Jun 13 2016
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Sociedad

Paris es una gran protesta social

Entre medidas de seguridad por la Eurocopa, amenazas terroristas, lenta frecuencia del transporte p煤blico, calles cortadas y acumulaci贸n de basura, la capital francesa se arm贸 de una paciente resignaci贸n. El 煤nico alivio lleg贸 cuando baj贸 el nivel de las aguas del Sena.

Los encantos masivos del f煤tbol no cambiaron la trayectoria del conflicto social que sacude a Francia desde hace tres meses en torno a la reforma de la ley laboral aprobada por decreto por el Ejecutivo de Manuel Valls. La Copa europea de f煤tbol empez贸 con un triunfo ag贸nico de Francia contra Rumania (2-1), un duro reposicionamiento de los sindicatos y el gobierno y un caos generalizado provocado por la huelga en los transportes p煤blicos, la huelga de los recolectores de basura, la del personal de la compa帽铆a 谩rea Air France y las consecuencias de las inundaciones provocadas por la crecida de los r铆os. El 煤nico alivio de los parisinos fue ver bajar el nivel de las aguas del Sena. Lo dem谩s, entre aparatosas medidas de seguridad consecuencia de la Eurocopa, las amenazas terroristas, la lenta frecuencia del subte y los colectivos, las calles cortadas y la basura que se acumula en la gran mayor铆a de los distritos de Par铆s, la capital francesa se arm贸 de una paciente resignaci贸n mientras las centrales sindicales y el gobierno afilan los dientes.

El Ejecutivo prepara textos espec铆ficos para forzar a los huelguistas a trabajar con el pretexto de que las huelgas, planteadas en pleno campeonato de f煤tbol, son un acto 鈥渃ontra Francia y los franceses鈥. En ese clima social de aguas bien revueltas, el Ministerio de Interior se destac贸 con las consignas de seguridad que hizo p煤blicas antes de que empezara la Eurocopa. La prefectura de Par铆s desat贸 una ola de hilaridad cuando, a trav茅s de internet, difundi贸 un texto con algunas recomendaciones a los ciudadanos entre las cuales figuraba, en la secci贸n 鈥淧ortarse bien dentro de los Estadios y en los accesos鈥, el siguiente consejo: 鈥渘o expresar opiniones pol铆ticas, ideol贸gicas, ni injuriosas, ni racistas o xen贸fobas鈥. El f煤tbol, sin embargo, no sirvi贸 como mediador de conciliaciones. Una cosa es el deporte, otra los contenidos de la democracia. Los sindicatos, en especial el que lleva la conducta del movimiento, la CGT y su l铆der, Philippe Mart铆nez, preparan a la sociedad para una nueva jornada de paro nacional y manifestaciones convocada para este 14 de junio. Mart铆nez dijo al diario Le Parisien que contaba que la manifestaci贸n 鈥渟er谩 a煤n m谩s importante que la del 31 de marzo鈥.聽fr protestas 16a

Los sindicatos siguen exigiendo al gobierno que retire el art铆culo dos de la reforma laboral pero el Ejecutivo reh煤sa ya que, seg煤n admite, ese art铆culo es 鈥渓a columna vertebral鈥 de la reforma. En medio de ese 谩spero conflicto se incrust贸 la Copa Europea de F煤tbol. Cada uno de los actores aprovech贸 la ocasi贸n para plantar sus posiciones. Consientes del apoyo popular a sus reclamos, los sindicatos hicieron caso omiso de la famosa 鈥渇iesta del f煤tbol鈥 y, como la CGT, llamaron a 鈥減roseguir y ampliar la movilizaci贸n con todas las formas posibles鈥. Trenes, subtes, recolecci贸n de basura, aviones y, parcialmente, refiner铆as, acataron la consigna con las consiguientes dificultades que eso plantea a la hora de transportar a los hinchas venidos de toda Europa a los 51 partidos del campeonato que se disputan en unas diez ciudades del pa铆s. La Ministra de Trabajo y autora de la explosiva reforma laboral, Myriam El Khomri, cambi贸 su agenda para encontrarse en estos d铆as con el l铆der de la CGT y tratar de 鈥減reservar鈥 el 茅xito de la Eurocopa. Philippe Mart铆nez dijo que estar铆a encantado de entrevistarse con la ministra, incluso el fin de semana, pero que 鈥渘i pensar en que nos van a chantajear con la Eurocopa. La movilizaci贸n continua, la huelga contin煤a, porque es leg铆tima鈥.

La pr贸xima etapa decisiva se jugar谩 justo despu茅s del 14. Ambas partes volver谩n a medir sus fuerzas para entablar o una nueva negociaci贸n, o un nuevo episodio de tensiones sociales. El primer ministro, Manuel Valls, apuesta por un debilitamiento del movimiento social cuya prueba ser铆a, para 茅l, la d茅bil movilizaci贸n que se constatar谩 el 14 de junio. Los sindicatos apuestan por lo contrario: cobrar nueva fuerza y empujar a Valls a modificar substancialmente el art铆culo dos de la reforma laboral. El sindicalismo se apoya en el rechazo masivo que la reforma suscita en la sociedad y en los sondeos que marcan una clara tendencia a favor de los sindicatos.

fr protestas 16De todas formas, a煤n si el Ejecutivo maniobra y saca adelante el texto sin alterar su identidad, el presidente Fran莽ois Hollande habr谩 perdido una nueva batalla. La agenda se le vino encima y no consigui贸 apaciguar un conflicto social que termin贸 perjudicando el desarrollo de la Eurocopa. Una encuesta de opini贸n publicada a principios de junio revela una vez m谩s que 74 por ciento de los franceses se oponen a la reforma laboral, 48 por cientoe st谩n a favor de que el texto sea retirado y 38 por ciento se pronuncia por cambios en la reforma. En cuanto a Hollande y Valls, ambos dirigentes tienen un abono perpetuo con la impopularidad. 83 por ciento de los franceses consideran a Hollande como 鈥渦n mal presidente鈥 y 73 por ciento piensa lo mismo de Valls. La opini贸n p煤blica observa el conflicto social con resignaci贸n. Sabe que los juegos ya est谩n, de alguna manera, distribuidos.

En un par de semanas comienza el verano, luego llega septiembre y se instala el inmovilismo propio a los periodos electorales: las elecciones presidenciales est谩n previstas entre abril y mayo de 2017. El margen de maniobra es tanto m谩s estrecho cuanto que el presidente y su gobierno har谩n todo lo posible para mantener hasta el final el entierro de todas las ilusiones y promesas que surgieron en 2012 con la elecci贸n de Hollande. Las previsiones instalan en la opini贸n p煤blica la idea de que la derecha, cualquiera sea su candidato, tiene la presidencia ganada. Al menos que desde las filas de la izquierda surja un ilusionista genial, ning煤n candidato socialista aparece con opciones de ganar la presidencia en 2017. Y aunque ello fuera posible, seguramente har铆a lo mismo que el actual gobierno: prometer por izquierda y gobernar por la derecha. Por eso hoy, la opini贸n p煤blica prefiere el original y no una copia desencantada.

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