Oct 29 2008
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Política

Óptica: una mirada anarquista sobre la coyuntura latinoamericana y el gobierno de Lula

B.L. Rocha*

La coyuntura latinoamericana es dura como siempre, pero no caben alarmismos. Es poco realista desde Brasil apuntalar una posibilidad de golpe de tipo oligárquico en el país o una intervención directa de los estadounidenses. Los riesgos que corremos son otros. Los pueblos de América Latina están empujando los límites de esta falsa democracia de mercado, donde cada partido que entra tiene que repetir todo lo que la canalla anterior acertó a hacer. El imperialismo que opera en América Latina hoy se asocia a los gobiernos que se dicen de izquierda y gobiernan por derecha.

(Gran Porto Alegre, Rio Grande do Sul, Brasil, octubre de 2008). El propio ejemplo de la IV Flota de la Marina de EEUU demuestra que la política del big stick (garrote) sigue. Quieren nuestras reservas de agua, la Amazonia, el patrimonio de la biodiversidad y los minerales. Sofocan la unidad latinoamericana, llenando  nuestros oídos con las estupideces de las transnacionales que operan telecomunicaciones por satélite y proveen acceso a la internet. Cumpliendo el triste papel de bombero del imperio están Lula y Bachelet –en Chile el nivel represivo es mayor: ¡la Concertación opera como heredera de los Chicago Boys y hasta hoy prohibe la mayoría de las marchas y actos callejeros!

Si estos son los bomberos, la punta de lanza del Mando Sur de los del norte está en Colombia, gobernada por el narco y paraco Álvaro Uribe y su equipo de paramilitares. Siguiendo de cerca a la narco república está el actual gobierno del Perú. Justo en el país donde debe el anarquismo aproximar las raíces indígenas de la lucha obrera urbana, a través de la obra magíster de González Prada, el presidente Alan García, que tiene en su registro niveles represivos absurdos en la guerra interna de los 80, busca el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos y China.

Es preciso resaltar que existe resistencia, tanto de la insurgencia como de la lucha popular organizada, intentando de todas las formas impedir los TLC y la militarización de la sociedad en estos países. Reconocemos que el caso brasileño es el más grave y trataremos de eso más adelante. Es importante decir que el neoliberalismo perdió en algunos países donde el pueblo se levantó en los últimos diez años e hizo a la democracia de mercado insostenible.

El desafío de ir más allá que las urnas y la votación de tipo burgués es el tema de fondo en el continente. Para el pueblo paraguayo, es el momento de avanzar la organización social, teniendo en cuenta la tarea de romper el TLC y ultrapasar las dulces palabras del obispo Fernando Lugo para con el sub-imperio brasileño.

La punta de la lucha está en la zona andina, pero cristalizan líderes de tipo carismático, lo que casi siempre genera desorganización de la clase. Los mejores ejemplos de Latinoamérica vienen del Ecuador: de la CONAIE heroica que derrumbó tres presidentes; de Bolivia del levante de los campesinos del Chapare, de las guerras del agua y del gas; y en Venezuela del Caracazo y del contragolpe de abril de 2002. En estos países hermanos, la derecha y el imperialismo juegan duro y las izquierdas pelean por dos proyectos distinguidos.

Uno de ellos, actualmente victorioso, es lo de un gobierno nacional-popular capitaneado por un Ejecutivo fuerte. Disputando palmo a palmo con los oficialistas, el concepto de Poder Popular se materializa en barricadas, radios comunitarias, fábricas ocupadas, economía cooperativista y movimientos populares que de tan orgánicos pueden pasar a formar una milicia. Esto ya ocurrió con la Coordinadora 23 de Enero de Caracas y hoy, en este exacto momento, se da en la Bolivia de los ponchos rojos.

Común entre los gobiernos Morales, Chávez y Correa es la ausencia de organismos políticos que expresen un poder además del carisma de los presidentes y el control del Estado. Todos se dieron cuenta del límite de las reformas constitucionales y de los peligros de una derecha escuálida en Venezuela de tipo golpista, aliada de Colombia en Ecuador y fascista en el caso boliviano.

Los pueblos también van dándose cuenta de que construir instituciones políticas de poder popular permanente es mucho más avanzado del que apoyar a un gobierno nacionalista. El último referéndum en Venezuela es la prueba viva de lo que decimos. La tentativa de separación de la llamada Media Luna boliviana, teniendo los narcotraficantes, latifundistas de la soya y aliados de las empresas brasileñas al frente, es hoy el mayor riesgo que corre el proceso en la tierra de las radios mineras y donde militó el anarquista Liber Forti.

No serán las fuerzas armadas de estos países las instituciones defensoras de un proceso de cambio. Por el contrario, como todos saben, ninguna fuerza armada derechista es antiimperialista. Ningún gobierno estatal radicaliza un proceso revolucionario. Los pueblos de los países hermanos están encontrando la liberación a través de entidades de base y coordinaciones populares. Faltan organizaciones específicas de intención revolucionarias, falta una referencia de teoría y organización política, pero tenemos la certeza de que esta vía es posible y deseada por las mayorías de cholos, pueblos originales, negros y trabajadores de la sierra, altiplano y las costas. América Latina encontró un camino además del neoliberalismo y no va a retornar a la vía de la muerte lenta.

Por más fuerza que Lula y su gobierno de políticos de la dictadura y banqueros haga, el continente no padecerá de los males de las políticas de Brasil. Infelizmente, en el caso brasileño, tenemos una agenda marcada por los hechos de las transnacionales, los medios mentirosos y las elecciones de tipo burgués. Es verdad, politiqueros y demagogos tienen mayor capacidad de absorción de movimientos y sectores por aquí. Las organizaciones políticas con intención de cambio profundo apuestan al largo plazo y los políticos profesionales juegan con el inmediatismo.

Es lo que ocurre hoy en Argentina, cuando la pareja Kirchner se apodera del Partido Justicialista, hace alianza con sectores mafiosos del menemismo y acumula para sí la mayor parte de la generación de piqueteros. Cuando pierde, pierde feo por su propia estupidez, como es el caso de los latifundistas soyeros y especuladores del puerto. Ni por eso el movimiento popular paró de crear nuevas condiciones y salidas para la lucha real.

La Federación de Organizaciones de Base (FOB) es el mejor ejemplo de que es posible una vía popular y no peronista. En las provincias argentinas, además del lock out de los latifundistas, estallan luchas directas por la conquista de fábricas y la dignidad en el territorio. Es preciso entender que los caminos más largos son los más consistentes. Y que en todo momento el sistema está poniendo a prueba dirigentes y sectores organizados. Esta es una de las funciones de la organización política anarquista, la de demarcar el objetivo finalista y la estrategia permanente a todo el momento.

Porque para nosotros, los fines son los medios, y la forma como llegamos a un objetivo es como queremos que éste sea conquistado.

Volviendo al análisis rápido, una situación parecida, el deterioro de los valores y códigos de izquierda, se da entre Brasil y Uruguay. Fenómenos semejantes porque algunas reglas de la política real son inevitables. Siempre dijimos que la fórmula electoral es una fábrica de traidores de clase. También afirmamos que la independencia de clase es la única garantía que las entidades de base y el movimiento popular tienen para garantizar sus conquistas. Pues bien, todo lo que el anarquismo afirma hace doscientos años está aconteciendo ahora en nuestro país y en la Banda Oriental. La diferencia es que allá el fenómeno de la corrupción es más leve y la cara dura de los ex-socialistas arrepentidos es más pequeña. Aquí, hicieron alianza descarada con antiguos políticos de la dictadura. Allá, gracias a fuerza del pueblo organizado luchando por Memoria, Verdad y Justicia, parte de la milicada fue castigada.

Aquí, Lula ni siquiera recibió los familiares de víctimas y desaparecidos y no abrió los archivos de la dictadura. Antes de la crisis de la hipotecas podridas (sub prime), conmemoraba junto a Henrique Meirelles (presidente del Banco Central y expresidente mundial del BankBoston) y a Collor de Mello (que apoya a su gobierno) el hecho de que el país fue clasificado como "inversión segura" por una agencia de especulación mundial.

No basta tener las críticas correctas. Tenemos que combatir el escepticismo y la desconfianza en la base de las clases oprimidas tras 23 años de falsa democracia en Brasil y traición de clase. El presidente ex-metalúrgico gritó que "nunca fue de izquierda", y no lo es todavía. Luiz Inácio es el Lech Walesa de los trópicos. Por lo tanto, la pelea dura que la clase obrera, generando el poder del pueblo, la dio en la Gdansk de los 80, hay que darla otra vez.

Cuidando la ruta, para evitar otra traición más en el sur del mundo occidental.

* Politólogo y periodista, militante de Fau-Fag.
www.anarkismo.net

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