May 28 2005
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Cultura

Telesur en el aire: voz e imagen de América del Sur

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Televisora del Sur es una empresa multiestatal integrada por capitales fiscales de la Argentina (20%), Cuba (19%), Uruguay (10%) y Venezuela (51%), país donde están instalads sus estudios y dirección. La prueba de emisión consistió en 10 minutos de avances sobre lo que serán sus programas, y llegó al público a través de los canales Vive TV y Venezolana de Televisión.

La señal fue colocada por el ministerio venezolano de Comunicación –informó ALTERCOM– en el satélite NSS –New Ski Satellite 806– lo que permite cubrir por ahora América, Europa Occidental y norte de África.

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El periodista uruguayo Aram Aharonian, director de Telesur, mantiene para el 24 de julio, en coincidencia con el natalicio de Simón Bolívar, el comienzo de las transmisiones regulares del nuevo medio de comunicación. Éstas cubrirán las 24 horas del día; el 40 por ciento de su programación será informativa.

Por ahora se cuenta con corresponsalías en Caracas, Bogotá, La Paz y Brasilia. Están en proceso de estructuración las de Buenos Aires y La Habana. Para diciembre se proyecta abrirlas en México y Wáshington. Posteriormente se cubrirá el resto de los países latinoamericanos y del Caribe.

ESQUEMA DE PROGRAMACIÓN

Telesur abrirá cada mañana con una revista informativa latinoamericana y los más importantes sucesos del Caribe; la instancia informativa cerrará con diversos análisis de la información emitida. Posteriormente habrá, a lo largo del día, micros informativos.

Entre otros programas, se encuentran en distintas fases de producción:

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Memorias del fuego. Revisión de los procesos histórico-sociales que han contribuido a la conformación de la identidad del latinoamericano.
El nombre del programa se ha tomado de la obra del escritor uruguayo Eduardo Galeano.

Subte. La experiencia de (sobre)vivir en las metrópoli latinoamericanas. Crónicas de lo cotidiano. Cultura urbana.
El “subte” –tren subterráneo, metro–, inaugurado en 1913, es sin duda uno de los símbolos de Buenos Aires.

Trabajo y tierra. Tradición y modernidad aplicadas al trabajo agropecuario. Las labores de la tierra y sus protagonistas.
No existe en la programación de las televisoras suramericanas un espacio dedicado al pequeño campesinado, al trabajador agrario, a las cooperativas emergentes.

Maestra vida. Rostros y caracteres de los habitantes de este continente. Perfiles de personajes y personalidades latinoamericanos.
Eso era la Maestra vida de Rubén Blades: rostros, caracteres, luchas, derrotas y victorias…

Sones y pasiones. Música popular latinoamericana: del tango al bolero, del son al vallenato, de la bossa nova al danzón, del joropo al merengue. Es uno de los programas sobre la música del continente; habrá otro, más en la onda actual, Voces en la cabeza.

El cine tendrá importancia en la programación de telesur. Memorias en desarrollo –inversión del título de la gran película de Tomás Gutiérrez Alea Memorias del subdesarrollo, será el espacio para difundir –o volver a ver– las grandes obras de nuestros realizadores e intérpretes; de Cantinflas a Miguel Littin, de María Félix a Jorge Sanjinés, de Libertad Lamarque a Arturo Ripstein, sin olvidar al Indio Fernández, Patricio Guzmán, Pino Solanas, Glauber Rocha y los demás.

Otra sección difundirá el cine contemporáneo y las producciones que se realizan fuera del “sistema” de Hollywood.

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El documental tendrá también cabida con espacio propio. Además se difundirá la vida de los rincones menos conocidos del subcontinente, sus reservas ambientales, los lugares que deben conocerse, las culturas específicas de cada región.

En el portal de TeleSUR (www.telesurtv.net) puede encontrarse información pormenorizada sobre su programación.

LA PROMESA BÁSICA

El ministro de Comunicaciones de la República Bolivariana de Venezuela, Andrés Izarra manifestó que Telesur estará abierta a las expresiones democráticas del hacer y del pensar continental, recordando que en su país –pese a la gigantesca campaña montada desde el extranjero que dice lo contrario– no hay un solo medio de información cerrrado, ni un solo periodista preso o procesado en razón del ejercicio de su profesión.

La primera promesa de la dirección de Telesur es contribuir para dar a conocer el trabajo de los productores independientes, informar y dar a conocer los protagonistas de la vida real, aquellos silenciados por la orientación de la política comunicacional de los medios trasnacionales.

La apuesta es convertir a la estación en la imagen noticiosa del subcontinente. “Desarrollar un nuevo paradigma comunicacional para Latinoamérica. Uno que promueva el derecho a la información y asuma la veracidad como principio. (…) Una señal de vocación social, que se constituya a un tiempo en memoria histórica y expresión cultural; un canal de encuentro y debate de ideas, compuesto por una programación tan diversa y plural como diversa y plural es la población latinoamericana”.

… “Puesto que no existe en la actualidad un medio con disposición y recursos para tender puentes entre los pueblos y naciones latinoamericanos” y que la integración es un compromiso histórico –dice la propuesta de TeleSUR– “Seremos la alternativa audiovisual que coadyude al fomento de la identidad latinoamericana, mediante una programación comprometida con la integración, con la promoción de la democracia participativa, el desarrollo humano, la solidaridad entre los pueblos, la conformación de un mundo pluripolar, la paz, la verdad y la justicia social (…) 24 horas diarias de programación hecha en Latinoamérica, por latinoamericanos”.

LAS DIFICULTADES

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Con su habitual perspicacia las agencias internacionales de información se apresuraron en minimizar la iniciativa al señalar –como BBC Mundo– que “TeleSUR es un canal de televisión que busca competir con cadenas latinas transmitidas desde EE.UU., como CNN en español”.

Más brutal resultó la ignorancia del senador estadounidense Richard Luggard:TeleSUR es “una cadena regional dirigida a difundir la propaganda autoritaria del presidente Chávez”. Temor generalizado entre los probadamente democráticos dueños de medios venezolanos y sus epígonos. En la misma sintonía el ex director de la Oficina Central de Información, Fernando Egaña, advirtió que la iniciativa no resultará sino “un canal de propaganda, ideologización y de sectarismo político”.

Desde luego “salir al aire” con tanta “buena onda” crea de por sí una dificultad para darse a conocer, y plantea la posibilidad de que se destinen esfuerzos a responder cada ataque, lo que sí obligaría a Telesur a girar en torno del eje trampa que ya se le propone.

Pese a que no se descarta la futura la participación de Brasil en Telesur, las probabilidades de que así suceda, al menos en el breve plazo, son escasas; el gobierno brasileño al parecer ha decidido lanzar su propio canal: TV Brasil. Razones lingüísticas –legítimas–, entre otras referidas al proyecto de Brasil para su inserción entre los grandes que del mundo son avalan, sin duda razonablemente, tal determinación. Que no deja de parecer un error.

La integración económica, cultural y política de América Latina, y muy especialmente de América del Sur, es inviable sin Brasil. Y el despegue de Brasil al margen de América del Sur probablemente no pase de un experimento político voluntarista heredero de una concepción del mundo periclitada.

Cierto es, por otra parte, que en general los gobiernos del área no prestan –o no han prestado– debida atención a la real integración del subcontinente. Lo prueba, por ejemplo, la enseñanza básica de historia, que se deyiene en los detalles, sin mostrar el mosaico completo; se favorece e impulsa el aprendizaje del inglés como segundo idioma, no del portugués –y ni hablar de las lenguas autóctonas–.

Tampoco los Estados consideran estimular el adecuado intercambio de expresiones culturales: artesanías, literatura, artes plásticas, teatro, canto popular, gastronomía, en fin, viajan entre los países como resultado de encuentros, exposiciones, coloquios, ferias, etc…, actividades realizadas por lo general dentro de mayores o menores formalidades que, en definitiva, no alcanzan a veces ni a llamar la atención de las poblaciones –ni menos a los sectores populares, sumergidos en las periferias–.

Telesur puede ser una herramienta que apresure la concreción de la voluntad integracionista que manifiestan extensos sectores latinoamericanos. La condición requerida es, desde luego, que se tenga acceso a sus transmisiones. Y el cómo, por el momento, no está claro.

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