Jul 8 2007
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Cultura

México. – REQUIEM POR IXTUS

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

En el convento de las Benedictinas se celebró una misa de Réquiem por la revista Ixtus dirigida por Javier Sicilia de 1993 a 2007. El clima en el monte y poblado de Ahuatepec fue melancólico; luego de tantos años cerraba sus puertas la publicación más interesante de su género en Latinoamérica, un espacio donde se debatían filosófica e intelectualmente los problemas actuales desde la espiritualidad y la fe en Dios.

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Ixtus era una lectura bimestral obligada, sobre todo cuando se anunciaban entrevistas a Francisco Rebolledo, Elsa Cross, Carlos Montemayor, Ricardo Garibay, Vicente Leñero, Adolfo Pérez Esquivel, Ignacio Solares o cuando Valentina Borremans, Jean Meyer, Gabriel Zaid, Rafael Segovia, Pedro Angel Palou, Jean Robert e Iván Illich cedían un texto o en la editorial descubrías la sabia tinta de Sicilia y de Patricia Gutiérrez-Otero.

La mañana del sábado fue especial: no recuerdo una misa católica más emotiva en mi vida; el sacerdote Miguel Angel Osuna viajó desde la frontera norte sólo para compartir su testimonio de amor y hacer responsables en parte de su vocación religiosa al grupo Ixtus. Durante el sermón, confesó que siendo un adolescente trabajaba en el archivo de la Diócesis de Mexicali y fue allí que conoció la revista Ixtus y desde entonces es un fiel lector.

En el padre Osuna se nota la influencia de Ixtus. Antes de la eucaristía citó a Javier Sicilia: “opino que se deben respetar los Acuerdos de San Andrés en Chiapas” y musitó trocitos de una canción de Silvio Rodríguez: “se lanza un ángel de la altura, caída libre que da frío, la orden de su jefatura es descender a los olivos”, después abrió la posibilidad de la palabra para los feligreses. El padre propuso evitar se desperdigue la comunidad cristiana con la finura del amor.

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Ninguna semilla cayó en el desértico mar. Hubo lágrimas sinceras, abrazos, conversaciones entre amigos reunidos para mantener la esperanza. Vamos a extrañar las páginas de Ixtus, los ateos y católicos, los universitarios y poetas, los intelectuales y periodistas. Ahora que son cada vez menos los espacios para discutir, y que los sectores retrogradas de la Iglesia imponen su dogma sin argumentos ni poesía.

A diferencia de la densidad poética escrita en La presencia desierta (FCE), Javier Sicilia es una persona sencilla. No imagino qué hará sin Ixtus, o mejor dicho no entiendo cómo organiza su vida cotidiana para la creación literaria, estando al frente de la Difusión Cultural en la UAEM y pendiente de su oficio periodístico en Proceso y La Jornada.

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Aquí es fácil dar con él, ya es parte del inventario urbano de Cuernavaca, acompañando en las reuniones de adherentes al EZLN o en defensa del Casino de la Selva. En verdad, nos vemos con poca frecuencia y todas nuestras conversaciones son apócrifos sacrilegios, triviales temas de café: sindicalismo en la UAEM, trascendidos del semanario Proceso, consejos al editar una entrevista, actualización de libros publicados por el Fondo de Cultura Económica, repaso al periodismo cultural local y nacional, breviarios del Centro Intercultural de Documentación (Cidoc), nostalgias por Iván Illich, sarcasmos contra el PAN y elogio al vino.

Parafraseando al doctor en filosofía Guillermo Hurtado en su ensayo La crisis de mi ateismo (Ixtus, número 54), cada vez que veo a mi querido hermano Javier Sicilia tengo dudas de mi ateismo, su paz trasmina y disipa mi envejecida tristeza al sentir el verbo de Ixtus o la Teología de la Liberación del continente nuestro de cada día. Es una bendición para Cuernavaca contar con Javier Sicilia en la ausencia de la revista Ixtus.

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* Periodista.
Artículo publicado originalmente en www.lajornadamorelos.com el domingo ocho de julio de 2007. Se reproduce aquí por gentileza de su autor.

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