Oct 14 2008
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Opinión

Una herida que aún sangra y sin embargo se festeja

Taiana González*

Pasaron 516 años de aquel “glorioso” día en que Colon pisó tierra firme y en nombre de España diezmó un continente. Hoy el mayor genocidio de nuestra historia es tan solo un feriado turístico.
 
“Arrasar la hierba, arrancar de raíz hasta la última plantita todavía viva, regar la tierra con sal. Después, matar la memoria de la hierba. Para colonizar las conciencias, suprimirlas; para suprimirlas vaciarlas de pasado”.
Estas líneas, escritas por Eduardo Galeano en su libro “Días y Noches de amor y guerra”, pueden ser utilizadas para reflejar un bochornoso acontecimiento: en 1492 se terminó la libertad para las miles de personas que habitaban el continente, que lo cuidaban y lo respetaban tanto como a su propia vida.
 
La llegada de los españoles pisoteó la historia cultural de los pueblos que habitaban Abya Yala -lo que hoy es Latinoamérica-. Y aunque sea algo difícil de imaginar, la “casualidad” hizo que un continente rico fuera saqueado y devorado por civilizadas y católicas manos europeas: todo en nombre de “La Corona Española”. (Ver: “Maldito 12 de Octubre”. APM 11/10/2005).
 
En Argentina esta fecha es una “Fiesta Nacional” desde 1917, año en que se firma el Decreto 7.112. En dicho decreto, aprobado por el entonces presidente Hipólito Yrigoyen, se argumenta la celebración, afirmando que es "justo consagrar la festividad de la fecha en homenaje a España, progenitora de las naciones a las cuales ha dado con la levadura de su sangre y la armonía de su lengua una herencia inmortal”.
 
Retribuyendo a la “Madre Patria”, por haber “descubierto” el continente, el Poder Ejecutivo “afirma y sanciona el jubiloso reconocimiento”. Además, en su apartado 3, le agradece a España porque volcó “sobre el continente enigmático, el magnífico valor de sus guerreros, el ardor de sus exploradores, la fe de sus sacerdotes, el preceptismo de sus sabios, la labor de sus menestrales, y derramó sus virtudes sobre la inmensa heredad que integra la nación americana”.
 
No quedan dudas que a través del Decreto 7.112, se ha negado la cultura que ancestralmente habitó el territorio. Según el Foro de Pueblos Originarios del Instituto Nacional contra la Discriminación (INADI), "Argentina se constituyó como Estado-Nación sobre la base de la negación de las raíces históricas americanas, la sujeción de sus ocupantes originarios y la usurpación de sus territorios”.
 
En aquella conquista, iniciada el 12 de octubre, y con el argumento de que los pueblos originarios eran inferiores, rebeldes y bárbaros, se da comienzo al genocidio más grande sucedido en esta tierras. Es por esto, que el “homenaje” que desde ese día se le hace a España es ilógico, porque de esta manera se está legitimando una masacre. A su vez, es muy importante recordar que este acontecimiento carga con más de 90 millones de personas muertas “en el nombre de Dios y la civiliazación”. (Ver: “La maligna herencia colonial aún persiste”. APM 12/10/2007).
 
Lamentablemente, y a pesar de las luchas emprendidas por los pueblos originarios de todo el continente, siguen estando sometidos y privados de derechos fundamentales como lo es la identidad cultural. Tal como hace 500 años, hoy se ponen trabas constantes a la evolución de las culturas que habitaron y además son dueñas legítimas de estas tierras.
 
En Argentina, desde 1994 -que fue modificada la Constitución Nacional- se estableció en el artículo 75, inciso 17, la obligación de “reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos”, así como también la de “garantizar el respeto a su identidad”. Pero este intento de inclusión -por llamarlo de alguna manera- fracasó, al igual que otros pedidos realizados por las comunidades originarias de América.
 
Uno de esos reclamos históricos, es la eliminación del mal llamado “Día de la Raza”: es decir derogar el decreto de Yrigoyen. Estas comunidades sienten –y con muchos motivos- que el 12 de octubre es “el comienzo de la noche más negra para los milenarios pueblos de Abya Yala”, y por eso buscan que ese día sea consagrado como el de “la Dignidad de los Pueblos Originarios”. El objetivo, de un reclamo innegablemente justo, es reivindicar a todos aquellos que fueron mutilados y masacrados por los europeos conquistadores.
 
Para seguir haciendo oír sus voces, los pueblos en diferentes puntos del país y del continente, llevaron a cabo actividades para festejar el “último grito de libertad” y homenajear “la sangre, la vida, la lucha, la resistencia, la cultura” y esa historia que no fue contada.
 
Como una forma de apoyar y reconocer la lucha emprendida hace años por los pueblos originarios, en la provincia argentina de La Pampa, se mantuvieron a media asta, las banderas de todos los edificios públicos. Esta medida es aplicada desde el año 2004, cuando fue sancionada por unanimidad la Ley Provincial nº 2.122.
 
Según explicó a Telam el lonco (jefe) de la comunidad ranquel, Germán Canhué, la “ley tiene un símbolo de muchísimo valor porque refleja el dolor ante el genocidio de nuestro pueblo, en el último minuto del 11 de octubre, que es nuestro último día de libertad".
 
No quedan dudas que la iniciativa tomada hace un par de años por el gobierno de La Pampa, debería ser imitada en todo el país, porque como asegura Canhué, lo que se busca es “que éste símbolo sea el disparador de un proceso de discusión y revisionismo, no sólo ese día sino todo el año, para que haya un cambio en la historia oficial y un tratamiento serio e intensivo del tema".
 
Por otra parte, el INADI, bajo el lema “por la reivindicación de las raíces históricas", también se sumo al reclamo de los pueblos, y pidió que se elimine del calendario el “Día de la Raza”. En su lugar propone el "Día de la Diversidad Cultural Americana”.
 
Este pedido fue hecho porque la Convención Internacional sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Racial, determina que "toda idea o doctrina de superioridad basada en la diferenciación racial es científicamente falsa, moralmente condenable y socialmente injusta".
 
Sin embargo, el accionar de algunos gobiernos latinoamericanos deja en claro que la intención de reconocerlos como ciudadanos, aun hoy es muy lejana. Por esta razón, el “Día de la Dignidad de los Pueblos Originarios” o el “Día de la Diversidad Cultural Americana” al ser tan sólo proyectos de ley -que no han sido tratados con profundidad- son sólo una gran utopía.
 
De hecho es importante traer a la memoria, que hace pocos días -el 1 de octubre- se sancionó en la Cámara de Diputados de Argentina un proyecto de ley, para que a partir de ahora, el 12 de octubre sea corrido al lunes más cercano, para tener fines de semana largos, con el objetivo principal de “fomentar el turismo interno y las economías regionales”.
 
Este proyecto presentado por el oficialismo, deja en evidencia lo poco que importa la historia. Dado que el exterminio y el despojo cultural han dejado heridas que todavía sangran. Esta fecha debería ser para la reflexión y no un respiro para acortar la semana y favorecer al turismo interno argentino. Al parecer, sigue primando lo económico, por sobre la memoria, la cultura y los derechos.
 
La historia de estas comunidades esté ligada directamente a la violación de los derechos humanos, triste pero real. Aunque en algunos países se hayan registrado pequeños avances, en la mayor parte del continente siguen siendo negados como ciudadanos miembros de una sociedad, por el hecho de tener una cosmovisión diferente a la predominante.
 
No quedan dudas que las reivindicaciones realizadas por los pueblos originarios en torno a sus derechos territoriales y agrarios, así como también sobre la defensa de sus recursos naturales, tierras, identidades culturales, lenguas y su autodeterminación, los posiciona como actores fundamentales, que deben ser escuchados y tenidos en cuenta, dentro del escenario latinoamericano.
 
Los pueblos habitantes de Abya Yala, han demostrado ser sinónimo de perseverancia, lucha, honor y memoria, por eso a pesar de la constante discriminación y de las crueldades a la que son sometidos, siguen peleando para conservar su identidad y esa cultura que pisotearon pero que no pudieron destruir por completo.
 
Volviendo a Eduardo Galeano, y para terminar, es fundamental tener en cuenta una cita que él hace de un cacique peruano, en el mencionado: “Aquí llegaron. Rompieron hasta las piedras. Querían hacernos desaparecer. Pero no lo han conseguido, porque estamos vivos y eso es lo principal”.

 

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