Dic 14 2009
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CulturaPolítica

Sin un movimiento social, Obama nunca logrará ser buen presidente, dice Cornel West, teólogo y rapero

David Brooks*
  “Soy un hombre de blues, un hombre de jazz en el mundo de las ideas”, afirma Cornel West, filósofo, activista, teólogo, rapero y una de las figuras más reconocidas en el mundo intelectual progresista de Estados Unidos.

“Mi vocación es socrática, en mis mejores días es profética y otros días sólo es tragicómica… Por eso soy un hombre de blues”, declara el profesor de filosofía de la Universidad de Princeton, y antes de ello, de Harvard, donde fue profesor de estudios africano-estadunidenses y de la escuela de teología (se fue a Princeton después de una disputa abierta con el entonces rector de Harvard, Lawrence Summers).

Nadie se acuerda de un suceso parecido en los salones diplomáticos de esta ciudad: uno de los más famosos intelectuales disidentes estadunidenses ofrece su torrencial crítica de Estados Unidos, su llamado a la “democracia profunda” y la opción por los de abajo ante un arco iris de invitados (diplomáticos, sindicalistas, legisladores y asesores políticos, activistas internacionales y más) en un foro en la residencia del embajador de Venezuela en Washington.

Democracia en evolución e imperio a la vez
“Debemos tener una crítica sostenida de Estados Unidos, el cual es a la vez una democracia en evolución y un imperio”. Añade que los estadunidenses “tenemos que estar en conversación con los lugares donde la gente pobre está transformando todo, como en Venezuela ”.
En pleno Washington, refiriéndose a todos los debates políticos sobre la crisis económica, la reforma de salud, los inmigrantes y más, pregunta “¿y cuándo hablará el sufrimiento?”, y agrega que el enfoque tiene que ser la gente trabajadora, los pobres tanto dentro como fuera de Estados Unidos.

“La justicia es lo que es el amor en público”, afirma. “La indiferencia al mal es más insidiosa que el mismo mal”, y comenta que en este país, desde los tiempos de Reagan, “la indiferencia se volvió un modo de vida” ante la cada vez más aguda desigualdad de la riqueza, la devastación de los trabajadores y el abandono de los pobres.
Señaló que los saldos de todo esto son: “un imperio en declive, una cultura en descomposición, y la corrupción de los grandes adinerados”. Fue lo que heredó Obama al llegar a la presidencia.

West contribuyó a la campaña de Obama –organizó y/o participó en más de 65 actos para el candidato– y recuerda que ese movimiento despertó gran esperanza. “Es uno de los pocos políticos que se inclinan por la verdad”, dijo. Pero advierte que “sólo la presión popular organizada sobre el gobierno de Obama logrará que se incline aún más”.
Recuerda que Abraham Lincoln era al principio “un político oportunista mediocre”, dispuesto a ceder lo que fuera, incluso continuar la esclavitud, para mantener la unión del país (ante la amenaza de una guerra civil). Lo que lo convirtió en un gran estadista fue la presión del movimiento social. Recordó que lo mismo ocurrió en el caso de Franklin Roosevelt, entre otros. Por ello, insistió, la clave es la voz de los de abajo. “Obama nunca logrará ser un buen presidente sin un movimiento social”, concluyó.

“¿Quienes son las voces detrás de Obama? ¿Por qué está tan hipnotizado por Wall Street y sus economistas? Tenemos un premio Nobel de la Paz y un presidente de guerra, es una identidad esquizofrénica”, algo que tiene que ver con ser presidente en el “imperio estadunidense”. Al señalar que el presidente del Comité Nobel afirmó que Obama es la culminación del “sueño de (Martin Luther) King”, reviró: “ése no era su sueño: a él no le importaba quién rompía los techos de cristal (para llegar a los puestos más altos), sino quién vive en el sótano de la casa”.

Reprocha a Obama y a sus antecesores esa idea de Estados Unidos como el país de la esperanza, el “faro” para el mundo; ese “excepcionalismo estadunidense es mentira: morirá”, dijo. “Otros pueblos tienen historias tremendas, la nuestra no es mejor”, afirmó, y citó ejemplos como el del presidente brasileño Luiz Inacio Lula da Silva y el ex mandatario sudafricano Nelson Mandela, histórico luchador contra el apartheid, entre otros.

Señaló: “no creo en el optimismo ni en el pesimismo. Soy prisionero de la esperanza”. Subrayó que lo importante siempre es “continuar moviéndose, mantener el flujo de la música en la verdad”. Y afirmó: “aquí (en Estados Unidos) necesitamos un renacimiento democrático”.

Escuchar a West es escuchar a un artista de la palabra, con raíces en la larga tradición de resistencia de las iglesias africano-estadunidenses (de donde surgió el reverendo King); es oír el sufrimiento y su antídoto a la vez, lo cual, dice, es la esencia del blues, “la catástrofe expresada líricamente”. Pero también es un jazz intelectual y hasta religioso.

Fue West quien afirmó hace un par de décadas que el “socialismo del futuro tiene que ser como el jazz”, y explicó: para tocarlo uno tiene que dominar los fundamentos de la música, ser maestro, para después poder improvisar.
Su rap filosófico invita: “Nunca una línea del partido, ni tampoco me someto a un power point”.Uno nunca debería “ser eco, sino ser voz, nunca una copia, siempre un original; tenemos que insistir en que tenemos nuestras propias voces”.

Tal vez sea el único filósofo rapero. Recientemente colaboró con el gran trompetista de jazz Terry Blanchard en la ruta sonora del documental sobre Nueva Orleáns del director Spike Lee. “El arte y la música no son ornamento; constituyen lo que somos”, dijo.

Su plática, sin apuntes ni guión, está enriquecida con citas de William James, Dostoyevski, Marx y la Biblia, y a la vez cita versos de blues como “nadie me quiere excepto mi mamá, y también ella podría estar fingiendo”. O el verso de la canción de jazz Strange Fruit (Fruta Extraña): “fruta extraña colgada de un árbol”, que se refiere a la larga historia de linchamientos de afroestadunidenses, como ilustración del “imperio del terrorismo estadunidense” dentro del país.

“Uno tiene que mantenerse leal a lo que significa ser humano, e inspirar esperanza”, declaró. “Por eso fui a Venezuela , para ver el colapso del orden neoliberal.” West viajó a Venezuela en 2006 junto con el legendario Harry Belafonte, y cuenta que sostuvo un diálogo de nueve horas con el presidente Hugo Chávez, donde “él me jaloneaba, y yo lo jaloneaba a mi vez”.

Declaró que “Hugo Chávez tiene estatura significativa por enfrentarse al imperio de Estados Unidos” y por formar parte de “la ola colectiva contra el neoliberalismo”.
Aquí, ante su anfitrión, elogió a su “hermano Bernardo Álvarez (embajador de Venezuela en Washington ), por su compromiso con los pobres no sólo en el tercer mundo, sino en ciudades y comunidades de color aquí en Estados Unidos”.

West dice que por sus críticas a Estados Unidos a veces es acusado de ser “antiestadunidense”, pero responde “¿cómo puedo ser antiestadunidense si amo a Louis Armstrong, a Aretha Franklin, a George Gershwin y Frank Sinatra? Lo único que no puedo aguantar es la injusticia en Estados Unidos”.

El evento empezó con un conjunto de hip hop llamado Cornel West Theory (con el cual West ha grabado). Comentan después que una de sus inspiraciones son los zapatistas; uno de sus integrantes se puso un pasamontañas para su rap y en su cedé una de las canciones se llama La venganza de Durito.

West es autor de 13 libros, incluido su clásico moderno Race Matters, que ha vendido más de medio millón de ejemplares, y Democracy Matters, entre otros. También grabó un cedé, ha sido actor (aparece en dos de las tres películas The Matrix), y es frecuente participante como comentarista en los medios.

*Corresponsal de La Jornada de México en EEUU
 

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