Jun 19 2014
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OpiniónPolítica

Palestina: perseverancia frente a la ocupación

Al Walaja es un pueblo palestino situado entre Jerusalén y Belén. Su posición es estratégica ya que las autoridades israelíes lo incluyeron dentro del gran vecindario de Jerusalén. Las consecuencias de esta decisión han cambiado la vida de sus habitantes : colonias, confiscación de tierras y demolición de casas palestinas. Omar, palestino de la localidad, se resiste a abandonar su casa a pesar de ofertas, agresiones y aislamiento.

Con la creación de Israel en 1948 , las tres cuartas partes del pueblo de Al Walaja quedaron en el lado israelí de la línea verde. De esta manera, la mayor parte de sus habitantes se convirtieron en refugiados. En 1967, como consecuencia de la ocupación de Cisjordania y Jerusalén, la mitad del territorio municipal restante de Al Walaja fue anexionado por Israel, que lo incluyó en el área municipal de Jerusalén, contraviniendo así la legalidad internacional.

En los años setenta mediante la confiscación de 123.000 metros cuadrados de tierra de Al Walaja, fueron creadas las dos colonias israelíes de Gilo y Har Gilo, que rodean Al Walaja, separándola así de Belén y Beit Jala, las dos ciudades palestinas mas cercanas. Bajo el pretexto del “crecimiento natural” de la colonia de Gilo, situada en tierras agrícolas pertenecientes a Al Walaja, Israel aprobó en 2012 la construcción de 797 nuevas unidades residenciales. Finalmente entre 2011 y 2013, el proyecto de construcción del muro ha expropiado 1,2 km cuadrados más de tierras, donde el gobierno israelí tiene previsto crear el mayor Parque Natural de Israel.
 
Un parque natural sólo para una parte de la población

Actualmente, pues, las excavadoras trabajan intensamente para finalizar las obras de la carretera que llevará al futuro parque. Una carretera exclusiva para los colonos israelíes de Gilo, que podrán disfrutarlo. Omar, habitante palestino de Al Walaja, no podrá. “A pesar de que la carretera y el parque están situados en Cisjordania, ellos podrán hacer uso, mientras que nosotros no ” , se queja. “Es una gran discriminación” .

Omar vive en unos terrenos que las autoridades israelíes han aislado del pueblo y, por lo tanto, también de los servicios básicos como la escuela donde estudian sus hijos. A pesar de que la escuela se encuentra a sólo dos kilómetros de la casa, junto al monasterio de Cremisán, Omar se ve obligado a dar un gran giro para llegar a ella, usando un túnel construido con esta finalidad, ya que se le ha prohibido utilizar el camino principal. “¿Qué pretenden hacer con nuestra casa ? ” , se pregunta. ” Construyeron un túnel , cuyo coste fue de 1,3 millones de dólares, únicamente para aislar nuestra casa del resto de Al Walaja”. Efectivamente, el único acceso a la casa desde el pueblo es el túnel que pasa por debajo de la carretera exclusiva para israelíes .

Tal como sucede con otras 90 casas palestinas de la localidad, la casa de Omar ha estado durante años bajo amenaza de demolición. Entre 1985 y 2006, 45 casas fueron demolidas. Sólo en 2012, fueron emitidas 18 órdenes de demolición. En total, 75 casas tienen pendientes órdenes de demolición, según asegura un miembro del comité de resistencia popular del área de Belén .

Omar explica las exigencias de las autoridades israelíes : ” Los israelíes no estaban contentos con nuestra presencia aquí . Al principio no usaron sólo métodos agresivos, sino que me ofrecieron tres opciones . La primera era un cheque en blanco, es decir que vendiera la casa y me fuera a otra parte; la segunda era que fuera su socio y trabajara en la construcción de colonias y viviendas con un 40% de beneficios para mí; la última, una expropiación de mi propiedad, situada en la zona C , a cambio de nuevas tierras en la zona B ” .

Una valla de cinco metros alrededor de la casa

Después vinieron las amenazas, que regularmente sufren él y su familia: “Me confiscaron el permiso de trabajo, y me dijeron que si no aceptaba la demolición, me impedirían trabajar. Cuando se dieron cuenta de que esto no les daría resultado, los israelíes comenzaron a ser violentos, a aterrorizar a mi familia. Sólo con vernos, a mí o a mis hijos, nos hacían la vida imposible . Incluso pegaron a mis hijos delante mio. Sólo querían que nos fuéramos, que tuviéramos miedo por nuestros hijos. Pero nosotros somos el pueblo originario de estas tierras mientras que ellos son los ocupantes ” .

La orden de demolición de la casa de Omar fue anulada recientemente, en un proceso judicial donde pudo probar que la casa había sido construida antes de 1988. Sin embargo, Omar sigue sufriendo las consecuencias de su decisión de permanecer en su tierra, en la zona C de Cisjordania, que se encuentra bajo control militar israelí. Las autoridades de Israel han planeado instalar una valla de cinco metros alrededor de la casa. Y a unos metros de la entrada de su casa, un jeep del ejército israelí controla el acceso de la carretera que conduce a Al Walaja.

Pero Omar ha preferido resistir a la ocupación en lugar de abandonar su casa, situada en zona militarizada. Pese a saber el riesgo de las consecuencias. “Tuvieron éxito en 1948 pero hoy en día ya no somos ingenuos. A pesar de sus actuaciones , la ocupación no tiene éxito. Hemos conocido la colonización otomana, la británica y otras, pero perseverar es nuestro deber. Desde hace milenios , nuestra vida no es más que una tragedia”.

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