Jul 28 2006
318 lecturas

Economía

Réquiem por Líbano. – EL OTRO SIGNIFICADO DE LA PALABRA HOLOCAUSTO

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

LAS OMINOSAS CONSECUENCIAS DE LA COMPLICIDAD DE EEUU

“En represalia por ataques con cohetes, Israel hoy hizo estallar una bomba nuclear táctica en Gaza. Se espera que las bajas civiles estén en el rango de los miles. En respuesta a la amplia indignación mundial, motines en varias capitales árabes y una propuesta de resolución de la ONU que condena la acción israelí, el Presidente George W. Bush culpó a los terroristas por provocar la respuesta israelí y dijo: “Aunque deploramos la pérdida de vidas, es evidente que Israel tiene derecho a defenderse”. 

La Secretaria de Estado Condoleezza Rice pidió moderación a todas las partes. El embajador en la ONU John Bolton dijo que Estados Unidos vetaría cualquier resolución de condena a Israel por considerarla “desbalanceada”.

Afortunadamente la noticia anterior es de ficción. Sin embargo, no es descabellada a la luz de la respuesta de EEUU a la brutalmente desproporcionada represalia israelí a los ataques por Hamas y Hezbollah que tuvieron como resultado la muerte de una docena de soldados israelíes y la captura de otros tres.

 Más que nunca, mucha gente en el mundo se está preguntando si hay algún límite al apoyo de la administración Bush a todas y cualesquier acciones del gobierno de Israel. La lluvia de fuego lanzada por los israelíes en Gaza después de la captura de un solo soldado israelí mató e hirió a decenas de civiles y destruyó la única planta generadora de energía de la región, así como muchos puentes, oficinas gubernamentales y otras instalaciones. Significó un cruel asalto no solo al gobierno de Hamas, sino a toda la población palestina, una forma de castigo colectivo por el apoyo palestino a Hamas y por la audacia demostrada por Hamas en su ataque contra los soldados israelíes en la frontera Gaza-Israel.

El Consejo de Seguridad de la ONU discutió una solución que condena los ataques israelíes por desproporcionados. Solo un país se opuso a la resolución, Estados Unidos. Como resultado, y a pesar de los diez votos a favor (con cuatro abstenciones), la resolución fracasó. Aparentemente, cuando se trata de Israel, Estados Unidos considera que la política de un número infinito de cadáveres y ojos por un solo ojo es una forma proporcional y legítima de legítima defensa. La destrucción de Gaza continuó.

 

Por tanto, es en el contexto del salvaje ataque en curso en contra de la indefensa franja de Gaza, posibilitado por el apoyo político de Estados Unidos y en gran medida sin objeción por parte de los gobiernos árabes, que Hezbollah lanza su ataque en la frontera de Israel, mata a varios soldados israelíes y captura a tres más.

Muchos árabes, incluyendo aquellos a quienes desagrada la ideología islamista de Hezbollah y que están en desacuerdo con las tácticas del grupo, vieron el ataque de Hezbollah a Israel como una expresión de solidaridad con los atribulados palestinos y un legítimo intento por adquirir alguna ventaja para obtener la libertad de cientos de palestinos y libaneses que llevan décadas languideciendo en cárceles israelíes.

 

Era inevitable que el gobierno israelí considerara el ataque como una provocación y respondiera con la fuerza. Sin embargo, hubiera sido otra cosa si los israelíes hubieran limitado sus ataques en represalia a golpear objetivos clave de Hezbollah. En su lugar, Israel lanzó un masivo asalto en Líbano, la perpetración de una guerra no declarada a un estado miembro de Naciones Unidas cuyo gobierno no había atacado a Israel.

El ataque incluye todos los elementos de una guerra total, tales como un bloqueo naval a Líbano, la destrucción de los aeropuertos y carreteras del país, y masivos ataques de artillería y aéreos a cientos de objetivos, muchos de ellos áreas urbanas densamente pobladas. Para el fin de semana, los ataques habían matado a más de cien civiles libaneses y herido a muchos más, mientras la cifra de bajas seguía subiendo rápidamente.

 

Las crecientes bajas civiles evidencian cuáles serán las consecuencias de la complicidad de EEUU en la guerra de Israel contra Líbano: la muerte de cientos de inocentes civiles libaneses. Mientras que para el consumo público la administración Bush intenta mantener una semblanza de preocupación humanitaria al pedir a Israel que “muestre moderación”, su verdadera política es permitir a Israel realizar su salvaje guerra contra Líbano sin que sea restringido por la posibilidad inconveniente de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que ordene un total cese al fuego.

 

Estados Unidos, como patrocinador económico, militar y político de Israel, tiene gran responsabilidad en la actual carnicería en Gaza y Líbano. La realidad desmiente la declaración de ataques de precisión dirigidos a objetivos terroristas. El pasado fin de semana, entre las víctimas de los golpes aéreos israelíes, había ocho miembros de una familia canadiense que murieron en un ataque a una residencia privada. Otros seis canadienses fueron heridos de gravedad en el mismo ataque. El número de libaneses anónimos e inocentes que morirán como resultado de la exagerada reacción agresiva de Israel y de la infinita indulgencia de la administración Bush será infinito.

 

Esas muertes tendrán consecuencias

Las acciones de Estados Unidos en este conflicto pudieran significar el golpe de gracia a cualquier esperanza de que se recupere incluso la menor cuota de buena voluntad entre las masas árabes e islámicas en el Oriente Medio. Encuestas recientes demuestran que la gente en esa parte del mundo ya tiene una visión muy negativa de este país.

La invasión de Iraq, la primera guerra en televisión de la historia de la región, fue responsable de eso en gran medida. La gente vio en vivo por Al Jazira y otras emisoras árabes por cable el costo humano de la invasión de EEUU. Fue un duro golpe para la imagen de EEUU. Ahora la destrucción del Líbano ante los ojos de todo el mundo puede resultar definitorio a los ojos de los árabes, y reforzará la idea de que Iraq no fue una anomalía y que Estados Unidos está en guerra no con los terroristas, sino con el pueblo árabe.

Esto sería un resultado trágico, provocado por el hecho de que esta vez no hay un sangriento dictador, no hay un “coco”. Líbano era una democracia naciente que el gobierno de EEUU aseguraba que estaba apoyando en contra de las amenazas de Siria. ¿Pueden los árabes sacar otra conclusión a partir de las acciones de EEUU que no sea que éste da muy poca importancia a las vidas árabes y un apoyo infinito a las prerrogativas israelíes? Por ejemplo, ¿qué estaría diciendo y haciendo Estados Unidos si Siria estuviera perpetrando este tipo de desastre en Líbano? Desde Estados Unidos saldrían los gritos de angustia por las víctimas, las denuncias en la ONU y las amenazas en contra de los perpetradores de la guerra.

fotoPor el contrario, mientras Israel golpea a Líbano en un vano intento de herir mortalmente a Hezbollah u obligar al casi impotente gobierno libanés a que lo ataque –lo cual provocaría una guerra civil– ¿qué hace Estados Unidos? Hace algo peor que cruzarse de brazos. Impide que otros intenten detener a Israel.

Es más, algunas de los comentarios improvisados del presidente Bush en San Petersburgo, Rusia, son reveladores. El escenario era la Cumbre del Grupo de los Ocho, y los comentarios del Presidente sucedieron en una conversación informal con el Primer Ministro británico Tony Blair, que se suponía que era privada, pero que terminó siendo transmitida por televisión.

En el curso de la conversación, Bush expresó intensa irritación por el llamado a todas las partes para un cese al fuego hecho por el Secretario General de la ONU Kofi Annan. Lo que el Sr. Bush desea fue dejado bien en claro por la secretaria de Estado en una declaración de la que infomaron el 16 de julio de 2006 The Internacional Herald Tribune y The Washington Post: “Puede que Israel necesite extender su ofensiva en Líbano para reducir aún más la amenaza proveniente de Hezbollah”.

El retraso de los planes de viaje de la señorita Rice para “solucionar la crisis” evidentemente no es casual. Está claro que Israel, con el apoyo de Estados Unidos, utiliza la captura de sus soldados como pretexto para golpear duramente a dos de sus enemigos más odiados, Hamas y Hezbollah. Los ataques de Hezbollah con cohetes a ciudades israelíes, que han provocado algunas bajas civiles, aunque mucho menos que las producidas por los ataques israelíes en Gaza y Líbano, dan la apariencia de que lo que sucede es una guerra por parte de ambos. Lo que está sucediendo realmente es otra cosa: un ataque unilateral a un país indefenso por parte de una de las mayores potencias militares del mundo apoyada políticamente por la única superpotencia global.

Mientras más tiempo se permita que continúe la campaña antes de que sea absolutamente necesario “solucionar la crisis”, más completa será la destrucción de Hamas y Hezbollah, dos temibles adversarios de Israel y Estados Unidos. Esa, evidentemente, es la teoría que subyace tras los comentarios de Rice y las acciones (o inacción) de EEUU. Según los periódicos mencionados “Rice parecía apoyar un esfuerzo israelí a más largo plazo para infligir un daño decisivo a la presencia de Hezbollah en Líbano. También dijo que estaba considerando realizar un viaje a la región. ‘El cese de la violencia es crucial, pero si ese cese de la violencia depende de la próxima decisión de Hezbollah de lanzar misiles contra Israel o la próxima decisión de Hezbollah de secuestrar a un ciudadano israelí, entonces no habremos llegado a ningún lugar’.”

 Esta sorprendente declaración nos lleva a la ineludible conclusión de que, para Estados Unidos, detener la muerte y la destrucción en Líbano es menos importante que el objetivo de neutralizar por completo a Hamas y Hezbollah. Un paréntesis en este momento: la lógica usada por Israel y aceptada por Estados Unidos para el ataque a Líbano es increíble, puesto que la misma lógica hubiera justificado que Cuba atacara objetivos en EEUU en represalia por los miles de incursiones realizadas por exiliados desde territorio de Estados Unidos y por la incapacidad o indisposición del gobierno de EEUU de hacer algo para impedirlos.

Más allá de la escalofriante lógica que racionaliza el asesinato de civiles al por mayor en aras de un supuesto objetivo mayor, la estrategia fracasará. Hamas y Hezbollah están profundamente arraigadas respectivamente en las poblaciones chiíes de Palestina y Líbano y cohabitan con ellas en áreas urbanas densamente habitadas.  Cualquier intento por desalojarlas con fuego de artillería y bombardeos aéreos fracasará a fin de cuentas, y solo logrará matar y mutilar a muchas personas inocentes.

 

Aunque para Israel y Estados Unidos estas bajas significarán daño colateral –la consecuencia no intencionada y desafortunada por verse forzado a atacar preventivamente a terroristas en legítima defensa–, la opinión del resto del mundo, y especialmente en los países árabes, será radicalmente diferente.

La patética imagen del primer ministro libanés, impotente para defender a su pueblo, prácticamente implorando a Estados Unidos a que intervenga para detener la destrucción de su país, debe ser profundamente humillante e indignante para los árabes no solo de la región, sino en las comunidades de inmigrantes en todo el mundo. En medio de las bombas que caen desde avionesde la fuerza aérea israelí fabricados por Estados Unidos, y las imágenes televisadas de los niños y mujeres muertos y heridos que son sacados de entre los escombros de sus casas y apartamentos, los intentos de EEUU por culpar a Siria e Irán provocarán el desprecio.

 

Esta guerra en Líbano augura un ominoso futuro para la región y más allá. La población chií de Iraq y las milicias chiíes, ya irritadas por la ocupación de EEUU, no es probable que acepten con agrado la carnicería de los chiíes en Líbano. Esto significa más problemas para las tropas norteamericanas allí.

 

Más allá de Iraq, en vez de lanzar un golpe decisivo contra el islam militante, el ataque israelí en Líbano probablemente resulte un salto cualitativo en el proceso de la radicalización islámica/árabe y la alienación de Estados Unidos y Occidente que ya provocó el 11/9, Madrid y Londres.

 

Dos de los objetivos en el Medio Oriente confesados por Estados Unidos, que sirvieron como justificaciones tardías para la guerra de Iraq, fueron alentar la democracia en el Medio Oriente e investir de poder a los moderados del mundo árabe. Hasta ahora, a juzgar por la guerra de Iraq y las elecciones allí, así como en Palestina y Egipto, los resultados han sido muy diferentes a las expectativas de EEUU: las elecciones, donde han tenido lugar, han dado el poder a los radicales.

Nada de lo que ha tenido lugar hasta ahora ha socavado tanto la posición de moderados y demócratas en el mundo árabe como lo hará la complicidad de Estados Unidos en la devastación de una emergente democracia árabe dirigida por moderados deseosos de llevar al país a algo parecido a la paz y la prosperidad. Para Israel y Estados Unidos, la destrucción de Líbano, que según un líder libanés ha retrasado al país en cincuenta años, puede parecer un precio necesario para mantener el apoyo político a electores nacionales clave y para promover la “guerra al terror”. En realidad, esta desvergonzada agresión contra un pequeño país y un pueblo indefenso puede que llegue a ser el mejor regalo posible para los Osama ben Laden de este mundo, presente y futuro.

 
foto

II – EL LÍBANO ARDE, LOS “LÍDERES” ESTADOUNIDENSES APLAUDEN

 
…Y la gran prensa copia fiel la versión oficial.

 En vista de la necesidad absoluta de detener la carnicería de civiles –e independientemente de si produce un cese al fuego general y de lo que hagan Estados Unidos, Israel o la comunidad internacional– Hezbollah debiera anunciar y realizar una suspensión inmediata de sus ataques de misiles a Israel. Esos ataques matan y hieren a civiles y son una violación del derecho humanitario internacional. Esa es la razón principal por la que deben cesar: son injustos e ilegales. 

Además, los ataques con cohetes de Hezbollah no tienen significación militar, brindan un pretexto para los bombardeos de Israel a Líbano y crean la apariencia de que la situación es un enfrentamiento militar entre dos partes, en vez de ser un caso de pura agresión.

 

Este llamado de poner fin a los ataques de Hezbollah no se hace a partir de una ilusión o expectativa de reciprocidad por parte de Israel o de sus promotores en Estados Unidos. La reacción a de las elites políticas y de los medios en este país al feroz asalto de Israel a Líbano es un escándalo y un triste espectáculo. Porque a medida que aumenta el número de civiles muertos y heridos en Líbano, y la infraestructura social y del país es destruida, ¿qué hacen prácticamente todos los altos miembros de la clase política de EEUU, liberales y conservadores, demócratas o republicanos, miembros del poder legislativo o ejecutivo?  Aplauden.

No hay otra forma de describir la situación después de la abrumadora aprobación por el Congreso la semana pasada de resoluciones simultáneas que alaban el apoyo de la administración Bush al ataque de Israel a Líbano. El Senado se unió tan monolíticamente en este asunto que aprobó su versión por consentimiento unánime.La resolución que fue aprobada en la Cámara de Representantes por 410 votos a favor y 8 en contra “felicita al Presidente… por apoyar totalmente a Israel en su respuesta a los ataques armados por parte de organizaciones terroristas y sus estados patrocinadores.”

 

A medida que el número de civiles muertos en el conflicto se acercaba a los 400 en Líbano y 20 en Israel –una relación de 20 libaneses muertos por cada israelí–, la resolución de la Cámara de Representantes condena a Hamas y Hezbollah por “continuar centrando sus ataques en la población civil israelí con sus cohetes y misiles”, sin decir una palabra acerca del impresionante número de bajas provocadas por Israel con bombas, cohetes y misiles mucho más poderosos.

 
Es así que con el total y entusiasta apoyo del Congreso que la administración Bush está  sirviendo de cómplice a Israel en la perpetración de una colosal catástrofe sobre un pueblo indefenso. Este apoyo implica más que un respaldo político y diplomático; implica el envío inmediato a los militares israelíes de armas norteamericanas “guiadas con precisión”.

  

La unanimidad no se detiene en el gobierno.  Prácticamente todos los medios importantes informan sobre la guerra desde la perspectiva estadounidense-israelí.  Por ejemplo, a no ser por pocas excepciones, cuando mencionan el daño humano y material en Beirut, los periodistas de CNN y otros canales por cable incorporan puntos de vista y racionalizaciones israelíes en sus noticias, incluyendo el argumento de que Hezbollah es realmente responsable de las bajas civiles porque se “oculta” entre la población civil.

 

Lo que los medios no mencionan es el hecho de que Hezbollah es una organización militar, política, religiosa y de beneficencia profundamente imbricada en la sociedad libanesa –desde el punto de vista geográfico, político, económico y cultural. No hay manera de destruir a Hezbollah o herirla profundamente en forma militar sin destruir miles de inocentes vidas libanesas y devastando granes áreas de Líbano.  Este es un hecho que los líderes norteamericanos e israelíes saben y consideran que es un costo aceptable.

 

En cuanto a los medios, una rara excepción en la práctica general de enmarcar las noticias de la devastación de Líbano en las versiones de Israel fue un comentario del del corresponsal médico de CNN, el Dr. Sanjay Gupta. Gupta describió el daño infligido por los ataques aéreos israelíes al sala infantil de un hospital y a otras instalaciones médicas y vehículos de emergencia. Cuando Anderson Cooper trató de introducir en la noticia la versión israelí de tratar de no golpear objetivos civiles, Gupta se mantuvo en su trece y dijo: “No sé si están seleccionándolos como blancos o qué, pero no hay duda de que no los evitan”. 

Las autoridades israelíes publicaron negativas y para el lunes siguiente Gupta incluía a regañadientes partes de las justificaciones israelíes en sus reportajes y CNN anunció que el médico viajaría a Israel para informar de la situación hospitalaria allí.

 

La inclinación de los medios por Israel está tan extendida que se hace difícil ignorarla, incluso para críticos estadouniodenses como el columnista de The Washington Post Howard Kurtz: los argumentos de los israelíes para justificar las bajas civiles brindan a Kurtz una razón conveniente para ese hecho:

 

“Como Israel ha infligido mucho más daño a Líbano que el que ha recibido, una insistencia en las más de 300 víctimas civiles en ese país devastado por la guerra podría ayudar a inclinar a la opinión pública en contra del estado judío. Pero eso ignoraría dos hechos clave: que Israel tomó represalias solo después de que Hezbollah cruzó una frontera, sancionada por la ONU, y mató y capturó a varios soldados israelíes, y que los combatientes de Hezbollah se ocultan –y ocultan sus armas– entre los civiles para hacer más difíciles los contraataques”.

 

Esto parece implicar que el papel de la prensa no es difundir la noticia, sino garantizar que la opinión pública no vaya en contra de Israel. Dadas las escenas de escombros y devastación, este es un difícil papel para un medio que dependa de las imágenes. Pero los norteamericanos se están esforzando.

 

Con pocas excepciones, los consejos editoriales, autores de columnas de opinión y comentaristas reflejaron la reacción hombro con hombro de la clase política y las noticias. El columnista, editor y director Greg Mitchell critica apropiadamente la actitud editorial existente en EEUU: “Aunque no es sorprendente que casi todas las páginas editoriales han dado su apoyo al derecho de Israel de realizar represalias contra Hamas y Hezbollah, es una vergüenza que pocos hayan expresado su indignación, o al menos su condena, por el alcance de la muerte y la destrucción en Beirut y sus alrededores –y los ataques a la infraestructura del país, lo cual afecta a la mayoría de los ciudadanos del mismo–”.

 

Uno pudiera pensar que la prensa al menos debía haber cuestionado la destrucción de las torres de televisión de Líbano por parte del fuerza aérea israelí –incluyendo no sólo la estación de Hezbollah, sino la televisión estatal libanesa y otras estaciones que trasmiten hacia el área norte de Líbano, donde existe poco apoyo para Hezbollah–.  ¿Cuál es la posible justificación militar para esto?

 

Excepto un reportero, los medios no preguntaron ni plantearon una posibilidad evidente: los israelíes quieren evitar que los libaneses que no simpatizan con Hezbollah sepan la manera en que Israel está destruyendo el país. Si esa es la motivación israelí para destruir las torres de televisión, es una acción cínica, aunque no irracional, ya que el ataque israelí corre el riesgo de unificar a todo el país en su contra, convirtiendo lo que ha sido una organización política y militar sectaria en un movimiento de resistencia nacional.

  

En contraste con la total falta de oposición en los círculos políticos y mediáticos a la destrucción de la nación libanesa por parte de Israel, algunas voces internacionales prominentes comienzan a ser oídas. El secretario general de la ONU Kofi Annan ha dicho que la desproporcionada reacción de Israel merece ser condenada. El sub secretario general para Asuntos Humanitarios Jan Egeland usó un lenguaje más fuerte y calificó las acciones de Israel de criminales bajo el derecho humanitario internacional.  “Bombardear a la población civil está mal, destruir la infraestructura civil está mal”, dijo Egeland. Egeland y Annan pidieron (infructuosamente) un inmediato cese al fuego.

 

Estados Unidos e Israel seguramente ignorarán los llamados de líderes de la ONU, al mismo tiempo que citan una resolución de la ONU que pide el desarme de Hezbollah como justificación para la necesidad que Israel tiene de continuar sus ataques y para que Estados Unidos no pida un cese al fuego. Aliados árabes, como Arabia Saudí, que el lunes pidió a Estados Unidos que lograra un cese al fuego, serán más difíciles de ignorar. Arabia Saudí y otros aliados de EEUUen la región habían expresado ya su oposición al ataque de Hezbollah a los soldados israelíes. Pero mientras observan la catástrofe en Líbano, estos aliados clave de EEUU corren el riesgo de graves problemas internos si se les considera cómplices de la destrucción de una nación árabe.

  

La impaciencia de los aliados árabes y la escala del cataclismo social provocado por el ataque israelí a Líbano –casi 700 000 refugiados en una población de 4 millones– puede haber sido lo que persuadió a la secretaria de Estado Condoleezza Rice a realizar una visita por sorpresa a Beirut el lunes. 

 

Sin trazas de ironía The New York Times consignó la visita: “La secretaria de Estado Condoleezza Rice se reunió con funcionarios libaneses hoy aquí para tratar de apuntalar el gobierno del primer ministro Fouad Siniora y tranquilizar a sus aliados árabes que están cada vez más impacientes con los bombardeos israelíes, que han matado a casi 400 personas, la mayoría civiles libaneses”.

 

Sólo en un universo de distorsiones, de culpar a quien no es culpable, racionalizaciones forzadas y mentiras de lla prensa acerca del ataque israelí apoyado por EEUU, puede suceder el hecho surrealista de que el patrocinador del país que perpetra la agresión busque “apuntalar” al gobierno de la nación atacada. Como complemento de esta política imposiblemente retorcida, la secretaria de Estado ofreció un lenguaje tortuoso cuando habló de una necesidad urgente de un cese al fuego sostenible, palabras en clave para un fin de hostilidades basado en los términos y programas norteamericanos e israelíes, y no basado en el imperativo de detener la destrucción al por mayor de la vida humana y la propiedad.

 

Es improbable que todo este sufrimiento produzca una paz duradera; solo una justa solución a la cuestión palestina, una solución de dos Estados sobre la base de las fronteras de 1967, abrirá la puerta a una paz verdadera. En vez de ello, todos los planes propuestos por Israel y Estados Unidos implican ni más ni menos que la introducción de algún tipo de fuerza de ocupación en Líbano.  Y como en Iraq, lo más probable es que el resultado será una resistencia mucho más fiera y más muerte. 

 ¿Están dispuestos los países de la OTAN a poner los muertos a fin de satisfacer los planes de EEUU y de Israel?  Si no es así, ¿quién lo hará?  Después del ataque israelí ¿estarán dispuestos los soldados libaneses a morir por esa causa?  Si no es así, ¿quién lo hará? 

De una manera u otra, al igual que en la aventura iraquí, es probable que Estados Unidos tenga que pagar un muy alto precio por otro intento de rehacer el mapa de Oriente Medio por la fuerza de las armas.Oriente

———————————————

* Columnista de Progreso Semanal: www.progresosemanal.com

 

  • Compartir:
X

Envíe a un amigo

No se guarda ninguna información personal


Su nombre (requerido)

Su Email (requerido)

Amigo(requerido)

Mensaje

Añadir comentario