Jun 21 2007
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Sociedad

Reflexión y Manifiesto: – NO TENDRAN JAMÁS A CUBA

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Robert Woodward es un periodista y escritor norteamericano que se hizo famoso por la serie de artículos publicados en el Washington Post suscritos por él y Carl Bernstein, y que finalmente condujeron a la investigación y renuncia de Nixon. Es autor y coautor de diez best-sellers. Con su temible pluma se las arregla para arrancar confesiones del entrevistado.

En su libro Estado de negación, afirma que el 18 de junio del 2003, a tres meses de iniciada la guerra de Iraq, saliendo de su despacho en la Casa Blanca después de una importante reunión, Bush da unas palmaditas en el hombro de Jay Garner, y le dice:

–Oye, Jay, ¿quieres hacer lo de Irán?

–Señor, ya los chicos y yo hablamos sobre el tema y queremos esperar por Cuba. Pensamos que el ron y los tabacos son mejores. Las mujeres son más bellas.

Bush respondió:

–Lo tendrás. Tendrás a Cuba.

A Bush lo traicionó el subconsciente. Era lo que pensaba desde que declaró lo que debían esperar decenas de oscuros rincones donde Cuba ocupa un lugar especial.

Garner, un general de tres estrellas recién retirado al que había nombrado jefe de la Oficina de Planificación para la Posguerra en Iraq, creada por una directiva presidencial de Seguridad Nacional secreta, era considerado por Bush un hombre excepcional para llevar a cabo su estrategia bélica.

Designado para el cargo el 20 de enero del 2003, fue sustituido el 11 de mayo de ese mismo año a instancias de Rumsfeld. No tuvo el valor de explicarle a Bush sus fuertes discrepancias sobre la estrategia seguida en Iraq. Pensaba en otra con idéntico propósito. En las últimas semanas miles de infantes de marina y un grupo de portaaviones norteamericanos, con sus fuerzas navales de apoyo, han estado maniobrando en el Golfo Pérsico a pocas millas del territorio iraní, en espera de órdenes.

Nuestro pueblo está a punto de cumplir 50 años de cruel bloqueo; miles de sus hijos han muerto o han sido mutilados como consecuencia de la guerra sucia contra Cuba, único país del mundo al que se aplica una Ley de Ajuste que premia la emigración ilegal, otra causa de muerte de ciudadanos cubanos, incluidos mujeres y niños; perdió hace más de 15 años sus principales mercados y fuentes de suministro de alimentos, energía, maquinarias, materias primas, financiamientos a largo plazo y bajo interés.

Primero cayó el campo socialista y casi de inmediato la URSS, desgajada pedazo a pedazo. El imperio arreció e internacionalizó el bloqueo; las proteínas y calorías, bastante bien distribuidas a pesar de nuestras deficiencias, se redujeron aproximadamente un 40 por ciento; vinieron enfermedades como la neuritis óptica y otras; la escasez de medicamentos, igualmente bloqueados, se generalizó: solo como obra caritativa podían entrar, para desmoralizarnos; estos, a su vez, se convertían en fuente de compraventa y negocios ilícitos.

Sobrevino inevitablemente el período especial, que fue la suma de todas las consecuencias de la agresión y las medidas desesperadas que nos obligó a tomar, potenciado el conjunto de acciones nocivas por el colosal aparato publicitario del imperio. Todos esperaban, unos con tristeza, otros con júbilo oligárquico, el derrumbe de la Revolución cubana.

Mucho daño hizo a la conciencia social el acceso a las divisas convertibles, en mayor o menor volumen, por las desigualdades y debilidades ideológicas que creó.

A lo largo de toda su vida la Revolución instruyó al pueblo, formó cientos de miles de maestros, médicos, científicos, intelectuales, artistas, informáticos y otros profesionales universitarios y posgraduados en decenas de carreras. Esa riqueza atesorada permitió reducir la mortalidad infantil a mínimos no imaginables en un país del Tercer Mundo y elevar las perspectivas de vida y el promedio de conocimiento de la población a niveles de noveno grado.

La Revolución Bolivariana de Venezuela, al ofrecer a Cuba petróleo con facilidades de pago cuando el precio de este subía vertiginosamente, significó un alivio importante y abrió nuevas posibilidades, ya que nuestro país comenzaba a producir su propia energía en cifras crecientes.

Desde años antes, el imperio, preocupado por sus intereses en ese país, ya tenía planeado liquidar aquella revolución, lo que intentó en abril del 2002 e intentará de nuevo cuantas veces pueda, para lo cual preparan su resistencia los revolucionarios bolivarianos.

Mientras tanto, Bush arreció sus planes de ocupar Cuba, al extremo de proclamar leyes y un gobierno interventor para instalar una administración imperial directa.

A partir de los privilegios concedidos a Estados Unidos en Bretton Woods y la estafa de Nixon al eliminar el patrón oro que ponía límite a la emisión de billetes, el imperio ha comprado y pagado con papeles decenas de millones de millones de dólares, cifras de más de doce guarismos. Con ello ha mantenido su insostenible economía. Gran parte de las reservas mundiales en divisas están constituidas por bonos de la Tesorería y billetes norteamericanos. Por ello, muchos no desean una crisis del dólar como la de 1929, que convertiría en agua esos papeles. El valor en oro de un dólar es hoy, por lo menos, dieciocho veces menor que el que tenía en los años de Nixon. Lo mismo ocurre con el valor de las reservas en esa moneda.

Esos papeles han sostenido su escaso valor actual sobre la base de que con ellos se pueden adquirir fabulosas cantidades de armas modernas, cada vez más caras, que nada producen. Estados Unidos exporta más armas que el resto del mundo. Con esos mismos papeles el imperio desarrolló los más sofisticados y mortíferos sistemas de armas de destrucción masiva, con las que sostiene su tiranía mundial.

Tal poder le permite imponer la idea de convertir los alimentos en combustibles y hacer trizas cualquier iniciativa y compromiso para evitar el calentamiento global, que se acelera visiblemente.

Hambre y sed, ciclones más violentos e invasiones del mar es lo que sufrirán tirios y troyanos, como frutos de la política imperial. El respiro para la humanidad, que ofreciera una esperanza a la supervivencia de la especie, está en un drástico ahorro de energía, de lo cual no se preocupa en absoluto la sociedad consumista de los países ricos.

Cuba continuará desarrollando y perfeccionando la capacidad combativa de su pueblo, incluida nuestra modesta pero activa y eficiente industria de armas defensivas, que multiplica la capacidad de enfrentar al invasor dondequiera que se encuentre, posea las armas que posea. Continuaremos adquiriendo el material necesario y las bocas de fuego pertinentes, aunque no creciera el famoso Producto Interno Bruto del capitalismo, que tantas cosas incluye, como el valor de las privatizaciones, las drogas, los servicios sexuales, la publicidad, y tantas excluye, como los servicios de educación y salud gratuitos para todos los ciudadanos.

De un año para otro el nivel de vida puede elevarse si se incrementan los conocimientos, la autoestima y la dignidad de un pueblo. Basta con que el despilfarro se reduzca y la economía crece. A pesar de todo, iremos creciendo lo necesario y lo posible.

La libertad cuesta muy cara, y es necesario, o resignarse a vivir sin ella, o decidirse a comprarla por su precio, dijo Martí.

Quien intente apropiarse de Cuba recogerá el polvo de su suelo anegado en sangre, si no perece en la lucha, proclamó Maceo.

¡No somos los primeros revolucionarios en pensar así! ¡Y no seremos los últimos!

Un hombre puede ser comprado, nunca un pueblo.

Durante muchos años pude sobrevivir, por azar, a la máquina de matar del imperio. Pronto se cumplirá un año desde que me enfermé y, cuando estaba entre la vida y la muerte, expresé en la Proclama del 31 de julio del 2006: “No albergo la menor duda de que nuestro pueblo y nuestra Revolución lucharán hasta la última gota de sangre”.

No lo dude usted tampoco, señor Bush. Le aseguro que no tendrán jamás a Cuba.

En inglés / In English

THEY WILL NEVER HAVE CUBA

Robert Woodward is an American journalist and writer who became famous for the series of articles published by The Washington Post, written by him and Carl Bernstein, and which eventually led to the investigation and resignation of Nixon. He is author and co-author of ten best-sellers. With his fearsome style he manages to wrench confessions from his interviewees.

In his book, State of Denial, he says that on June 18, 2003, three months after the Iraq war had begun, as he was on the way out of his White House office following an important meeting, Bush slapped Jay Garner on the back and said to him:

“Hey, Jay, you want to do Iran?”

“Sir, the boys and I talked about that and we want to hold out for Cuba. We think the rum and the cigars are a little better…The women are prettier.”

Bush laughed. “You got it. You got Cuba.”

Bush was betrayed by his subconscious. It was in his mind when he declared what scores of dark corners should be expecting to happen and Cuba occupies a special place among those dark corners.

Garner, a recently retired three-star general who had been appointed Head of the Post-War Planning Office for Iraq, created by secret National Security Presidential Directive, was considered by Bush an exceptional man to carry out his war strategy. Appointed for the post on January 20, 2003, he was replaced on May 11 of that same year at the urging of Rumsfeld.

He didn’t have the nerve to explain to Bush his strong disagreements on the matter of the strategy to be pursued in Iraq. He was thinking of another one with identical purpose. In the past few weeks, thousands of marines and a number of US aircraft carriers, with their naval supporting forces, have been maneuvering in the Persian Gulf, a few miles off the Iranian territory.

It will very soon be 50 years since our people started suffering a cruel blockade; thousands of our sons and daughters have died or have been mutilated as a result of the dirty war against Cuba, the only country in the world to which an Adjustment Act has been applied inciting illegal emigration, yet another cause of death for Cuban citizens, including women and children; more than 15 years ago Cuba lost her principal markets and sources of supply for foods, energy, machinery, raw materials and long-term low-interest financing.

First the socialist bloc collapsed followed almost immediately by the USSR, dismantled piece by piece. The empire tightened and internationalized the blockade; the proteins and calories which were quite well distributed despite our deficiencies were reduced approximately by 40 percent; diseases such as optical neuritis and others appeared; the shortage of medicines, also a result of the blockade, became an everyday reality. Medicines were allowed to enter only as a charitable act, to demoralize us; these, in their turn, became a source of illegal business and black-market dealings.

Inevitably, the “special period” struck. This was the sum total of all the consequences of the aggression and it forced us to take desperate measures whose harmful effects were bolstered by the colossal media machine of the empire. Everyone was awaiting, some with sadness and others with oligarchic glee, the crumbling of the Cuban Revolution.

The access to convertible currency greatly harmed our social consciousness, to a greater or a lesser degree, due to the inequalities and ideological weaknesses it created.

Throughout its lifetime, the Revolution has taught the people, training hundreds of thousands of teachers, doctors, scientists, intellectuals, artists, computer engineers and other professionals with university and post-graduate degrees in dozens of professions. This storehouse of wealth has allowed us to reduce infant mortality to low levels, unthinkable in any Third World country, and to raise life expectancy as well as the average educational level of the population up to the ninth grade. By offering Cuba oil under favorable terms of payment at a time when oil prices were escalating dramatically, the Venezuelan Bolivarian Revolution brought a significant relief and opened up new possibilities, since our country was already beginning to produce her own energy in ever-growing amounts.

Concerned over its interests in that country, the empire had for years been planning to destroy that Revolution, and so it attempted to do it in April 2002, as it will attempt to do again as many times as it can. This is why the Bolivarian revolutionaries are preparing to resist.

Meanwhile, Bush has intensified his plans for an occupation of Cuba, to the point of proclaiming laws and an interventionist government in order to install a direct imperial administration.

Based on the privileges granted to the United States in Bretton Woods and Nixon’s swindle when he removed the gold standard which placed a limit on the issuing of paper money, the empire bought and paid with paper tens of trillions of dollars, more than twelve digit figures. This is how it preserved an unsustainable economy.

A large part of the world currency reserves are in US Treasury bonds and bills. For this reason, many would rather not have a dollar crisis like the one in 1929 that would turn those paper bills into thin air. Today, the value of one dollar in gold is at least eighteen times less than what it was in the Nixon years. The same happens with the value of the reserves in that currency.

Those paper bills have kept their low current value because fabulous amounts of increasingly expensive and modern weapons can be purchased with them; weapons that produce nothing. The United States exports more weapons than anyone else in the world. With those same paper bills, the empire has developed a most sophisticated and deadly system of weapons of mass destruction with which it sustains its world tyranny.

Such power allows it to impose the idea of transforming foods into fuels and to shatter any initiative and commitment to avoid global warming, which is visibly accelerating.

Hunger and thirst, more violent hurricanes and the surge of the sea is what Tyranians and Trojans stand to suffer as a result of imperial policies. It is only through drastic energy savings that humanity will have a respite and hopes of survival for the species; but the consumer societies of the wealthy nations are absolutely heedless of that.

Cuba will continue to develop and improve the combative capacities of her people, including our modest but active and efficient defensive weapons industry which multiplies our capacity to face the invaders no matter where they may be, and the weapons they possess. We shall continue acquiring the necessary materials and the pertinent fire power, even though the notorious Gross Domestic Product as measured by capitalism may not be growing, for their GDP includes such things as the value of privatizations, drugs, sexual services and advertising, while it excludes many others like free educational and health services for all citizens.

From one year to the next the standard of living can be improved by raising knowledge, self-esteem and the dignity of people. It will be enough to reduce wastage and the economy will grow. In spite of everything, we will keep on growing as necessary and as possible.

“Freedom costs dearly, and it is necessary to either resign ourselves to live without it or to decide to buy it for its price”, said Martí.

“Whoever attempts to conquer Cuba will only gather the dust of her soil soaked in blood, if he does not perish in the fight”, exclaimed Maceo.

We are not the first revolutionaries to think that way! And we shall not be the last!

One man may be bought, but never a people.

Fate decreed that I could survive the empire’s murderous machine. Shortly, it will be a year since I became ill and, while I hovered between life and death, I stated in the Proclamation of July 31, 2006: “I do not harbor the slightest doubt that our people and our Revolution will fight until the last drop of blood”.

Mr. Bush, don’t you doubt that either. I assure you that you will never have Cuba!

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Versiones distribuidas por ALTERCOM, agencia de noticias del Ecuador. Comunicación para la libertad.

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