May 27 2006
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Cultura

Un libro, un filme: EL PAÍS QUE SE AHORCÓ

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Alguien habrá podido juzgar la obra de Gonçalves como un fresco que recoge y retrata una época desde los márgenes de la sociedad chilena, sólo que Horcón… no es un fresco. Es una cinta de Moebius que parece desplegarse, pero la película termina –como comenzó– otra vez doblada sobre sí misma.

Como sucede con toda obra de arte, no es en definitiva Horcón, al sur de ninguna parte lo que importa; son los efectos que produce –el arte carece de objetivos–, la huella que dejará en quienes se le acerquen. Aunque fuere por una fracción infinitesimal de tiempo, el arte –y sobre todo el arte con ayuda o desde la palabra– permea de espanto la vida de quienes se le acercan antes de liberarlos, ya cambiados, para el regreso a la cotidianidad.

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De eso trata todo, de provocar estremecimiento y cambio. En su país el filme no gustó. Es demasiado pronto para que la gota horade. Primero habrá que terminar de recuperar la memoria.

La película

La película puede verse, en el ordenador en el portal de Arcoiris TV
aquí. No es una historia compleja, pero es una historia hermosa y hermosamente narrada:

Mujer llega a la caleta de pescadores con una misión: arrojar al mar las cenizas de su padre, esto es: cerrar el círculo abierto, treinta años antes, cuando aquel, chileno, y su madre alemana abandonan en lugar; ella regresa a su tierra y él zarpa al exilio. Sabemos las causas del exilio.

Una cámara precisa, ágil, enfocada tanto para reflejar las acciones como dispuesta a padecerlas y una música que tanto cabalga la diégesis del filme como vale por sí misma son los elementos del doble relato. En color el pasado, en grises el ahora.

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Cruzada la segunda mitad del silo XX Horcón se inscribe entre aquellos sitios donde tienen lugar y encuentran refugio los cambios de costumbres, de moral, de expresiones de distintos grupos –e individuales–; en ese entonces la aislada, abandonada bahía y caleta de pescadores se convirtió en parte inescindible de la búsqueda de nuevos sentidos para la aventura personal de aquellos por alguna razón no interpretados por los caudales del río de la vida social.

Especialmente en verano, Horcón fue una suerte de microlaboratorio donde las fuerzas sociales experimentaron el acercamiento tardío del país a las complejidades del siglo XX, sobre todo en el plano intelectual, de las mores y emocional en pugna en Chile. Esta debe ser una de las razones por las que la película no terminó de encontrar –por ahora– su camino allí.

El tiempo

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La sociedad chilena se vio forzada a admitir una capitis diminutio –el intento de ablación de la memoria– como parte del pago para cambiar el gobierno dictatorial por otro que lo cambió todo para que todo pudiera ser igual en el plano de la organización societaria regida por aquel, según queda entendido y se desprende del pacto que lo hizo posible. Pero esa ablación –ahora en su sentido de arrastre de materiales– había comenzado mucho antes, para ser exactos es una constante en el desenvolvimiento del país. La Unidad Popular, en rigor, fue el mayor intento realizado en Chile por recuperar y superar su historia.

Horcón… es parte de ese proceso de recuperación, referido a un tiempo concreto, contradictorio, doloroso y demasiado cercano que los sectores dominantes no quieren destapar porque su recuerdo inevitablemente conduce al análisis de considerar formas para acabar con el orden que les permite medrar.

Nada de eso está en la superficie de la película, pero nada más que ello es su sustancia última.

El libro
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En un sentido que los géneros literarios ya perdieron, Ahorcón es un libro moral. La obra de un moralista, el Premio Nacional de Literatura 2004, poeta Armando Uribe.

“Es el tiempo en que me ha tocado vivir
el peor de los vividos por la historia.
Tiempo de crímenes masivos.
Florecen los líquenes con tumores.
Infanticidios
en la televisisón como en la radio”.

Textos breves. Pájaros que vuelan –y no para establecer su nido– desencantados por el corazón de la podredumbre contemporánea. ¿Cómo surgen estas diatribas que no injurian, pero nos remiten al centro de las grandes preocupaciones temporales del pensamiento cristiano y anterior al cristianismo?

Refiriéndose al país que vemos surgir en la película dice Uribe en la introducción: “Una especie de metafísica primaria, que intenta darle trascendencia superior aunque vulgar a las crisis de la vida, sin distinguir las cotidianas de las graves e históricas”.

fotoPor ello

“Han hecho de la casa de mi padre
una caverna de ladrones.
Una caterva de ladrones
instalose en la casa de mi padre.
Mi padre nunca tuvo casa”.

Extraña asociación ésta entre el poeta y el cineasta, que establecen una curiosa calidad de hermanos siameses en la visión –padecimiento– de una coyuntura de la historia de su país.

Operaron como nexo algunas pinturas de Gonçalves, trazos que sirvieron para “visualizar” el guión –del mismo Gonçalves– que por esos caminos a ratos insólitos del intelecto, pero no sorprendentes de la poesía, sirvieron al poeta para avivar los textos del libro.

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“La que se revolcaba con
su amante joven, vedla,
vieja eterna, beldad
echada a perder en razón
de su edad, de su edad.
Lo que velaba se revela”.

Un libro menor podrá suponerse; juicio válido se es por la cantidad de palabras, pero en ningún caso por el hondo contenido de éstas. No sé por qué, pero recuerda el pedido de Diógenes: que no le cubran el sol.
“…Ved / cómo yo monologo /esta tirada en que me ahogo”.

(Ediciones Off the Record, Santiago de Chile, 2005, 99 páginas).

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