Mar 8 2010
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Política

Pese a lo tropezones, seguimos con buenas noticias: América Latina por “prepotencia de trabajo”

Víctor Ego Ducrot*
Uno de los más grandes escritores argentinos, Roberto Arlt, sostuvo que el trabajo creativo se impone por “prepotencia de trabajo”. La frase bien puede ser aplicada a los esfuerzos del conglomerado de sujetos sociales y políticos de nuestra región que están empeñados en cortarle el paso a la estrategia de restauración neoliberal, muy cara a las corporaciones, al sistema de poder de Estados Unidos y a las variopintas derechas vernáculas.

Es cierto que en Chile – país con el que nos solidarizamos ante la terrible tragedia del terremoto- un empresario pinochetista como lo es Sebastian Piñera llegó a la presidencia, con los peligros que ello implica tanto para el pueblo chileno como para la región en su conjunto.

Sin embargo, una mirada más aquietada sobre el tablero político latinoamericano y del Caribe arroja justas expectativas de optimismo, y decimos optimismo no certezas, porque las fuerzas de la derecha son muchas y poderosas.

Como apuntamos por separado en esta misma edición, la compleja coalición restauradora en Brasil no las tiene todas consigo. La candidatura presidencial de Dilma Rousseff se está consolidando y si esa tendencia se confirma a lo largo de los próximos meses es altamente probable que la estrategia restauradora no haga pie uno de los países claves para el futuro democrático del área. Y que la derecha no pase en Brasil no es poca cosa.

El arribo del “Pepe” Mujica a la primera magistratura de Uruguay se desliza en idéntica sintonía esperanzadora. Su frase, “sólo muertos nos vamos del MERCOSUR” habla a las claras: el sistema de poder de Estados Unidos verá mermadas sus posibilidades de aprovechar diferendos y rencillas propias de la actual etapa histórica latinoamericana para llevar agua a su molino hegemónico.

El “virtual” Obama cada día tiene menos espacio para tanta habladuría de cambios. Acaba de prorrogar la “Patriot Act”, emblema de su predecesor George W. Bush. En nuestra región, recibió un golpe digno de destacar: la puesta en marcha de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe, que bien podría iniciar un proceso de sustitución de ese mamotreto insufrible que se llama OEA.

Obama tuvo que enviar a su secretaria de Estado, Hillary Clinton, a decir por estas tierras que Estados Unidos quiere ver a Argentina y al Reino Unido sentados a una mesa de negociaciones sobre las Islas Malvinas. Crasa mentira: esa fue la respuesta diplomática de Washington al respaldo unánime de la comunidad latinoamericana y caribeña a la brega argentina por recuperar la soberanía sobre el archipiélago austral; los entramados corporativos estadounidenses y británicos, muy difíciles de distinguir por cierto, son socios en las aventuras de explotación de recursos naturales que no les pertenecen.

Fuera de la agenda inicial, la mandamás de la diplomacia estadounidense pasó por Buenos Aires y se entrevistó con la presidenta Fernández de Kirchner, quien realizó dos movimientos diplomáticos de relevancia.

Por una parte le solicitó a Hillary una mediación “amigable” entre Londres y Buenos Aires, que ella aceptó y el gobierno británico rechazó, lo que a todas luces al Reino Unido le significa un mal posicionamiento, sin perjuicio de la necesidad de estar alertas: no sea cosa que detrás de la “amistad” de Hillary con la causa Malvinas se escondan las pretensiones de las corporaciones petroleras estadounidenses de “asociarse” con Argentina para la exploración en el mismo Atlántico Sur; sabemos como terminan esas “asociaciones”.

Por la otra, y a pocos días de haber criticado a Obama ante las cámaras de CNN, la jefa de Estado argentina definió con “habilidad profesional” los carriles de la relación bilateral entre su país y Estados Unidos. La reunión fue “muy fructífera (…). Parece que nos debemos amar y estar de acuerdo en todo o si no tenemos que ser enemigos declarados y no estar de acuerdo en nada”, sostuvo la presidenta.

El veto legal a la pretensiones de eternidad de Alvaro Uribe de ninguna manera aseguran que la derecha no vaya a imponerse en las próximas elecciones pero conforma un antecedente favorable: todo lo que desgaste o lo comprometa en energías al polo derechista-belicista-terrorista del “uribismo” (máximo aliado de Estados Unidos en la región) también junta agua a favor de la “prepotencia de trabajo”.

En Argentina no está nada fácil para las fuerzas que con inteligencia ven en la continuidad del actual proceso encabezado por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner como el más apropiado espacio de la dimensión política concreta, para avanzar en con un programa de transformaciones. La derecha en sus amplias expresiones políticas y empresarias, y sus aliados de la corporación mediática están todos embarcados desde hace casi dos años, desde los inicios de la actual gestión, en un programa destituyente. Esa es la versión argentina de la estrategia restauradora.

Sin embargo, y como lo dejó asentado la presidenta en su reciente discurso inaugural de las sesiones parlamentarias, el heterogéneo espacio político que apoya al gobierno persiste con decisiones sociales, económicas y políticas que dejan a los restauradores casi al borde de conductas conspirativas.

La ferocidad restauradora es tal que los columnistas de los principales diarios hegemónicos argentinos “analizaron” la última disposición gubernamental en torno al pago de la deuda externa casi tan sólo con insultos: la “gran prensa” trato a la primera mandataria de "escandalosa", "inescrupulosa", "fraudulenta", "saqueadora", y "autoritaria".

En nuestra región suelen escucharse voces discursivamente progresistas y a favor de justas transformaciones sociales, económicas y políticas –muchas de ellas sinceras-, que critican con dureza aquellos hechos que desde este análisis se caracterizan como signos positivos.

Lo preocupante no es la diversidad de opiniones sino el olvido de la ya mencionada dimensión de lo político. Las almas puras y de sueño tranquilo y sin culpas olvidan que si bien el deseo se encuentra en el nudo de las transformaciones, ese deseo debe contar con densidad histórica, transformarse en voluntad política organizada. De lo contrario sólo es eso, algo así como efluvios de las almas puras.
 

*Periodista, académico escritor argentino, director de APM

 

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