Sep 12 2004
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Opinión

OEA, BID, Cascos Blancos y el voluntariado ciudadano

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Representantes y delegados de 12 países de América Latina y el Caribe se reunieron los días 10 y 11 de setiembre en Montevideo para intentar la organización de una red continental de voluntariado -con el objeto de luchar contra la pobreza, las emergencias y las catástrofes- en el marco del Seminario para la promoción y difusión del voluntariado para la asistencia humanitariaen la región.

La iniciativa cuenta con el auspicio de la Organización de Estados de América (OEA) -a través de su Agencia Interamericana para la Cooperación y el Desarrollo (AICD)-, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la organización gubernamental argentina Cascos Blancos (CCBB), fundada por el ex presidente Carlos Menem.

En medio del delirio de la “construcción de una nueva Argentina” Menem propuso, en octubre de 1993, “crear en el marco de las Naciones Unidas un sistema de cuerpos voluntarios reclutados en todos los lugares del orbe, que estuviesen preparados y dispuestos para atender cualquier grave crisis humanitaria que se suscite en el planeta”. La iniciativa “culminó con la aprobación por consenso en la Asamblea General, sólo un año después de haberse lanzado la idea”; el 20 de diciembre de 1994″. (www.carlosmenem.com/contenidos.asp?seccion=7).

Los CCBB complementan y potencian “las acciones humanitarias con un nuevo impulso, el compromiso político (subrayado nuestro) de los países que auspician sus operaciones”.

El seminario de Montevideo “forma parte de un trabajo conjunto (…) para la implementación de las misiones de voluntariado y proyectos de lucha contra el hambre y la pobreza, así como la atención de crisis, catástrofes y emergencias en América Latina y el Caribe (…) e integra a los países y organizaciones de América del Sur, mientras que en ciudad de Panamá se llevará a cabo otro evento similar para nuclear a los países y organizaciones de América Central y el Caribe (www.mipunto.com/punto_noticias/noticia_latin.jsp?tipo=URUGUAY&archivo=040910181543.t5klqgoa.txt).

Contando las patas del gato

fotoEn junio pasado el Portal Uruguay.net establecía que los alcances del seminario de setiembre consistían en:
(a) Propiciar la toma de decisiones que permitan consolidar y articular cuerpos de voluntariados locales; y
(b) Generar un proceso que permita la articulación de distintas instancias de los gobiernos, de la sociedad civil y de organizaciones no gubernamentales y privadas para constituir una fuerza de voluntarios multilaterales.
(www.portaluruguay.net/ideas/html/modules.php?op=modload&name=News&file=article&sid=61).

Según la OEA el voluntariado “se orienta a unificar esfuerzos, y potenciar las capacidades y experiencias de los recursos humanos locales que se ponen a disposición de las necesidades prioritarias del continente (…) a fin de consolidar y articular cuerpos de voluntarios locales con capacidad de constituir una organización continental dedicada a la lucha contra el hambre, la pobreza, la atención a las emergencias y la prevención de situaciones de crisis y conflictos emergentes de desastres naturales”.

Gabriel Fuks, presidente de CCBB Argentina expresó en el seminario que se trata de dejar el “copyright” de Argentina para que pueda extenderse a todo el continente.

La intención es que la red del voluntariado intervenga también en la solución de problemas tales como el hambre, la desnutrición, la mortalidad infantil, el analfabetismo o la expansión del virus del sida. El canciller uruguayo, Didier Opertti señaló que (la red) debía tener un carácter no coyuntural ni asistencialista, sino de permanencia, en la que son los ciudadanos los que actúan: “Se habla del multilateralismo gubernamental, pero hay otra forma: el multilateralismo de la sociedad”.

En buen romance: “la sociedad” -una entelequia como “la gente”- debe estar voluntariamente preparada para actuar, y lo harán aquellos destacados en forma permanente, bajo instrucciones y coordinada por los gobiernos y con la supervisión de dos entidades supranacionales: la OEA y el BID.

La OEA se destaca por su servilismo frente al poder unipolar tal cual éste se ejerce su dominio en América y el BID por ser uno de los agentes del desastre económico y social que constituye el marco en el que se desenvuelve la vida de la inmensa mayoría de los habitantes de América Latina y el Caribe.

La experiencia mundial enseña que las organizaciones ciudadanas actúan en casos de desastres naturales o provocados, campañas de bien social -alfabetización, dispensarios médicos, organización popular, etc…- perfectamente bien sin la ingerencia de los gobiernos, aunque contando con alguna ayuda económica y logística.

Poner a gobernantes y entidades políticas y financieras a organizar el voluntariado es como poner a una banda da ratas a cuidar queso y a un montón de gatos a cuidar la salud de las ratas, por una parte, y por la otra es ejercer distintos mecanismos, directos e indirectos, de coerción sobre la ciudadanía para que ésta asuma tareas que los gobernantes no cumplen y que esas agencias olvidan recordarles.

¿Qué sentido tiene, por ejemplo, que el Estado argentino organice y se desvele por sus voluntarios si a lo largo de por lo menos los tres últimos gobiernos -sin contar el actual- no ha podido remediar la cesantía, recuperar el sistema educacional, solucionar el problema del hambre de la población?

¿Qué sentido tiene entregar, por ejemplo, al gobierno de Paraguay alguna responsabilidad frente al voluntariado si se acaba de “descubrir” que de un crédito otorgado por Taiwán de US$ 395 millones -compra de bonos- se han perdido 100 millones?

¿Qué sentido tiene dar responsabilidades al gobierno de Colombia, por ejemplo, empeñado como está en la destrucción de las garantías constitucionales y en un guerra civil que si bien no perderá es imposible que gane?

¿Qué sentido tiene, por ejemplo, que el gobierno de Brasil organice voluntarios para enfrentar sus gravísimos problemas sociales si no ha logrado una mínima solución al larguísimo conflicto de los sin tierra y no logra parar la deforestación amazónica -donde se juega la existencia misma del país-?

¿Cómo organizará el gobierno guatemalteco, por ejemplo, grupos de voluntarios para acabar con la violencia en su territorio?

¿Y el gobierno estadounidense, que todo lo vigila, todo lo sabe y en todo mete su cuchara, zarpa, marine y lata recolectora, “armará” voluntarios para la paz en Afganistán, por ejemplo?

Un ejemplo -o varios- hay para cada país del continente. Obviamente a este gato le sobran patas.

El fracaso de los Estados

Cuenta Darío Fo -el Nobel que las buenas conciencias del “stablishment” pasan por alto- que en 1972 montó una obra: ¡Pum, pum! ¿Quién es? ¡La policía!, en la que se decía que detrás de los atentados terroristas de aquellos años se encontraban los servicios secretos italianos. Se hablaba de un comisario que había seguido una pista prohibida y que terminó acusado de distribuir armas y explosivos a los terroristas -y otros casos-.

Parecía surrealismo, pero -dice Fo- “ahora sabemos que en aquellos años decíamos la verdad. Toneladas de documentos reservados han salido de los sótanos del poder. En ellos se cuenta la historia de una provocación constante y criminal que costó centenas de vidas humanas. Historias increíbles de aviones militares que transportan terroristas, que van a colocar “bombas anarquistas” y de carabinieri que brindan después del secuestro y violación de Franca…”

Concluye el artículo Atentos al anarquismo de Estado (www.sindominio.net/genova/fo.html): “Y una vez más aquí estamos, contemplando una escena que nos hiela el corazón. Ante el crecimiento de un movimiento contestatario mundial profundamente pacífico, el poder responde intentando arrastrarlo al juego de la violencia”.

Fo es crítico del sistema; crítica: examen y juicio acerca de alguien o algo.

Tal vez todo haya partido de malentender maliciosamente al bueno de Aristóteles: la persona humana necesita librarse de las penurias cotidianas para pensarse, para ser libre, para sentirse, precisamente, humana. Y eso -librarse de la penuria- es lo que la organización social contemporánea -en lo que viene al caso- le niega a las generaciones.

No se cumple el deseo bien expresado por Bakunin -pero no sólo expresado por Bakunin, sino por todos los que han reflexionado sobre la sociedad y su organización): “Organizar la sociedad de tal manera que cada individuo, hombre o mujer, pueda hallar, al entrar en la vida, medios aproximadamente equivalentes para el desarrollo de sus diversas facultades y de su ocupación laboral. Y organizar dicha sociedad de tal forma que haga imposible la explotación de algun trabajador, lo cual permitirá a cada individuo disfrutar de la riqueza social, la cual, en realidad sólo se produce por el trabajo colectivo; pero sólo para disfrutarla en cuanto él contribuya directamente hacia la creación de dicha riqueza”. (Socialismo sin Estado).

Es de temer que, debajo del declarado altruismo que convocó al seminario de Montevideo del 10 y 11 de setiembre de 2004, se oculte la quinta pata del gato, otra garra. Las más o menos globalizadas elites que administran y caracterizan a los Estados han comprendido, finalmente, a esos movinientos protestatarios de que habla Fo, y tal vez estemos ante una maniobra para esterilizarlos por emasculación.

Acaso el sueño de todo totalitarismo: reemplazar la creatividad, la auto organización y la autonomía de los ciudadanos por la dirección vertical, quieran cumplirlo ahora los Estados neoliberales-conservadores del presente.

Por ello, aunque se estime de mal gusto cerramos citando otra vez a Bakunin: “Nos apresuramos en agregar aquí que enérgicamente rechazamos cualquier tentativa de organización social que no admitia la libertad más amplia tanto de los individuos como de las organizaciones, o que requiera la instauración de cualquier regimen de poder”.

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