Sep 14 2004
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Opinión

Otra guerra que se pierde: los motivos del suicidio

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Lo anunciaron las agencias internacionales de información: un informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que por lo menos un millón de personas mueren cada año por mano propia. La información, y no podía ser de otro modo, agrega que los suicidas provocan pérdidas económicas millonarias. A las lágrimas se las lleva el sepulturero.

El número de suicidas podría alcanzar los 1.5 millones, o más, en 2020: un desastre para Macdonald’s y supermercados varios. El número global de gente que acaba con todo por propia mano es mayor que el de las víctimas de asesinato y aun que el de las guerras, pese a los esfuerzos de marines y colegas. En 2001, por ejemplo, entre las guerras periféricas y los homicidios se estimó en el mundo unos 730.000 humanos menos.

América Latina, siempre retrasada, produce comparativamente pocos suicidios; los países musulmanes tampoco son dados a él -tal vez por ello se los ha comenzado a ayudar: que se globalicen, caramba. De cualquier modo los especialistas y estadísticos determinan que los varones tienden al adiós sin testigos en mayor cantidad que las damas, salvo en las áreas rurales chinas; no obstante hay constancia prolija de que ellas lo intentan más que ellos: siempre buscan llamar la atención, diría el misógino.

Los que no tienen remedio son los habitantes de esas ex tristes -por socialistas- repúblicas de Europa de Este. Son los más afectos a las prácticas suicidas. Tal vez por nostalgia.Lo grave es que -y no sólo en esos lejanos países- aumenta sin pausa el número de suicidas juveniles.

Pobreza, desempleo, soledad, problemas en el trabajo o con la ley y las autoridades que la hacen cumplir son las causas más frecuentes. Los sicotrópicos, el alcohol, los abusos sexuales en la infancia y ese prurito moderno que son las depresiones y los estados ezquizofrénicos buscan también lugares espectables en el muestreo.

Pero se toman medidas importantes. Por ejemplo, en el caso de los deprimidos que se medican, los expertos se aprestan a una dura batalla para que en farmacias no les vendan las pildoritas de la felicidad por frascos, sino sólo por tabletas o, a lo sumo, en tiras con dosis para no más de uno o dos días. En cuanto a las armas de fuego, hay consenso que se debe dejar su uso sólo a soldados y policías; al fin y al cabo, como matan, ellos -bajo la sabia conducción de sus líderes- las hacen rendir mejor.

Como es natural, los medios de comunicación deben ser muy prudentes al informar sobre suicidios, se conocen los daños del efecto imitación. Un señor Saraceno, de la OMS fue muy claro: “La evidencia sugiere además que las informaciones de los medios pueden llevar a imitar suicidios por lo que pedimos a los medios que muestren sensibilidad en sus informaciones sobre estas muertes trágicas y evitables”. Amén.

América se pone al día

En mayo de 2004 el diario boliviano www.lostiempos.com informaba “La problemática del suicidio afecta a todos los países de América Latina y la integración social es la mejor forma para combatirlo”. Coincidían en tamaño diagnóstico una serie de expertos en el tema reunidos en un seminario en Montevideo. Participaron conocedores de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, Francia, México y el país anfitrión.

Elsa Wolfberg, presidenta honoraria del capítulo de psiquiatría preventiva de la Asociación de Psiquiatras Argentinos pensaba que “se hace imprescindible sumar el esfuerzo de las autoridades con el de las organizaciones no gubernamentales, que tienen mucho por hacer en verdaderos programas de defensa de la vida y lucha contra el suicidio”.

Para cualquier persona en su sano juicio resulta obvio que ante un problema de tanta trascendencia no cabía tocar asuntos baladíes -que en ningún caso tienen relación con el suicidio- tales como falta de trabajo, falta de atención médica, frustraciones educativas, incomprensión de autoridades, pobreza, etc…

Uruguay tiene la cifra de suicidios más altas de Latinoamérica, con una tasa de 21,7 por cada 100.000 habitantes, seguido de Cuba con 18,5 por cada 100.000 personas. Siguen Colombia y Venezuela. Argentina tiene un índice relativamente bajo de suicidios, de 6,4 cada 100.000 personas, pero en algunas zonas del país los guarismos son mayores, como en la Patagonia que -oh casualidad- padece altas cifras de desempleo y donde la visión de futuro de sus habitantes es tristísima; la tasa aquí llega a 16 por cada 100.000 habitantes, en especial entre jóvenes menores de 25 años.

Esos patagones se suman a los por lo menos 450 millones de personas que padecen alguna forma de trastorno mental. En la actualidad la depresión afecta a un 5,8 por ciento de hombres y un 9,5 por ciento de mujeres, y se calcula que otros 120 millones de personas sufren depresiones, mientras que otros 24 millones padecen esquizofrenia.

Piedra sobre piedra, se preguntó Neruda, ¿el hombre dónde estuvo?

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