Nov 1 2010
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Opinión

Teódulo López Meléndez / Venezuela: retrato con Chávez y la Mesa de Unidad

el informe titulado “Nuestra democracia”, en buena medida continuación de una tarea iniciada con Informe sobre La Democracia en América Latina, publicado en 2004.

Al celebrar la estabilidad de los gobiernos electos y resaltar la ausencia de golpes de Estado exitosos, ambos organismos internacionales se internan en un diagnóstico de la salud de la democracia en nuestro continente y encuentran serias enfermedades, unas que no son ajenas para nada a quienes hemos dedicado los últimos años a conceptualizar sobre estos temas y a un esfuerzo sostenido por delinear lo que hemos denominado una democracia del siglo XXI.

Como todo informe proveniente de un organismo internacional este se mantiene dentro de ciertos parámetros de “lo políticamente correcto” o lo que un político amigo denominaba eufemísticamente “no pisar callos”. No obstante se establecen en este documento grandes verdades y visiones que no son difíciles de compartir.

El informe encuentra varios desafíos a la democracia latinoamericana: la crisis de la representación, señalada por nosotros hasta el cansancio, para lo cual recomiendan nuevas formas de participación política: la necesidad de fortalecer la organización republicana del Estado (independencia de poderes, su control mutuo, las instancias de rendición de cuentas, el poder político real del Estado constantemente mediatizado por los llamados poderes fácticos, la modernización de la organización del Estado y su dotación con recursos humanos eficientes. 

Para el informe, conseguir el objetivo implica políticas eficaces en la fiscalidad, sobre la exclusión social y la seguridad pública. Sin ambages se señala que estas desigualdades extremas pueden dar al traste con la democracia en la región, desigualdades que califica de asimetrías de poder.

Si por el momento el documento es farragoso, al menos se repiten conceptos ya incluidos en la Carta Democrática, como la legitimidad de ejercicio, esto es, no basta para calificar a un régimen como democrático el hecho de haber sido electo en elecciones transparentes. Pone el dedo en la llaga al analizar el poder y preguntarse si se encuentra en las instancias designadas, en la ciudadanía o en los llamado poderes fácticos.

Abunda el documento sobre las mujeres, las minorías, las relaciones entre ejecutivo y legislativo y los procesos de reforma constitucional, el acceso a la justicia y a los servicios de salud, educación y protección social.

El tema de la crisis de la representación —tratado por nosotros en varios libros— es mostrado, en primer lugar, como una debilidad de las opciones electorales. Lo hemos dicho repetidas veces: se ofrece cualquier cosa, no se presenta un proyecto de país y hasta los llamados programas de gobierno han pasado a considerarse innecesarios. Se aborda el financiamiento electoral, la vacuidad de las campañas, los ventajismos y prácticas corruptas. Y sobre todo se quejan PNUD-OEA de la falta de políticas productoras de integración social, como se indica que la inseguridad se está convirtiendo en un problema de estabilidad democrática en la región.

Chávez elogió este documento alentado por algunas estadísticas que lo acompañan, pero evidentemente cuando lo hizo no lo había leído porque en él están todas las advertencias contra un cesarismo en irrupción. La democracia —se señala— es un método de la organización del poder para que los ciudadanos progresen en la realización efectiva de sus derechos. Las exclusiones o siembra de divisiones rompen la ampliación creciente de ciudadanía. Si el cesarismo reemplaza al presidencialismo se rompen las instituciones republicanas.

Un planteamiento interesante lo constituye el señalamiento de redistribución del poder como tarea primordial de la democracia, Un planteamiento clave lo es el de ciudadanía: hacer pasar al sujeto de elector a ciudadano que tiene deberes y derechos expandidos en todos los campos y, así, se diferencia una democracia de electores de una democracia de ciudadanos. Y define: la democracia es una forma de organización del poder en la sociedad con el objetivo de ampliar la ciudadanía, evitar o limitar la dominación de individuos o grupos que impidan este objetivo y lograr la perdurabilidad de la organización democrática.

No faltan referencias en lo económico: llama a pasar de una economía encerrada en los dogmatismos a una con diversidad de opciones. Lo llama elegantemente llenar de política a la sociedad y de sociedad a la política. Y lo vuelve a advertir: una democracia que es deficitaria en la creación de ciudadanía no es sostenible. Agrega una definición muy interesante de sociedad del bienestar, pues para el informe lo es cuando la mayoría de los habitantes goza de derechos ciudadanos y donde su ejercicio no está confinado a una minoría.

Otro uso adecuado que encontramos es la de palabra “finalidad”, al señalarse que sin finalidad social la democracia se derrumbará y al subrayar que no es materia de la democracia la formulación de una política económica específica, pero sí los efectos de esa política económica en términos de creación de ciudadanía, afirmaciones harto interesantes pues, por una parte se rompe con la tesis de que democracia y neoliberalismo no pueden existir la una sin el otro y además –sin mención específica- queda de manifiesto una de las enfermedades que nosotros hemos señalado hasta el cansancio: la subordinación de la política a la economía.

El llamado de atención es insistente: no basta con señalar que se quiere cambiar al gobierno de turno, es menester entender la política en democracia como un decir hacia dónde ir, a proponer objetivos y medios para alcanzarlos. En la organización republicana de América latina, por lo demás, uno de los traumas es el avance del Ejecutivo, sobre el Legislativo y sobre el Judicial. Bien lo sabemos los venezolanos. Más aún, la constante advertencia sobre un régimen cesarista es algo que padecemos a diario.

Estas formas perversas producen el escepticismo generalizado. PNUD-OEA llaman a una nueva ola democrática fundada sobre el consenso en la construcción del poder democrático y al cese de la etapa postautoritaria.

Termina uno de leer el documento y concluye en dos cosas: Chávez está retratado en él y la Mesa de la Unidad Democrática (MUD, que agrupa a partido de oposición), la que ha sido inclusive incapaz de formular planteamientos como estos “políticamente correctos” de preservación democrática.

Venezuela tiene las dos enfermedades: el cesarismo y la falta de pensamiento.

* Escritor.
Dirige la revista Democracia del siglo XXI; en ella se encontrarán enlaces a ensayos del autor de lectura gratuita.

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