Feb 6 2013
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CulturaSociedad

Textos intoxicados II / el poeta Rodrigo Lira y la presencia obsesiva del ego

RLira1Del latín textum (tela, tejido, armazón, trama) proviene la palabra texto; o sea escrito que trama un sentido y que, con suerte, logra entretejer nuevos sentidos, otros textos. Su forma es la carcasa hecha de palabras dispuestas en un armazón o estructura. A veces dicha estructura funciona como una camisa de fuerza. | JESÚS SEPÚLVEDA.*

 

As√≠ se domestica el lenguaje, alej√°ndolo de su estado primigenio: la glosolalia y la sinestesia, que confunde los sentidos. Como resultado se alumbra el significado: tejido de sentidos ‚ÄĒmult√≠voco o literal‚ÄĒ que fija la textura del mundo comprometida en la intenci√≥n del que habla.
Intoxicar el lenguaje es, entonces, desordenar su sentido, contaminar la organizaci√≥n de la sintaxis ‚ÄĒo de la sintaxis su organizaci√≥n contaminar, como rezar√≠a un gongorismo.

 

Rimbaud propon√≠a el desarreglo de todos los sentidos para devenir en vidente. A veces, sin embargo, cuesta ver, sobre todo cuando el mundo es un asfalto gris que ha clausurado los puntos cardinales y las palabras se han transformado en mascotas que estrechan la realidad. En Chile ese asfalto se llam√≥ dictadura, como bien se podr√≠a haber llamado Auschwitz o Guant√°namo. Pero se llam√≥ dictadura. RLiraY fue un pu√Īado de rebeldes que a saltos de paradoja recuper√≥ el sentido perdido para escribir un nuevo texto con palabras ch√ļcaras que abrieran la realidad.

 

Uno de esos rebeldes fue Rodrigo Lira (1949-1981), el poeta con más por venir (Nicanor Parra dixit). Viviendo a sobresaltos, escribiendo cual lira destemplada y anunciando su partida, Lira aguantó con dignidad y decoro el huracán de prepotencia de aquellos que se creían con la sartén por el mango.

 

Tanta fue su lucidez que no dej√≥ t√≠tere con cabeza. Hasta Enrique Lihn, que lo reconoci√≥ como uno de sus pares y prolog√≥ con verdades valiosas su libro p√≥stumo Proyecto de obras completas (1984), recibi√≥ la cr√≠tica implacable y seria de su burla obsesa. Y si bien la paradoja fue el arma l√≠rica que Lira utiliz√≥ para resistir el angosto pa√≠s repleto de ‚Äúsubvivientes‚ÄĚ, el gris√°ceo del paisaje sesentero lo termin√≥ amurallando.

 

No pudo sino suicidarse. Pero como toda existencia en el mundo se justifica por sus actos de belleza, Lira proyect√≥ su partida con estambre de estilista: se suicid√≥ a la misma hora de su nacimiento el d√≠a de su cumplea√Īos treinta y dos. Fue un 26 de diciembre. Y no fue un acto gratuito. Como Mishima, su suicidio tambi√©n cumpli√≥ un fin est√©tico: concluir su po√©tica de la autodestrucci√≥n.

 

Jaime Blume ha descrito el escepticismo radical de Rodrigo Lira como ‚Äúfuria autopunitiva‚ÄĚ, cuya vocaci√≥n suicida solo se resuelve por la v√≠a del autoexterminio. Enrique Lihn, por su parte, se ha referido a la ‚Äúpresencia obsesiva del emisor‚ÄĚ, cuyas alocuciones monoman√≠acas no son sino la confrontaci√≥n especular del sujeto que dirige su propia libido sobre s√≠ mismo en un sentido descendente y descalificador.

 

Este movimiento descendente convierte el proyecto liriano en una po√©tica de la verticalidad. Al fondo de ese descenso, la marginalidad, la pobreza, la droga, el sexo y el suicidio conforman las obsesiones de un sujeto en el borde que escribe de manera exasperada para aludir en forma directa a la realidad. Lira no era elusivo. Al contrario, el mundo gris y descolorido ‚Äúcomo ripio cubierto de cemento‚ÄĚ que sirvi√≥ de contexto al apag√≥n cultural se materializa en su lenguaje como una presencia concreta. tigerSolo la literatura se escapa, representando ‚ÄĒquiz√°s‚ÄĒ la oportunidad de reorganizar el mundo, aunque Lira descreyese desde un comienzo de los ‚Äúmenesteres y quehaceres del mester liter√°rico‚ÄĚ.

 

Cierto es que la figuraci√≥n centralizante del yo liriano es t√≥xica. Su escritura est√° saturada de retru√©canos, trabalenguas, aliteraciones y dilog√≠as que transforman los escritos de Lira en textos h√≠perliterarios, como si se tratase de una parodia de la literatura que a su vez parodia la realidad. El poema Investigaci√≥n sobre el uso, el abuso, la funci√≥n ‚ÄĒy la omisi√≥n‚ÄĒ del adjetivo da cuenta de ello:

 

ALGUNOS ATARDECERS MEDUSA LAMUSSA FUMABA -sobre todo en los oto√Īos- maco√Īa peposa. Con paciencias infinitas, minuciosas, -sin premura- desgranaba los cogollos coruscantes con sus dedos nacarados, separaba con esmero los capullos pegajosos que envolv√≠an las negruzcas semillitas, chiquititas y copiosas, de prosapia jamaiquina, nigeriana o colombiana -no se sabe con certeza- y, recostada en un div√°n de arpillera, bordada con lana cruda por sus manos artesanas, los fumaba en una pipa peque√Īa que parec√≠a botella y recordaba. La yerba era buena, por ende no se arranaba. Se volaba hasta la cresta, se inspiraba y fac√≠a en esos trances sus poemas m√°s alados; sonetos resinosos, odas crujientes, versos olorosos y alquitranados‚Ķ

 

El car√°cter intoxicante de este fragmento se condice con un texto publicado p√≥stumamente en 1989 en la legendaria revista N√ļmero quebrado. All√≠, Lira hace una parodia social a trav√©s de un relato escrito a modo de declaraci√≥n judicial, contando las circunstancias en las que es cuasi detenido en una multicancha de la Villa Ol√≠mpica en Santiago de Chile por los agentes de la √©poca, mientras ‚ÄĒal parecer‚ÄĒ fumaba un pito de marihuana.

 

Los agentes son descritos como ‚Äúasustados, como explorando un ‘territorio desconocido’ reputado como potencialmente ‘peligroso’, y sin ‘controlar plenamente la situaci√≥n’, debiendo recurrir a un mecanismo de defensa (en t√©rminos de Freud) que resulta dif√≠cil de describir RLira2y al cual los muchachos de la Villa denominan ‘echar la prepo’, y que se podr√≠a tal vez conceptualizar como la capacidad de actuar en forma no s√≥lo potencial, sino que posiblemente o probablemente violenta y agresiva para aquel o aquellos a los cuales la ‘prepo’ se les echa‚Ķ‚ÄĚ.
Esta manera irónica de describir la represión busca su desmontaje por medio de la parodia.

 

Lira, sin embargo, no es un poeta prometeico. Evita el paradigma de la confrontación. Al contrario, prefiere autoexaltarse y autodescalificarse al mismo tiempo, situándose en el cenit y el nadir de su ego bipolar.

 

La verticalidad de tal sobrevaloraci√≥n y simult√°nea degradaci√≥n es sobrellevada ‚Äúen forma sostenida y continuada / y, a pesar de todo, / hasta ahora no decreciente‚Ķ/ con agujitas hechas en papel de arroz / en lo posible marca Smoking‚Ķ‚ÄĚ
Esta curiosa manera ‚Äúde dejar de ver todo gris‚ÄĚ es el Testimonio de circunstancias de Rodrigo Lira, uno de los poemas m√°s notables de la poes√≠a chilena en dictadura.

 

Quiz√°s Harry Anslinger, el llamado zar contra las drogas, nunca se imagin√≥ que la prohibici√≥n de 1930 en EE.UU catapultar√≠a en Chile la escritura de una obra como la de Rodrigo Lira cincuenta a√Īos m√°s tarde. Y digo esto porque Lira hace una defensa abierta de su h√°bito de ¬ęsoplar hacia dentro pitos / hechos en cualquier papel / de biblia a veces, incluso / en hojas de Biblias o de libros editados por Aguilar‚ÄĚ.

 

Lira fue un rebelde y un poeta par√≥dico. Y aunque con el tiempo se ha ido transformando en un mito literario-urbano y ‚Äúsu imagen se ha ido ajustando ‚Äďa decir de Cristi√°n Beroiza- al prototipo de poeta maldito (joven, loco y suicida)‚ÄĚ, su escritura sigue incomodando en el pa√≠s de la prepotencia.

 

toxicEs hora entonces de volver a leer lo que incomoda para abrir nuevas posibilidades de significación allí donde todo quiere volverse gris nuevamente.
‚ÄĒ‚ÄĒ
* Escritor, profesor universitario.
La columna anterior de la serie puede leerse aquí
.

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