Oct 31 2010
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Cultura

Trato o travesura

Álvaro Cuadra.*

La fiesta de Halloween sirve como buen ejemplo de algunos fenómenos que atañen a la vida nacional y a nuestra  cultura actual. La noche de brujas, como se sabe, es una fiesta que adquirió su fisonomía actual en la cultura popular de los Estados Unidos.

Se trata de una festividad que precede al Día de todos los santos y sus raíces se hunden en tradiciones esotéricas de origen celta que fueron, posteriormente cristianizadas. En rigor, el día final de octubre celebra el último Sabat del año, noche propicia, por tanto, para todo tipo de magia y brujería.

Nuestra cultura actual puede ser caracterizada como una cultura internacional popular, esto es, como una cultura de masas de nivel planetario. Esta cultura mundial posee, qué duda cabe, la impronta de las sociedades de consumo, altamente mediatizadas. Así, Halloween, tanto como otras fechas emblemáticas, se han incorporado al calendario de casi toda la humanidad.

En suma, Halloween ha dejado de ser un rasgo típico de la cultura anglosajona para convertirse en una fiesta de la sociedad de consumidores.

Esta nueva calendariedad en la que vivimos no es otra cosa que la reinvención de una tradición global. Es interesante destacar que en Chile, y en gran parte de América Latina, el vector que ha permitido esta instalación es tan reciente como agresivo. El mercado a través de la publicidad ha logrado crear esta nueva cultura híbrida que alimenta un imaginario inédito en niños y adolescentes.

Puede que, a primera vista, la festividad de Halloween parezca una cuestión anecdótica, no obstante muestra un fenómeno mucho más profundo: las tradiciones de nuestras culturas (y con ello parte de la memoria) tiende a ser abolida por una Cultura Internacional Popular carente, precisamente, de memoria e identidad.

La cuestión es que lo que acontece con Halloween está sucediendo en todos los ámbitos de la vida. Así por ejemplo, el lema de “Trato o Travesura”, pareciera regir también en el mundo de la política y los negocios. Los noticieros de televisión nos han acostumbrado al desfile de equívocas figuras, políticos y hombres de negocio, relamidos personajes que apenas alcanzan a disimular sus colmillos detrás de una discreta sonrisa y una que otra “brujita” vestida para la ocasión.

Hoy las pócimas y conjuros que hechizan la superstición aspiracional de las masas son los discursos mediáticos, imágenes y palabras para que cualquier sapo tenga derecho a soñar con llegar a ser príncipe.

Al igual que en Halloween, en nuestra vida política nacional, podemos advertir cómo a pesar del aire de inocencia cuasi infantil que se respira detrás de cada paquete de caramelitos, late agazapado el lado oscuro, el horror y la muerte, sea como triste memoria, presente todavía en muchos, sea como un secreto escalofrío ante tanta telegénica sonrisa que nos quiere embrujar cada día.

* Doctor en semiología, Universidad de La Sorbona, Francia. Investigador y docente de la Escuela Latinoamericana de Postgrados, Universidad ARCIS, Chile.

 

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