Sep 7 2009
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Ambiente

Recuerdo de los cuentos infantiles en el país que mata los sueños

Lagos Nilsson.

Había una vez hace tiempo en una capitanía lejana a orillas de la mar… Así comenzaban los cuentos que se contaban a los niños cuando la tele era motivo de juegos verbales entre los adultos que leían revistas. Los niños entonces rara vez recordábamos los cuentos, se nos grababan episodios, cambiábamos el final, pedíamos variaciones antes de dormir.

Luego venía el dominio de la tecnología de la lectura, la juventud, la adultez, la ciudadanía. –que resultó otro cuento.

De cualquier modo no es una historia infantil que a los mapuche procesados se los conmine hoy, forzándolos, a que entreguen la vena para que el Estado pueda anotar su ADN, como si no bastara que esté en marcha una campaña universal para "anotar" el mapa genético de cuánta planta y bicho susceptible de ser objeto de patente y comercio exista.

Sólo falta que llegue una empresa y patente el modo como uno se ata los zapatos o se desnuda con su mujer (u otra pareja) para que uno (y la pareja) deban pagar cada vez que.

Los mapuche se niegan. "Somos presos políticos", claman, "y no queremos". ¿Para qué exige el Estado la muestra de su ADN? ¿Acaso para desarrollar una vacuna que los haga aceptar ser chilenos, siempre que lo sean de segunda? ¿O para tenerlos "a mano" cada vez que fuere necesario inculpar a alguien por algo?

Eran mejores los cuentos de antaño, con todo y sus gigantes, brujas y monstruos.

Se nos fue Pamela Jiles. El sueño terminó. No podremos votar por la izquierda coherente, aunque algunos votarán por lo coherente que quiere ser el discurso del senador Alejandro Navarro, su aspecto de buen chico de provincia y sus promesas de hombre bueno. Lo que, obviamente, no basta.

Así que otros agacharán la cabeza y silenciosos, tras la cortina electoral en el momento preciso, ingresarán al simbólico redil con olor a viejo y harán la cruz al lado del nombre del candidato del PC. ¡Bien por Arrate! De seguro es la primera vez que el PC, en Chile al menos, lleva como candidato a la presidencia a un "parvenu" al reino del proletariado y no a un militante probado en la obediencia y sapos tragados.

Tiene razón el PC, al fin de cuentas ¿qué es un proletario en un mundo de consumidores y aspirantes a serlo? Además, como novato en las lides intra celulares Arrate no molesta ni se molesta –al parecer– cuando la dirigencia, suya ahora, charla con la conservadora DC cosas de adultos.

El más contento es maese Piñera. Enseña sus "bracitos cortos" (Jiles dixit) desde mil gigantografías, como si aplaudiera o agradeciera a su dios Midas que la marcha de la campaña haya hecho (casi) olvidar algunas trapacerías y antiguos bancos. Todo gasto de campaña, lo sabe o apuesta por ello, es una inversión redituable. ¿Permitirá el país que semejante pesadilla alguna vez tenga las llaves de Morandé 80?

Uno recuerda los cuentos de los lemings, unos animalitos que, se nos decía, viven en Noruega y una vez cada tanto se asoman en masa al borde de los fiordos para saltar entusiastas después a las frías aguas que golpean las rocas allá abajo. Todo es posible en un país en el que empleados ganosos que fueron de la dictadura caminan sin usar máscara por las calles, van a veces al cine, a cenar a elegantes restoranes o acompañan a hijos y nietos a misa de 11. O presiden el senado "de la democracia" o son, incluso, hoy demócratas de, como los perros finos, también se decía, paladar negro.

Menos mal que cabalga el serio señor Frei de ojos negros, que lucen la densa profundidad del humo negro que absorbe toda posibilidad de razonamiento. Él es lo concreto y parece dispuesto a terminar lo que no pudo concluir cuando su mandato.

Hay cuentos en los que no aparecen hadas buenas.

Los cuentos de antaño, con madrastras malévolas, ogros hambrientos y espectros pálidos, nunca se atrevieron a contratar asesinos, cuasi asesinos, cómplices de asesinatos, en fin, en los ejércitos de sus reyes y emperadores. Ocurre en este país. Poco más de una docena, dicen, son los ex Dina o CNI que en la actualidad al parecer asesoran al honroso uniforme. Nadie sabe en qué asesoran, pero se sospecha que bien pagados.

Y como si esa vergüenza fuera poca falta de vergüenza, se conoció el tenor de una ¿hermosa? carta –no de amor– al serio comandante en jefe. Vergonzosa la misiva no por la personalidad del remitente, sino por las insinuaciones del contenido. Por fortuna con viril energía el comandante en cuestión eligió el silencio.

Naturalmente nadie se pregunta nada. En Estocolmo como en Wall St. amanece y cae la noche y vuelve a amanecer. Somos todos amigos. Menos otros ciento treinta y pico jenízaros o sicarios que un ministro de Corte quiere procesar por esos crímenes contra la humanidad que penan en el país: mujeres destazadas tras la violación, muertos, y no tanto, a los que se les quemaba con diligente disciplina miltar el rostro los dedos, abaleados frente a sus hijos, parejas apaleadas y fornicadas a orillas de un río… Lo normal entre los salvadores de la democracia ayer que hoy insisten en querer corregirla.

Y en medio de todo Marco, la última palabra en candidato. El mejor retórico y el que mejor esconde lo que piensa. El país, acaso, a las puertas de un nuevo Iluminismo, esta vez clasificado. Pero, aclaran, faltan tres meses para las elecciones. Los consumidores tienen tiempo para rogar que el maremoto los pille confesados.

Sí. Eran mejores los tenebrosos cuentos de la infancia.
 

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