Jun 1 2012
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OpiniónSociedad

Recuerdo necesario: Don Clota, como muchos le llamaron, a 22 años

Luchador en favor del obrero como su conciencia se lo demandaba, un ser casi místico, asociado a la práctica de un sindicalismo revolucionario.  En tal sentido, sostenía que los trabajadores debían ser el centro de la sociedad y del Estado y, el propósito de éstos, ocuparse del perfeccionamiento ético y material de aquellos. Fue siempre generoso, sin pedir nunca retribución por sus dones, ni aún en esas formas impalpables a que otros recurren.|Prensa Gráfica Callejera*.

 

Al lado de su mundo concreto —que compartió con muchos, aquel de la acción que supo exponer magistralmente mediante la palabra y la escritura—  también vivió otro inmaterial, que habitualmente está  reservado a un numero menor de personas:  el del pensamiento sobre los temas últimos, que compartiría con aquellos quienes lo buscaran más de cerca y a los que les prodigó su afecto y el auxilio de su saber.Recuerdo necesario: Don Clota, como muchos le llamaron, a 22 años

 

Pero sobre este haz de aptitudes, otorgándole aquel sentido elevado que resplandecía en todo cuanto él fue y en todo cuanto él hizo, estaba la buena voluntad que Clotario ponía por sobre todas las cosas.  Y esto fue en él decisivo. Fue el principio ordenador, el móvil supremo que le indicaba la dirección correcta. 

 

De acuerdo a su inflexible pero lúcida norma, nunca dejó de disciplinarse para los efectos de hacer intervenir sus  acciones cada vez que lo juzgara provechoso. Sin embargo sus últimos años los pasaría solo y muy pobre en la iglesia La Recoleta, atendido por sacerdotes franciscanos. Falleció en Santiago el 31 de mayo de 1990 a causa de una deficiencia respiratoria, a la avanzada edad de 90 años. 

 

Fue velado en la iglesia San Francisco de la capital, y sus restos sepultados en el Cementerio General de Santiago donde, para despedirlo, intervendría la palabra del propio presidente de la república en ejercicio, Patricio Aylwin, en uno de cuyos pasajes expresó “…Tenía una gran admiración por don Clotario, que fue un hombre que dio sobrado testimonio de conducta virtuosa.  Vivió y sacrificó oportunidades para un pasar personal holgado, pero prefirió entregarse a sus ideales de profunda formación cristiana…”  

 

Su primera edad

 

Nació en la ciudad de Santiago el 17 de noviembre de 1899, en el hogar que formaba el matrimonio del militar Ricardo Blest Ugarte y la profesora primaria doña Leopoldina Riffo Bustos. Don Ricardo falleció tempranamente, por lo que doña Leopoldina debió comenzar a sostener —sola y únicamente con su restringido salario de profesora— a la familia que componía con Clotario y sus hermanos Fernando y Leopoldina.

 

Su educación la iniciaría en una escuela pública, que luego y  hacia 1910 —gracias a una beca que le consiguieran unos familiares— los continuó en el Seminario Pontificio de la capital.  En este plantel de estudios, tuvo por profesores a los sacerdotes José María Caro y Fernando Vives Solar quienes, en buena medida, influirían en su conducta cristiana siguiente.

 

 

En1918 rindió bachillerato en la Universidad de Chile, luego de lo cual viajó a Concepción a estudiar teología, que continuó en La Serena donde descubrió que dicha disciplina no calzaba con su vocación última. Regresó entonces a su hogar en Santiago el año 21, animado por la perspectiva de estudiar una carrera distinta.

 

Su Vida Laboral

 

Ya de vuelta a Santiago, observó la estrechez económica en que se debatía su hogar a causa del costo que le irrogaban a su madre los estudios de su hermano en la carrera militar, y de su hermana en pedagogía normalista.  Por tal razón, decidió postergar su propia formación profesional y comenzar a trabajar para contribuir al sostenimiento de la familia, primero como vendedor, luego como asistente en un estudio de abogados, y en una farmacia.  Todo ello,  antes de ingresar el año 1922 al servicio público de la Tesorería General de la República. En esta última repartición, muy pronto su inteligencia y capacidad de trabajo le permitiría ascender.  Es así como ya en su primer año allí, sería nombrado tesorero comunal en Providencia, y el año ´34, sería nombrado tesorero comunal en San Antonio.  

 

Su vida intelectual

 

Mientras Clotario trabajaba, sus tiempos libres los destinaba a la lectura, especialmente de aquella que pudiera interiorizarlo en temas relacionados con sus preferencias, esto es>. la química, el derecho y la filosofía.

 

A principios de la década de los años veintes del siglo recién pasado, comenzaría a escribir sus primeros artículos sobre temas sindicales en el periódico El Sindicalista, de orientación social cristiana.

 

Su vida sindical

 

Desde muy joven, Clotario manifestaría su preocupación por la situación del mundo del trabajo y, animado por su cosmovisión cristiana, a mediados de la década de los años veintes del siglo recién pasado ingresó a la Unión de Centros de la Juventud Católica, orgánica ésta formada por jóvenes obreros que había  surgido como contraparte de la Asociación Nacional de Estudiantes Católicos, de orientación conservadora.  En esta etapa, conocería a la joven dirigente de su seccional femenina, Teresa Ossandón, con quien sería su eterna y única novia.  El año 27, la Unión elegiría a Clotario su presidente nacional.

 

En la época en que escribiera para el periódico El Sindicalista,  ingresó al circulo de estudios El Surco, que tenía por objetivo luchar por una legislación que beneficiara a la clase trabajadora, y se incorporó al centro Casa del Pueblo, que respondía al propósito de divulgar el sindicalismo e impartir capacitación sobre cristianismo,  ambas instituciones dirigidas por el sacerdote Guillermo Viviani Contreras.

 

Por estos entonces, Clotario tendría la oportunidad de conocer personalmente a Luis Emilio Recabarren y, luego de asistir a diversas charlas suyas, lo valoraría altamente, llegando a la convicción de que —en el plano sindical— los unía  una alta coincidencia de objetivos. Cuando más adelante el sacerdote Viviani manifestara públicamente su apoyo al fascismo, Clotario rompería definitivamente su amistad con él.

 

Durante su desempeño en la Tesorería General de la República colaboró de manera principal en la formación de la Asociación de Empleados Fiscales (ANEF) el año 1943, central sindical que lo elegiría su primer presidente, cargo en el que sería ratificado por los siguientes 15 años.

 

Este mismo año 1943, y durante el gobierno de Juan Antonio Ríos, se promulgaría la ley Nº 7.743 sobre la racionalización de la administración pública, en cuya conformación, el poder legislativo supo recoger las fundadas propuestas que Clotario hiciera en su calidad de presidente de la ANEF.

 

Al año siguiente, el gobierno de Ríos promulgó el decreto ley que contuvo el estatuto administrativo de los empleados públicos, en cuya conformación, igualmente serían escuchados y tomados en cuenta los acertados aportes de Clotario.
Cuando el año 48 se crea la Junta Nacional de Empleados Fiscales (JUNECH) que integraran la mayoría de las organizaciones sindicales del aparato público, Clotario también se integraría a ella en representación de la ANEF.

 

En 1952 Clotario organizó una multitudinaria concentración de trabajadores, que se realizó en la plaza Bulnes de Santiago, donde anunció la creación de un comité unitario con el propósito de arribar a una nueva instancia sindical que reuniera a todo el mundo del trabajo, iniciativa que cristalizó a mediados del mes de febrero del año siguiente con la fundación de la Central Única de Trabajadores (CUT). 

 

Esta orgánica lo elegiría su primer presidente, cargo en el que fue ratificado durante los siguientes 10 años.

 

La CUT se había manifestado en abierta oposición al segundo gobierno de Ibáñez, razón por la que —a objeto de desarticularla— sus autoridades intentaron evitar que Clotario siguiera actuando al frente de ella y de la ANEF.  Es así como, en 1954, dispondría que el entonces ministro de Hacienda Jorge Prat decidiera su traslado laboral a Tarapacá, ante lo cual, el dirigente se adelantaría mediante presentar su expediente de jubilación, con lo que también pondría término a su condición de empleado público activo. Durante el ejercicio de este gobierno, también sería encarcelado en varias ocasiones.

 

En su calidad de presidente de la CUT, el año 59 pronunció un histórico discurso, centrado en la acción directa  de los trabajadores en las decisiones nacionales y su desligamiento de los lineamientos que al interior del movimiento sindical pretendían imponer los partidos políticos. En esta línea, el año 61 llamó  a un paro  nacional, que algunos dirigentes sindicales —presionados por el gobierno de Jorge Alessandri—, detractaron. 

 

Analizada esta circunstancia en el congreso de dirigentes de la CUT que se realizara el año inmediatamente siguiente, Clotario fue desautorizado, lo que lo llevó a su inmediata renuncia a la presidencia de dicha central sindical.

 

El año 1983 y en el marco de un ambiente de protestas sociales que se realizaban en el país contra el régimen de Pinochet, colaboró activamente en la fundación del Comando Nacional de Trabajadores (CNT), entidad sindical que acto seguido, lo distinguiría como su presidente honorario.

 

Su vida política

 

Clotario inició su vida política militando en el Partido Popular que fundara Bartolomé Palacios Silva, de orientación social cristiana. Con el propósito de difundir principios cristianos distintos de los que preconizaban los sectores conservadores de la Iglesia Católica, como asimismo de apoyo a la causa de los trabajadores al margen de los lineamientos de los partidos políticos que existían en la época, el año 1928 Clotario fundó el grupo Germen, muy cercano al ideario socialcristiano, aún cuando en su membresía  también había quienes se identificaban con el Partido Social Sindicalista, y otros, con el partido Corporativo Popular, ambos referentes de breve existencia. Germen disponía de una revista de igual nombre, en la que Clotario escribía sus editoriales y,  su emblema, identificaba una cruz acompañada de una hoz y un martillo.

 

También se  incorporaría a la Liga Social de Chile que había fundado el sacerdote jesuita Fernando Vives Solar, agrupación que postulaba una economía de tipo corporativa basada en las profesiones. En representación de esta Liga, el año 31 a Clotario le cabría entregar su apoyo a la República Socialista que lideraran Grove y Matte.

 

Más adelante, y durante el mandato del presidente González Videla, cuando el Parlamento promulgara la llamada Ley de Defensa Permanente de la Democracia que discriminó la existencia del partido Comunista de Chile, desde un principio Clotario la condenó muy frontalmente y luchó por su derogación. Por esta circunstancia, sería arrestado y encarcelado en varias ocasiones.

 

A principios de la década 1961/70 del siglo recién pasado y tras dejar la presidencia en la CUT, formó parte del grupo que fundara el Movimiento de Fuerza Revolucionaria (MFR), organización política que postulaba agrupar las tendencias insurreccionales existentes, y preconizaba el establecimiento de una reforma agraria verdadera; la disolución de las fuerzas armadas sustituyéndolas por milicias sindicales; y en fin, la socialización del país.

 

Así como antes Clotario había condenado el golpe militar de Castillo Armas en Guatemala, tras la caída de Batista en Cuba, asumiría en Chile la presidencia del Movimiento Nacional de Solidaridad y Defensa de la Revolución Cubana y, el año 62, encabezó una manifestación popular para protestar contra el bloqueo norteamericano a esa nación, ocasión en que fue detenido y —por orden del gobierno— confinado al patio destinado a los reos de peor fama delictiva de la cárcel pública de Santiago.

 

Ese mismo año 62 también debió enfrentar un juicio entablado por el gobierno, acusado de subvertir el orden público a causa de un atentado con explosivos que perpetrara un grupo integrante del MFR    Su defensa fue patrocinada por la ANEF —por esos entonces presidida por Tucapel Jiménez—, que logró su sobreseimiento definitivo en febrero del año siguiente.

 

El año 65 y ya durante el mandato del presidente Frei Montalva, junto a Miguel Enríquez, Luis Vitale y otros, Clotario participó en la fundación del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), referente que proclamaba la lucha armada como único camino para cambiar las estructuras sociales, políticas y económicas del país. Sin embargo, dos años después, renunciaría a este movimiento por diferencias con sus miembros más jóvenes.

 

El año 68 y bajo el lema “por una iglesia junto al pueblo y su lucha”, Clotario participó activamente en la toma de la catedral metropolitana de la Iglesia Católica, que materializaran sacerdotes, religiosas y laicos en protesta por la conducta que hasta entonces habían sostenido las autoridades de esa confesión, al margen del Evangelio e indiferencia de las necesidades que evidenciaban ante los sectores más desprotegidos de la sociedad.

 

En 1969 una organización compuesta por miembros de la Iglesia Joven, que en la víspera había liderado la toma de de la catedral metropolitana, propuso la candidatura de Clotario a las próximas elecciones para el relevo presidencial, sin consultarlo y, aún difundiendo propaganda en las calles. Al enterarse desahució terminantemente la iniciativa y el grupo se disolvió. En esas elecciones, el dirigente se abstuvo de votar por pensar que el sistema electoral vigente no permitiría nunca el acceso al poder de cualquier opción por el socialismo.

 

Durante el mandato del presidente Allende y bajo los cuidados de la organización católica Hermanos de Emaus, Clotario solo participaría tangencialmente en actividades societarias. Aplaudió la iniciativa de nacionalizar la riqueza minera, pero también criticó el acuerdo de cooperación suscrito entre el gobierno y la CUT, razón que lo llevaría a fundar y presidir el referente Frente de Trabajadores Revolucionarios (FTR), de muy corta existencia.

 

Luego de la asonada golpista perpetrada por los militares y la derecha política, volvería a la lucha proclamando la ilegitimidad de su acceso al poder. Varias embajadas acreditadas le ofrecieron asilo político, beneficio que rehusó, aún cuando su casa llegó a ser violentamente allanada y saqueada.

 

En 1976 y en su propia residencia, organizaría la Agrupación de Familiares de Detenidos Desaparecidos. Más adelante, y buscando solidaridad para los vulnerados por el régimen represivo, colaboró en la rearticulación del Comité de Defensa de los Derechos Humanos (CODEHS), y participó en la Comisión Chilena de Derechos Humanos.

 

Durante la visita al país el año 1987 del Papa Juan Pablo II, personalmente Clotario le haría entrega de una carpeta conteniendo antecedentes sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas por la dictadura, solicitándole además, que intercediera para evitar la pena de muerte a que se encontraban condenados varios presos políticos.

 

El año 1979, acompañó públicamente la histórica protesta del grupo de familiares de detenidos desaparecidos que se encadenara en las rejas del Ministerio de Justicia.

 

En el proceso plebiscitario a que convocara la dictadura en 1980, Clotario se abstuvo nuevamente de votar, por considerarlo carente de garantías y transferencia, y por ende, un acto ilegítimo.

 

Su vida al servicio del bien común

 

El año ´38 fundó la Asociación Deportiva de Instituciones Públicas (ADIP), antecedente orgánico que, cinco años después, nutriera la iniciativa fundacional  de la ANEF.

 

Durante la década de los años cincuentas del siglo recién pasado —junto a personajes de relevancia nacional como Pablo Neruda y Gabriela Mistral— Clotario participó activamente en el Comité Nacional de Partidarios de la Paz en Chile.

 

El año 70 formó parte del grupo de personalidades que fundara la Liga por la Paz, para los efectos de abogar por soluciones no bélicas en los conflictos limítrofes de Chile con Argentina y Perú.

 

Reconocimientos

 

Clotario recibiría múltiples muestras de reconocimiento, tanto a nivel nacional como internacional  entre las que destacan, por ejemplo, la distinción de la Asamblea Mundial de la Paz que, dirigida por esos entonces por Frederic Juliot-Curie; el año 1955  lo designaría miembro del consejo directivo de dicha organización internacional.

 

En 1966 y en reconocimiento a su labor al servicio de los trabajadores,la CUT le rendiría un público homenaje.

 

El año 1979 y mientras fuera dirigida por Adolfo Pérez Esquivel, la organización ecuménica internacional Servicio de Paz y Justicia (SERPAJ) le otorgaría el premio consagrado a la paz.

 

El año siguiente de 1980, el Parlamento de la entonces Alemania Federal acordó postular a Clotario como candidato al premio Nobel de la Paz, moción que aparte de contar con el apoyo de numerosas personalidades mundiales, también la adhirieron naciones como Finlandia, Noruega y Venezuela, nominación ésta que a la postre no prosperaría por estrecho margen de votación.

 

La Iglesia romana lo ungiría el año 1989 con la investidura de Hermano Terciario Franciscano Seglar.
——
* En http://prensagraficaenlacalle.blogspot.com.

 

Addenda
En Archivo Chile, aquí, pueden encontrarse diversos docuemntos, filmes y discursos pronunciados por el viejo y entrañable dirigente.

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