Mar 12 2011
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OpiniónPolítica

Occidente está declinando: Debemos preocuparnos

Juan Guahán*
Prácticamente todo Occidente, particularmente Estados Unidos y Europa están transcurriendo un declive de su poder que nos afecta a todos. Hace poco, Roberto Savio, un reconocido periodista ítalo-argentino, un hombre del riñon del pensamiento y el poder occidental, trasmitía una preocupación que no debemos olvidar.

Decía que uno de los problemas de Occidente es que sus Estados no controlan la situación. El mundo financiero está imponiendo sus reglas por encima de los propios Estados.

Esto se pudo -y se puede- verificar cotidianamente. En medio de la crisis de la economía mundial los países occidentales volcaron, en contra de los intereses de sus pueblos, una increíble cantidad de dinero (o créditos que se les asemejan) al sector financiero.

Eso hace posible que un pequeño grupo  de banqueros se enriquezca rápidamente y sus pueblos, aunque pierdan “conquistas anteriores” sigan consumiendo más de lo que producen. Aunque a la larga “se están cavando su propia fosa” el creciente descenso de su nivel de vida lo amortiguan repartiendo papeles pintados (dólares) que carecen de todo respaldo. Hoy por cada dólar que circula dentro de los Estados Unidos hay 22 dólares fuera de su territorio.

Otra muestra de la debilidad de este modelo especulativo lo encontramos en el abismo interno que se va generando. En 1976 el 1% más rico concentraba el 9% de su producto, hoy ese 1% reúne el 24% del total de bienes. El reconocido cineasta y periodista Michael Moore, con esa capacidad que tiene para graficar las situaciones, dice que 400 norteamericanos acumulan la misma riqueza que otros 155 millones de personas, la mitad más pobre de la población de ese país.

Todo eso lo justifican en la defensa de su “estilo de vida”, el llamado “sueño americano” que –según los dirigentes de ese pais.- permite que todos puedan progresar si se esfuerzan. Cabe recordar que sus cárceles albergaban -en 1973- 400 mil personas, hoy esa cifra ha trepado a los 2 millones y medio de presos. En ese mismo período el costo de la justicia criminal pasó de 33 mil millones de dólares a 216 mil millones de la misma moneda. El crecimiento de ambas cifras supera el 600%. Éste es un “botón de muestra” de dicho “estilo de vida”.

Junto a la crisis que se va extendiendo también crecen las posiciones xenófobas que procuran volcar la responsabilidad hacia fuera colocándola en los extranjeros que habitan sus tierras.

Esto -en Estados Unidos- ha significado el avance de los sectores más conservadores del Partido Republicano, quienes se preparan para gobernar si Barack Obama no logra enderezar su rumbo y aliviar los problemas actuales. En Alemania un funcionario del Banco Central de ese país ha publicado un libro que ha vendido más de un millón de ejemplares donde sostiene que los musulmanes pertenecen a una cultura inferior y no pueden ser integrados.

En Francia la expulsión de gitanos es la punta del iceberg del desarrollo de estas tendencias. Muchos latinoamericanos que tratan de instalarse en España ya tienen experiencia de cómo los tratan.

Occidente está sobreviviendo merced a la explotación de otras regiones del mundo. Ello ha funcionado durante cinco siglos, pero da la impresión que eso se hace cada día más difícil.
 
Los pueblos van elaborando sus propios caminos. Si revisamos brevemente la situación de los Estados Unidos veremos como se van construyendo alternativas. Es sabido que buena parte del territorio, hoy norteaericano, fue de México. Éstos perdieron Texas, Nuevo México, Arizona, California, Nevada y Utah como consecuencia de las guerras desarrolladas entre 1835 y 1848.

La mayor parte de los mejicanos que llegan a ésos y otros Estados norteamericanos conservan su lengua y costumbres, sin integrarse  totalmente con sus vencedores. Hace algunos años quien esto escribe escuchó decir, de boca de un ex presidente mejicano que “hace 100 años nuestros “Niños Heróes” peleaban en Chapultepec (defendiendo la sede del gobierno federal), hoy ya llegamos a Río Grande (frontera actual), todavía falta para recuperar lo nuestro.

Falta mucho, pero los tiempos de los pueblos no son los tiempos de los hombres”. Hoy más de 40 millones de estadounidenses hablan castellano. Si apostamos a la inmigración que se sigue produciendo y a la evolución de las tasas de natalidad, no está lejano el tiempo que los hispano-parlantes serán mayoría. Mientras el índice de natalidad de los yanquis es de 1,5; el de los negros es 2,5; el de los descendientes de mejicanos llega al 3,5. 

Como la experiencia de los imperios es siempre la misma, acudir a la fuerza cuando se debilitan, es que tenemos que preocuparnos.

Lo que hoy ocurre en Libia es una muestra de esta situación.
Se vino la legítima rebeldía de pueblos árabes. Con los sucesos de Túnez y Egipto los Estados Unidos quedaron descolocados. La rebelión se fue extendiendo. Todos sabemos que allí, en esos territorios del Norte de África y el Medio Oriente, se encuentra la principal fuente de hidrocarburos que mantiene funcionando la maquinaria económica de los países centrales de Occidente.

Fue por eso que, ante legítimas revindicaciones del pueblo Libio, los norteamericanos planificaron, montaron y están ejecutando una gigantesca maniobra con varios objetivos: dejar el petróleo libio en manos de trasnacionales; tener una parte del control del grifo de salida de ese petróleo; fortalecer su presión sobre Europa (consume el 80% de las exportaciones Libias) y China (consume otro 10% de las mismas); ante la vilolenta guerra civil desatada en Libia, desalentar las rebeldías de otros pueblos de la región.

En estos objetivos compiten y colaboran con los países de la Unión Europea y tiene a la NATO como fuerza militar.
Por eso funcionarios europeos y norteamericanos, que llamaban a la negociación en Túnez y Egipto, ahora oscilan entre ocupar militarmente a Libia y/o reconocer a los “rebeldes” armados.

*Analista de Quetión Latinoamérica
 

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