Oct 1 2009
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Política

Tariq Alí / Pakistán: en la frontera noroeste

Junio nunca es un buen mes en las llanuras. Se llegó a 46 grados centígrados en la fortaleza de Islamabad hace dos semanas. Los centenares de guardias de seguridad de la dotación del control de carreteras y de barreras languidecían con el sudor bajando a chorros por sus caras mientras hacían señas a coches y motos para que siguieran adelante. La brisa nocturna no trajo el alivio. También fue desagradablemente cálida y era difícil no simpatizar con aquéllos que, desafiando la ley, se bañaban en el lago Rawal, el embalse mayor de la ciudad, en un intento de refrescarse.

Más al sur de Lahore aún hacía más calor, y hubo manifestaciones cuando el generador en Mangla que esporádicamente abastece a la ciudad con electricidad se colapsó completamente.

Por lo que respecta a la temperatura política nunca hay un buen mes en Pakistán. Se trata de un país cuyo destino ya no está en sus propias manos. Nunca he conocido circunstancias tan malas. Los problemas principales son los Estados Unidos y sus pretensiones, los extremistas religiosos, el alto mando militar y la corrupción, no solamente por parte del presidente Zardari y sus principales rivales, sino la que se extiende más allá de éstos.

Esa es ahora la Guerra de Obama. Militó para enviar más tropas a Afganistán y extender la guerra, de ser preciso, dentro de Pakistán. Estas promesas se están ahora viendo cumplidas. El día en que (Obama) proclamó su tristeza por la muerte de una joven mujer iraní caída en la represión de Teherán, aviones teledirigidos de EEUU mataron a 60 personas en Pakistán.

La matanza incluyó mujeres y niños, a los que incluso la BBC tuvo dificultades para describirlos como “militantes”. Sus nombres no significan nada para el mundo, sus imágenes no fueron vistas en las emisoras de televisión. Murieron por una “causa noble”.

Más de dos millones de refugiados (“personas desplazadas internamente”, IDP –por sus siglas en inglés– en la jerga de las ONGs) han sido dirigidos fuera del área de la provincia fronteriza con Afganistán del noroeste por el ejército, y del valle de Swat tanto por las brutalidades de los Tehrik-i-Taliban (el “movimiento de estudiantes”, la principal organización de los talibanes en Pakistán. TTP, por sus siglas en inglés. NdT) como por las correspondientes respuestas militares.

Las ONG, sabiendo que aquí es donde el dinero de occidente se dirige, pululan alrededor de los campos de refugiados como moscas. Aquí también la corrupción hace estragos, a pesar de la presencia de muchos voluntarios entregados. Una voluntaria me contó que la única presencia organizada y no corrupta era la del ejército, lo cual, de ser verdad, debe ser por primera vez en toda la historia.

La misma voluntaria, que trabajó en un campo cerca de Mardan, me mostró orgullosamente fotografías de ella misma en el helicóptero del general Nadeem Ahmed –el que dirige las operaciones de ayuda a las IDP– mientras me informaba de que la aplastante mayoría de los refugiados culpa a los EEUU y al ejército de su situación, y no a las diversas variantes de “terroristas”.

Escuchándola, me preguntaba si la idea de Samuel Huntington de desplazar a los campesinos hacia “poblados estratégicos” en el sur de Vietnam había representado el modelo para sus operaciones: sacar a la gente de las zonas de guerra de manera que el enemigo no tenga a quien reclutar. No es un secreto aquí que EEUU está pagando al ejército para construir nuevos acuartelamientos en estas zonas limpiadas de la frontera pakistano-afgana. Eso no funcionará, pero suena bien y es bueno para el cash flow del ejército.

Algunos en Pakistán creen seriamente que unos pocos cientos de cabezas de TTP en la canasta resolverán sus problemas y dan apoyo al ejército mientras se distancian del uso que hace EEUU de los aviones teledirigidos, pero ambos van en el mismo paquete. Otros miran con admiración la crueldad con la que el ejército de Sri Lanka erradicó a los Tigres tamiles, independientemente de los daños colaterales.

En mayo de este año, Graham Fuller, un antiguo jefe de la CIA en Kabul, publicó una evaluación sobre la crisis en la región en el Huffington Post. Ignorado por la Casa Blanca, puesto que desafiaba muchos de los supuestos en los que se basaba la escalada de la guerra, Fuller habló con muchos agentes secretos de su propio país así como de Europa.

No es frecuente que yo esté de acuerdo con un recientemente jubilado hombre de la CIA, pero no solamente Fuller dijo que Obama “seguía por la misma vía de fracaso en Pakistán iniciada por George Bush” y que la fuerza militar no ganaría, sino también explicó a sus lectores del Huffington Post que los talibanes eran todos de etnia pastún, que los pastunes “se encuentran entre los más ferozmente nacionalistas, tribales y xenófobos pueblos del mundo, unidos sólo contra el invasor extranjero” y “al fin, probablemente los pastunes son más pastunes que islamistas”.

“Es una fantasía”, dijo, “pensar en precintar jamás la frontera paquistano-afgana”. Y no imagino que sea el único jubilado de la CIA que se refiera a los días cuando Camboya fue invadida “para salvar Vietnam”.

Dejé Islamabad el 1º de julio, un día antes de la fiesta del día de la independencia celebrada por la embajadora de EEUU Anne Patterson. Probablemente el evento más celosamente guardado en el calendario social global, el equivalente moderno de las fiestas en los jardines del Virrey en el antiguo Nueva Delhi. Los líderes de la elite política, militar y económica se codeaban entre sí y con los periodistas favoritos para captar la atención del embajador. Los observadores tienen en cuenta que Patterson había dedicado más tiempo hablando con X de Beluchistán que a Y de Peshawar.

¿Quizás ello deba descifrarse como que la primera línea va a ser transferida a Beluchistán? Los huéspedes menos importantes otean sobre las cabezas y las espaldas para ver quién está presente para así poder calibrar el orden jerárquico de adulación.

Patterson puede ser de una franqueza que desarma. A principios de este año, ofreció una evaluación intermedia a un visitante jefe de la euro-inteligencia. Aunque Musharraf había sido poco fiable, diciendo una cosa en Wáshington y haciendo lo contrario de vuelta a casa, Zardari era perfecto: “Hace todo lo que pedimos”. Lo que es preocupante aquí no es el candor de Patterson, sino su falta total de juicio. Zardari puede ser un lacayo de Wáshington, pero el odio intenso contra él en Pakistán no se limita a sus oponentes políticos.

Es despreciado principalmente a causa de su venalidad. Lo que hizo es continuar con lo que había hecho como ministro de inversión en el segundo gobierno de su esposa. A las pocas semanas de ocupar la Casa del presidente, sus adláteres estaban llamando a los mayores empresarios del país pidiendo una parte de sus beneficios.

Tomemos el caso del señor X, propietario de uno de los mayores bancos del país. Tuvo una llamada. Aparentemente el presidente quería saber porqué su banco había despedido a un miembro del PPP [Pakistan Peoples Party] poco después de la caída de Benazir Bhutto a finales de los 90. X dijo que lo investigaría y que se lo haría saber. Resultó que el trabajador despedido había sido hallado literalmente con las manos en la masa.

El presidente fue informado. La explicación fue rechazada. Se le dijo al banquero que el empleado había sido víctima por motivos políticos. El hombre tuvo que ser readmitido y su salario de los últimos 18 años pagado completamente con los intereses debidos. El PPP tuvo también que ser indemnizado y se esperaba un cheque (la suma se especificaba) pronto. Allá donde el presidente va, sus criados le siguen.

Muchos miembros del gabinete y sus progenies están atareados ordeñando a hombres de negocios y compañías extranjeras. “Si ellos pueden hacerlo nosotros también”, tal como se opina ampliamente en Karachi, la ciudad más grande del país. Atracos, robos, asesinatos, muchos de los cuales forman parte del chantaje organizado por los políticos que ofrecen su protección a cambio, han hecho de Karachi el Nápoles del Este.
También es un sentimiento ampliamente compartido que los métodos y maniobras usados para colocar a Zardari en la presidencia después del asesinato de Benazir fueron inmorales.

Un documental del canal privado GEO TV mostrado en el primer aniversario de su muerte en la mansión privada de un alto ejecutivo de televisión planteaba muchos importantes interrogantes acerca de su seguridad y se preguntaba por qué el hombre responsable de su seguridad desapareció en su coche de la escena cuando detuvieron al de Bhutto. Cuando le alcanzaron a ella, él no fue visto en parte alguna.

Este hombre, Rehman Malik, un viejo amigote de Zardari y uno de los contactos principales de la familia con las agencias de inteligencia occidentales cuando estaba en el exilio, es actualmente el ministro de interior. Durante varios meses, delirantes y no fundamentados rumores que han barrido el país vinculan a Zardari con la muerte de su esposa.

Una conocida mía que una vez fue muy próxima a Benazir está convencida de que hay algo de cierto en ellos y está irritada por mi escepticismo. Me aportó una versión que, de ser cierta, podría requerir que Asifa Zardari, la hija más joven de la pareja, prestara testimonio en el tribunal contra su padre. La misma historia me ha sido repetida por muchos otros, ninguno de ellos paranoico o dado a delirios conspiratorios. Extraños sucesos han ocurrido en el país, pero sigo sin estar convencido. Lo que es interesante no es que estos cuentos circulen, sino la cantidad de gente que cree en ellos, cosa que indica la forma en que el viudo es visto en general.

Estos rumores salieron a la luz a finales de junio, cuando el jefe del clan Bhutto, Mumtaz Ali Bhutto, presidente del Frente Nacional del Sind, acusó públicamente en una conferencia de prensa a Zardari, argumentando que “el asesino de Murtaza Bhutto había también asesinado a Benazir… ahora yo soy su objetivo. Una gran cantidad ha sido pagada a mercenarios para matarme.” (Zardari es considerado por lo general como el que dio la orden de matar a su cuñado Murtaza. Shoaib Suddle, el jefe de policía de Karachi, que organizó la operación que llevó a la muerte a Murtaza Bhutto, ha sido ascendido y es el jefe de la oficina de inteligencia).

Mumtaz Bhutto pidió una investigación sobre el asesinato de Benazir y por los intentos desdeñosos de Wáshington y sus sátrapas locales para culpar del crimen al líder del TTP, Baitullah Mahsud. Bhutto predijo que Zardari y sus compinches serían pronto acusados de corrupción o forzados a abandonar el país, pero esto es una ilusión, y presupone un gran acuerdo, que incluye un cambio en las políticas de EEUU.

Mashud y sus seguidores son especialistas en cortar cabezas, azotar mujeres y secuestrar personas. Vídeos truculentos de informadores con los cuellos cortados están circulando por la TTP como elemento de disuasión. Sin embargo, solamente unos pocos meses atrás, Mahsud podía ser visto en fiestas de boda y conferencias de prensa.

Hoy en día tiene la distinción de ser el primer paquistaní cuya cabeza tiene precio. Los EEUU anunciaron una recompensa de 5 millones de dólares, a los cuales el gobierno del Pakistán añadió unos miserables 600.000 por su captura vivo o muerto. También se ofrece dinero por la cabeza por los mandos subalternos de Mahsud: 182.000 dólares por Faqir Mohammed en Bajaur y 122.000 por cada uno de otros tres, mucho menos de lo que la liga india de cricket ofrece a los jugadores paquistaníes.

Mientras daba la bienvenida al equipo de cricket de Pakistán después de su triunfo en el campeonato de la modalidad Twenty20 [una variante de cricket creada en el año 2003. NdT] de este verano, el primer ministro aparente del país, Yousaf Gilani, insistió que debemos seguir el ejemplo de nuestro equipo de cricket y vencer a los terroristas.

Los refugiados del Valle de Swat, donde la TTP ha cometido atrocidades en serie, cuentan historias diferentes de los pastunes desplazados por los aviones teledirigidos de los EEUU, por las bombas lanzadas y las incursiones del ejército paquistaní en el sur de Waziristan, cerca de la frontera afgana. Dicen que fueron abandonados durante años por el gobierno y dejados a merced de los fanáticos armados. Es verdad. Y si nos preguntamos por qué el Estado paquistaní toleró grupos armados que abiertamente desafiaban su monopolio de la violencia, la respuesta es sencilla. Estos grupos eran vistos en Islamabad como auxiliares en la cercana batalla por Afganistán.

La decisión de aplastar al líder de TTP fue tomada bajo presión de los EEUU, que es por lo que Mashud y su ayudante en Swat, Maulana Fazlollah, consideraron el asalto a sus posiciones como una traición.

El reino del terror de Fazlollah suscitó el antagonismo de muchos paquistaníes, entre los que cabe incluir a los que son hostiles a la presencia de EEUU en la región. El azotamiento público de una mujer de Swat, grabado en vídeo y posteriormente mostrado por televisión, generó un auténtico enojo. Por una vez la TTP fue puesta a la defensiva y públicamente se desvinculó del azotamiento.

Aprovechando esta muestra de debilidad el gobierno llevó a uno de los máximos eruditos religiosos del país, el doctor Sarfraz Naeemi Al-Azhari, ante las cámaras para que declarase a la TTP como a una organización “anti-islámica”, ya que la tradición del Islam prohíbe el suicidio y, por extensión, el atentado suicida que, por esta razón, a menudo es conocido por “operación de martirio”.

El 12 de junio, la TTP envió un suicida con bombas para hacerse cargo de Al-Azhari. Ambos fueron “martirizados”.
Anteriormente, el gobierno había sobornado, camelado y acosado a uno de los lugartenientes de Mahsud, Qari Zainuddin, para que rompiese con su jefe y lo denunciase públicamente. Qari hizo lo que se le pedía, aunque la denuncia fue característicamente estrambótica. Acusó a Mahsud de ser un triple agente y denunció que estaba al servicio de la India, EEUU e Israel, así como de otros enemigos de Pakistán.

Por eso, dijo Zainuddin, fue dirigido al ejército y a sus servicios de seguridad. Algunos hasta se creyeron esta estupidez, cosa que irritó a Mahsud. El 23 de junio, mataron a tiros a uno de los guardaespaldas de Qari Zainuddin. Habrá más de lo mismo con certeza en los próximos meses.

Mientras tanto los padres de Mahsud han sido detenidos por la policía y están en “custodia protectora”, en otras palabras: usados como rehenes. El mismo día de la noticia fue anunciado que Owais Ghani, el atribulado gobernador de la provincia fronteriza del noroeste, alertó en televisión que si los líderes de la OTAN-EEUU no desarrollan una estrategia exitosa pronto, la represión indiscriminada de los pastunes en ambos lados de la Línea Durand dará lugar a levantamientos contra las tropas extranjeras.

En otras palabras, Mahsud no era el único problema. Al día siguiente los jefes de la fuerza aérea paquistaní desfilaron por televisión con la empresa del gobierno chino (“nuestros amigos para siempre”) que está construyendo la aeronave JF-17 Thunder en el complejo aeronáutico paquistaní. ¿Puede que algunos de estos aparatos estén listos a tiempo para localizar a Mashud, algo que la vigilancia y las misiones de reconocimiento de EEUU no han conseguido hasta ahora hacer?

La TTP es producto de las recientes guerras afganas, de los rusos, de los indígenas y de los estadounidenses, y su pensamiento una combinación de ponzoñoso patriarcado tribal tradicional y prescripciones Wahhabi. Han sido severamente criticados por los grupos afganos que combaten contra la OTAN por no participar en esta lucha. Capturar y asesinar a sus líderes puede hacer sentirse mejor a la gente, pero poca cosa solucionará. La mayor parte de los seguidores de la TTP desaparecerán y se agruparán para luchar más adelante. Los intentos de matarlos provocarán aún más víctimas civiles.

Muchos de los partidarios de Mahsud están ahora abandonando Swat y asociándose con otros grupos pastún en Waziristan para luchar contra el ejército paquistaní. Hay informes de que una nueva organización que unifica los grupos mujahedin anteriormente enfrentados ha sido creada. Gul Bahadur, considerado un jefe pastún progubernamental porque firmó una tregua en febrero de 2008, ha renunciado al acuerdo y se ha unido a la oposición.

Este nuevo grupo se atribuyó la responsabilidad de la emboscada a un convoy militar el 28 de junio que provocó la muerte de 15 soldados, en respuesta a los ataques aéreos sobre algunos poblados la semana anterior en los que murieron civiles cuyos nombres no han sido hechos públicos.

Cuanto más dure la guerra, mayor será la posibilidad de serias grietas dentro del ejército. No entre el alto mando sino entre comandantes y capitanes, así como entre los soldados que éstos últimos comandan, que están lejos de ser felices con las tareas que les han sido asignadas.

Hay teólogos que han sido encontrados para proclamar que un soldado asesinado en lucha con la TTP es un mártir e irá al cielo, pero los mártires potenciales saben que la mayoría de mullahs cree que irán al infierno. Algunos piensan, sin duda, que ya han llegado al infierno.
 

Tariq Alí es periodista y escritor.
Integra el Consejo Editorial de http://www.sinpermiso.info –donde se publico este artículo traducido al castellano por Daniel Raventós.

Del mismo autor puede leerse en este portal Afganistán: operación desastre duradero.

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