Ene 27 2010
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Opinión

Retroceso

Álvaro Cuadra.*

Los partidos que conformaron en Chile el conglomerado oficialista por veinte años están muy lejos de conformar un grupo homogéneo. Muy por el contrario, la Concertación fue más bien una escala de grises. Este fenómeno caracterizó la pluralidad al interior de la coalición, pero al mismo tiempo alimentó muchas de sus tensiones internas. De hecho, se trató más bien de un pacto político e histórico entre fuerzas dispares para enfrentar a la dictadura militar.

Más allá de las muchas críticas que se pudieran plantear a la saliente coalición de gobierno, es necesario distinguir entre el bebé y la bañera, para evitar tirar a ambos por la ventana. Una cosa es una fórmula desgastada y desprestigiada, otra muy distinta es el anhelo de profundizar la democracia. Es cierto, la Concertación de Partidos por la Democracia no estuvo a la altura del sueño que le fuera confiado en los albores de los años noventas, no obstante, la tarea sigue pendiente y no ha perdido, en absoluto, su vigencia.

Desde este punto de vista, el triunfo de la derecha es un claro retroceso que lleva al  Ejecutivo a los sectores más conservadores y retrógrados de la sociedad chilena. Digámoslo con cruda franqueza: La derecha nos aleja de nuestro anhelo por construir un país más justo y equitativo.

Un gobierno como el de Sebastián Piñera, apoyado explícitamente por grandes empresarios, así como por grupos fundamentalistas y no pocos ex funcionarios, nostálgicos y simpatizantes de la dictadura, constituye un panorama más que complejo para las fuerzas democráticas y progresistas. La oposición política al proyecto derechista se va a verificar en, a lo menos, en tres grandes escenarios, a saber: parlamento, medios y movilización social.

El Parlamento será, sin duda, uno de los puntos neurálgicos de cualquier oposición posible. Si consideramos que la oposición no es un bloque uniforme sino una paleta variopinta, lo más previsible es que la estrategia derechista sea una “política de acuerdos”. Esto quiere decir que al gobierno de Piñera le interesa negociar con aquella oposición más proclive a sus ideas para alcanzar mayorías que aprueben su agenda legislativa y, como suele ocurrir, no faltarán personas y grupos dispuestos a prestar oídos a tales demandas.

Los medios de comunicación social serán el segundo lugar donde se escenificará la disputa gobierno-oposición. Si el Parlamento muestra fuerzas en relativo equilibrio, los medios más importantes a nivel televisivo, radial e impreso evidencian una hegemonía casi absoluta de los sectores de derecha.

Si pensamos que en la cultura actual son los medios los que construyen el imaginario social, el diagnóstico es más bien pesimista para las fuerzas progresistas. Es altamente posible que se acentúe la despolitización de masas plebeyizadas en el consumo.

Por último, platearse la movilización política de masas en una sociedad de consumidores como la descrita requiere de un esfuerzo titánico. Es verdad que hay sectores más conscientes de sus demandas, entre ellos, profesores, estudiantes, minorías étnicas, entre otros. Sin embargo, el Chile de hoy ha generado más bien consumidores y no ciudadanos, es decir, seres individualistas, exitistas y competitivos.

Las nuevas generaciones no buscan, precisamente, soluciones colectivas y solidarias.  El desafío que plantea un gobierno de derechas exige revisar muchos de los supuestos con los que se ha actuado en política las últimas décadas, caracterizado por una despolitización de masas en aras de enfriar la conflictividad social. Las tareas para la nueva oposición son variadas y complejas, lo que se resume en intentar la reconstrucción de un sueño democrático de avanzada para Chile en los inicios del siglo XXI.

* Doctor en semiología, Universidad de La Sorbona, Francia. Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados, Universidad ARCIS, Chile.
 

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