Nov 25 2004
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Humor

Un toque de dura frivolidad: ¿de quién son mis hijos?

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Uno suele oír estas historias pero justo al revés: una mujer se queda embarazada y su amante, casado, sale corriendo y niega ser el padre de la criatura. Así ha sido desde tiempos inmemoriales, o al menos hasta que llegó David Blunkett, el popular ministro de Interior del Reino Unido, y le dio la vuelta a la tortilla.

Blunkett, de 57 años, un hombre ciego de nacimiento y de origen muy humilde, es uno de los miembros más respetados del Gobierno de Tony Blair. O lo era. Este fin de semana se ha sabido que el ministro, responsable de la férrea política antiterrorista impuesta en este país desde el 11-S, ha contratado a un equipo de abogados para demostrar que es el padre del hijo de dos años y de otro aún no nacido de Kimberley Fortier, una conocida editora norteamericana de 44 años que está casada.

fotoBlunkett se divorció hace 14 años y tiene tres hijos adultos. Hace tres años empezó a salir con Kimberley, hija de un rico empresario judío y de una actriz de Hollywood, y que se ha labrado una exitosa carrera como editora en el Reino Unido.

Llegó a este país a principios de los 80 a hacer un master en Oxford y, tras encontrar trabajo como secretaria de Helen Gurley Brown, la fundadora de la revista Cosmopolitan, nunca regresó a Estados Unidos.

En muy poco tiempo escaló peldaños en diversas publicaciones hasta que, en 1996, fue nombrada editora de The Spectator, la biblia del Partido Conservador británico. Esta revista, por cierto, ha sido apodada como The Sextator: hace exactamente una semana que su director, Boris Johnson, casado como Kimberley, fue despedido de su puesto en el partido tras conocerse que había dejado embarazada a otra periodista de la misma publicación.

Cuando Blunkett conoció a Kimberley en una cena hace tres años, ella acababa de casarse de nuevo hacía dos meses. Su segundo marido es un millonario, también editor, llamado Stephen Quinn. Los tabloides, que ya han saltado como buitres sobre esta historia, cuentan los detalles de esa cena: ella, descrita como “inmensamente ligona” por los diarios, a pesar de estar casada, bromeó con Blunkett diciéndole que era alta y rubia cuando en realidad es de mediana estatura y morena; él se enamoró inmediatamente.La relación entre el ministro y la editora era algo conocido desde hace mucho tiempo entre políticos y periodistas.

También saltó a la prensa cuando se destapó el escándalo de Boris Johnson. Lo que nadie imaginaba es que Blunkett iba a acudir a los tribunales para demostrar que los hijos de Kimberley son suyos y no de Quinn, de 60 años, también divorciado y padre de tres hijos adultos.

El marido de Kimberley, además, se había sometido a una operación para poder tener hijos con ella porque antes de conocerla se había hecho una vasectomía. Los abogados del ministro ya han escrito a los representantes legales de la editora, que no está dispuesta a cooperar con él. Este domingo, sin embargo, el marido de Kimberley paseó desafiante a William, el pequeño de dos años, frente a los fotógrafos. Lo hizo en la calle del exclusivo barrio de Mayfair, donde viven.
En un comunicado, Kimberley afirmó: “Nunca he hablado sobre mi vida pública y no lo voy a hacer ahora”.

Estos dos signos han sido interpretados como el inicio de la batalla de los Quinn versus Blunkett. Kimberley, que usaba el nombre de su primer marido, Fortier, ha empezado a llamarse Quinn desde que empezó el embrollo. Según el Daily Mail, la editora rompió su relación con el ministro este verano en Corfú, a donde Blunkett la había llevado de vacaciones junto al niño para pedirle que se casara con él.

Al ministro lo describen como desolado, destrozado, todavía enamorado, y decidido a exigir el derecho a ver a sus hijos y a contribuir económicamente a su mantenimiento. De él dicen que se siente solo, que su única compañía son sus perros guía, y que trabaja jornadas de 15 horas para no pensar.

Afirma un amigo: «A David le está costando mucho trabajo convencerse de que ha perdido a Kimberley. Está convencido de que los niños son suyos y está decidido a no perderlos también». Habrá que esperar a las pruebas de ADN para conocer el final de esta historia.

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* En el diario español El Mundo. (www.elmundo.es).

En la imagen, de 2003, Forestier con su cónyuge Anthony Quinn. Nótese el rostro casi virginal de la señora Quinn.

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