Ene 11 2012
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Cultura

Los volcanes y el infierno del cactus en Malcolm Lowry

En estos días en México el infierno escribe su atroz parábola; no es la prinera vez que se asocia el paisaje mexicano con la destrucción y la muerte. En los años finales de la década de 1931/40 —y por casi otros diez años— lo escribió y reescribió torturada y morosamente uno de los grandes escritores del siglo XX. Ésta es una reflexión sobre Bajo el volcán de ALVARO RUIZ.*

Oaxaca fue para el escritor inglés Malcolm Lowry de suma importancia en términos creativos: inagotable fuente de inspiración, lugar donde los hechos vivenciados adquieren una maravillosa transformación literaria, donde los más mínimos detalles logran traspasar la nimiedad adhiriéndose a una totalidad narrativa espléndidamente lograda, como es el caso de su novela Bajo el volcán, una de las más importantes del siglo veinte.

México es descrito tan certeramente que pareciera que el autor hubiese vivido aquí mucho más tiempo que el que realmente permaneció. Al inicio de la novela describe su geografía y de manera especial a la ciudad de Cuernavaca, punto de partida en las experiencias del cónsul, protagonista central en Bajo el volcán:

“Dos cadenas montañosas atraviesan la república, aproximadamente de norte a sur, formando entre sí valles y planicies. Ante uno de esos valles, dominado por dos volcanes, se extiende a dos mil metros sobre el nivel del mar, la ciudad de Quauhnáhuac. Queda situada bastante al sur del Trópico de Cáncer, para ser exactos en el paralelo diecinueve (…) Los muros de la ciudad, construída en una colina, son altos; las calles y veredas, tortuosas y accidentadas; los caminos sinuosos. Una carretera amplia y hermosa, de estilo norteamericano, entra por el norte y se pierde en estrechas callejuelas para convertirse, al salir, en un sendero de cabras. Quauhnáhuac tiene dieciocho iglesias y cincuenta y siete cantinas”.

Fue la definitiva separación de su primera esposa Jan lo que trajo a Malcolm Lowry a Oaxaca. De hecho, Jan Gabriel, una actriz norteamericana a quien conoció en Granada, en el sur de España, en 1933, a través del escritor Conrad Aiken. Ella lo abandona después de un frustrado intento de reconciliación. A comienzos de 1934 habían contraído matrimonio en París, permaneciendo juntos durante seis meses. Al no prosperar la relación, la señora Lowry optó por regresar a los Estados Unidos y él, en consecuencia, se marchó a Londres, donde permaneció por escasos tres meses.

En octubre del mismo año, Lowry decide atravesar el Atlántico para ir a Nueva York en busca de su mujer. He aquí el inicio de su posterior residencia en México.

Después de una prolongada estadía en la ciudad de Nueva York, (donde en junio de 1935, por problemas de alcoholismo, es internado en el sector de psiquiatría del Bellevue Hospital y donde, como fruto de esta experiencia, escribe la primera versión de Lunar Caustic) saturado, decide mudarse de ciudad.

A pesar de las continuas borracheras de Lowry y de las infidelidades de Jan el matrimonio volvió a reunirse y juntos viajaron a Los Angeles donde el escritor trabajó en guiones de cine. Con la esperanza de que un viaje les ayudaría a consolidar el matrimonio partieron a San Diego para abordar el carguero S.S. Pennsylvania que los llevaría a México. Desembarcaron en Acapulco el día 2 de noviembre de 1936, día de fiesta de los difuntos y se establecieron en la ciudad de Cuernavaca, en el estado de Morelos, en una casa ubicada en la calle Humboldt Nº 24, a un costado de la barranca, latamente descrita como el infierno en la novela Bajo el volcán. El mismo día en que es abandonado por Jan, Lowry viajó a Oaxaca, “para ahogar su dolor en el mejor mezcal de México”.

En Etla, un pequeño poblado cercano a la capital del estado, vio a unos diablos danzando en el lodo mientras las montañas se volvían purpúreas, en el “cruel país del cactus”.

A mediados de diciembre de 1937 estaba hospedado en el Hotel Francia, el mismo que ocupó años antes D.H. Lawrence. Tras una serie de malentendidos, debido a su estado de intemperancia y al desconocimiento del español, es encarcelado por motivos políticos (otras versiones sostienen que por no tener pasaporte; según el propio Lowry en carta dirigida a su padre, por manifestar públicamente sus opiniones liberales) permaneciendo la navidad de 1937 en la prisión de Oaxaca.

De esta época, que se refleja nítidamente en Bajo el volcán, quedan algunas cartas donde, quizás en parte fruto de la paranoia, afirma que es continuamente perseguido por misteriosos hombres de gafas oscuras. Esta experiencia dejó huellas indelebles, como lo evidencia el poema que escribió con motivo de sus días de reclusión:

“Conocí una ciudad de noche aterradora
El niño alcohólico temblando en la mazmorra
Confortado por el asesino, la compasión aquí también existe
Los ruidos de la noche clamando, pidiendo ayuda,
Desde la ciudad y desde el jardín que expulsa a quien destruye.”

En Oaxaca trabó amistad con Juan Fernando Márquez, personificación del doctor Vigil y de Juan Cerrillo en Bajo el volcán. La cantina El Bosque fue el modelo original del Farolito, en recuerdo de las horas felices que había pasado bebiendo con Fernando, un zapoteco que trabajaba como mensajero del Banco Nacional de Crédito Ejidal, establecido para ayudar a los agricultores pobres, con el cual solía cabalgar hacia distintos puntos del estado, acompañándolo en su misión de entregas de dinero.

La rutina de Lowry en Oaxaca giraba en torno al mezcal. Con Fernando Márquez —que se refería a Lowry como “el fabricante de tragedias”— muchas veces al amanecer se encaminaban tambaleando al templo de la Virgen de la Soledad, donde fervientemente rezaban a la madre “de los que no tienen a nadie con ellos”, a “la virgen de los desamparados”, rogándole para que hiciera real el mundo de lo imaginario. De igual modo el cónsul en Bajo el volcán le reza a la Virgen de la Soledad, pidiéndole liberarlo de la tiranía del yo:
He caído muy bajo. Déjame caer más bajo aún, para que pueda conocer la verdad. Déjame sufrir verdaderamente. Devuélveme mi pureza, el conocimiento de los misterios, que he traicionado y perdido.

En el capítulo 10, sobre la guerra civil española, el cónsul, durante una discusión política, se burla de los argumentos ideológicos de Hugh y defiende el determinismo histórico que Tolstoy expone en La guerra y la paz. Hugh, un marxista, cree en la acción y la responsabilidad, y no puede aceptar que los seres humanos sean “víctimas del destino”. La confrontación ideológica se transforma en una confrontación personal y la discusión acaba con el capítulo, cuando Geoffrey, el cónsul, rechazando cualquier tipo de “interferencia” elige “el infierno” y toma el camino hacia la cantina El Farolito, que significa para él la destrucción y la muerte.

El capítulo se cierra con la percepción de los volcanes por el Cónsul, precipitándose el uno contra el otro, una imagen definida como “el símbolo de la guerra que se avecina”.

Lowry, en este capítulo, reproduce una discusión real, según afirma su amigo de juventud y maestro Conrad Aiken, quien textualmente sostiene: “Y podría añadir, para aquellos que estén interesados en el tema, que toda la discusión entre el cónsul y el otro sobre marxismo, en Bajo el volcán, es una reproducción, palabra por palabra, de una discusión entre Malcolm y yo. Lo que importa destacar aquí es que el personaje de Hugh se basa en el joven Lowry de los años treintas”.

En noviembre de 1945 regresa a México con su segunda esposa (Margarie Bonner) para reconocer el escenario de la novela. Visita Cuernavaca y viaja a Oaxaca en busca de Juan Fernando Márquez para descubrir que, como el cónsul, fue asesinado en una riña de cantina. Este hecho será el tema de una nueva novela, Oscuro como la tumba donde yace mi amigo, publicada póstumamente por su esposa.

Malcolm Lowry imprime en su obra, a través de los distintos personajes, la experiencia de su propia existencia. “Bajo el volcán trata de las formas en que la culpa, el “peso del pasado” agobia al espíritu humano. En la extensa carta que escribió a su editor en Inglaterra, Jonathan Cape (publicada en 1971 por Tusquets Editores bajo el título de El volcán, el mezcal, los comisarios) donde explica y apasionadamente defiende cada capítulo de su novela, afirma que los personajes están concebidos como aspectos del mismo hombre.

También manifiesta que el proyecto original del libro fue constituir una especie de infierno, como un purgatorio y un paraíso a seguir: “el protagonista trágico de cada una de esas partes, como Chichikov en Las Almas Muertas iría mejorando paulatinamente en medio del camino de la vida”.

En abril de 1946, después de casi diez años de escritura y reescritura Bajo el volcan es aceptado simultáneamente por los editores Reynal and Hitchok en Nueva York y Jonathan Cape en Inglaterra. Tiempo después, tras la publicación y posterior éxito de la novela, Lowry escribió el siguiente poema:

El éxito es como un terrible desastre
Peor que tu casa ardiendo, los ruidos del derribo
Cuando las vigas caen cada vez más de prisa
Mientras tú sigues allí, testigo desesperado de tu condenación.

La fama como un borracho consume la casa del alma
Revelando que sólo has trabajado para eso.
¡Ah!, si yo hubiese sufrido su traidor beso
Y hubiese permanecido en la oscuridad para siempre, hundido y fracasado.

Y para la lápida de su tumba compuso este epitafio: Malcolm Lowry/ último deshecho de Bowery/ Su prosa era florida/ y a menudo incandescente/ Vivió de noche y bebió de día/ Y murió tocando el ukelele.
(Bowery: barrio marginal de Nueva York donde abundan los alcohólicos).

* Escritor, profesor de literatura.

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