Mar 3 2008
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Cultura

Todo se hacia… – ”DESDE EL AFECTO Y EL COMPROMISO DE IZQUIERDA”

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Rubén Ortiz (Mixcoac, 1933), arquitecto y destacado músico de Latinoamérica, nos recibe en una zona colindante con el barrio de La Condesa; cerca de allí, en 1966, fundó el grupo Los Folkloristas. En su departamento comienza por abrir su archivo íntimo: cartas inéditas de puño y letra de Víctor Jara, el epistolario desde el exilio de Ángel e Isabel Parra, y de nuestros amigos Daniel Viglietti y Jorge Coulon. de Inti Illimani.

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A Rubén Ortiz le debemos la invitación de Víctor Jara a México en 1971; en internet y otros despistados creen que la Zamba al Che es de autoría de Víctor Jara, cuando en realidad la letra y música son de Rubén, así como la serie de fotos de Víctor Jara en Teotihuacan –desde un ángulo de perfil, frente a Quetzalcóatl– es creación durante la gira organizada por el director de Los Folkloristas, Rubén me enseña cuadro a cuadro el histórico negativo Kodak.

El audio de la entrevista cl supera los 70 minutos, sin contar el resto de la conversación en un restaurante uruguayo del DF, donde Rubén habla por primera vez a un periódico de su amistad con Víctor Jara, de cómo consiguió el Palacio de Bellas Artes de México para el grupo Quilapayún, de su entrañable camaradería con Daniel Viglietti y la peña que dio origen al legendario grupo Los Folkloristas.

Por ahí se menciona a los escritores Paco Ignacio Taibo I, Juan Rulfo y José Revueltas; la prisión de Lecumberri –donde Los Folkloristas hicieron un recital para los presos políticos– y el emblemático año 68 en México; también su gira en 1971 a la Universidad de Concepción –bastión del MIR– en tiempos de la Unidad Popular y tantos recuerdos hasta el concierto en la Sala Nezahualcóyotl de la orquesta sinfónica de la UNAM el día 12 de noviembre de 2006 por los primeros 40 años del grupo.

–¿Cómo un arquitecto se involucra en la fundación de un grupo folklórico?

–Siempre quise ser músico y en la casa me decían que era mejor estudiar arquitectura, ingeniería o leyes, porque los músicos son muy borrachos. Entré al Instituto Politécnico Nacional (IPN) sin saber a ciencia cierta qué quería estudiar, afortunadamente elegí arquitectura porque es una disciplina vinculada con las artes. Las estaciones de radio en México transmitían música en vivo, y la XEW –tan reaccionaria como tú quieras– era fabulosa, imagina que allí debutó el compositor de música infantil Cri-Cri, incluso tenían una sinfónica dirigida por Julián Carrillo.

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“Al final de mis estudios, mi papá me regaló una guitarra, yo había postulado a una beca de estudios arquitectónicos en Francia. Me llevé mi guitarra y mi traje de charro. Ya radicado en París me voy a cantar a las cavas y viñedos de la región, en una ocasión –1965– escuché cantar en una cava francesa a Isabel Parra”.

–¿Gracias a Isabel Parra fue tu acercamiento al folklore sudamericano? ¿Allá conociste a Violeta Parra?

–A Violeta Parra la conocí muchos años después, Los Folkloristas cantamos su repertorio en Europa. Pero en un principio por su hija Isabel me interesó la música sudamericana, alternábamos con grupos paraguayos y venezolanos; también en Francia conocí a mi futura esposa María Elena Torres, ella fue a estudiar filosofía a la Sorbonne, yo termino mis estudios en el Instituto de Urbanismo de París y regreso a México. Después de año y medio me encuentro casualmente con María Elena y me dice que entró al coro de filosofía y letras.

“La acompañé a la UNAM, la directora del coro, Milla Domínguez, nos invitó a la peña del Chez El negro yo le pregunté ¿qué es Chez El negro? Un lugar que dirige el músico Salvador “el Negro” Ojeda, fuimos a la peña, donde “El Negro” participaba haciendo cosas muy serias de música regional veracruzana y rumba. Al final venía la hora de los aficionados, entonces un amigo –Alejandro Ávila– dice: aquí hay un cuate que acaba de llegar de París y allá le decíamos el mariachi. Canté los sones de Jalisco, entonces El Negro Ojeda preguntó: “¿qué otros aficionados hay? “. Salió un amigo, René Villanueva, que tocaba quena y nos entusiasmamos mucho.

“Tiempo después apareció en la peña el periodista de TV Jorge Saldaña y se interesó en lo que nosotros hacíamos, Jorge Saldaña era músico, compuso el corrido de Juan sin tierra que también grabó Víctor Jara; Saldaña nos invitó a un programa de TV, en casi una hora al aire tocamos sólo música latinoamericana”.

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–¿Ya tenían un nombre artístico? o ¿seguían de aficionados?

–Todavía no, un día nos habla Paco Ignacio Taibo…

–¿El viejo editor cultural del periódico El Universal de México?

–Exacto, él dirigía un Ateneo español –obvio que no era de los franquistas–, dijo que nos quería invitar a tocar al Ateneo español y que imprimiría los afiches, por lo tanto necesitaba saber el nombre del grupo. Fue una noche que discutimos más de una hora por el maldito nombre, hasta que la mamá de Gerardo Tamez dice, yo quiero que reflexionen esto: hay un grupo italiano que se llama I musicisti, que significa Los músicos, y ¿nosotros qué hacemos? ‘folklore’, dijo la mamá de Gerardo, propongo que nos llamemos Los Folkloristas.

–Cuéntenos de su composición de la Zamba del Che y su amistad con Víctor Jara?

–René Villanueva tenía una novia bailarina, Rosa Bracho, era el año 1967, yo seguía los pasos del Che Guevara por los periódicos, hasta que por fin muere y se me ocurre hacer una zamba.

–¿Por qué zamba y no chacarera, tucumana, cueca o un corrido?

–Porque el Che era argentino y las chacareras tienen un aire alegre; mi composición transmitía la tristeza de una zamba argentina, a pesar de no ser una zamba clásica, pues le falta una repetición.

“Un día tocamos y el ex embajador de Bolivia, Mario Guzmán estaba de espectador en nuestro concierto, se acercó y me comentó que quería darme unos datos clandestinos de la muerte del Che, ‘él murió en el pueblo de La Higuera, la gente ha empezado a llevar ofrendas florales alrededor de la escuela donde lo asesinaron y le nombran San Ernesto de la Higuera’, así incluí esa estrofa a la Zamba del Che. La esposa de René –la bailarina que te comenté hace un ratito– me dijo, yo voy a actuar en Santiago de Chile, grábame la zamba, y la volví a estrenar con Los Folkloristas previo al movimiento estudiantil de 1968; ella se fue con la grabación a Chile y al poco tiempo recibí una carta de Víctor Jara (Rubén busca en su archivo la carta inédita y me regala un facsimilar) pues su esposa Joan Turner entonces era una reconocida bailarina inglesa que vivía en Santiago y Víctor un gran artista de las tablas musicales y de teatro”.

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–¿En qué momento Los Folkloristas conocieron personalmente a Víctor Jara?

–En 1971, volamos de México a Ecuador y de allí a Chile, para hacer una extensión a Argentina, al llegar a Santiago le hablamos por teléfono a Víctor Jara, ynos encontrábamos en el Hotel Carrera, Víctor fue muy distante, descubrí que no le gustaba exhibirse en el tipo de Hotel tan lujoso –a unos metros de La Moneda– así que nos encargó con los músicos de Inti Illimani para que nos llevaran a cantar a una población y después a la Peña de los Parra.

“Al día siguiente partimos a Concepción, allá tocamos, dialogamos con universitarios, nacionales y extranjeros –en su mayoría argentinos–, vimos los murales del mexicano González Camarena. De regreso a Santiago acompañamos a Inti Illimani en un programa de la televisión pública. El mismo año 1971 organicé la gira de Víctor Jara en México; lo llevamos a la Casa del Lago de Chapultepec y al Auditorio de la Facultad de Medicina (UNAM), obvio a la peña de Los Folkloristas –donde ya habían cantado Mercedes Sosa y recitado Atahualpa Yupanqui–.

“Cada sábado hacíamos un concierto importante, a nuestra peña asistían con frecuencia los escritores Juan Rulfo y José Revueltas; era la época del “Boom” latinoamericano. Ahora ya no se vive esto porque la televisión hizo superficiales a los capitalinos. Considero un mérito extraordinario que los Inti Illimani pasaron en su gira mexicana por Puebla y al Festival Cervantino en Guanajuato, yo lo atribuyo a la resistencia cultural, al ánimo de querer hacer algo en México y a la gran inteligencia de Jorge Coulon. Como desde hace 40 años Víctor Jara nos dijo en su primera carta (fechada el 23 de septiembre de 1970) que al escuchar a Los Folkloristas le evocaba a Inti Illimani”.

–¿Qué pasó en 1968 con la peña de Los Folkloristas?

–Cuando los militares tomaron la Ciudad Universitaria (UNAM) a René Villanueva lo detuvieron, a un cuñado mío lo encarcelaron el día de la represión en Tlatelolco –2 de octubre de 1968–. Teníamos un ensayo y no llegaban ni René, ni mi cuñado (que salieron en libertad al poco tiempo). Los Folkloristas ya habíamos ido a tocar a Cuba antes del 68, invitados por Casa de las Américas, cosa que nos añadió el calificativo de ‘rojillos’; nos tomaron fotografías, estábamos registrados por Gobernación, además por nuestra osadía de irle a cantar a los presos políticos de Lecumberri, fuimos al penal bajo la protección del Obispo de Cuernavaca Sergio Méndez Arceo.

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“Las autoridades cerraron la peña del Negro Ojeda, aludieron el ruido y la venta de alcohol; la peña de Los Folkloristas duró muchos años, aquí cantó Víctor Jara (1971) hasta reivindicó mi autoría de la Zamba del Che (su voz en DF está grabada en un LP y ahora reeditado en CD por la Fundación Víctor Jara) desde entonces ya se pensaba que la letra era de Neruda o de Daniel Viglietti. Al año siguiente Inti Illimani tocó en nuestra peña –antes del golpe de 1973–, recuerdo que de México viajaron a Cuba, en DF el Inti fue una sensación, cantaron con una dulzura, la ternura es otro elemento de la lucha en el canto de Inti Illimani”.

–En el libro de Mario Benedetti, Desalambrando (Seix Barral, 2007) el poeta le pregunta a Daniel Viglietti sobre su paso por México en 1974, en la página 114 responde: “Comparto un concierto con Los Folkloristas y va creciendo mi amistad con Rubén Ortiz, a la que se suman otros de los fundadores, como René Villanueva y Salvador, el Negro, Ojeda”…

–A Daniel Viglietti lo conocí por unos discos que circulaban en México (Canciones del hombre nuevo; 1968 y Canto libre; 1969), cuando fuimos a Argentina en 1971, Viglietti tenía un concierto en Buenos Aires: fue el gran descubrimiento en mi vida, me cuesta trabajo establecer diferencias en el afecto, entre Jorge Coulon y Daniel Viglietti, los dos son entrañables amigos, los dos con unas inteligencias privilegiadas y con una pinche visión aguda de los problemas; los caracteriza su generosidad, siempre son esplendidos en el trato.

“Cuando Viglietti salió de prisión en Uruguay se fue a Francia, allá lo contactamos para que participara en las Jornadas por el Exilio Latinoamericano en Xalapa (Veracruz). Aceptó venir a México y se presentó con Óscar Chávez y Los Folkloristas, pero antes de irnos a provincia, había problemas para hospedar a todos los invitados en DF, así que se quedó en nuestro departamento –Viglietti estaba casado con una editora francesa, Annie Morvan, madre de su hija Trilce–. Tempranito fuimos a Xalapa, cantamos en el Teatro del Estado, intercalamos Los Folkloristas & Viglietti, cosa rara, pues Daniel siempre ha tocado solo con su guitarra, alguna vez lo escuché con una flautista y un percusionista, que era esposo de mi hija. Salió muy bien el concierto en Veracruz.

“En el camino hablamos de Stravinsky, de Beethoven, del pasaje de los cornos latinoamericanos, Viglietti es hijo de dos grandes concertistas, su padre Cédar Viglietti guitarrista y su madre Lyda Indart era una extraordinaria pianista, lo veo cada que viaja a nuestro país –su actual esposa es la psicoanalista mexicana Lourdes Villafaña–. A Daniel Viglietti le debo tanto, por ejemplo me presentó al caricaturista chileno José Palomo en París y al musicólogo uruguayo Coriún Aharonián, los tres hemos discutido tanto sobre quién es el mejor músico de México y no podemos ponernos de acuerdo entre Silvestre Revueltas y Carlos Chávez (risas)”.

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–Finalmente, 40 años de Los Folkloristas en 2006, 40 años de Inti Illimani en 2007, 40 años del Encuentro de la Canción de Protesta con Silvio y Pablo Milanés en 2007, 40 años del primer disco de Chico Buarque y del tropicalismo de Caetano Veloso y Gilberto Gil, en los cuatro puntos del continente nació la Nueva Canción Latinoamericana?!

–Todo se hacía desde el afecto, la creación musical y el compromiso político de izquierda; los discos viajaban con los amigos y los recitales eran por la solidaridad y difusión de lo que otros hacían de Ecuador a Chile, de Cuba a la Argentina, y de Brasil a Bolivia. Nosotros descubrimos que el folklore es un elemento de lucha social, que está ligado a las tradiciones e intereses populares.

“Tú ahora buscas en radio FM o AM y no encontrarás una interpretación folklórica, la disociación actual la producen los medios de comunicación y las disqueras trasnacionales. En el trabajo de Los Folkloristas se puede contar la fundación del sello discográfico Pueblo: en 1973 hicimos dos recitales en el Palacio de Bellas Artes, de ahí salió la plata para Discos Pueblo, que apoya a los nuevos compositores independientes como Fernando Delgadillo, casi todo su trabajo –hasta Variaciones de la canción informal y Matutina (2006)– están producidos por Discos Pueblo, como en su momento nosotros reeditamos a Daniel Viglietti cantando temas del brasilero Chico Buarque con el grupo habanero del ICAIC (Trópicos; Discos Pueblo, 1978).

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* Periodista.

Publicada originalmente en el diario digital www.elclarin.cl. Se reproduce aquí por gentileza el autor.

El audio de la entrevista es exclusivo de El Clarín.

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