Jun 29 2006
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Opinión

Piedad y autoinmolación. – EL CAMINO DEL BOMBARDERO SUICIDA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Como encarnación de la imposibilidad, el bodhisattva es un ser absurdo cogido en el medio de la paradoja. El impase consiste en el hecho de que un bodhisattva, al alcanzar el Nirvana, debe re-usarlo y en nombre de la compasión infinita y el bien común, retornar al reino de la ilusión con el fin de ayudar a todos los seres sensibles a escapar del sufrimiento.

Ser bodhisattva es ser abnegado sin traza de egoísmo. Entrar al Nirvana solo es un acto de egoísmo. Por tanto, si uno carece de egoísmo uno nunca debería entrar al Nirvana, ya que esa seria un acto egoísta. Al posponer la entrada al Nirvana, el bodhisattva aparece como realizando un acto de sacrificio supremo para salvar a la humanidad. Pero este gesto sacrificial es falso. El acto se realiza en honor del deber: porque es bueno… porque debo.

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El retorno del bodhisattva es una bondad auto-reflexiva que solo puede ser sostenida por el sufrimiento de otros. En otras palabras, el bodhisattva solo puede existir únicamente en tanto que hay sufrimiento. Solo podemos concluir que nadie puede alcanzar Nirvana porque nosotros no somos bodhisattvas y el bodhisattva no puede alcanzar Nirvana, justamente, porque él o ella es un bodhisattva.

El gesto mismo de dejar al egoísmo atrás, al retornar al mundo del sufrimiento, lo transforma en un ser egoísta. La posición paradójica del bodhisattva, llevada al limite, lo esfuerza a uno a encarar la posibilidad de que la ultima fuente del mal es la compasión misma.

El sabio taoista, por otro lado, se enfrenta con una elección mucho más simple: o permanece en el reino de las falsas dualidade o sigue el Tao. El sabio taoista no esta impedido de retirarse inmediatamente del mundo. El bodhisattva no puede hacerlo y esta forzado a elegir el mundo de la ilusión… !eso es todo!

Esta elección se despliega con el advenimiento del budismo mahayana y su búsqueda de la liberación radical en nombre del vació absoluto. Nagarjuna procede creando absurdidades a partir de la doctrina budista. Con el repliegue del Samsara en el Nirvana y la invocación de un monismo inmanentista radical, la tradición Madhyamaka convierte la cuestion de la liberacion en un problema social que enfatiza la liberación de las masas. Una táctica y posición que varias centurias mas tarde recogerá Marx –y varios movimientos avant-garde, tales como el Dada, el surrealismo y los situacionistas, entre otros–.

El comando ético al corazón del budismo, el voto bodhisattva, funciona paradójicamente como un hoyo de polilla que trasmuta el camino de la compasion en el arte de la guerra. El bodhisattva, al re-encontrar al mundo fenomenal, repite el gesto original del mal. Una de las visiones absurdas de esta logica nomádica es que la religión de la paz fácilmente puede mutar en una maquina de guerra.

El guerrero zen y la logica del kamikaze nacen de la compasion. Las semillas del Mal florecen a traves de la bondad excesiva.
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Brian Victoria, un monje de la secta Soto, argumenta que el zen japonés apoyó la maquina de guerra imperial desde finales del 1800 hasta la segunda guerra mundial. La rapida industrialización y militarización de Japón fue alimentada por una ética de sacrificio y disciplina que se extiende en el pasado hasta el periodo Kamasura (1192-1333).

Bushido, el camino del guerrero, es el código de conducta de la clase samurai en Japon. Enfatiza lealtad, deber familiar, bravura, honor, disciplina y ritos suicidas como la alternativa obligada al deshonor y la derrota. La palabra “samurai”, traducida literalmente, significa asistente o sirviente. Un samurai era un guerrero estoico y un perfecto caballero cuyo proposito en la vida era servir a su maestro. El guerrero samurai era estrenado en las artes marciales, el ejercicio de la espada Ken-Jutsu –el arte de usar la espada tan pronto como es sacada de la vaina– y la meditacion, la que le daba una mayor concentración, espíritu indominable y voluntad de poder.

El sacerdocio budista se transformó en una extensión del gobierno feudal japonés durante el período Tokugawa (1603-1867), en la misma forma en que Bushido fue influido por el zen y el confusionismo. En la mitad del siglo XIX, llego a ser la base del entrenamiento ético de la sociedad japonesa en su totalidad, con el emperador reemplazando al maestro feudal como el objeto de lealtad y sacrificio.

Todo es una sola esencia. La guerra y la paz son idénticas. Shaku Soen (1859-1919), profesor de D.T. Suzuki, el primer maestro zen que visito America, fue uno de los primeros en abrazar la guerra como un entrenamiento zen. D.T. Susuki afirmaba que es la espada la que mata… el enemigo que aparece se convierte en víctima. El guerrero es simplemente un observador pasivo, total y completamente carente de ego, inmerso en lo Uno.

Estamos inmersos en el momento de tal manera que ya no podemos decir que hay una separacion entre el acto y el actor. Hemos llegado a ser uno con el momento, completamente presente e idéntico con el acto. La oposicion entre la reflexibilidad cuotidiana de nuestros deseos y la actitud iluminada reside precisamente en el hecho de que nuestra consciencia egoica nos aliena de nuestra existencia inmediata.

El guerrero zen se compromete a la búsqueda de un estado no-dual donde la disciplina absoluta coincide con la espontaneidad total. El zen enseña al guerrero a encarar la adversidad y la muerte sin vacilación, sin ni siquiera pestañar. Al guerrero Zen se le enseña a actuar sin pensar. La emergencia de la sí mismidad es, entonces, idéntica a la creacion de una grieta.

La linea de razonamiento que torna al zen el camino de la espada ordena al guerrero a matar en nombre del amor extremo… Para salvar a la humanidad y prevenir el sufrimiento. El militarismo zen justifica el asesinato invocando la fuerza de la compasión. El saber budista básico, de que uno obtiene liberación al extinguir al yo, cuando se liga con el código bushido crea la subjetividad del guerrero. El bombardero suicida bodhisattva.
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El terreno ya estaba preparado cuando el vice-almirante Orishi Takijiro propuso transformar los aeroplanos en misiles humanos. Durante la batalla del Golfo de Leyte, en Octubre 1944, los pilotos japoneses volaron sus aviones directamente hacia las naves estadounidenses. El viento divino de los kamikaze desata el tifón de la Guerra Sagrada moderna.

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* Candidato a PHD en Teoria y Criticismo en la Universidad de Western en el London de Ontario, Canadá.

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