Jul 11 2011
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OpiniónPolítica

Néstor Francia / Confusión y mezquindad en Venezuela

Después del 29 de junio, cuando Chávez anunció desde La Habana la situación de su salud, la oposición y la canalla mediática no dan pie con bola. Absolutamente descolocados, confundidos, saltan de una matriz a otra, presentando ante el país un espectáculo rocambolesco, que los hace quedar como aves de rapiña que solo están interesados por el poder y dejando en claro que todos sus “buenos deseos” por la sanación del presidente no son más que mofas hipócritas que cada vez más dejan ver la cola de su mala voluntad. 

El estado de confusión en que los tiene el coraje, la seriedad, la nobleza y sobre todo el gran empuje de Chávez ante la diversidad, los está llevando a cometer errores pueriles. Por ejemplo, venían pregonando que el presidente había venido a poner orden en un gobierno que se estaba desmoronando ante la ausencia del líder, lleno de peleas internas y desavenencias, comparando a los ministros y otros funcionarios con hienas preparadas para tratar como carroña el “cadáver” de Chávez.

Pero resulta que el líder llega y confirma a todo su equipo ejecutivo y militar, dejando una vez más a la oposición como “pajarito en grama”, mirando de un lado a otro como sorprendida, buscando atropelladamente nuevas matrices para alimentar su vano afán de revertir lo que hasta ahora ha sucedido: la enfermedad de Chávez, y sobre todo su actitud ante ella, lo han hecho crecer en estatura humana y política, y la adversidad está siendo convertida por este líder, una vez más, en oportunidad, en victoria.

Ahora, tratando de sacudirse de la sorpresa, la oposición comienza a asumir la paradoja de que el hecho de que sus pronósticos sobre grandes cambios en el Gobierno fallaron, esto más bien los confirmaría. Hablar para adelante y para atrás, se llama eso, cantinfladas de la política. 

El profesor del IESA John Magdaleno, por ejemplo, afirma que “Al no hacer cambios se intenta comunicar estabilidad, proyectar continuidad, normalización. Chávez intenta mostrarse fuerte… Chávez no quiere generar más tensiones de las que ya existieron esta semana en el oficialismo. La medida busca proyectar continuidad”. Esto se llama igualmente el síndrome de Jalisco, que si no gana, arrebata. En esos casos, el pueblo usa una ya célebre frase extraída de una cumbia colombiana: “tú lo quieres es que me coma el tigre”.

También el virtual Movimiento 2D, que solo existe en las páginas de El Nacional, con unas firmas pre-aprobadas, inclusive de gente que ni siquiera vive en Venezuela por los momentos, cae en este juego tan perverso como contradictorio, al afirmar, en su sempiterna página dominguera en el pasquín de los Otero, lo siguiente: “La ratificación de ministros que han demostrado su incapacidad para resolver los problemas solo es muestra de la inestabilidad que reina en el PSUV desde la enfermedad del comandante…Más grave aun fue la ratificación del Alto Mando de la Fuerza Armada…Una ratificación general, sin saber por cuánto tiempo, represa la fluidez de la renovación. El Presidente no explicó por qué tomaba una decisión tan poco común”. Lo más patético del documento es que al final revela lo que era el verdadero plan mediático, si el Presidente hubiera hecho cambios en su Gobierno: “El fracaso de la administración demandaba un cambio de ministros”.

En otras palabras, si cambias los ministros, el Gobierno demuestra que no sirve, y si no los cambias, también ¡Vaya enrevesada tautología!

Otros, más audaces, si ello es posible, hasta comienzan a asomar ahora que Chávez en realidad no está enfermo, que todo es una estrategia, dentro de una lógica que se podría describir de esta manera: “si tu enfermedad me mata, entonces mejor te sano”. Claro, sería muy descabellado decirlo abiertamente (es evidente que el Presidente está en convalecencia), pero como mínimo lo ponen en duda.

Dos conocidos opinadores de la derecha comienzan artículos recientes queriendo sembrar tal duda: “¿Está enfermo Hugo Chávez? Nadie lo sabe” (Fernando Ochoa Antich), y Manuel Malaver: “Sea que a Chávez en efecto le fuese extirpado un tumor cancerígeno en el colón o en la próstata, que el mismo le augure una expectativa de vida corta o larga, o que se trate de una simple patraña para conseguir votos, o barajar el colosal fracaso de su gobierno en políticas públicas como vivienda, seguridad y suministro de energía, no hay duda que los ganadores netos del psicodrama que unas veces tuvo a Chávez diciendo por radio y televisión que no era descartable su despedida de este mundo y otras dando la orden para el inicio de un desfile militar en Caracas, fueron los octogenarios gobernantes de Cuba, Fidel y Raúl Castro”.

Aun en medio de esta adversidad, de esta admirable batalla ¡Chávez los tiene locos! Inclusive, una voz opositora, la de Domingo Alberto Rangel, de Resistencia Civil, recriminó a la oposición el lanzamiento de esta matriz: “ahora dicen que es mentira que no estaba enfermo… algo estúpido”, y agregó: “señor Ramón Guillermo Aveledo, ponga orden en el redil”.

Fedecámaras

Dos señales revelan el trasfondo, el signo de la Asamblea anual de Fedecámaras. Una es la selección del orador invitado, nada más y nada menos que el latifundista y antichavista radical Diego Arria, que supuestamente iba a  hablar sobre el “Derecho Internacional”, pero que, como era de esperarse, dedicó su discurso a despotricar contra el Gobierno. La otra es una frase vertida por el nuevo presidente del gremio empresarial, Jorge Botti, y que sirvió de titular a El Nacional de ayer: “Todos somos mortales, pero las instituciones prevalecen”.

La primera parte de la oración es una clara alusión a la enfermedad de Chávez, la segunda es una posición de principios de la burguesía: las instituciones no deben transformarse, estamos obligados a vivir para siempre bajo la égida del Estado burgués y el capitalismo es eterno, fin de la historia. Bajo esas inaceptables premisas, y con la consabida hipocresía, el nuevo capitoste de los ricos llama al “diálogo”. Por supuesto, con esta gente no hay nada que dialogar, lo que ellos quieren en realidad es lanzarnos de nuevo al barranco de su hegemonía (o la de sus amos, en todo caso).

La "inefable" JAVU

El grupito fascista JAVU (Juventud activa, Venezuela unida), a quien algunos llaman ya “las payasitas ni fu ni fa”, no se cansan de montar constantes shows mediáticos. O se ponen en “huelga de hambre”, o se apostan a las puertas de alguna institución, o se encadenan, o trancan una avenida. Siempre muy poquitos, pero con la pantallota que les dan Globovisión y compañía. Uno de sus espectáculos principales en los tiempos recientes es la simulación de golpizas.

Ahora acusan a Mario Silva, quien razonablemente les negó un “derecho a réplica”, ya que no está obligado a hacerse cómplice de las travesuras de estos cuatro gaticos de la derecha. Ahora bien, nunca han mostrado un informe médico, algún informe forense que demuestre las supuestas agresiones. Anuncian demandas, denuncias, pruebas, pero siempre se quedan en las palabras. Esto no es simples ocurrencias de los fachos imberbes, sino parte de un libreto que le ha armado en el Norte.

Si algún grupo es evidentemente instrumento de la CIA es JAVU ¿Hasta cuándo? Porque es evidente que en Venezuela, más allá de los medios, nadie les para. Ni siquiera los partidos de oposición, que tan ocupado andan en sus revueltos asuntos. Ni qué decir del pueblo, que en realidad los ve, desde cualquier posición política, como unos bichos raros que andan por su lado, sin hacer fuerza con nadie. Son un patético símbolo del fracaso.

Piñera

En México, el presidente chileno Sebastián Piñera dijo que el modelo bolivariano del presidente Chávez “no conduce a ninguna parte”. Con su país envuelto en severos conflictos que van desde una aguda crisis en el sistema educativo hasta los intentos ecocidas para favorecer a empresas hidroeléctricas en el sur chileno, Piñera tiene el tupé de hablar contra el Gobierno de un país cuyo presidente mantiene altísima popularidad desde hace doce años.

Mientras tanto, el propio Piñera vio caer su popularidad, en encuestas del pasado mes de mayo, hasta el 36 por ciento, su nivel más bajo desde que asumió el cargo. La medición partió del 41 por ciento registrado en abril. El porcentaje de los que desaprueban su gestión se elevaba del 49 al 56 por ciento entre un mes y otro, según recoge el rotativo de Santiago La Tercera. Pareciera que quien no va a ninguna parte es él, que no sea el fracaso.

Periodista.
 

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