Mar 16 2009
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Política

¿Seguridad interna?: EEUU quiere militarizar la frontera con México

Sebastián Pellegrino*

La Casa Blanca contempla la posibilidad de militarizar la frontera con México. ¿Llegará el día en que hasta la Ciudad del Vaticano represente una amenaza para el acosado país del norte? Lo cierto es que los gobiernos, movimientos o agrupaciones de cualquier parte del mundo que “conspiran” contra la “seguridad interna de Estados Unidos” se multiplicaron exponencialmente en los últimos años. Casi no hay región planetaria que no atente contra los intereses de esa Nación, que sólo pide el respeto de políticas diseñadas a la medida de sus necesidades.
Estas palabras bien podrían pertenecer a muchos estadistas, estrategas y legisladores estadounidenses, aunque en esta oportunidad no sea así.

Quien no acepte que la respuesta de Washington a cualquier amenaza (si es real o no) consiste en desconocer la soberanía de los demás Estados para “proteger” la propia. Entonces debería rechazar los principios consagrados en la Carta de Naciones Unidas. Es más, debería rechazar la existencia misma de los Estados nacionales. Pero volvamos a los conspiradores.

El placer de engrosar la lista de “asuntos internos” lo tocó a México. ¿Pero cuál México? ¿Cuál es el peligro en potencia? ¿Un gobierno bastante fiel o el narcoterrorismo o el flujo de migrantes que acecha la eficacia del muro del siglo XXI?

Una vez más, y en honor al aventurero George W. Bush, no queda claro quién es el enemigo. Sí se sabe que en la frontera hay que actuar. El Gobierno de Barak Obama cuenta con planes de contingencia que no descartan el apoyo del Departamento de Defensa, ante una escalada de violencia que pueda filtrarse por el sur del país.

Además, la Casa Blanca se enfrenta a la presión de la opinión pública y de varios gobernadores del sur de Estados Unidos que reclaman el envío de tropas para apoyar los planes antinarcóticos.

Por supuesto que la creciente violencia entre bandas del narcotráfico en el norte de México, y la frágil estabilidad política y social de esa región, es real e indiscutible. El problema sería que se convierta en la justificación política para un eventual conflicto armado, con un lamentable telón de fondo: el negocio de renta óptima de los estupefacientes y, de paso, la tarea xenofóbica del tapón antilatino.

No hace falta mencionar la desesperada búsqueda de plataformas militares en todo el continente, y los planes todavía vigentes (hasta que se demuestre lo contrario) para la recuperación directa de la influencia estadounidense, recursos naturales incluidos. La militarización de la frontera con México en el marco del Plan Mérida, no es una buena noticia para los esperanzados con la retórica de Obama.

Cabe hacer mención a los problemas que plantea al Gobierno de Felipe Calderón, el tratamiento mediático y político proveniente de Estados Unidos, con respecto al alarmante nivel de asesinatos causados por el narcotráfico.

Recientemente, Calderón se quejó de la imagen que los medios construyen de México, y retrucó al país vecino con una pregunta que no debe haber pasado inadvertida: “¿Cómo se explica un mercado de drogas tan grande, el más grande del mundo, el de Estados Unidos, sin la corrupción de ciertas autoridades estadounidenses?”.

Las posibilidades para militarizar la frontera con México están en la mesa. La carátula de “asunto de seguridad interna” también. El tiempo dirá si, al igual que Bush y las armas de destrucción masiva de Irak, Obama tendrá que lamentar, algún día, haber actuado fuera de sus fronteras contra una amenaza aparente.

Y de ser así y no lamentarse, podremos confiar finalmente que el mundo entero es asunto de seguridad, propiedad y prosperidad de Estados Unidos. Todo eso, hasta que se demuestre lo contrario.

 

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