Sep 25 2005
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Opinión

Mientras esperaron a Rita…

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Los niños deben portar en sus bolsillos alguna identificación o en su efecto fotografías de sus familiares, en caso que sean separados; estamos hablando de la evacuación de Houston, Texas, la cuarta ciudad más poblada de Norteamérica. Casi cuatro millones de personas buscan escapar mientras escribo estas líneas. Es el caos.

Me encuentro lejos de las ráfagas de viento del hurácan más grande que podría registrar la historia. La película de Hollywood Day After Tomorrow (El día después de mañana), las 21 predicciones del pentágono anticipan la hecatombe. El cataclismo, anunciado por las alianzas cristianas fundamentalistas en Wáshington, se precipita ante sus pies de bestia de siete leguas.

Es posible que Rita sople y destruya poblados enteros. La ciencia que nunca ha sido neutral persiste en ser ciencia y blandir su tuerca sobre el vientre afelpado de la naturaleza. De sus raíces la energía que se reproduce y mantiene el equilibrio. Las aguas que corren en sus arroyos y sus canales. Los ríos arteriales que la poesía contagió como peste por la conciencia de muchos. El follaje primitivo de Abya Yala lleva mucho tiempo en peligro.

fotoPor ser sumisos ante la ciencia, no se pudo reencontrar ese equilibrio. Rita puede ser sólo la tendencia de proporciones cinematográficas sobre los habitantes de esa parte del planeta. Las aguas del Golfo de México y del Atlántico mantienen temperaturas altas de 80 grados Fereinheit que hacen que tormentas tropicales se tranformen en huracanes o ciclones de categorías que van de 1-5. La tendencia va en acenso, pues el calentamiento global y la desalinización de los glaciares del Polo Norte harán, en un día cercano, incontrolable la aparición de huracanes en la costa este del imperio de Bush.

NO OLVIDÉIS KATRINA

Mientras tanto, miles de los refugiados de Katrina, comienzan a abandonar en caravanas los pocos utensilios, como si fuera la marcha de los cherokee hace más de 200 años, cuando tuvieron que huir hacia Oklahoma en la “senda de las lágrimas”. Este ciclón es una señal. A nadie le gustaría realmente escribir una crónica de este tipo, pero la furia de la madre Tierra la conocieron los seminole, pueblo que vivía en las riberas del norte de la Florida.

Un huracán es un ruido estremecedor, parecido al de una locomotora que entra en su casa, es una contracción uterina de la tierra que va parir. Los mayas lo llamaban Hurakén y le temían, los caribes taínos grabaron en sus gemas negras y de arena y oro la feroz cara de hurakán.

Tengo un amigo en Houston. Lo llamaré para saber si está seguro, si desea refugio. En Michigan hay refugiados en una fortaleza militar; entre muchos negros y ancianos está una mujer nicaragüense llamada Guadalupe y su pequeña hija. Hay otros nombres: Jennifer, que navegó en su casa convertida en bote, por entre los pantanos de Louisiana, completando así todos los mitos de un “sureste profundo” que ha comulgado siempre con la muerte.

Rita pasará este sábado bordeando lentamente el golfo de México. Dicen los noticiarios corporativos que se ha aprendido la lección de Katrina, como si tratara de un fenómeno nuevo. El abandono de la población anciana y de color y “latina” que vive en los alrededores del barrio francés de Nueva Orleans ha encarnado la imagen de Katrina por mucho tiempo.

La pobreza de Louisiana no tiene nada que envidiarle a las poblaciones marginales del gran Santiago de Chile, de los alrededores de Buenos Aires o del DF mexicano. La prensa de izquierda concuerda con la nueva negligencia de la administración demo-republicana. Pero sabemos, con rigor fenomenológico, que el “plan tramado” es precisamente la ausencia de un plan o la presencia perturbadura de la casualidad muy extrema de la mente humana y especializada. Pensemos en los avisos previos al pencazo de las torres, indaguemos en los archivos del poder y nos encontraremos con todas las respuestas a las preguntas que la historia nos esconde.

fotoRita es el tercer huracán más grande que tal vez registren los huracanistas, científicos de lo impredecible, en estos doscientos años que van de vida “moderna”. Contrario a lo que dice la prensa-CNN, los otros dos más grandes ciclones, Camille en 1969 y Andrew en 1992, están muy lejos de la magnitud de lo “puede ser” Rita. Vientos de casi 300 kilómetros y en con una velocidad crucero de 12 millas por hora y con lluvias que posiblemente borre con la histórica ciudad de Galveston en la costa de Texas.

Como en el hurakén que viví con mi padre en La Florida, después de la tormenta viene un silencio absoluto, un sol que brilla e irradia vida a pesar de la destrucción. Mientras tanto, la ciudad de Houston es una metáfora de anarquía caricaturizada; porque el resto vendrá solo, sin apuros ni retóricas, un sistema que pavimentó sus supercarreteras, caminos que ya no conducen a ninguna parte.

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* Poeta chileno y profesor en el Albion College.

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