Dic 4 2015
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Política

Una isla llamada Chile

La crisis que afecta a las relaciones entre Chile y Bolivia no es s√≥lo un problema del presente. Se trata de un problema del pasado y del presente, que condiciona nuestro futuro. Carecer de relaciones diplom√°ticas con un pa√≠s vecino es una grave anomal√≠a, impensable para un pa√≠s miembro de la OCDE. Los √ļnicos casos similares en ese marco son Israel, por razones m√°s que obvias, y Turqu√≠a, que se ha involucrado en la guerra en Siria y mantiene un conflicto con Armenia. Todos los dem√°s pa√≠ses de la OCDE, que se presuponen desarrollados, integrados, globalizados, mantienen relaciones de primer√≠simo nivel con sus vecinos inmediatos.
La Cancillería chilena es consciente de que esta es la gran debilidad de nuestra política exterior. Bolivia es la falla estructural en nuestra diplomacia, y una grieta por la que se filtra, lenta pero constantemente, una crítica internacional que aisla a nuestro país y le impide actuar con plena legitimidad y capacidad en los escenarios de negociación global.
Recientemente esta cr√≠tica ha escalado a niveles inesperados. En su reciente visita a Europa el presidente Evo Morales constat√≥ que tanto la canciller alemana Angela Merkel como el presidente franc√©s Fran√ßois Hollande abogaron por retomar el di√°logo entre La Paz y Santiago. ‚ÄúEstoy pensando, en particular, en esta cuesti√≥n que est√° planteada desde hace muchos a√Īos, la cuesti√≥n del acceso al mar, la cuesti√≥n fronteriza con Chile, y Francia en este √°mbito, como en otros, tiene una sola palabra que es di√°logo y m√°s di√°logo‚ÄĚ, sostuvo el presidente franc√©s. Mientras la canciller Merkel propuso una mediaci√≥n por la v√≠a de los buenos oficios del Papa Francisco.
Chile ha querido resolver por decreto esta disputa lo antes posible, de manera unilateral y prepotente. Por eso ha procedido de manera desprolija, irreflexiva, olvidando que las relaciones bilaterales deben satisfacer intereses de los dos afectados. Recordemos el ‚Äúincidente de Monterrey‚ÄĚ, cuando qued√≥ en evidencia un duro debate entre el ex presidente de Bolivia Carlos Mesa y Ricardo Lagos, de Chile, durante la Cumbre Extraordinaria de las Am√©ricas de 2004. En la ocasi√≥n Mesa tom√≥ el micr√≥fono para reclamar una soluci√≥n ‚Äúdefinitiva‚ÄĚ a la demanda de La Paz de obtener una salida soberana al Oc√©ano Pac√≠fico, emplazando a Chile a reanudar relaciones bilaterales. En respuesta a este emplazamiento Lagos opt√≥ por negarse al di√°logo de fondo que se pon√≠a sobre la mesa: ‚ÄúDiscutamos la agenda del futuro -dijo-, discutamos los temas que nos convocan (durante la Cumbre). Y si de di√°logo se trata, ofrezco relaciones diplom√°ticas aqu√≠ y ahora‚ÄĚ. Es decir, que Bolivia me resuelva el problema de las relaciones diplom√°ticas, pero de di√°logo y reconocimiento de la demanda que motiva su reclamo, nada.
La sistem√°tica negaci√≥n de la cuesti√≥n del litoral boliviano ha llevado a nuestro pa√≠s a un callej√≥n sin salida. Hace poco, luego del fallo de la Corte Internacional de Justicia, el canciller Heraldo Mu√Īoz volvi√≥ a repetir el incidente de Monterrey al se√Īalar: ‚ÄúChile est√° disponible para restablecer las relaciones diplom√°ticas con Bolivia de inmediato si hay voluntad pol√≠tica‚ÄĚ. Pero ello tiene una condici√≥n. Debemos entender que la diplomacia ‚Äúes la habilidad para lograr acuerdos en cuestiones de toda categor√≠a, mediante el reconocimiento de intereses rec√≠procos‚ÄĚ(1). Nadie puede esperar que Bolivia le resuelva un problema a Chile sin reciprocidad.
De all√≠ que resulte incomprensible el giro que ha tomado la posici√≥n chilena luego de la derrota en La Haya. En primer lugar la designaci√≥n de una comisi√≥n de ‚Äúhalcones‚ÄĚ a cargo de la estrategia comunicacional en esta materia, compuesta por el periodista Ascanio Cavallo del Grupo Copesa, el historiador de la Universidad Cat√≥lica y columnista de El Mercurio Joaqu√≠n Fermandois, y el ex subsecretario de Fuerzas Armadas, Gabriel Gaspar, socialista, en calidad de embajador en misi√≥n especial.
Si esta troika tuviera como misi√≥n argumentar y convencer a los sectores m√°s chovinistas e intransigentes de nuestro pa√≠s, tal vez ser√≠a el grupo indicado. Pero se trata de todo lo contrario. Nuestro pa√≠s debe comunicarse con la ciudadan√≠a de Bolivia. Asimismo, debe hablarle a la audiencia latinoamericana. Y tiene que dialogar con el mundo, que nos observa con desconfianza en este caso y nos exige reconocer la demanda boliviana de forma honesta. La designaci√≥n de estos ‚Äúespecialistas‚ÄĚ constituye una se√Īal n√≠tida de que Chile antepone una visi√≥n anquilosada y defensiva a la necesidad de salir al encuentro de un pa√≠s hermano, que leg√≠timamente, de forma legal y pac√≠fica, requiere de nuestra parte una respuesta seria y consistente. Porque no se trata de ‚Äúentregar‚ÄĚ territorio nacional -como intentan hacer creer los pol√≠ticos conservadores de todo pelaje- sino de ‚Äúdevolver‚ÄĚ parte insignificante del litoral arrebatado a Bolivia en una guerra de rapi√Īa que instrumentalizaron capitales brit√°nicos en el siglo XIX. Y esto en el marco de una pol√≠tica de integraci√≥n y unidad latinoamericana.
De igual forma se puede evaluar la nominación de José Miguel Insulza como agente de Chile ante la Corte de La Haya. Se trata de una designación que parece anteponer un criterio político interno, incluso doméstico -propio de la cocina política de la Nueva Mayoría-, a la necesidad de proponer una figura que pueda responder a la complejidad jurídica y diplomática que supone el juicio en la Corte Internacional. Insulza acaba de terminar un largo periodo como secretario general de la OEA. Es una figura políticamente desgastada. Tiene escaso margen de credibilidad para dialogar con los gobiernos progresistas latinoamericanos, que vieron en él un obstáculo en la conformación de instancias de integración como Unasur y Celac. Y tampoco lo tiene fácil con los gobiernos conservadores, que han quedado desilusionados de su mandato ya que esperaban que su gestión reviviera la desfalleciente OEA. En síntesis, Insulza no influye en los que debería influir.
Al igual que Felipe Bulnes bajo el mandato de Pi√Īera, Insulza goza de confianza pol√≠tica del gobierno de turno. Pero no posee un curr√≠culum que le capacite en los litigios judiciales en materia de derecho internacional p√ļblico.
Desde su regreso a Chile Insulza se posicion√≥ como un constante cr√≠tico de las reformas de la presidenta Bachelet, aline√°ndose en las posiciones m√°s conservadoras y nost√°lgicas de la vieja Concertaci√≥n. Y la derecha recuerda con agrado su rol como canciller del presidente Frei Ruiz-Tagle, en el cual fue responsable directo de las maniobras para conseguir el regreso a Chile del ex dictador Augusto Pinochet, detenido en Londres en 1998. De all√≠ que su nuevo papel parece ser el de un ‚Äúcanciller paralelo‚ÄĚ, que duplicando la voz de Heraldo Mu√Īoz, radicalizar√° a√ļn m√°s la postura intransigente de la Canciller√≠a.ch Bachelet y evo
Por su parte, el presidente Evo Morales record√≥ en su gira europea que el anterior presidente de Chile, Sebasti√°n Pi√Īera, ofreci√≥ verbalmente a Bolivia una salida al mar ‚Äúen comodato‚ÄĚ por 99 a√Īos. Pero esa oferta nunca se concret√≥ por escrito, y no se avanz√≥ m√°s all√° de las declaraciones oficiosas. De all√≠ que finalmente Bolivia terminara por recurrir a la Corte Internacional de La Haya.
Sea cual sea la postura que tengamos frente a la demanda boliviana de una salida soberana al mar, los chilenos deber√≠amos sentir verg√ľenza ante esta falta de seriedad, consistencia y credibilidad de la pol√≠tica exterior del gobierno. No es presentable este juego de falsas ofertas privadas que luego se desconocen en p√ļblico.
El presidente Evo Morales tiene raz√≥n cuando afirma ‚Äúno queremos que haya ganadores ni perdedores, sino mediante di√°logo sincero, abierto y con propuestas, resolver este problema (‚Ķ) Ambos pa√≠ses ganar√≠an si Bolivia recobrara una salida soberana al mar‚ÄĚ(2). La primera y m√°s notoria ganancia de Chile ser√≠a recuperar un lugar en el mundo, como un pa√≠s que tiene una pol√≠tica exterior cre√≠ble, basada en la unidad e integraci√≥n de los pa√≠ses de Am√©rica Latina y el Caribe, que no tiene litigios pendientes con sus vecinos y que es merecedor de respeto y confianza universal. Hasta que eso ocurra, y mientras la pol√≠tica exterior se contin√ļe definiendo con criterios chovinistas y partidistas, no resolveremos esta crisis que ensombrece la marcha general de nuestra naci√≥n.

Notas
(1) Manfred Lachs, ‚ÄúLa diplomacia‚ÄĚ, Revista Foro Internacional N¬ļ 8, Ed. El Colegio de M√©xico, 1976, p√°g. 592.
(2) Declaraciones a agencia EFE, 12 de noviembre de 2015.

*Editorial de ‚ÄúPunto Final‚ÄĚ, edici√≥n N¬ļ 842, 3 de diciembre, 2015

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