May 22 2012
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CulturaSociedad

Mario Monasterio* / Quilicura, de la quietud a la efervescencia

Al finalizar la d√©cada de los 40, la zona norte de Santiago era una regi√≥n absolutamente agr√≠cola. Entre Quilicura y Colina una antigua carretera ve√≠a noche a noche el transitar de carretones que se dirig√≠an hacia la Vega Central, los campesinos estaban familiarizados con el fundo San Ignacio, El Molino, el conocido Puente Verde, desde all√≠ ven√≠an los canales de regad√≠o entre flores silvestres y sauces llorones. Hoy es parte de nuestro patrimonio social.| MARIO MONASTERIO CALDER√ďN.*

 

La comuna de Quilicura, recib√≠a el progreso y los avances tard√≠amente. No pod√≠a ser de otro modo. La carretera era la √ļnica ruta que conectaba a sus habitantes con la ciudad de Santiago; justamente a la salida del pueblo un letrero anunciaba esto: Santiago a 12 kil√≥metros.

 

No era f√°cil desplazarse, nadie pod√≠a vivir a otro ritmo que no fuera el que esta tierra ten√≠a. No hab√≠a espacio para la prisa y las urgencias ni siquiera estaban consideradas. A 12 kil√≥metros de Santiago, rodeada por cerros y con una √ļnica ruta central, nadie pod√≠a considerar en sus planes el ir o venir apresurado.

 

El progreso ven√≠a lentamente porque todo era lento. El √ļnico veh√≠culo de transporte p√ļblico iba y ven√≠a con una frecuencia de una hora o m√°s; era un largo recorrido, dejando y tomando pasajeros, vecinos que tra√≠an sus canastos, sus frutas y sus enseres. Una vieja micro, de multiplicidad de olores un√≠a la capital de Chile con el pueblo. Eran doce kil√≥metros que a veces significaban m√°s de dos horas.

 

Hoy parece una novela, pero efectivamente el casco de los caballos era el √ļnico ruido que tra√≠a la noche y era el sonido mon√≥tono de la madrugada que despertaba a los lugare√Īos.

 

Sin embargo el clima de amistad y de solidaridad era casi irreal. No hab√≠a mucha posibilidad de adquirir¬† un peri√≥dico o una revista. Eso hab√≠a que comprarlo ¬ęen Santiago‚ÄĚ. El pueblo no necesitaba informaciones. Las noticias ven√≠an de boca en boca y de cuadra en cuadra y se estacionaban entre los m√°s viejos.

 

Los gobiernos liberales o conservadores se suced√≠an uno tras otro y nuestros campesinos y vecinos, cre√≠an sin m√°s tr√°mite, lo que sus pol√≠ticos le comentaban. No es de extra√Īar entonces, que los gobiernos locales, los alcaldes y regidores, turnaran sus aspiraciones y no es dif√≠cil suponer que los acuerdos se tomaban en encuentros familiares, en paseos por el fundo o en veladas sociales.

 

Con la efervescencia de los movimientos sociales, con los ecos de lo que sucedía en el mundo, Quilicura, fue sorprendida por aires nuevos y revolucionarios, el clamor que traía el movimiento de los trabajadores. Y lejos del mundo, en este extremo del planeta, hombres estudiantes y mujeres modificaron sus lenguaje. Los términos de igualdad, justicia, explotación, organización popular, unidad proletaria, expresiones que nunca se escucharon, empezaron a sonar en forma cotidiana.

 

En el a√Īo 1967, la lucha pol√≠tica se extendi√≥ hasta la apacible Quilicura. Un ajetreo de proclamaciones y encuentros no dio tregua.
La lucha por el Gobierno de Chile se daba a tres bandas y fuera de esto, no existía nada más: La izquierda, denominada como comunistas, la derecha, reconocida como momios y los desprestigiados demócratas cristianos.

 

En el peque√Īo pueblo los muros, que se pintaban cada a√Īo para esperar las fiestas de septiembre, se tapizaron ahora con los colores y nombres de los candidatos: Allende, Alessandri y Tomic. Todo ten√≠a el perfume y el sello de la contienda pol√≠tica.

 

Y allí estaban nuestras familias.

 

Numerosas familias constituyeron la hegemon√≠a de la comuna. Las familias, notoriamente antag√≥nicas en cuanto a posici√≥n y estabilidad social, convivieron sin ning√ļn conflicto por muchos a√Īos.

 

Las familias de gran estabilidad económica estaban concientes de su rol y de su condición. Respetaban a los pobres, porque su riqueza y opulencia dependía de ellos.

 

Las familias pobres y de escasa condici√≥n viv√≠an diariamente sus limitaciones, estaban concientes de ello, hab√≠a ricos y pobres, patrones y trabajadores. Ese era el escenario de la vida y cada ni√Īo que nac√≠a comprender√≠a este fen√≥meno. La vida cotidiana continuar√≠a as√≠ y la convivencia no se alterar√≠a.

 

Los apellidos que conservó la historia están vinculados a la casta de mayor opulencia y de grandes recursos económicos y financieros. El pueblo, desde siempre identificó a estas familias: Romo, Lira, Sarmiento, Gómez, Cooper, Escobar, Zegers, Barzelatto y otras.

 

En la otra vereda estaban las familias de trabajadores que el pueblo reconocía y que son ni más ni menos los constructores de la cultura de la comuna de Quilicura. Nombres que no aparecen en el registro de la historia. Sin embargo hasta hoy subsisten y han dejado huellas entre sus parientes cercanos o lejanos.

 

 

Las familias Brice√Īo, Ord√≥√Īez, Trejos, Morales, Valladares, Ulloa, Olea, Monasterio, Garrido, Robles, Valenzuela, Contreras, Larenas, Palacios, Guajardo y much√≠simas m√°s.

 

Era el aspecto rural de la comuna lo que constitu√≠a su atractivo. Una carretera central un√≠a el pueblo de Quilicura con la carretera a Santiago. Pr√°cticamente desde su fundaci√≥n, en agosto de 1901, la idiosincrasia de esta zona no tuvo alteraciones. Una tierra hermosa y fecunda entregaba cada a√Īo las cosechas a sus campesinos y agricultores. De gran aceptaci√≥n eran sus melones, sand√≠as y zapallos. Contaba con vi√Īedos y huertas frutales que abastec√≠an el comercio de la capital.

 

Zona fundamentalmente campesina, en que el tiempo se detuvo durante décadas. Las calles en su mayoría más bien eran callejas con muy poca iluminación, con un tráfico vehicular limitado y con gran presencia de carretones y caballos.

 

Hacia la d√©cada de los a√Īos cincuentas la poblaci√≥n no superaba los 35.000 habitantes, gente que desarrollaba sus actividades campestres y que en alguna peque√Īa proporci√≥n se dedicaban al comercio y a la vida artesanal.

 

La comuna ten√≠a algunos sectores bastante definidos que delimitaban una antropolog√≠a propia. Es interesante este detalle pues los barrios que se formaron ayer , hoy no tienen vigencia debido a lo heterog√©nea de la poblaci√≥n. Pero estos barrios antiguos est√°n a√ļn en el coraz√≥n y en el recuerdo de muchos vecinos:
La estaci√≥n, Las parcelas, Lo Campino, San Francisco,¬† El pueblo,¬† San Luis, Santa Luisa, Lo Echevers, Fundo Marcoleta, Fundo lo Cruzat, Fundo el molino, Fundo lo Za√Īartu, San Ignacio, Bascu√Īan.

 

En torno a estos barrios, se genera toda una cultura, una forma de ser, una autenticidad y cada sector compet√≠a con los otros en muchos aspectos: en el deporte, en la participaci√≥n religiosa, en las festividades comunales. El Quilicura de ayer, de los a√Īos cuarentas, cincuentas o sesentas, representaba en esencia nuestra historia. En todo caso, no eran muchas las instancias y espacios para la reuni√≥n de los vecinos, de tal manera que la poblaci√≥n de Quilicura, era m√°s bien pasiva y quieta.

 

Algunas de las personas laboraban fuera de la comuna y sal√≠an tempranamente ¬ęhacia Santiago¬Ľ, la ciudad que si ten√≠a otras posibilidades de trabajo.

 

El deporte, m√°s bien el f√ļtbol, la Iglesia y muy a lo lejos las festividades nacionales, reun√≠an a los vecinos en algunos de los sectores mencionados. La locomoci√≥n no favorec√≠a la vida r√°pida o agitada, m√°s bien retardaba todo. Uno que otro bus, durante el d√≠a hac√≠a el trayecto hasta Mapocho.

 

Antes de eso hubo micros a las que los lugare√Īos llamaban ¬ęg√≥ndolas¬Ľ.
Es muy anecdótico al observar la película El circo Chamorro como una de esas góndolas transportaban a los vecinos, comerciantes y gentes del pueblo.                    

 

Los vecinos de aquella √©poca, contaban s√≥lo con dos establecimientos educacionales. En el pueblo, la Escuela 165 y en la estaci√≥n, la Escuela n√ļmero 32. No hab√≠a posibilidad de estudios secundarios, esos colegios se encontraban desde la Avenida Independencia hacia el centro.

 

Un viejo cine con capacidad para ciento cincuenta personas ofrecía películas mexicanas los días sábados por la noche y una matinée los domingos a media tarde.

 

El f√ļtbol suscitaba el inter√©s del pueblo. Cada antiguo barrio ten√≠a un club representativo.

 

Los servicios para la comunidad eran escas√≠simos: la Municipalidad, la oficina de Correos y Tel√©grafos, el cementerio, una central telef√≥nica, una compa√Ī√≠a de bomberos, un ret√©n de Carabineros, voluntariado de Cruz Roja y nada m√°s. Reci√©n en el a√Īo 1967, se fund√≥ el primer policl√≠nico en Quilicura. Todos los tr√°mites se efectuaban en Conchal√≠, lo m√°s cercano a nosotros.

 

El sistema vial no representaba ning√ļn problema. Bastaba la calle Manuel Antonio Matta para satisfacer las demandas de los transe√ļntes, caballos, carruajes, bicicletas y autom√≥viles. Muchos a√Īos hubo de pasar para que en Quilicura se instalara el primer sem√°foro.

 

De vez en cuando, como ocurría en la mayoría de los villorrios aparecían los vendedores ambulantes que ofrecían a los campesinos vestuario y utensilios con algunas facilidades de pago. Ellos utilizaban de preferencia triciclos y bicicletas.

 

Pero algo ocurrió para que todo se trastocara.

 

Al parecer, dos fueron las causales para que este panorama sufriera un cambio sustancial. Por una parte, los planes de descentralizaci√≥n del gobierno de Chile en relaci√≥n a los programas de vivienda y la recuperaci√≥n de la democracia y los nuevos conceptos para el dise√Īo del plan regulador.

 

A partir del a√Īo 1990, la imagen de Quilicura, que estaba en la retina tur√≠stica como una tierra de aspecto provinciano, casi rural, fue modificada en su esencia y consolid√≥ un proceso que incipientemente se hab√≠a iniciado unos a√Īos antes.

 

En efecto, la primera villa que rompi√≥ la monoton√≠a de los antiguos barrios fue justamente la Villa S. Gildemeister, que se ubic√≥ en el sector de las parcelas al t√©rmino del a√Īo 1964. La antigua denominaci√≥n se vio forzada a incluir un nuevo sector poblacional y los vecinos de la √©poca le llamaron ¬ęla villa¬Ľ. Luego vendr√≠a la poblaci√≥n Mar√≠a Ruiz Tagle de Frei, que pertenec√≠a a los programas de operaci√≥n sitio, tratados en este mismo libro[1]. M√°s tarde fue conocida como ¬ęel Ma√Ī√≠o¬Ľ.

 

Uno a uno se fueron introduciendo nuevos barrios o sectores en conformidad a la expansión territorial: Villa Eugenia, Villa Arturo Prat, Villa Huelén, Villa Sodimac, Villa Recsa, Villa las tres Puntas. En la década de los noventas, llegaron masivamente nuevos vecindarios y nuevos quilicuranos. La población se multiplicó rápidamente y la cifra de habitantes se alzó a más de noventa mil.

 

Con asombro y con nostalgia los antiguos vecinos se dieron cuenta que el Quilicura de anta√Īo, se desmoronaba y nada hac√≠a posible evitar esa transformaci√≥n. Una diversidad de familias no s√≥lo cambiar√≠a la fachada, sino el alma y el esp√≠ritu de lo que esta comuna hab√≠a sido.
……
1] Quilicura, la tierra en que vivimos, obra del autor
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Escritor, gestor cultural y dirigente social.
Mayor informaci√≥n sobre la comuna, en el ¬ęblog¬Ľ dedicado a Qulicura.

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