Ene 28 2011
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Cultura

Un largo camino a Haití

Aníbal Ortizpozo*
En busca de nuestra identidad, suramericanos y centroamericanos nos encontramos con una enorme presencia africana en nuestro continente. En Brasil, no son pocos los millones de africanos y los llamados con o sin razón,  “afrodescendientes”, no olvidemos que Portugal liderizó en  la época colonial, el lucrativo negocio de la venta de esclavos, en la literatura, historias fabuladas llevadas a la  Telenovela, como “La esclava Isaura” y “Chica d’ Silva” nos hablan de ello.

En Cuba otros tantos millones la habitan, como en Venezuela y el resto del Caribe, en Ecuador, Colombia también existen. Mis primeros viajes a los territorios de lo que fue el Tahuantinsuyo, en Perú, me llevó al descubrimiento del Perú Negro y saborear en la localidad de Chincha, sus tamales, el dulce Frijol Colado e intentar sin lograrlo, uno que otro paso del “Festejo”, hoy música y baile peruano, como lo es en el Uruguay el Candombe de profundas raíces africanas Bantú.

Mi país, Chile, permaneció ajeno a las migraciones africanas. Tuvimos conocimiento de la presencia de esclavos africanos en tiempos de la Colonia en otros territorios. Supimos de su explotación brutal y luchas de liberación en las plantaciones de azúcar, algodón, café, cacao y plátanos, como lo narra Carlos Fallas, escritor costarricense, en su extraordinaria obra “Mamita Yunai”, sobre el sufrimiento de los campesinos esclavizados  en las haciendas plataneras de la United Fruit Company. La historia contemporánea nos habla de los graves sucesos, como las ocupaciones que ocurrieron en Haití y en otras naciones Centroamericanas y del Caribe. Junto a toda la humanidad, incorporamos a nuestros particulares lenguajes términos como “Apartheid”, supimos de la significación de Nelson Mandela. La odiosa palabra racismo alcanzó su praxis máxima con el dogma criminal del “Ku Klux Klan” en nuestro Norte americano y nos conmovimos por la muerte de Martin Luther King. En el Paris de los ochenta, ya no me sorprendió ver, que aquellos quienes hacían el trabajo desechado, el mal remunerado de la ciudad, como carteros, encargados del aseo, basureros, vigilantes y policías, eran mayoritariamente negros.

 

Balseros…? los de las Pateras (Flokas) desde Marruecos y territorio Saharaui o en Cayukos desde Mauritania y Senegal a Canarias, pobladores mayoritariamente del África negra mueren buscando el sueño que engendra la sequía, hambruna y miseria, el de una mejor calidad de vida. Mezclados negros, blancos e indígenas provenientes del llamado Tercer Mundo, nuestro sur planetario, son los que hoy se discrimina  con el término despectivo de “sudacas” aplicándoles la  Directiva del Retorno, aprobada por el Parlamento Europeo.

 

En Venezuela, un día cualquiera que viajé al Estado Trujillo, a comienzos de los noventa,  Francisco Prada (El Flaco) antropólogo y luchador social, me invita al estreno de una película, que se realizaría en los poblados del sur del Lago de Maracaibo, Bobures, San José y Santa María. Se trataba de  “Salto en el Atlántico”, dirigida por María Eugenia Esparragosa, basada en una investigación de Jesús “Chucho” García. Era una calurosa noche de cielo despejado, durante la tarde hubo repique de tambores desde distintos puntos cardinales, para la convocatoria. El lugar de la cita,  el costado de una iglesia, que ofreció una inmensa pared blanca como telón. Se inicia la proyección con escenas sobre paisajes, hábitat, instrumentos, expresiones culturales, y artísticas filmadas en pueblos de África y simultáneamente escenas de pueblos de afro descendientes en Venezuela. Durante la proyección, era un verdadero deleite ver los rostros de estos espectadores-actores, cuando se identificaban con las imágenes de África y con su propia presencia en el film, el aire de la noche se llenó de risas, gritos y aplausos ante ese extraordinario acontecimiento de identidad cultural,  que afirmó la existencia de una supranacionalidad sin fronteras. En medio de la noche quedaron también  flotando las palabras de Chucho García, refiriéndose a las celebraciones del Quinto Aniversario del Encuentro de Dos Mundos 1992 propuesto por España, con una legítima, impensada interrogante: “Quinientos años del encuentro de dos mundos… encuentro hispano americano, ¿Y  de nuestra madre patria África ¿qué?”

 

Ya de regreso a Trujillo pensé con tristeza, cuán distintos son  los venezolanos que proceden de Barlovento y otros lugares de Venezuela, que migran en busca de oportunidades hacia Caracas y terminan degradándose en el desempleo, analfabetismo y la discriminación, sobreviviendo en la marginalidad de los “ranchos” de la ciudad capital, como nos lo revela Carlos Aspúrua, en su cortometraje “El Afinque de Marín”, de la Trilogía “La Propia Gente”.

En ese largo camino a Haití, puedo decir que me enteré del costo en vidas humanas y sobre todo económico, que ha tenido que pagar, para dejar de ser colonia francesa.

Conocí en profundidad la dictadura de Duvalier, en boca de ese querido compañero, Arnold Antonín, exiliado en Venezuela, director haitiano de las películas “Haití camino de la libertad”, “¿Puede un Ton Ton Macoute ser un poeta?” y “¿Tiene SIDA el presidente?”. Fueron tiempos en que los emigrantes y exiliados políticos de las dictaduras del Cono Sur de América, nos encontramos con intelectuales y artistas de Cuba y países del Caribe en general, colonias francesas como la Martinica, y en especial del libertario pueblo de Haití. Ellos, los caribeños y nosotros nos pudimos entender, sobre todo en torno a propuestas que hicieran realidad el diálogo y la integración Sur Sur, que aún esperamos.

 De estas experiencias y valores vividos, nace PORAYTi: texto/ pinturas/video. Los dibujos incorporados a PORAYTi Impreso, como “L´histoire se rèpeté”  los he realizado en distintos tiempos, dedicados a los seres humanos procedentes de África, hoy  repartidos sobre la tierra. 
 
Siempre he pensando, que si logro abrir la mente y ver con claridad situaciones que permanecen ocultas, escondidas, encubiertas o disfrazadas y quiero compartirlas, darlas a conocer, pintar bien, es lo de menos. Lo verdaderamente importante, son las notas y textos que ayuden a los demás a ese ver debajo del agua turbia. El deleite de pintar, también; pero, consciente que la creación artística, por muy magistral que sea una obra de arte testimonial o denunciante, nunca tiene la fuerza suficiente para cambiar situaciones de injusticia, como las que viven grandes sectores de la población en el planeta. Espero que PORAYTi por lo menos, se constituya en un llamado; un llamado a crear humanidad, otra humanidad.

 *Artistas plástico y profesor universitario chileno residente en Venezuela

Ver PORAYTi video de 5 minutos en http://www.vimeo.com/18230797

 

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