Sep 2 2005
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Economía

Mujeres y globalización: la explotación continúa

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

La globalización es en realidad, la expansión de las empresas capitalistas y la intensificación del poder económico. Dominada por las grandes transnacionales y los mercados financieros, el único objetivo de la globalización es la obtención de más y mayor beneficio económico.

fotoGracias a la globalización parece como si hubiera triunfado un único modelo económico e ideológico en el mundo, el modelo neoliberal. De Norte a Sur y de Este a Oeste, el neoliberalismo se nos presenta hoy como un nuevo y deseado paraíso a alcanzar cuya única receta para aspirar a él consiste en reconducir todos nuestros quehaceres hacia la esfera de la más pura y dura competitividad y cuyo único motor es la búsqueda del beneficio económico y monetario1.

Al capitalismo se le han añadido algunos adjetivos imperialista, corporativo, transnacional, o global, pero sus bases son las mismas de antaño. El termino “globalización” hoy tan de moda, se aplica en múltiples sentidos. Por un lado, se utiliza para reflejar la consideración del mundo como un gran hipermercado global en el cual se producen, se adquieren y se comercializan productos en cualquier parte del mundo.

Por otro lado, la palabra globalización se ha convertido en un término comodín que se utiliza en todo tipo de contextos, sin embargo, la globalización se entiende de manera engañosa si no se vincula a procesos de dominación y apropiación.

En segundo lugar los organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional, Banco Mundial, Organización Mundial de Comercio, se han convertido en las autoridades centrales para efectuar las negociaciones financieras y comerciales mundiales, ya que el mercado no opera en el vacío sino que necesitan reglas para liberalizar el comercio y las finanzas, privatizar los sectores públicos y otras esferas que antes quedaban al margen del mercado, y para favorecer los procesos de transnacionalización del capital para que éste no se vea constreñido por los estados nacionales y por la democracia. Las instituciones nacionales y supranacionales fueron así reformadas e instrumentalizadas para ponerse al servicio del gran capital.

GLOBALIZACION Y SOCIALISMO:
VISIÓN DE MUJER

Para quienes asumimos el feminismo como movimiento social, desde una perspectiva socialista, abordar el impacto del neoliberalismo sobre las mujeres implica adentrarse tanto en los rasgos socioeconómicos como los político culturales, ya que como modelo de dominación tiene en ellos expresiones concretas y particulares que impactan a las mujeres.

Así, es impensable que la Izquierda pueda desarrollar una estrategia factible para el futuro sin dar un lugar central vital del desempleo y de la precarización del trabajo femenino. Se requiere hoy considerar tres aspectos principales de aquello que esta en Juego.

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a) globalización del desempleo y de la precarización, afectando aún las partes del mundo capitalisticamente desarrollados.

b) El mito de la “flexibilidad” que como píldora amarga es cubierta de azúcar. Pues detrás de esto debemos de hablar del hecho grave de la tendencia socioeconómica como la tasa de explotación diferencial.

c) La única solución factible para los problemas que enfrentamos es abandonar los cambios socioeconómicos regulados por la sumisión de la tiranía del “tiempo de trabajo necesario” para la emancipación a través del “tiempo disponible” como la alternativa positiva al modo de reproducción social metabólica del capital.

Como punto de partida, podemos considerar la cuestión de la reproducción de la semana de trabajo de 45 horas, sin pérdida de salarlo que no fue un regalo del modelo si no que la lucha organizada de los/las trabajadores/ras.

En el ámbito político cultural interesa analizar el entramado ideológico que soporta el predominio masculino en la sociedad, el cual arrastra en todos los regímenes económicos sociales y toma características particulares en la sociedad de mercado. Se trata de desenmarañar el conjunto de factores que dan por resultado nuevas formas de exclusión de las mujeres y los mecanismos a los que recurre para propiciar la presencia de mujeres en diferentes instancias y posiciones, con el propósito exclusivo de reforzar la apropiación de ese simbolismo. En ese orden se destacan:

“La clientelización de la ciudadanía”, que ha significado reducción de derechos económicos y sociales en soporte a las políticas privatizadoras, reducción del rol del estado y evasión en el cumplimiento de compromisos de políticas sociales. Esta tendencia hace crisis cuando se confronta con postulados de su propia democracia electoral, pues conduce al enfrentamiento de los derechos civiles y políticos en que tratan de sustentarse.

El caso de los derechos de las mujeres es elocuente. Sólo hace cincuenta años que se ha reconocido el derecho a voto y en breve ha servido fundamentalmente para ampliar las bases de regímenes antidemocráticos, que tienden el cerco a una ciudadanía no plena, es como en el ágora griego: sólo la propiedad da derechos.

La contradicción entre las esferas pública y privada, donde lo público es lo político y por tanto masculino y femenino lo privado.

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El control sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres, vía imágenes de modelos negadores de las identidades étnicas y raciales; exacerbación de la violencia contra las mujeres; manipulación, explotación sexual y constreñimiento de los derechos sexuales y reproductivos; las evasiones al uso del lenguaje no sexista revelador de las presencias o ausencias de las mujeres en discursos y realidades.

La dicotomía de roles entre productores/as y consumidores/as, reforzando la competencia como base de la dinámica en la sociedad, a conveniencia del mercado.

La revalorización del rol de la sociedad civil y de su función en el estado, con preeminencia del empresariado y la Jerarquía de la Iglesia católica, con apertura puntual a otros tipos de organizaciones en espacios concretos, particularmente a nivel mundial.

LA DESIGUALDAD

Parecería que ahora ya nadie cree que sea natural que la diferencia entre los sexos marque la desigualdad entre seres humanos. Sin embargo, se busca perpetuar el individualismo, y en nombre de la competitividad se encumbra asimetrías no sólo de mercados, sino de colectivos humanos.

En ello, la mitad conformada por las mujeres tiene distinto punto de partida y un muy desigual ejercicio de derechos, que nos ubica fuera de las reglas de su juego. Así, la superación de las desigualdades entre hombres y mujeres pasa por el reconocimiento de las diferencias y de que el carácter histórico de la desigualdad la proyecta y redimensiona.

La formulación de una alternativa, implica la elaboración de una propuesta que supere no sólo la barbarie del capitalismo que conocemos en este y otros lados del mundo, sino que además supere lo que conocimos como socialismo real, y aún en construcción, que no han podido proyectar toda a la dimensión de equidad, que demanda el proyecto de nueva sociedad que ha inspirado nuestras militancias.

Vale, sin embargo, señalar la importancia de establecer las diferencias entre los análisis y posiciones de orientación, que corresponden a las fuerzas políticas de la transformación revolucionaria y los que propician desde los movimientos sociales, en los que el sentido de la estrategia, las conquistas de corto plazo o de significación relativa, son los que dan a los espacios organizacionales credibilidad, capacidad de convocatoria y de movilización que permiten metas o logros parciales, necesarios en la construcción de las potencialidades y de los poderes desde abajo, sin condicionarse por el posibilismo tradicional, o por el propósito de incidir en políticas ajenas y adversas.

FUERZA DE TRABAJO Y MERCADO LABORAL

fotoDentro de la lógica de la acumulación capitalista, el recurso humano mujeres, su capacidad productiva y reproductiva, es un bien a explotar, de ahí que se considere el máximo aprovechamiento tanto de sus capacidades como sus limitaciones, para favorecerse de ambas, dando validez a la afirmación de que buena parte de la economía nacional de esta época recae sobre las mujeres, por el peso de su participación en los llamados sectores más dinámicos de nuestra economía, como el turismo, los sectores de servicios, la banca, educación y salud, esto último involucra aproximadamente al siete por ciento de la población económicamente activa.

Son estos sectores justamente los que en nombre de la competitividad han contribuido a la disminución del poder adquisitivo del salario real. Para ilustrar, sólo un par de ejemplos: La fuerza laboral en la zona campesina, es ocupada en alta proporción por mujeres en tanto mano de obra no calificada y desvalorizada por su condición femenina, en la que por demás se evidencia la segregación ocupacional, mujeres obreras y hombres gerentes o supervisores.

Las microempresas de mujeres, receptoras de pequeños créditos, involucran un núcleo familiar como personal no remunerado, retienen a las mujeres en el entorno del hogar para satisfacer necesidades colectivas, mantienen a las mujeres en sus roles tradicionales, se insertan en la más absoluta precariedad en la dinámica del mercado financiero, se crean expectativas económicas que en su gran mayoría fracasa en breve, o subsisten con gran inestabilidad y , en general, tienen por resultado un redimensionamiento de la pobreza.

En la delimitación de la áreas de intervención económica que han impuesto las reglas del mercado, en Chile se destaca el área de servicios, básicamente en los renglones en los que juega un papel determinante el volumen de mano de obra femenina y la diversidad de tipos de actividades vinculadas a ellos de manera directa o indirecta.

El componente del trabajo de asalariadas del campo se halla potenciado por nuestras características geográficas, étnicas y culturales, en las que intervienen las grandes transnacionales de la fruta, donde los ingresos millonarios de este sector se concentran en muy pocas manos.

La dispersión de las capacidades de producción y de exportación que caracterizan el sistema de manufactura global predominante, ha parido el “sistema de producción flexible” referido a las formas de producción de piezas o partes de productos, como en las formas de organización, tipos de salarios, condiciones y movilidad de la mano de obra.

El proceso de flexibilización afecta de manera distinta a hombres y a mujeres debido a los mecanismos discriminatorios y la situación laboral históricamente han tenido las mujeres, que no ha sido superada con la tecnificación industrial.

Expresiones de esta situación se evidencian en la forma como se profundizan niveles de pobreza en las mujeres, en la precariedad eventual del trabajo a que acceden , y los procesos de formación, que excluyen a las personas menos calificadas o sin calificaciones transferibles, en los que están mayormente mujeres.

Por otra parte, se observa que la flexibilización de la producción asume formas diferentes en las ramas de actividad masculinas y femeninas, pues en los trabajos que se asignan a hombres las reglas de contratación se acogen más a las legislaciones formales, mientras que para las mujeres se recurre a la flexibilidad numérica, en el que se encuentran en mayor porcentaje subcontrataciones, tiempos parciales, empleos temporales, trabajos independientes, etc.

Todo ha debilitado, las ya pobres numéricamente y con poca capacidad de acción de organizaciones del tradicional sistema sindical, que por 1odemás en el país pocas veces, por no decir nunca, han asumido las especificidades de las mujeres trabajadoras.

PARTICIPACION SOCIAL

Y POLITICA DE LAS MUJERES

La participación económica de las mujeres ha venido respondiendo a requerimientos de sobrevivencia, a lógicas individuales y de hogares, pero esta participación no ha modificado sustancialmente la problemática de las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Más aún en la percepción de derechos por parte de las mujeres se evidencia persistencia de la subordinación genérica.

Una característica actual en la relación poder políticos y grupos sociales, esta en los postulados de la participación como parte de la propuesta de construcción de la democracias sin embargo, esta aparece determinada casi exclusivamente por la “apertura” para que diversos sectores sociales sean convocados, en nombre de la “sociedad civil”, como instancias de consulta en toma de decisiones políticas. En los hechos, se trata de validar políticas, la mayoría de ellas eminentemente antipopulares, demagógicas, cuentistas y desmovilizadoras. Los diálogos nacionales en nuestro país son muestras fehacientes de la búsqueda del falso “consenso”.

Decisiones relacionadas con la incorporación de las mujeres a determinados ámbitos, dentro de los límites de las conveniencias del modelo, se extienden a las áreas en que se pueden sacar el mayor provecho, en cuyos casos acogen y hasta propician programas que favorezcan demandas de las mujeres. Tales son los casos de ciertos servicios en los que el recurso humano mujeres resulta muy útil, como cuando por resultado de políticas privatizadoras se retiran servicios estatales, por ejemplo en el área de la salud.

Sin embargo, es oportuno señalar la importancia que desde el movimiento de mujeres, se desaten formas de incidencia en los procesos de reforma, contrarrestando perspectivas o proponiendo programas o acciones, con beligerancia, sin dobleces, sin reduccionismos políticos ni cooptaciones.

Esto básicamente por dos razones; porque los procesos de cambio simbólico cultural de la participación de las mujeres precisan de sensibilización profunda en todas las instancias de la sociedad y porque la propia conformación de fuerzas en las mujeres es un proceso que implica reducir obstáculos expresados en actitudes y comportamientos que resultan de la socialización de género.

En este mismo orden, ¿las cuotas de mujeres en las listas electorales son válidas? En tanto medidas especiales encaminadas a acelerar la igualdad de facto. Pero, se constituyen en juegos mediante los cuales con políticas generales y sectoriales, que favorecen las élites tradicionales, se aprueban reformas que luego escatiman a las mujeres en tanto pueblo.

NUESTRA ALTERNATIVA FEMINISTA Y SOCIALISTA

Si hasta ahora el capitalismo ha sido capaz de sortear sus crisis económicas, no ha sido capaz de plantearse la quiebra de las relaciones sociales de opresión que dan base al patriarcado, no se lo ha planteado porque abrir en profundidad esa brecha puede conducir a niveles de estremecimiento social de consecuencias impredecibles, y a eso no está dispuesto, auque sí entienda, y hasta propicie legislaciones y algunas políticas que reduzcan parcialmente las distancias sociales entre hombres y mujeres.

De ahí que una propuesta alternativa efectivamente revolucionaria, tiene que concebir la ampliación del concepto de ciudadanía para las mujeres, trascendiendo la visión de igualdad de derechos y alternando los roles masculinos. No se trata de que a las mujeres ”corran para alcanzar a los hombres” y se “ganen” posiciones o funciones en el partido o el estado, se trata de propiciar cambios en el carácter marcadamente patriarcal de los espacios políticos.

Para ello es necesario considerar, entre otros, que la subordinación de lo femenino es efectivamente un factor determinante en el condicionamiento del acceso al sistema político, y que en lo relacionado con el enfoque de genero, este problema no toca sólo a los partidos tradicionales, sino también a los partidos revolucionarios, pues también reproducen por acción, omisión, o reflejo, prácticas segregacionistas y no inclusivas, por no considerar las especificidades de la socialización de género.

Sin detenerme en las causales de los pobres resultados de las experiencias de intentos al socialismo que hemos conocido, para librarse de amarras del patriarcado si es preciso remarcar que el movimiento emancipador de la sociedad esta obligado a ponerse como propósito de primer orden entender las raíces de la cultura de dominación masculina, y disponerse a la superación de esta relación desigual entre hombres y mujeres en todos los ámbitos. La interdependencia entre el capitalismo y la supremacía masculina, reclama un posicionamiento de las fuerzas revolucionarias frente al movimiento de mujeres y frente al movimiento feminista.

El reconocimiento de las mujeres como sujetos sociales con identidad propia, la redefinición de lo político para considerar como tal a lo privado, ampliando la perspectiva de éste hacia las prácticas de la vida cotidiana dando nuevos contenidos al concepto de ciudadanía, y proyectando una verdadera nueva ética política, serían en términos generales las nuevas formas de ver y hacer política que las feministas reclamamos a nuestros partidos de izquierda, construyendo así una democracia de base efectivamente popular.

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* Presidenta Contextil. Publicado en Crónica Digital (www.cronicadigital.cl).

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