Ene 23 2012
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PolíticaSociedad

Túnez insurgente e indignada: la lucha por la Independencia continúa (III)


Hace un año, el 14 de Enero 2011 había culminado en Túnez una insurrección popular pacifica y victoriosa, llamada Insurrección del Karâma (dignidad). Ayer, fue su primer aniversario. Trataremos a través de algunas escenas descriptivas y notas reflexivas, ofrecer un testimonio veraz, vivo, presencial y participativo de este evento importante que tuvo lugar en el centro de la capital.| RASHID SHERIF.*

 

Tenia veinte años. No dejaré  a nadie decir que es la más bella edad de la vida.
Paul Nizan.>[1]

 

Escena I


 

A media mañana de este sábado 14 de Enero, bajo un sol todavía tímido, la principal arteria de la capital se iba llenando de gente: jóvenes y menos jóvenes se dieron cita en pequeños racimos hasta alcanzar poco a poco una verdadera marea humana idéntica a la de hace un año en el mismo sitio.

 

La gran escalinata del Teatro Municipal estaba ya tomada por asalto por un grupo de jóvenes que hacían oír su voz clara al ritmo de los tambores a través de vibrantes canciones patrióticas y consignas repetidas en coro. Ellas y ellos afirmaban valores como dignidad, patria libre, lealtad a la memoria de nuestros mártires.

 

Demostraban con fuerza su rechazo al mantenimiento de la censura y el servilismo del canal de televisión nacional al servicio del gobernante de turno; a la vez rechazaban con vehemencia la notable injerencia extranjera, especialmente por parte de  Qatar y Estados Unidos.

 

Insidiosamente, un pequeño grupo de barbudos vestidos de forma rara para el país —al estilo afgano— trató de infiltrarse alzando banderolas saudí con fondo negro típicas de los islamistas salafistas, hasta llegar al centro de la escalinata del teatro, mientras lanzaban fuertes gritos discordantes y demagógicos de “¡Allahu Akbar!”. (Dios es grande).

 

La respuesta de los jóvenes fue rápida y tajante:
“¡El Pueblo musulmán libre no se vende ni se rinde!”

 

Los perturbadores se retiraron enseguida con la cola entre las patas, por así decirlo.

 

Esta breve escaramuza estuvo simbolizada por el contraste impactante entre el gran oleaje de banderas con la estrella roja, signo patrio, alzadas bien en alto por las manos jóvenes, y las banderolas islamistas —las de los salafistas y de Ennahdha.

 

Desde la mañana se dio así el tono a la gran manifestación del día: una notable oposición se iba vislumbrando en el seno de esta concentración; por una parte un pueblo nostálgico de aquel tiempo mágico de gran unidad, del calor solidario de los días de la insurrección, por otra parte un año más tarde el surgimiento de esta agrupación de gente divisionista incluso con su apariencia física chocante para nuestra cultura, percibidos como foráneos, a la vez conocidos por su pasado de violencia terrorista y confusión religiosa, y su comportamiento actual de nuevo agresivo en ciudades y campos.

 

Además abogan por una identificación también chocante con los regímenes más reaccionarios de países del Golfo y el saudí. Es así como se dibujaba ante nuestros ojos el gran lindero que día a día separa los unos de los otros, desgarrando el tejido social.

 

Podemos añadir —aunque en forma diferente— el doloroso aislamiento en el cual se encuentran familias que han perdido seres queridos; el sufrimiento de numerosos heridos gimiendo con sus quejas, algunos todavía con balas en su cuerpo; y algo más: el abandono todavía de amplias regiones que contribuyeron a nuestra liberación, y muchos otros malestares.

 

Esta agrupación de islamistas salafistas y de Ennahdha se moviliza rápido en forma de comando y tropas de choque siempre que surja una concentración, una protesta, un “sit-in” [sentada] de indignados para provocarlos o hasta asaltarlos. Constituyen una amalgama de grupos que eran clandestinos, con unos afiliados a Al Qaeda, los que se aprovecharon de las nuevas circunstancias para entrar al país desde Argelia y Libia, o hasta Afganistán.

 

Este conjunto heterogéneo incluye además elementos marginales utilizados como milicia por el régimen anterior para las tareas sucias. Resultan en todo caso fáciles de identificar en la plaza pública.

 

Escena 2

 

Recluido en un acogedor salón, el grupo de huéspedes del nuevo régimen con el Emir de Qatar a la cabeza, cuyo nombre se oye a través de los gritos de rechazo en la avenida, leían uno por uno su papelito con la banalidad propia de su mundo protocolar.

 

Escena 3

 

La avenida ya estaba compacta de pueblo. Una gran procesión arrancó desde la majestuosa estatua de Ibn Kuldûn, como el Gran Comendador, avanzando lentamente  unos kilómetros en línea recta entre las arboledas de la avenido principal hasta la recién bautizada Plaza del 14 de Enero.

 

Mujeres y hombres de todas edades, con espíritu irreverente, bandera nacional en alto y numerosas pancartas escritas a mano —algunas con elocuente inscripciones similares a las del año pasado, otras referentes a la actualidad de las luchas sociales—, el pueblo unido, cantaba alegremente entre risas y miradas cómplices intercambiadas por desconocidos vueltos “compas” al instante, aunque también con cierta cólera e indignación entre cantos patrióticos, lemas y consignadas de rebeldía y reafirmación vehemente de los objetivos legítimos de la insurrección: “¡Trabajo, libertad y dignidad nacional!”; ” ¡provisional! temporal!, apuntando    al nuevo gobierno islamista de Ennahdha; y también:” ¡No pasaran!” gritando a los salafistas provocadores: “!Que se vayan!”; “¡Ni Qatar, ni Obama!”

 

Llegando a mitad de la avenida, la procesión fue atacada con insultos y forcejeo por el mismo grupo de provocadores salafistas. Ellos trataban con empujones y desesperación abrir una brecha entre las filas de los manifestantes pacíficos. Estos últimos mientras continuaban con su marcha y su entusiasmo respondían en coro y con el gesto familiar de la escoba como en el 14 de Enero pasado, alzando un enjambre de brazos moviéndolos de derecha a izquierda:
“¡Fuera! ¡Fuera! ¡Fuera! “

 

Después de otros intentos fallidos, los atacantes tuvieron que abandonar: una barrera humana como cordón apretado les impedía el paso: “¡Cuando los perros ladran, es que estamos cabalgando!”.

 

Escena 4

 

Pocas semanas antes, frente al edificio de la Asamblea Constituyente, esa misma turba salafista había atacado en la noche con piedras en su sueño a los obreros desempleados de las minas de fosfato de Gafsa, que dormían bajo pequeñas carpas en medio del frio invernal. Estaban protestando en forma pacífica para llamar la atención a los nuevos representantes en dicha asamblea, los que llevaban semanas en pugnas desordenadas e infinitas, con los de Ennahdha tratando de imponer su propia agenda abusiva.

 

Los atacantes volvían a la carga una y otra vez; siempre de noche habían robado colchones y otras modestas pertenencias de los obreros, mientras de día hacían alarde de fuerza para intimidar con gritos e insultos, sin que la policía intervenga.

 

Recientemente,estos mismos elementos salafistas y Ennahdha se presentaron en el aeropuerto de Túnez cuando llegó en visita oficial el líder de Hamas, Ismaïl Haniya. Como extraño modo de bienvenida, ellos gritaron “¡Muerte a los judíos!”. Unos meses antes, estos mismos conocidos delincuentes habían atacado la sinagoga en Túnez-ciudad.

 

Al comportamiento fascistoide, la turba añadía su racismo y una sucia mentalidad churreando ignorancia, convirtiéndose indignos de éste país (pues, la historia nos enseña que  judíos y amazigh —mal llamados berber— constituyen desde miles de años nuestros pueblos originarios en toda África del Norte –aunque en Túnez fueron reducidos a minorías).

 

Es preciso recordar que la sinagoga Al-Ghriba, en Jerba, es un monumento clasificado de enorme antigüedad, una de las joyas que llegaron hasta nosotros representativas de las religiones monoteístas —lo que debería ser un orgullo del patrimonio nacional— así como los vestigios cartagineses. No viene al caso disculpar a esta milicia bajo el pretexto de la confusión común entre judíos y sionismo, fomentada a propósito por el Estado de Israel.

 

El racismo manifestado por estos elementos marginales en contra de los judíos es similar al de sus colegas salafistas en Libia, los que arremeten contra trabajadores originarios de países vecinos de más hacia el sur, emigrantes en búsqueda de empleo empujados por la pobreza y el subdesarrollo en su tierra, los que en Libia han aportado su fuerza de trabajo para asegurar el desarrollo y el  bienestar del pueblo libio.

 

Elementos salafistas-Ennahdha se han manifestado también en contra de la minoría musulmana chiíta de Túnez. Otro paso discriminatorio más fue iniciativa de representantes de Ennahdha en plena Asamblea Constituyente, cuando se pronunciaron en contra de ciudadanos tunecinos nacidos de pareja mixta así como los que benefician de la doble nacionalidad:  planteamiento con todo el descaro de una línea sociopolítica de exclusión por parte de quienes con cerebros achicados y sin luz pretenden gobernarnos.

 

Mientras, el proyecto de país que queremos y por el cual luchan ya varias generaciones es una tierra generosa de inclusión, patria para tod@s.  De su gran diversidad milenaria ha resultado su riqueza cultural y humana. El aporte del Islam a través de la colonización de población árabe desde y después del siglo VII c. es un aporte más por integrarse en el seno de una civilización multifacética africana con población criolla.

 

Escena 5

 

Durante el gobierno de ínterin, después de varias décadas de un régimen con partido único y pensamiento único, se le otorgó permiso a más de cien partidos y mini partidos así como asociaciones y ONG, también radios, periódicos y pocas cadenas televisivas. De cierta forma, los ciudadanos ahora se han liberado del miedo y de la inhibición: se expresan por varios medios, muchos incluso por las redes sociales electrónicas.

 

Al mismo tiempo, con el nuevo gobierno transicional monocolor (o casi) a cargo del movimiento islamista Ennahdha, surgido de la asamblea constituyente, se han levantado voces de esa bancada para criticar y tratar de limitar estas nuevas libertades arrancadas por varias generaciones de luchas y sacrificio. Estas amenazas como veremos más abajo se han hecho cada día más insistentes, siempre desde la misma fuente, que pretende ser hegemónica cuando ni tiene la legitimidad de sus pretensiones.

 

Por su parte, las fuerzas progresistas ahora en una oposición forzosa, apenas se levantan al cabo de varias décadas de una represión feroz que dejó millares de muertos, desterrados y algunos todavía sufriendo secuelas de tortura y largo años de encarcelamiento en condiciones oprobiosas.

 

Dicho de paso, los gobiernos occidentales y hasta sus alas de izquierda estaban al tanto de estas realidades: los gobiernos apoyaron, mientras las izquierdas en gran parte callaron.

 

Las fuerzas progresistas sufrieron un duro revés en las elecciones del 23 de octubre último para la Asamblea Constituyente exigida y lograda por el pueblo insurgente. Esto se explica, en pocas palabras, por la gran dispersión de sus energías producto de las divisiones a veces ligadas a los egos de supuestos jefes. En todo caso, estas divisiones junto con los medios financieros limitados y las organizaciones embrionarias de sus bases, no les permitieron  realizar una solida campana electoral.

 

Como trataremos de analizarlo más ampliamente en otro espacio,  la represión de la cual fueron víctimas es también responsable de esta situación. Muy al contrario, el movimiento Ennahdha llegó desde el extranjero con fuertes apoyos financieros y asesoría por parte de EEUU, que llevaba tiempo en búsqueda de romper a su favor el esquema rígido y adverso de Al Qaeda a través de un “Islam político moderado”.

 

Tanto esta fuerza imperial como sus socios menores, Francia y lacayos como los gobiernos de Qatar y saudí, han aportado sus recursos técnicos y financieros, los que permitieron a los islamistas desarrollar una amplia campaña demagógica apoyada por compra de votos.

 

Luego de su brutal despertar, algunas formaciones políticas progresistas están tratando de aglomerar y unificar su fuerza potencial en polos en vista de las próximas elecciones cuando la nueva constitución esté lista. Un simple cálculo muestra que en realidad estos partidos en su lucha intestina y divisionista habían perdido un número de votos mucho mayor que el conjunto de votos logrado por Ennahdha. Recordamos que Ennahdha logró solo un voto de cada cinco electores; considerando que reclutó mayormente en regiones de pobreza donde se cuenta uno de cada cinco adultos analfabeto. ¡Coincidencia de las cifras!

 

Con todo, estos partidos han demostrado sin embargo su capacidad para movilizar grandes segmentos de la población por su llamado a la inscripción de votantes para garantizar su participación en la votación del pasado 23 de octubre. Este 14 de Enero además de la espontaneidad de los participantes, dichos partidos progresistas volvieron en demostrar su capacidad de movilización de algunos sectores del pueblo trabajador, los jóvenes y las mujeres.

 

Sin embargo, queda por ver si realmente entendieron y asimilaron la dura lección de su derrota en las elecciones afín de ir reagrupando sus fuerzas en campo y ciudades para esta vez garantizar los objetivos patrióticos a través de un proyecto de país y una voluntad de vencer. En esto consiste la gran tarea del día para lograr los objetivos de la insurrección de la dignidad.
 
Escena 6

 

En la noche y al día siguiente, los canales de televisión, boletines de prensa y  cables de las agencias extranjeras de noticias dijeron que el pueblo había conmemorado la fecha del 14 de Enero, en un ambiente festivo y con gran satisfacción general. Estas fuentes noticiosas como sabemos, son deliberadamente sesgadas.

 

La gran marcha en la avenida fue una manifestación masiva y apasionada tanto por la dignidad como por la indignación. Además, significó una seria advertencia en contra de quien sea, empezando por el actual gobierno transicional islamista, que tenga planes como sus anteriores para incrustarse en el poder del Estado.

 

Escena 7
Día de indignación: riesgos y aprehensión

 

Seamos claros: la insurrección popular pacifica no es la revolución. Sus embestidas se pueden anular, sus ganancias son reversibles. La victoria del pueblo se fragmentó en manos de políticos sorprendidos y superados por los acontecimientos dentro de su gran dispersión y, como hemos indicado, las dificultades encontradas por sus fuerzas. En vez de un cambio de época llamado a gritos por la juventud y las mujeres, apenas si se puso a la orden del día una época de cambios.

 

Muy al contrario, elementos del régimen anterior así como unos “centristas” se han rápidamente convertido al paso de la actualidad, junto con los islamistas.

 

Es así como las transacciones por el poder se concentraron en manos de Ennahdha, que distribuyó cartas menores a dos partidos del “centro”, sus aliados: el llamado Takattol (social-demócrata!) le sirvió de rehén (con el actual presidente de la asamblea constituyente); mientras que el Partido del Congreso para la República no ha sido más que un pretexto (o coartada), con el actual presidente provisional de la república, un cargo prácticamente vaciado de toda prerrogativa.

 

En realidad, Ennahdha se agarró del poder a través de maniobras y forcejeos ilícitos. Ennahdha se dio el tiempo para repartir escaños y puestos negociando con sus socios por dos meses entre telones mientras el país seguía prácticamente paralizado por huelgas y descontento. El hecho patente es que todos los que hoy están en el poder eran totalmente ausentes del gran movimiento insurreccional, y hoy se aprovechan de los frutos con cara dura.

 

Repetimos, los verdaderos protagonistas de la insurrección popular en los días heroicos, las mujeres-coraje, jóvenes audaces, campesinos pobres y otros sin tierra, desempleados de toda clase, ciudadanos sin verdadera ciudadanía en periferias suburbanas y en el campo, clase media desamparada y pauperizada, en suma: los condenados de la tierra se convirtieron en agentes de cambio sin un guía, y sin organización lo que sin duda es un hito en la historia de las luchas sociales y, ciertamente, marcará los pasos por seguir.

 

Ahora bien, se averigua una y otra vez la necesidad apremiante de una organización de las energías del pueblo y su unidad.  Además,  se corrobora la máxima de Lenin: no hay revolución sin teoría revolucionaria.

 

En ausencia de estas condiciones, estos agentes sociales no pueden acceder al papel de agentes del cambio.  Es así como fueron descartados sin ceremonia, invisibilizados por los medios de comunicación como por los partidos venales.

 

La Asamblea Constituyente —resultado de la lucha constante y coherente de los insurrectos— se ha convertido en un circo en manos de políticos oportunistas. Por lo tanto, la unidad mágica del pueblo en los días gloriosos de la insurrección fue rápidamente deshecha tanto desde dentro como desde fuera por una especie de agresión “viral” rápida y repentina prefabricada en Wáshington: el ” Islam político moderado “, en contra de los intereses de nuestro pueblo y los objetivos de la insurrección, luchas que fueron pagados  más de una vez al precio de sangre y el sufrimiento de un pueblo por varias generaciones.

 

“Acting out”, paso por la fuerza y traspaso de línea roja

 

La lista es larga, he aquí solo una pequeña muestra en forma de serie continua.

 

* Desvío de los objetivos del voto popular del 23 de Octubre.</i> El pueblo votó masivamente a favor de la redacción de una nueva constitución en un plazo no mayor de un año, para luego presentarla al voto del soberano en un referéndum: Ennahdha decidió nada de plazo, nada de referéndum. Puso sus candidatos uno al frente de la asamblea constituyente, el otro en el palacio presidencial y el tercero jefe del nuevo gobierno,
A ninguno de los tres se le fijo un plazo para terminar su mandato.  Se anunció un gobierno que pretende abiertamente ni tener un programa de gobierno, ni estrategia política, ni un presupuesto. Ennahdha se ha envuelto en una nube de mistificaciones y ha defraudado al pueblo y a su esperanza de cambio.

* Las a diario confrontaciones en la Asamblea Constituyente, donde Ennahdha se ha constituido con sus socios en mayoría a imagen de una asamblea parlamentaria occidental que no viene al caso; y con esa posición de fuerza llama cada rato a un voto asegurado a su favor para un mayor acaparamiento del poder.

 

* Espectáculo de calle a diario de falsos devotos con largas barbas (¡algunas postizas!), vestidos con largas túnicas afganas manifestando su hostilidad hacia las mujeres con impunidad.

 

* Los mismos van de una universidad a la otra paralizando las actividades por semanas. Manifiestan su inconformidad hacia la libertad de prensa y otros medios de expresión; inventan dictámenes religiosos en contra de escuelas mixtas; clases de dibujo; representación del cuerpo humano en el arte de cualquier época; hacen campaña a favor de un estilo de velo que solo se ve en Arabia Saudita, totalmente ajeno a la cultura del pueblo tunecino donde la inmensa mayoría de las mujeres no llevan velo alguno, salvo alguna que otra excepción surgida a la luz de estas presiones.

 

* Atentado criminal contra el canal privado de televisión Nessma en la capital y destrucción por el fuego de la residencia de su director, seguida por la liberación de los autores del crimen sin más preámbulo, mientras se sigue un juicio político (¡el primero!) contra la víctima.

 

* Un conocido abogado progresista, a la vez figura política, es amenazado de muerte.

 

* Anuncio en ciudad de Sousse[2]por parte del actual jefe de gobierno de Ennahdha. Acto seguido, un iluminado con modales tipo sicótico, declaró en las zonas montañosas del nordeste, Sejnân, su propio califato, editó sus “fatwas”, leyes religiosas, sembrando terror en la población ante una policía local pasiva.

 

* Discursos demagógicos y abusivos del presidente provisional, aparejados con discursos inflamatorios de sus asociados en las mezquitas contra los “infieles”.

 

* Tropas de choque salafistas-Ennahdha al ataque de noche contra los obreros desempleados de las minas de Gafsa.

 

En resumen, todos estos hechos y otros  más graves aún perpetrados en pleno día van creando una emanación sulfurosa asfixiante en la vida diario de la población mientras los problemas socioeconómicos siguen agravándose con cerca de un millón de desempleados (casi el doble de antes); con  una clara tendencia hacia un deslizamiento gradual que apunta a la recuperación y restauración del sistema castrador anterior recalentado al estilo religioso.

 

¿Acaso la grandeza de una nación se mide según su tamaño en metros cuadrados?  El hecho es que la chispa insurreccional de un pueblo rebelde se desprendió hacia riberas lejanas a través de un mundo en crisis cada día más grave hasta sentirse una verdadera amenaza para la destrucción de la humanidad.

 

Por otra parte, ¿Cómo aceptar el paradigma de un fatalismo geográfico según el cual la posición geoestratégica de Túnez en la cuenca mediterránea no permite la aspiración de este pueblo, como todo pueblo, a la independencia y la soberanía nacional?

 

¿Si esto fuera cierto, como explicar entonces que un país tan pequeño, semejante al nuestro en términos de su tamaño, y también con recursos naturales limitados, haya sido capaz con valor, audacia y dignidad de afirmar, cueste lo que cueste, su independencia y su soberanía en las propias narices del imperio más poderoso del planeta, sobreviviendo un bloqueo económico tal un garrote por cinco décadas, sin vacilar?

 

La rebeldía de nuestros jóvenes y mujeres insurrectos ya no podrá ser sofocada como en el pasado.  Los tiempos han cambiado y por doquier el genio salió de la botella. Puede que la lucha sea larga.  En todo caso, si no se logra por medios pacíficos como lo ha intentado el pueblo insurrecto, las fuerzas opresoras entonces obligaran a conquistar la libertad al filo del machete, como bien lo sentenció en su tiempo un gran general mambí.

 

¿Mañanas sin canto ni encanto?


 

Graves interferencias extranjeras se han manifestado por parte de potencias conocidas, que siguen clamando por la democracia cuando la están asesinando en casa esquina, en particular en países del sur, del este y demás.

 

Sus pretendidos valores son manchados con sangre. Resulta que han encontrado intereses convergentes con sus enemigos de ayer, religiosos fundamentalistas, con el fin de abortar un contagio del movimiento insurreccional. Es así como tratan de ahogar la esperanza de una joven generación rebelde la cual si no logra el triunfo no dejará de pasar su legado a los hijos.

 

Para los manifestantes congregados en la avenida principal de pronto inundada de sol, esta lectura de los acontecimientos no es más que una relación de hechos que hablan por sí solos.

 

Más temprano que tarde, como recordaba aquel digno y valiente presidente, abrirán las alamedas por donde pasa el ser humano libre.

 

Las mujeres y los jóvenes protagonistas de aquellas jornadas gloriosas lo dicen así de simple: el karâma (dignidad) pasa por la ruptura y el cambio de época.

 

Una madre a Sidi Bouzid,de rodillas llora la muerte de su hijo asesinado. De pronto levanta la cabeza y dice: “¡Todavía tengo cuatros más en el frente!”

 

A  más de un siglo de distancia, en algún archipiélago del Caribe, 
una madre habló en los mismos términos
 con el mismo orgullo, la misma fe patriótica.
 Su nombre, Mariana Grajales: madre de Antonio Maceo.

 

1] Cita tomada de Aden-Arabie, publicado en francés en 1931.
2] Ver anexo del artículo anterior, en la entrega segunda de esta serie.

 

– La primera parte de esta entrega, aquí.
– La segunda parte de esta entrega, aquí.

 

* Médico, militante internacionalista.
En http://shaahidun.wordpress.com

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