Oct 18 2006
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Cultura

SE PRESENTA EN CHILE LA HISTORIA DE LA GUERRILLA DE TEOPONTE

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

A la preparación del acto también se sumaron el Círculo, el Consejo Metropolitano del Colegio, el Departamento Memoria Histórica del Colegio y la Comisión Investigadora de Atentados a Periodistas (CIAP) de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP).

Catalán fue asesinado el 8 de junio por uno de sus propios compañeros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Cochabamba, cuando se disponía a partir al norte del país, para sumarse a la columna que entró en actividad el 19 de julio de ese mismo año.
En el oscuro episodio también murió la pareja de Catalán, Genny Koller Echalar, militante juvenil demócrata cristiana boliviana y estudiante de arquitectura, que se sumó al ELN, como numerosos otros jóvenes cristianos bolivianos y chilenos.

El autor del doble homicidio, Aníbal Crespo Ross, nunca fue sancionado por la justicia boliviana ni por su organización política. Actualmente publica libros de poesía en su país.

Rodríguez Ostria realizó una acuciosa investigación de “la otra guerrilla guevarista” de su país, con rigor científico y diversidad de fuentes, incluidos soldados y oficiales del Ejército y naturalmente los escasos sobrevivientes de la lucha armada, en una tarea que le tomó seis años de trabajo. Cuando conocí a Rodríguez Ostria, hace más de seis años, me explicó que abrigaba el propósito de rescatar este episodio para la memoria como historiador boliviano y efectuar así una contribución al conocimiento.

Al conocer una investigación de este redactor –que en 1997 apareció como un artículo de la revista chilena Punto Final– Rodríguez Ostria cuenta que tuvo la primera noticia de la importante presencia de chilenos en la fallida empresa guerrillera de Teoponte. Ese mismo texto apareció también como anexo de la edición chilena del libro de Hernán Uribe Operación Tía Victoria: El rescate del diario(Ernesto Carmona Editor,1997).

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En las 650 páginas del libro de Rodríguez Ostria (Grupo Editorial Kipus, Cochabamba, septiembre 2006), Elmo Catalán es un personaje más de la saga guerrillera que congregó a unos veinte jóvenes chilenos, marxistas y cristianos, más aquellos que llegaron desde Argentina, Perú, Brasil y otros países de la región. La expedición de Teoponte duró un poco más de dos meses. La guerrilla fue diezmada por el hambre, las delaciones campesinas y las naturales deserciones en una empresa aislada, sin ninguna perspectiva de éxito y sin discusión interna por la verticalidad del mando. Al fin de cuentas, era un “ejército” de liberación nacional, no una organización política de masas.

El ejército asesinó implacablemente a todos los rezagados por hambre y enfermedad y a los desertores, sin ganar ninguna gloria en esta guerra desigual. Más de mil efectivos apoyados por Estados Unidos con helicópteros, bombas napalm y aviones enfrentaron a 67 combatientes jóvenes e inexpertos.

A fines de octubre, un golpe de suerte salvó la vida de los últimos 9 sobrevivientes, entre ellos tres de siete chilenos que fueron parte de la columna que Elmo Catalán contribuyó a formar pero sin alcanzar a participar porque murió antes. El primer decreto de Salvador Allende, cuando asumió el 4 de noviembre de 1970, fue otorgar asilo político a los 9 sobrevivientes de Teoponte, entre ellos el jefe de la guerrilla, el médico Osvaldo Peredo, quien vive en Cochabamba.

Los salvó de morior el golpe del general progresista Juan José Torres, que ordenó respetar la vida de los guerrilleros, contrariando a la oficialidad reaccionaria que aplicaba la doctrina de no tomar prisioneros, sino enterrar cadáveres en lugares deficientemente registrados. Entre las víctimas bolivianas se encontraba Néstor Paz Zamora, joven cristiano cuyo hermano Jaime fue presidente de Bolivia. Cuando Paz Zamora fue jefe de Estado, se buscaron sus restos y finalmente fueron hallados.

Pero el Estado boliviano jamás buscó a los 14 extranjeros y numerosos indígenas bolivianos de origen campesino. Evo Morales designó recientemente a la ministra de Justicia, Casmira Rodríguez Romero, para cumplir esta tarea. Pero en el gobierno de La Paz hay otras prioridades. Allá se encuentra la joven chilena Martha Montiel bregando por que se busquen los restos de su padre, el ex oficial de Carabineros Tirso Montiel, que fue reclutado por Elmo Catalán y terminó sus días en Chocopani, Teoponte, el 29 de agosto de 1970.

De los 3 chilenos que salieron con vida, sólo sobrevive uno, Calixto Pacheco González, en el norte de Chile. Los otros murieron en Chile y Bolivia, bajo las dictaduras de Hugo Bánzer y Augusto Pinochet.

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El autor es también economista y cientista social. Como académico ha ejercido la docencia universitaria en su país y en el exterior. Es autor de numerosos trabajos sobre historia, educación superior y análisis políticos, aparte de libros como El Socavón y el Sindicato. Ensayos históricos sobre los trabajadores mineros. Siglos XIX-XX (1991), Poder central y proyecto regional: Cochabamba y Santa Cruz en los siglos XIX y XX (1992), Elites, mercado y cuestión regional en Bolivia (1994), Estado y municipio en Bolivia (1995), Historia del trópico cochabambino, 1768-1972 (1997), De la colonia a la globalización. Historia de la industria cochabambina. Siglos XVII-XX. (1998) y La construcción de Cochabamba, 1824-1952 (2003).

Fue Viceministro de Educación Superior, Ciencia y Tecnología de la República de Bolivia (2003-2005), durante la administración de Carlos Mesa, que antecedió a Evo Morales.

¿Quién fue Elmo Catalán? Su asesinato

Nacido en Arica en 1932, Elmo Catalán se distinguió como un excelente periodista de ideas socialistas y escritor. Se graduó en 1956, en el primer curso de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Chile con la tesis de grado La propaganda, instrumento de presión política, un alegato precoz contra los monopolios de la prensa publicado en Chile en 1970, después de su muerte.

En su dilatada trayectoria profesional trabajó en radios Minería y Balmaceda, la agencia Prensa Latina, el semanario Vistazo, el diario El Siglo y el vespertino Noticias de Última Hora, entre otros medios. Con el economista Mario Vera escribió El Fierro: despreciada viga maestra de Chile y La encrucijada del cobre. Se desempeñó como jefe de prensa de la segunda postulación presidencial de Salvador Allende en 1964.

Su popularidad como periodista comenzó cuando logró establecer una comunicación permanente para socorrer a los damnificados del terremoto-maremoto de Valdivia en 1960. En 1961, y trabajando en radio Minería, fue el primer periodista en llegar a los restos del avión en que pereció todo el equipo de fútbol Green Cross, en la alta cordillera de Linares.

Cuando se conoció en Chile la noticia de su muerte, el 16 de julio de 1970, hubo estupor entre sus colegas: muy pocos conocían sus actividades secretas. Probablemente, partió a Bolivia en julio de 1968. Sus restos permanecen sepultados en Cochabamba. La autopsia no halló balas, tampoco presentaba heridas de arma blanca. Quizás él y su pareja fueron envenenados. Ese día Crespo y su pareja estaban a cargo de la cocina. Catalán, su jefe, lo tenía sancionado.

Elmo tenía una personalidad fuerte, era un tenaz y riguroso consumidor de libros, siempre se mantenía actualizado y bien informado. Poseía buena estampa de deportista y gozaba de indudable éxito en la bancada femenina. Quizás por eso, la poco convincente razón que utiliza Osvaldo Peredo para explicar su asesinato a manos de un compañero es una intriga de celos; pero no fue ése el verdadero móvil del crimen. Catalán fue asesinado junto con su pareja y el asesino huyó inmediatamente de la escena del crimen con su propia mujer, que hasta el día de hoy sigue siendo su cónyuge en Bolivia.

En la casa de seguridad en que se cometió el doble asesinato había otro compañero, un militante masculino que cuando encontró los cuerpos inertes salió a buscar ayuda, pero ayuda política, no médica. La mujer de Crespo estaba embarazada, al igual que la pareja de Elmo, y quizás por esta situación el combatiente y futuro versificador había perdido el interés en la lucha armada. Nunca se supo que haya sido siquiera amonestado por la organización que dirigía Peredo.

Cuando murió Elmo Catalán, fue recordado con un acto en la sala de teatro del Círculo de Periodistas, a fines de junio de 1970 y en el mismo edificio en que se presentará el libro de Rodríguez Ostria.

Recuerdo que entonces habló Mario Planet, director de la Escuela de Periodismo, un notable periodista nacido en Chile de antecesores hispanos que vivió exiliado en Buenos Aires y falleció en Santiago en junio de 1980. Contó que cuando conoció a Elmo, éste irrumpió en su oficina con las manos en los bolsillos de un montgomery y visiblemente molesto. Cómo preámbulo de algún reclamo estudiantil, le espetó:

–“¡Yo soy Catalán”.

–“Yo también…”, le respondió Planet.

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* Periodista.

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