Jun 3 2010
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Política

Lugo, entre la presión de la derecha y una “guerrilla” fantasmagórica

Pablo Stefanoni
 , dice Salyn”.

Estos titulares del diario ABC Color, desde la portada hasta la página 5 de un martes cualquiera, son sólo una muestra del clima de acoso político-mediático que acecha al Gobierno de Fernando Lugo, que ahora tiene como punta de lanza la emergencia de un enigmático grupo guerrillero en el norte del país: el Ejército del Pueblo Paraguayo.

Por estos días acabó el estado de excepción votado por el Congreso sin que ninguno de los esquivos miembros del EPP fuera capturado, y ni siquiera visto. Se dice que esta misteriosa guerrilla, que ya tiene una página en Wikipedia, cuenta con unos quince miembros. Hasta ahora, destruyeron maquinaria agrícola de una hacienda sojera acusada de contaminar a todo el pueblo ―en Concepción―, atacaron un cuartel militar en San Pedro (la región donde Lugo fue obispo), colocaron una bomba en el Palacio de Justicia y secuestraron a los hacendados Luis Alberto Lindstron y Fidel Zavala, este último obligado a repartir carne a los pobres como “cortesía del EPP” antes de ser liberado previo pago del rescate después de tres meses de encierro. Todos estos hechos fueron reivindicados por la dirigente Carmen Villalba desde la prisión.

Aunque al parecer, los “combatientes” del EPP provienen del grupo Patria libre (de donde también habrían salido los secuestradores de la hija del presidente Raúl Cubas Grau, Cecilia, finalmente asesinada en 2004), muchos creen que actúan en connivencia con el narcotráfico. De hecho, el departamento de Concepción está virtualmente tomado por los narcos, y allí se enfrentan el PCC (Primer Comando de la Capital) y el Comando Bermelho, ambas organizaciones criminales brasileñas. “En el norte, la gente ya no habla de ganaderos, sino de narcoganaderos” dice el sociólogo Tomás Palau desde sus oficinas del instituto Base/investigaciones sociales. Gran parte del campo paraguayo está en manos de grandes latifundistas de brasileños y “brasiguayos” (descendientes de brasileños) dedicados al monocultivo de soja, donde hace tiempo que no reina la ley estatal y ni siquiera, en gran medida, la soberanía paraguaya.

Paraguay vive, así, una colonización permanente: después de la época colonial stricto sensu, vino la guerra de la Triple Alianza: Brasil, Argentina y Uruguay acabaron con el modelo endogenista de G. R. de Francia y los López en una guerra criminal financiada por los bancos ingleses. De 1.500.000 habitantes en 1865, Paraguay pasó a 250.000 en 1870, al concluir el conflicto bélico, y, como recuerda Palau, “el territorio fue repartido entre los vencedores; las mejores tierras quedaron en manos de empresas anglo-argentinas, lusitanas o mixtas”. Y la última colonización que hoy vive esta nación mediterránea es vía el auge del nuevo capitalismo agrario sojero. Como señala el economista Luis Rojas Villagra, Paraguay produce ―y exporta― 6 millones de toneladas de soja anuales… e importa productos tan elementales como cebolla, papa o tomate.

Cerco conservador

La supervivencia política de Lugo se parece a un milagro: tiene en contra a todo el Congreso (sólo un diputado y dos senadores apoyan al Gobierno); a la Justicia, coto de la vieja política corrupta-prebendal; a la burguesía fraudulenta que, aunque sigue haciendo negocios, desconfía del entorno izquierdista del Presidente; a los medios de comunicación que conspiran si pruritos a favor del juicio político y alientan sin parar el fantasma de Hugo Chávez, y al propio… vicepresidente de la República, del Partido Liberal Radical Auténtico. En ese marco, sólo las divisiones de la derecha y la movilización popular (o la amenaza de ella) logran mantener el en Gobierno al ex obispo, que en 2008 acabó con 60 años de dominio absoluto del Partido Colorado, incluyendo las tres décadas y media de la autocracia clientelista/represiva de Alfredo Stroessner. Las encuestas ―que el ABC ya no publica― dicen que la mayoría de los paraguayos se opone a un posible juicio político con el que amenaza la derecha, que después de Honduras no puede ocultar su tufillo a golpe de estado liso y llano. Ahora sectores opositores quieren reactivar la amenaza, dados los escasos resultados del estado de excepción en el norte del país.

 , Hugo Richer, una novedosa alianza que nuclea desde la socialdemocracia hasta casi todas las expresiones de la izquierda marxista. Las expectativas están puestas ahora en las elecciones municipales del 7 de noviembre, cuando el Frente Guazú intentará construir una base política/institucional del cambio. Y, si se logra mejorar la correlación de fuerzas, impulsar la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Como lo demuestra Honduras, no basta el apoyo externo, aunque importante, a la institucionalidad ―en este caso de Unasur― para fortalecer una política antielitista, es necesario construir fuerzas internas consistentes. La derecha “bruta” de Lino Oviedo y la derecha “civilizada” del partido Patria Querida están a la espera de pasos en falso.

Pero aunque lentos, se perciben algunos avances. “Por décadas, la lucha política en Paraguay fue colorados vs. liberales; ahora, es izquierda/ derecha. Pese a la ley antiterrorista, el proceso no se ha derechizado. La exigencia de cambio sigue viva entre las organizaciones sociales” explica Richer. Lo cual no es poco, considerando que durante largos años, el líder anticomunista chino Chiang Kai Shek vigiló desde su enorme monumento en Asunción que Paraguay siguiera siendo ―como lo dijo alguna vez su amigo, el dictador Stroessner― “el país más anticomunista del mundo”.

*Periodista argentino. Publicado en Brecha

 

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