Sep 26 2017
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Ciencia y Tecnolog铆aCultura

Textos en la fibra 贸ptica

驴Alguien todavia cree que en un futuro inmediato el modelo de difusion ideol贸gico centralizado en las corporaciones y el Estado ser谩 reemplazado por uno m谩s democratico?

Es cierto que las nuevas tecnolog铆as de comunicaci贸n crean un ciberespacio, un 谩mbito conceptual en donde las palabras, las relaciones humanas, los datos, la riqueza y el poder son actualizados por la gente a trav茅s del uso de los medios de informacion computarizados. Internet capacita a millones de usuarios a 鈥減ublicar鈥 sus propios documentos, transformando la forma en que la informaci贸n es traducida, procesada, transmitida y consumida.

Esta visi贸n tecnot贸pica que afirma los beneficios democr谩ticos del potencial econ贸mico, cultural y pol铆tico de esta tecnolog铆a descansa en el hecho de que Internet, por razones de estrategia militar, fue estructurado deliberadamente como un sistema compuesto de diferentes 鈥渘odos鈥, independientes unos de otros y, al mismo tiempo, unidos simult谩neamente en una red sujeta a una permanente expansi贸n que la hace m谩s resistente a la censura y al control centralizado, permiti茅ndole a los usuarios una interactividad y control previamente desconocida.

La revoluci贸n inform谩tica ha empezado a liberar la creatividad, debilitar las jerarqu铆as, revitalizar la democracia y crear un nuevo tipo de comunidades. Las limitaciones de tiempo y espacio parecieran desaparecer m谩gicamente cuando Internet nos presenta una combinaci贸n sin precedentes de inmediatez, interactividad y profundidad. La 煤ltima visi贸n tecnot贸pica es la de una esfera p煤blica electr贸nica a la que todos tienen acceso barato a aparatos de comunicaci贸n que les permiten recibir y trasmitar, de casi cualquier lugar geogr谩fico, mensajes individuales, de grupos o de organizaciones marcando un significante cambio discursivo de poder para los que previamente hab铆an sido solo consumidores pasivos de informaci贸n. Este modelo, seg煤n el lugar com煤n, es una alternativa viable al actual sistema, un modelo capaz de proveer un foro adecuado a la comunicaci贸n democr谩tica. Un cierto grado de escepticismo no estar铆a fuera de lugar aqu铆.

El problema con la visi贸n tencnot贸pica del ciberespeacio es que es incre铆blemente ciega al poder y a la realidad hist贸rica y econ贸mica de la sociedad de mercado. Las tecnolog铆as tienen distintas l贸gicas y capacidades, pero no hay nada inevitable en el hecho de que logren efectivamente desarrollarse o como lo hagan. Internet, desde 1994, ha venido siendo comercializado a un 鈥減romedio exponencial鈥 y la Acta Norteamericana de Telecomunicaciones de 1996 asegura que es el mercado y no la pol铆tica p煤blica la que dirigir谩 la evoluci贸n de Internet y la Carretera de Informaci贸n.

Modelo que se ha venido imponiendo al resto del mundo.

La paradoja es que si las leyes anti-monop贸licas fueran suficientemente fuertes para limitar las ambiciones econ贸micas de las grandes corporaciones, Internet permanecer铆a en los m谩rgenes de los medios de comunicaciones culturales. Las inmensas inversiones que require actualizarlo y hacerlo popular y econ贸micamente accesible no estar铆an disponibles. Pero, si Internet prueba que produce suficientes ganancias para hacerlo atractivo, nuevos nodos en la red ser谩n apropiados y operados por intereses privados motivados primariamente por la obtenci贸n de ganancias. Cualquiera de los dos escenarios disminuye el potencial del ciberspecio para contrabalancear el sistema de comunicaciones dominado por el poder comercial de las corporaciones.

En otras palabras, si no hay suficiente inversi贸n privada, Internet no se hubiera desarrollado al punto en que hoy lo encontramos. Pero, si la hay, Internet pasa a ser dominado por el poder corporativo.

Y esta 煤ltima es la situaci贸n. La din谩mica del mercado, del que cualquier nuevo desarrollo de Internet vendr谩, opera en contra de la interactividad y accesibilidad p煤blica. Hasta hace poco tiempo la producci贸n de ganancias a trav茅s de Internet hab铆a sido minimizada, porque su contenido, que ha sido gratuito en la red, no era apropiado para la publicidad comercial.

Pero, como hoy lo vemos, las fuerzas comerciales han venido probando que pueden adaptarse muy bien a las nuevas condiciones al vencer los obst谩culos que le impiden obtener ganancias. La publicidad 鈥渙n-line鈥 ha invadido la web a un promedio sorprendente desde 1996 en donde s贸lo en los dos primeros cuartos del a帽o aumento en un 83 %. El 芦ciberespacio鈥 luce ahora como un 鈥渃iberconsumismo鈥. Bajo la l贸gica comercial es cuestionable si el contenido de la red servir谩 a otro prop贸sito distinto que el de atraer una audiencia masiva para promover el consumo. El mercado se precia de ofrecer diversidad, multiplicidad y selecci贸n. Claro que siempre y cuando 茅stas est茅n constre帽idas a lo que el 鈥減roveedor de contenido鈥 encuentre conveniente y remunerativo producir.

Lo curioso en todo esto es el hecho de que los defensores de la libertad de expresi贸n, 鈥渓os libertarios electr贸nicos鈥, se concentran en la posible pesadilla de una censura y vigilancia gubernamental a trav茅s de la red electr贸nica, sin darse cuenta que la amenaza m谩s probable a la comunicaci贸n democr谩tica sea la marginalizaci贸n de la informaci贸n que no promueve las ventas o que en forma demasiado directa desaf铆a el inter茅s de los propiciadores.

Hace ya m谩s de 10 a帽os que uno de los m谩s entusiastas promulgadores de la comunicaci贸n cibern茅tica, Howard Rheingold, predijo que la transici贸n de un foro p煤blico relativamente sin restricci贸n sostenido por el gobierno y los impuestos nacionales a la propiedad y control privado transforma las fantas铆as de una democracia electr贸nica y cultura global en l铆nea en una imposibilidad. La industria que trasmite sonidos y videos de alta fidelidad r谩pidamente se ha transformado en un h铆brido de las empresas de cable, el dinero de las compa帽铆as telef贸nicas, y el contenido de las empresas de contenidos.

Si es cierto que quien controla los medios de comunicaci贸n controla la verdad, entonces las consecuencias hist贸ricas del ciberespecio son tan reales como las promesas ut贸picas. Cada vez m谩s se nos revela el hecho de que formas m谩s democr谩ticas de comunicaci贸n no van a emerger de las tecnolog铆as y las fuerzas del mercado operando ciegamente. El ciberespacio no puede, por s铆 mismo, producir una nueva participaci贸n pol铆tica-cultural a menos que exista una fuerte pol铆tica p煤blica que la sostenga, una pol铆tica p煤blica capaz de actualizar el potencial democr谩tico de Internet.

Si es esto lo que queremos necesitamos reemplazar la cultura de la publicidad comercial por una cultura p煤blica que desafie la l贸gica mercantil del poder centralizado, promocionalismo comercial, informaci贸n selectiva y entretenimiento obsesivo. La lucha por la democratizaci贸n de Internet solo puede ser movilizada, no exclusivamente por ideales abstractos, sino principalmente por los que reconocen que un sistema de difusi贸n cibern茅tica comercial elimina la posibilidad de distribuci贸n de poder social. Lo que aqu铆 est谩 en juego, adem谩s de la calidad y la igualdad en la vida p煤blica, es la definici贸n misma de nuestras identidades. La paradoja de este proyecto es que es imposible. Y sin embargo鈥 necesario.

 

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