociales del ALBA por lo tanto, debe asumir una destacada tarea como promotor, articulador y ejecutor de las políticas de unidad emanadas de los acuerdos grannacionales ya alcanzados, como asimismo la de proponer nuevos proyectos grannacionales elaborados por los propios movimientos sociales.
 
Dieciocho proyectos están hoy en marcha sostenidos sobre los principios de la complementación, la colaboración y la solidaridad. Como decía uno de los documentos de la VI Cumbre: “los Proyectos Grannacionales materializan y dan vida concreta a los procesos sociales y económicos de la integración y la unión y abarcan desde lo político, social, cultural, económico, científico e industrial hasta cualquier otro ámbito que puede ser incorporado”. Es así que debemos prever que en la brevedad los movimientos sociales tendrán que incorporarse a las Mesas Técnicas del ALBA, aportando así su cuota de saberes, experiencias, conocimientos y participación concreta.
 
Los movimientos sociales tienen una inmensa tarea y responsabilidad: apoyar, sostener y construir junto a los gobiernos revolucionarios de la región y comprometerse protagónicamente en la articulación en pos de la unidad popular latinoamericana caribeña. El Documento Político de la V Cumbre del ALBA señala: “… es con el nacimiento del ALBA que las fuerzas revolucionarias hemos podido pasar a una nueva situación que bien pudiéramos definir como de acumulación de la fuerza política necesaria para la consolidación del cambio que se ha producido en la correlación de fuerzas políticas de nuestro continente…”. Consolidar esta nueva correlación de fuerza a favor del campo popular impone la presencia y acción de los movimientos sociales empujando en la misma dirección que sus gobiernos revolucionarios.
 
Más para que esto sea así, es atinente insistir en la necesidad de que los movimientos sociales del ALBA y aquellos que aspiran a ingresar, entiendan que hemos entrado en una nueva etapa de la lucha revolucionaria en Nuestra América. De la resistencia al modelo neoliberal de la década de los 90, hemos pasado, como bien lo destaca Emir Sader, a otra fase, “la de construcción de alternativas y de la disputa por una nueva dirección política”; y agrega: “Quien no entiende esa nueva fase, dejó de captar la marcha de la lucha antineoliberal. Quien persiste en la “autonomía de los movimientos sociales” quedó relegado al corporativismo, oponiendo autonomía a hegemonía y renunciando a la lucha por la construcción del “otro mundo posible”, que pasa por la conquista de gobiernos, para afirmar derechos – dado que el neoliberalismo es una máquina de expropiación de derechos”.
 
La lucha de los movimientos sociales entonces, debe de acompañar permanentemente a la de los gobiernos revolucionarios, impulsando las transformaciones estructurales de la sociedad, combatiendo en todos los frentes a la contrarrevolución y acelerando los procesos de unidad nuestramericana; en síntesis: asumiendo la dimensión política acorde al momento histórico. Como lo ha marcado el Presidente Chávez: “se impone de nuevo lo que pudiéramos llamar la revancha de la política, que la política vuelva a la carga y que tome la vanguardia de los procesos de integración”.
 
Esa orientación, que asumió desde su nacimiento el Congreso Bolivariano de los Pueblos, al incluir en un mismo espacio a fuerzas sociales y políticas, fue un acierto a veces poco valorado.
 
Siguiendo con Emir Sader, el intelectual brasileño, nos dice: “Los movimientos sociales son un componente, muy importante, pero no el único, del campo popular o del campo de la izquierda, como se quiera llamar, al que pertenecen también las fuerzas políticas, gobiernos locales, estaduales (provinciales) o nacionales. Nunca los movimientos sociales, autónomamente, dirigirán o han dirigido un proceso de transformación en la sociedad. Para hacerlo, tuvieron que – como en Bolivia – construir un partido, en este caso el MAS (Movimiento al Socialismo); esto significa restablecer, de una nueva forma, las relaciones con la esfera política, para poder construir una hegemonía alternativa”.
 
Concluyendo: el ALBA existe gracias a la iniciativa de gobiernos populares y revolucionarios que lo lanzaron a andar; asimismo estos gobiernos, con sus partidos políticos revolucionarios (Partido Comunista de Cuba, Partido Socialista Unido de Venezuela, Movimiento al Socialismo de Bolivia y Frente Sandinista para la Liberación Nacional de Nicaragua), han entendido que la participación del pueblo es esencial a la hora de construir Patria Grande. Los movimientos sociales del ALBA tendrán que trabajar mancomunados, en unidad monolítica, junto a los gobiernos y partidos políticos comprometidos en alcanzar la Unidad Latinoamericana Caribeña.
 
El momento actual requiere de unidad más unidad, y los movimientos sociales no están ajenos a esta necesidad. Unidad en el movimiento obrero, campesino, indígena, de mujeres, estudiantil, de técnicos y profesionales, los jóvenes, los movimientos barriales, etcétera, de cada uno de los países que conforman el ALBA y de aquellos que aspiran a ingresar. Así, los movimientos sociales unidos, junto a los gobiernos y partidos políticos revolucionarios lograremos el objetivo estratégico. Como bien lo decía Simón Bolívar: “Unidad y seremos invencibles”.

* Secretario de Organización del Congreso Bolivariano de los Pueblos

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