Ago 29 2006
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Opinión

Palestina: – NADA HA TERMINADO. LA GUERRA CONTINÚA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

El miércoles nueve de agosto de 2006, en horas de la tarde, habría sido detenido por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) un agente diplomático israelí que llevaba en su maletín una considerable cantidad de explosivos. El individuo se dirigía a Chile, y fue apresado minutos antes de que abordara al avión. Pese a sus airadas protestas, la PSA procedió a su arresto e inmediatamente comunicó la situación al Ministerio del Interior, que habría ordenado que el hecho no trascendiera.

Sgún informaciones de Red Kalki –de quienes se afirma son “enemigos de Israel”– en momentos posteriores a la detención del presunto diplomático se produjo un fuerte intercambio de palabras entre funcionarios del gobirno –que pretendían la liberación del hombre– e integrantes de la policía que insistían en oficializar su detención. Finalmente el individuo habría sido dejado en libertad.

Sin embargo otras fuentes en el interior de las dependencias del aeropuerto no pudieron confirmar los hechos. La explosiova situación –de haberse producido– se dio en medio de abundantes rumores sobre un posible tercer atentado contra objetivos de la comunidad judía argentina, la mayor del continente detrás de la estadounidense.

Cabe señalar que en 1992 una fuerte explosión derribó el edificio de la embajada de Israel en Buenos Aires y dos años después otra convirtió en escombros el edificio de las asociaciones mutuales hebreas en la misma ciudad. Ninguno de los dos atentados ha sido esclarecido, pese a haber contado la policía local con la ayuda de investigadores del FBI y del Mossad.

Las pistas que apuntaron en uno y otro caso a ciudadanos de origen árabe –en el caso de la AMIA incluso se djo que al gobierno iraní– se desvanecieron y en algunos círculos crecen sospechas –oficialmente desestimadas– que conducen a un autoatentado cuyas motivaciones permanecen en el misterio.

En otras oportunidades las miradas de los investigadores –especialmente estadounidenses– se dirigieron a la llamada Triple Frontera –entre la Argentina, Brasil y Paraguay– donde vive una numerosa comunidad de origen sirio-palestino. Tampoco en este caso las pesquisas tuvvieron resultados útiles –salvo el comprobar un “secreto a voces”: la existencia de contrabando de cigarrillos, licores y electrodomésticos del sector paraguayo al argentino.

Algunos analistas y geoestrategas, en cambio, coinciden en que el interés estadounidense por el área tiene otras connotaciones, a las que no son ajenas el control, en el futuro inmediato, del Acuífero Guaraní, la mayor fuente de agua dulce subterránea y de superficie de América del Sur.

Probablemente nunca sepa la opinión pública si existió o no el incdente de Ezeiza o si éste fue magnificado para perjudicar el alicaído prestigio de Israel en América Latina. De lo que no caben dudas es que la ciudadana argentina Tamara Lalli lo pasó muy mal en uno de los puestos de control israelíes en Palestina.

fotoCRÓNICA DE UN SUEÑO PERDIDO

 
Relato de Tamara Lalli a sus amigos en Buenos Aires.

El martes 22 de agosto emprendí un viaje soñado durante largos años: visitar Palestina. La noche anterior no pude dormir de tantas ilusiones agolpadas en mi corazón, y me levante muy temprano. Preparé una valija pequeña y a las ocho tomé un taxi en Amman, la capital jordana, hacia histórico Puente Allenby, que conduce a Cisjordania (Palestina).

Primero pasamos por una oficina jordana, en la que a los extranjeros se nos dio la visa inmediatamente. Luego, en otro colectivo llegaría a mi tierra soñada.

Si las cosas fueran normales y si todos nos manejáramos con la legalidad internacional, debería ser la frontera palestina. Pero no, era el primer puesto de control israelí (check point) en los Territorios Ocupados. El micro siguió un tramo muy corto e ingresamos a las oficinas israelíes. Eran las nueve y media de una mañana soleada y llena de emociones. Delante mío estaba  Palestina…

Me pidieron que dejara mi equipaje y lo hice. Luego nos ordenaron ponernos en fila para hacernos una revisión. Primero un detector de metales, después un cacheo por aire caliente, que –luego supe– sirve para ver lo que se lleva debajo de la ropa.

Allí comenzó un camino sin destino. Entregué mi formulario junto a mi pasaporte argentino en una de las tantas ventanillas atendidas –en su mayoría– por mujeres del ejército. Eran muy jóvenes. En las ventanillas especiales para los palestinos, el maltrato estaba a la orden del día. Las empleadas –las soldados–, se dirigían a ellos con gritos y en un árabe muy precario, casi incomprensible. En la ventanilla de los extranjeros, el trato era diferente. Digamos con un poco mas de formalidad.

En unos pocos minutos a un grupo español, que estaba delante mío, se le entregó el visado e ingresaron por un pasillo. Pero cuando me llega mi turno, toman el pasaporte y ven el visado de Siria y Líbano. Me preguntan acerca de las razones de mi estadía allí, y les contesté con la verdad: estuve desarrollando una tarea periodística, y que ahora me proponía conocer algunas ciudades palestinas.

Fue grave mencionar la palabra Palestina.

Sin chistar tomaron mi pasaporte y el formulario y se lo llevaron a una oficina de puertas cerradas. Fueron dos horas de espera sin saber que estaba ocurriendo. Al preguntar, sólo me decían: “wait”. Tuve tiempo suficiente para palpar el sufrimiento que padecen los palestinos en esos puestos Muchas mujeres con sus niños, colas interminables, insultos y los empujones casi como costumbre instalada.

A las 12, un soldado me vino a buscar. Me conduce con amabilidad a una oficina pequeña y me hacen sentar. Después, ingresan otros tres hombres y un cuarto con una ametralladora. La apuntó sobre mi cara durante el tiempo del interrogatorio.

Uno de ellos, frente a una computadora, comenzó con las preguntas básicas: nombre, lugar de nacimiento, profesión, nombre de los padres. Pero a los 15 minutos de haber comenzado, me preguntan en español, si tengo algún tipo de relación con radios y medios en la Argentina . Las preguntas se fueron agudizando y tornándose aún mas personales. La ametralladora seguía apuntándome.

Todos los datos eran ingresados a la computadora y transmitidos por teléfono y celular –en hebreo– a alguien más. Fueron pasando las horas. A las cuatro de la tarde una soldado me llevó a una piecita, me pidió las zapatillas y la ropa y se retiró. Quedé casi desnuda.  Entró otro hombre armado y se mantuvo al lado mío. Quince minutos de horror hasta que me devuelven mi ropa y me ordenan dirigirme otra vez a la oficina de los interrogadores .

Allí me dijeron que habían hablado con familiares míos en la Argentina, lo que me genero un fuerte malestar. Les pregunté por qué hacían esto y un hispanoparlante me respondió: “éste es el servicio de inteligencia de Israel, no el de Paraguay o de otro país de Sudaemérica”.

A las 18, luego de seis horas de tortura psicológica, “el hispano” me dijo que por órdenes del comando del servicio de Inteligencia, no iba a entrar a Israel, ni ahora ni nunca. Pretendí decirle que mi intención no era entrar a Israel, sino a Cisjordania, pero no me animé a más.

Me llevaron hacia otra oficina, siempre con una custodia detrás y de ahí a un bus sin devolverme ni mi equipaje ni mi pasaporte para deportarme a Amman, donde finalemente me entregaron mi documento argentino con un doble sello y tachado en rojo: denegado el ingreso.

¿Rabia e impotencia? Toda y junta. Pero yo fui apenas un “ave de paso”, una argentina con ansias de testimoniar realidades siempre conocidas a través de otros ojos y otras sensibilidades. Y al cabo, pronto estaré entre los míos. Pero ellos siguen allí. Con su dolor y con sus humillaciones cotidianas. Con su terror a cuestas frente al ocupante en cada checkpoint.

Los palestinos siguen allí, aunque que yo ya nunca –me dicen– podré pisar esa tierra de mis sueños. Mi sueño no es muy importante. Lo que sí importa es que ellos sigan allí.

Lo ocurrido con la señora Lalli es, como dos gotas de agua, igual a lo ocurrido con la ciudadana chilena Nadia Hasan. Su aventura puede leerse en esta revista en El vaje imposible.

La guerra, pues, continúa. Y se prohiben los neutrales.

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