Jul 24 2010
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Opinión

Luis Corvalán Lepe, RIP

La muerte de un dirigente político importante afecta no sólo a quienes militaron con él en una determinada organización, implica en cierto modo un balance que realizan todas las demás fuerzas, ponderando sus actuaciones en la época que abarcó el rol jugado por el fallecido. A su debido tiempo la historia impondrá sus distintas verdades. Hoy es hora de luto. He aquí el juicio del Portal Rodriguista*.

Falleció uno de los dirigentes más importantes del Partido Comunista de Chile después de Luis Emilio Recabarren. Luis Corvalán Lepe pasará a la historia de las luchas del movimiento obrero y popular —más que por sus chilenismos o picardías en los discursos— por ser uno de los artífices, junto a Salvador Allende, de la Unidad Popular.

Fiel exponente de la línea política —definida en los años 30 del siglo pasado, donde se planteó que la revolución chilena debía franquear la etapa democrático burguesa antes del socialismo—, que permitió las victorias del Frente Popular con Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y de Gabriel González Videla.

Asume como Secretario General del PCCh en 1958. Por efecto de la represión de González Videla y de la llamada ley de “defensa de la democracia” la organización quedó reducida a dos mil militantes y bajo su gestión le permitieron llegar a tener el año 1973, antes del golpe, más de doscientos mil militantes y las Juventudes Comunistas cerca de cien mil.

En conjunto con el Partido Socialista, el PC logra fundar la Central Única de Trabajadores (CUT) agrupando al movimiento obrero disperso en una sola central sindical cuya presidencia dirigió el PC desde 1965 hasta el golpe de Estado de 1973. A la cabeza del partido aglutina en sus filas a los más brillantes intelectuales, no obstante ser el PC un partido esencialmente obrerista.

Su labor más trascendente la realizó en torno a la Unidad Popular. Bajo su dirección el PC impuso que se debatiera el Programa de Gobierno, antes de discutir la designación del candidato único del conglomerado. Posteriormente, ante el retiro de Pablo Neruda, mostrando una gran sensibilidad y generosidad, da el apoyo a Salvador Allende. Corvalán fue más cercano a Salvador Allende en las ideas políticas que el mismo Secretario General del PS. 

El gobierno de la Unidad Popular fue el hito más importante en la lucha de clases y  populares de la historia de Chile, propinando a la oligarquía terrateniente, al imperialismo y sus transnacionales, a la gran burguesía nacional y al sector bancario golpes demoledores solo comparables con los de la revolución cubana. Nunca el pueblo se sintió más protagonista de un proceso social como entonces.

Un proceso de tal envergadura exigía una base más amplia, y dichos como “con Tomic ni a misa” se podrían considerar un error táctico, más aún cuando este político estaba de acuerdo, en general, con el programa de la UP. Un acuerdo o compromiso, en cierta medida, hubiera podido neutralizar a la Democracia Cristiana que se implicó de lleno con la derecha para conspirar contra el gobierno de Allende. De la misma forma, la vorágine de un proceso de profundas transformaciones, iba a conllevar a una efervescencia de la lucha política y mantener a la CUT en los marcos reivindicativos, lo cual le quitó un fuerte punto de apoyo al gobierno y generó organizaciones paralelas con carácter más político dentro de los trabajadores como fueron los cordones industriales.

La Unidad Popular se ha transformado en modelo para los países de América Latina que pretenden realizar cambios revolucionarios, populares y antimperialistas, enmarcadas dentro de los sistemas democráticos capitalistas. Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador se nutren de la experiencia chilena de la cual Luis Corvalán Lepe  fue uno de sus principales artífices como conductor del Partido de Recabarren. También sus lecciones fueron tomadas en cuenta por partidos populares de otros continentes

Aun sin renunciar a su concepción de la lucha por el poder bajo la premisa de la “vía no armada” aceptó sin ningún miramiento el ofrecimiento de Fidel de las escuelas y academias militares de Cuba para formar oficiales. De esta manera intentaba  llenar el famoso “vacío histórico” ante la insuficiente preparación militar del partido.

Frente a los duros golpes a las direcciones del interior y a la presión por pasar a una actitud más ofensiva del partido, se desarrolla la Política de Rebelión Popular de Masas y de la Sublevación Nacional. No obstante plantearse acciones no era una política de lucha armada en sí, sino más bien ciertas operaciones militares como complemento o apoyo. Para ello, se creó el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) con los oficiales que se prepararon en las escuelas militares de algunos países socialistas y cuadros del interior. Entre estos se destacan los cuadros que participaron en misiones internacionalistas en Nicaragua en la lucha contra el dictador Somoza y posteriormente en la lucha contra los grupos mercenarios llamados “La Contra”.

La idea inicial de la formación de oficiales se dirigía a la construcción de un nuevo ejército o la incorporación a uno existente, habiéndose llegado al poder o al gobierno, pero no con el propósito del enfrentamiento, destrucción o neutralización de un ejército enemigo. La Revolución Sandinista y la participación de los oficiales chilenos, a pedido de Fidel, en la guerra de liberación, más el auge de la lucha en Chile, fue cambiando esa idea inicial. Con la creación del FPMR sin un desarrollo integral de una política militar impulsada por el partido —con una política de masas congruente—,  cuestión que tampoco se contemplaba, se iba gestar un embrión de la división.

La Rebelión Popular fue una concepción de lucha cuyo objetivo era el copamiento por las masas de los centros estratégicos político administrativos, económicos y comunicacionales del país. Las acciones armadas eran complementos para permitir dicho objetivo.

El desarrollo audaz y acelerado del FPMR entraría en contradicción con esta política y con ello la necesidad de su desarticulación o disminución de su accionar. A la postre esto lo llevó a la separación del Partido y al desarrollo de una política propia de lucha armada, la Guerra Patriótica y Nacional (GPN) que apenas logró irrumpir tardíamente en las postrimerías de la dictadura cuando la mayoría de las fuerzas políticas llegaron a un acuerdo con Pinochet para realizar un plebiscito e iniciar una transición a la democracia (tutelada).

Es indudable el rol de Luis Corvalán Lepe en la historia de la lucha de la clase obrera chilena como el mejor ejecutor de la concepción partidista que se proponía llegar al poder dentro del sistema democrático burgués. Los hechos demostraron que la lucha contra la dictadura pretendía regresar a ese espacio, para lo único que estaba preparado. En la actualidad, con el predominio exclusivo del imperialismo, los hechos han demostrado que es una opción necesaria de lucha, pero no excluye que los revolucionarios y sus partidos deben estar preparados para otras opciones ante cambios bruscos que se dan en los procesos sociales.

Luis Corvalán Lepe vivirá en la memoria como gran dirigente y luchador de nuestro pueblo.

Hasta la victoria siempre
Honor y gloria a “Don Lucho”

* www.portalrodriguista.org (http://portalrodriguista.org).
En Memorial del
Anaquel Austral

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