Ene 13 2009
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Economía

Previsiones 2009: Todo el mundo a la baja

Economist Intelligence Unit*

La economía global se deterioró de manera notable durante los últimos meses de 2008; los indicadores económicos de las principales economías mostraron un grave descenso y un profundo ajuste de la economía real. Los mercados emergentes también han sido afectados, e incluso China e India muestran señales de tensión.

Los mercados financieros continúan congelados en gran parte y, no obstante una importante disminución de las tasas interbancarias en algunos países, los mercados crediticios se caracterizan aún por altos niveles de aversión al riesgo. Aunque en muchos países la política macroeconómica ya es un fuerte apoyo al crecimiento, la aguda debilidad de las condiciones globales sugiere que será quizá más arriesgada y poco ortodoxa en 2009.

En consecuencia, EIU ha modificado aún más a la baja sus previsiones para los países principales y ahora prevé que, a tasas de mercado, la economía global se retraerá 0.4% en 2009. Y aunque el crecimiento alcance 1.5 % en 2010, la recuperación será más lenta que la que siguió a cada una de las dos recesiones anteriores: 1991 y 2001.

Para América Latina, EIU estima que el PIB regional crezca apenas 1% en 2009, por abajo del 4% estimado en 2008 y 5.4% en 2007. La información disponible confirma un grave deterioro de la situación económica en octubre y noviembre, con pocas excepciones. México, la segunda economía de la región en tamaño, pareció entrar en recesión desde el cuarto trimestre de 2008, y EIU proyecta un año completo de contracción para 2009. Incluso Brasil, la economía más grande, con la demanda doméstica más fuerte y dinámica, podría contraerse durante un trimestre o dos. Venezuela tendrá el peor desempeño, con agudas contracciones, tanto en 2009 como en 2010, resultado de la brusca disminución de los precios de petróleo y de la errática política económica. Argentina y Jamaica estarán también bajo una presión particularmente seria. (Ver cuadro)

Las recientes y dramáticas caídas de los mercados emergentes de divisas y valores han expuesto el grado de integración del sistema financiero mundial y muestran que la crisis financiera que comenzó en EU es ahora en verdad global. En América Latina las economías más grandes, con tasas de cambio flexibles, han sufrido repentinas caídas del valor de sus divisas porque los inversionistas extranjeros han retirado capitales y algunos inversionistas domésticos se han visto obligados a cerrar posiciones especulativas con grandes pérdidas. Desde julio de 2008, las divisas de México, Brasil, Chile y Colombia han caído de manera brusca contra el dólar estadunidense, lo que refleja también perspectivas más pesimistas para la mayoría de los mercados de materias primas, de los cuales América Latina obtiene muchos de sus ingresos por exportación.

Una perspectiva de crecimiento global más débil ha provocado el fuerte deterioro del pronóstico relativo al precio de petróleo. EIU espera ahora que la mezcla Brent promedie 35 d/b en 2009, en comparación con 65 d/b de su anterior previsión. Asimismo la perspectiva de los precios de materias primas industriales y mercancías agrícolas para 2009-2010 es profundamente pesimista.

Crédito más escaso

En general, el sistema bancario latinoamericano tiene poca exposición directa al mercado de derivados y otros activos que provocaron la crisis en EU, pero en muchos países el crédito a corto plazo es ahora más escaso. Más aún, hay señales de que la exposición de las grandes empresas a las divisas y derivados podría afectar las carteras crediticias. Además, como muchos bancos locales son propiedad de extranjeros, es inevitable que los problemas de las compañías matrices afecten la operación de sus filiales y aumenten su renuencia a otorgar nuevos créditos.

Un menor crecimiento del crédito redundará en un lento crecimiento del consumo y ayudará a contener la reciente oleada inflacionaria en la mayoría de las economías latinoamericanas, provocada por el aumento de precios de alimentos y energía, así como la depreciación de las tasas de cambio. Los precios decrecientes de las materias primas serán también favorables, aunque se verán contrarrestados por una mayor debilidad de las tasas de cambio en ciertos mercados o por inyecciones de liquidez en países con tasas de cambio fijas.

Gran número de países latinoamericanos han mejorado su capacidad de pago a largo plazo. La mayoría de las economías grandes tienen ahora regímenes de tasas de cambio flexibles y han acumulado significativas reservas en moneda extranjera; muchos han reducido sus déficit fiscales y responsabilidades externas. Sin embargo, el deterioro agudo de las perspectivas para las exportaciones y flujos de inversión extranjera directa ha elevado el riesgo de volatilidad, como se ha visto en los recientes movimientos de tasas de cambio.

Conforme las condiciones crediticias se deterioran y la aversión al riesgo se incrementa, los nuevos flujos de capital extranjero disminuyen y crece la posibilidad de que los inversionistas extranjeros deseen hacer líquidas sus acciones en el exterior. Existe gran preocupación por los requisitos para el financiamiento, en especial porque la región sigue siendo muy dependiente de la demanda externa y se vería afectada de manera evidente por una recesión más severa en EU o, en el caso de las economías sudamericanas que dependen de las exportaciones de materias primas y semimanufacturas, por el debilitamiento de la economía china.

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