Nov 8 2010
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Opinión

Los oportunismos radicales de derecha e izquierda presentes en Venezuela

Néstor Francia.*

La SIP anda de nuevo en sus andadas y en la “defensa” de lo que ellos entienden que es la “libertad de prensa”, lo cual no es sino la “libertad” de manipular, de mentir, de ocultar, de inventar. Hay casos que moverían a risa, sino fuesen tan graves las consecuencias de las trastadas de la canalla mediática. En tiempos de la Cuarta República circulaba un chiste sobre el primer gobierno de Caldera, según el cual este fue a visitar al Papa, y mientras navegaban por un canal, al pontífice se le voló el capelo, por lo que el mandatario salió de la embarcación, caminó sobre las aguas, recogió el capelo y lo devolvió al Papa.

El Universal, que apoyaba a Caldera, tituló: “Caldera caminó sobre las aguas”; entretanto El Nacional, que lo adversaba, tituló: “Caldera no sabe nadar”. Una versión de este cuento la vimos ayer en la vida real. Un titular de la página-web de Globovisión rezaba: “Colombia: 89% aprueba a Santos y 10% rechaza manejo de relaciones con Venezuela”. La noticia positiva es que 81% de los colombianos aprueba también el manejo de Santos con Venezuela ¡Pero para el canal golpista es más importante el pequeño porcentaje que lo rechaza! Eso es lo que ellos llaman “libertad de prensa”.

El debate sobre la propiedad privada sigue siendo uno de los principales, si no el principal, en la Venezuela de estos días. Ahora se ha incorporado a él, con destacada fuerza, el tema de los desarrollos urbanísticos expropiados u ocupados temporalmente. En este caso, el gobierno terminará los desarrollos y entregará las viviendas a sus legítimos propietarios, lo cual significará una victoria para la Revolución.

Según el opositor Luis Vicente León,  Chávez, que aspira a un tercer mandato en 2012, podría “sumar algunos puntos de clase media” a su ya alta popularidad si de hecho termina y entrega los edificios expropiados (lo cual no tenemos por qué ponerlo en duda). En medio de esta discusión, el Gobierno Nacional anunció que invertirá en el año 2011 un total de 1.500 millones de dólares para la construcción de viviendas en todo el territorio nacional, según informó ayer el presidente Chávez. Destacó que estos 1.500 millones de dólares es un monto adicional al presupuesto total del próximo año, el cual supera los 204.000 millones de bolívares:

“Siempre estamos pensando en el interés nacional y he asignado 1.500 millones de dólares que ya los tenemos, que son como 6.000 millones de bolívares, para el sector vivienda, sólo en el año 2011, y eso incluye a los sectores de la clase media”.
¿Responderá positivamente a los resultados, ese sector manipulado e impenitente de la clase media que, según, votaría contra Chávez aunque este los lleve al cielo? Eso está por verse.

Entretanto, el debate sobre el tema de la propiedad transcurre en medio de las manipulaciones escuálidas, como la del derechista Julio Borges, quien afirmó:
“…Todos los venezolanos tenemos que estar claros de que cuando el gobierno arremete contra la propiedad, no es un tema sólo de los ricos o del sector privado, lo que se hace es anular la iniciativa privada de cualquier venezolano, de quien tiene una microempresa, una bodega o una peluquería”.

Consecuente con este argumento engañoso, Globovisión presentó un micro donde un supuesto conductor de buseta muestra temores de que puedan expropiarle su unidad de transporte. Por supuesto, este desclasado es un comprado o un militante de la derecha, pues usa un lenguaje típico, como “este gobierno totalitario”, como si siguiera un guión. La pregunta que nos hacemos es: ¿nuestra respuesta comunicacional está siendo eficiente, o nos está ganando la partida la derecha contrarrevolucionaria y privatizadora? Ahí dejamos eso sobre la mesa.

A este respecto, el camarada Eduardo Samán declaró con verdad:
“…Éste es un tema vital para la revolución y hay que discutirlo a fondo. La derecha venezolana ha salido diciendo que el gobierno va contra el derecho a la propiedad y que vamos para el comunismo, etc. Todo esto lo hacen para asustar a la gente, para generar miedo e incertidumbre. La derecha grita: ‘Cuidado, van por todo’ y el pequeño comerciante piensa que va a perder su negocio. La gente piensa que va a perder su carro, su nevera, la cocina, etc.”.

Es un asunto peligroso, porque ya hemos visto como ese tipo de manipulación surte algunos efectos, recordemos la cuña de la carnicería en la campaña de la Reforma el año 2007.

A todas estas, se percibe como en el seno de la revolución se están moviendo corrientes, en medio de las aguas alborotadas que quedaron después del 26-S. Aquí tenemos dos posibles desviaciones que se están asomando: el oportunismo de derecha y el oportunismo de izquierda, ambos cuestionadores, en el fondo, del liderazgo de Chávez.

Estos dos fenómenos han estado presentes desde siempre en las luchas por el socialismo, y fueron enfrentados por líderes como Lenin y Mao. En la URSS se impuso el oportunismo de derecha durante los años 30 y al final llevó a la restauración plena del capitalismo. En China el oportunismo de izquierda dominó durante la llamada “Revolución Cultural”, un movimiento dogmático, radical y represivo que causó grandes daños al proceso transformador de la gran nación asiática.

El conservadurismo (oportunismo de derecha) trata de que la revolución frene su marcha y hasta se desvíe del camino. Para ello proponen que se camine al ritmo de los sectores más atrasados, como los que votaron contra la Revolución el 26-S o se abstuvieron. El ultra-izquierdismo (oportunismo de izquierda) quiere irse por atajos o “traer el camino hacia sí”, en lugar de desbrozarlo y transitarlo según las condiciones históricas objetivas.

Un ejemplo de las posiciones conservadoras en Venezuela es José Vicente Rangel, quien ha hecho una lectura harto singular de los resultados electorales. Rangel reflexionó acerca de la conveniencia para todos los venezolanos de analizar los porcentajes y número de diputados que fueron electos el pasado 26 de septiembre, en los comicios legislativos, y en esto lleva razón, pero no en su deducción de que esos resultados nos obligarían  a mermar la actitud de la confrontación política, como si eso dependiese de nuestros deseos.

Según Rangel “La política sigue la misma rutina de la confrontación pese a que el mensaje de paz y de diálogo de ese día de septiembre fue explícito” ¿Cuál “mensaje de paz y diálogo”?

El 26-S más de cinco millones de venezolanos, la parte más consciente de la población, votó por la profundización de la revolución y del camino al socialismo. Igualmente más de cinco millones votó, en su mayoría, contra la revolución y contra Chávez, una buena parte de ellos ubicados en las clases más pudientes, particularmente en la clase media urbana. Un millón de votos chavistas se abstuvieron, erróneamente, para castigar las malas gestiones del chavismo y el estilo burocrático de gobierno.

Los partidarios de la llamada tercera opción y que representaban supuestamente el voto contra la polarización, quedaron reducidos a su mínima expresión ¿De dónde saca entonces JVR que aquí la gente votó por lo que él llama “el diálogo y la paz”, y que así planteado no es otra cosa que la conciliación entre revolución y contrarrevolución? Por supuesto, las encuestas dicen que la mayoría de los venezolanos quiere diálogo y paz ¿quién no va a querer eso? Pero habría que preguntarse ¿a qué precio? Porque ninguna encuesta ha indagado cuántos venezolanos estarían de acuerdo con que Chávez pacte con la gran burguesía. Sería interesante conocer la respuesta a esa otra interrogante fundamental.

Lo cierto es que JVR no hace sino acomodar los resultados electorales a sus ideas individuales y llegar a conclusiones evidentemente falsas.

Por otro lado, aunque la intención de la marcha del “pueblo trabajador” convocada para mañana nueve de noviembre tiene excelentes razones, no dude nadie que allí se va  a hacer presente el oportunismo de izquierda para tratar de apoderarse de la misma. Mucha gente honestamente preocupada estará también allí, consecuentes con la lucha contra el capitalismo y el burocratismo.

Pero cuidado con los vendedores de baratijas, que tienen ya sus propias “corrientes” bien armadas y hablan de “fundar” una “corriente radical”. Muchos de ellos están compitiendo por apoderarse del PSUV e imponer sus propias ideas, extremistas y subjetivas, presentándolas como las “ideas del pueblo”. Esto también es una consecuencia de la actitud de “laissez faire” que tiene la dirección nacional del Partido, en lugar de asumir su papel expresa y plenamente.

Seguramente, algunos miembros de la dirección están trabajando en la dirección correcta, pero parecen hacerlo clandestinamente. El pueblo revolucionario está sediento y el peligro es que termine siguiendo a cualquier prestidigitador que le ofrezca arena como si fuera agua en el desierto.

Hay otros temas importantes que abordaremos mañana, como el de las consecuencias inmediatas de las recientes elecciones en Estados Unidos.

* Analista de asuntos políticos.
 

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