Nov 29 2008
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CulturaSociedad

Una muralla de silencio oculta la violencia sexual

Nicole Kidman *

   Una de cada tres mujeres puede sufrir abusos y violencia en su vida. Ésta es una espantosa y extendida violación de los derechos humanos que lamentablemente sigue siendo una de las invisibles pandemias de nuestro tiempo. La realidad es que por el simple hecho de ser mujer o niña se corren peligros.
 
Igualmente triste es que mucha gente -desde ciudadanos comunes hasta gobernantes- piensan que la violencia contra las mujeres es inevitable.
 
Necesitamos cambiar esta mentalidad. Es crucial que la violencia contra las mujeres sea reconocida como una violación de los derechos humanos y se actúe legalmente contra ella. Ya sea maltrato doméstico o en situaciones de guerra, o de prácticas tales como la mutilación genital femenina o el matrimonio forzado de niños, la violencia contra las mujeres es un crimen que -ocurra donde ocurra- debe ser enfrentado con la fuerza de la ley.
 
Yo fui designada Embajadora de Buena Voluntad del Fondo de Desarrollo para las Mujeres de las Naciones Unidas (UNIFEM) para amplificar las voces de las mujeres y niñas que han sido sometidas a violencia o abusos. En muchos países las mujeres están organizándose y exigiendo responsabilidad y acción a las autoridades.
 
Terminar con la violencia contra las mujeres es una cuestión de todos. Por eso, el 25 de noviembre del año pasado, con motivo del Día Internacional para Eliminar la Violencia contra las Mujeres, UNIFEM lanzó una campaña vía Internet con la consigna "Decir NO a la violencia contra las mujeres" para pedir la adhesión a un cada vez más importante movimiento de defensa de los derechos femeninos.
 
Ahora, casi un año después, cientos de miles de personas de todo el mundo se han sumado a la campaña. Más de 200 organizaciones también se han unido y presidentes y ministros en representación de más de 50 países se comprometieron públicamente a hacer cumplir la consigna de NO a la violencia contra la mujeres.
 
Durante un reciente viaje a Nueva York, me reuní con dos heroínas: Nujood Ali, una niña de 10 años de Yemen que escapó de un matrimonio forzado, y su abogada, Shada Nasser. Después de sufrir repetidas golpizas y violaciones, Nujood que había sido obligada a casarse a los nueve años- escapó y se presentó con su abogada ante un tribunal. A diferencia de decenas de miles de niñas que sufren en silencio la práctica del matrimonio infantil forzado, el coraje de Nujood se unió a la valentía de Shada. Su caso hizo historia en abril pasado cuando Nujood obtuvo no sólo el divorcio sino también una victoria a favor de los derechos de las mujeres y niñas del mundo. Nujood está concurriendo ahora de nuevo a la escuela y cuando se le pregunta acerca de sus planes dice: "…quiero ser una abogada".
 
En otra oportunidad en Kosovo escuché contar sus padecimientos a muchas mujeres que, atrapadas en medio de ese conflicto, habían sufrido brutales violencias sexuales de parte de soldados. Narraciones similares a las suyas bien podrían figurar hoy en día en los titulares de los medios de prensa. La violencia sexual es un arma de guerra, un instrumento del terror que hace añicos las vidas de mujeres y de hombres, fractura las comunidades y fuerza a las mujeres a huir de sus hogares. No obstante, desde siempre la violencia sexual en tiempos de guerra es objeto de uno de los mayores silencios de la historia.
 
Sin embargo, el 20 de junio de 2008, el Consejo de Seguridad de la ONU reaccionó ante el silencio largamente acumulado y por unanimidad adoptó la resolución 1820, que explícitamente reconoce que no puede haber paz ni seguridad en tanto las comunidades vivan bajo la amenaza del terror sexual. La resolución exhorta a todos los implicados en conflictos a proteger a mujeres y niñas contra los ataques dirigidos específicamente contra ellas.
 
Ahora es claro que poner fin a la violencia contra las mujeres está realmente convirtiéndose en una alta prioridad para gobiernos e instituciones de la importancia de las Naciones Unidas.
 
Sabemos que el fortalecimiento de la voluntad política y el aumento de los recursos son esenciales para combatir la pandemia de la violencia contra las mujeres. UNIFEM, junto con el Secretario General de la ONU, llama a prestar el más amplio apoyo al Fondo Fiduciario de las Naciones Unidas para poner Fin a la Violencia contra las Mujeres, que proporciona recursos a organizaciones locales de países en desarrollo. Los miembros del Fondo han trabajado para prevenir el tráfico de mujeres en Ucrania, asistieron a las sobrevivientes de violencia doméstica en Haití y ayudaron a aprobar una nueva ley sobre las violaciones en Liberia, un país desgarrado por la guerra.
 
Estos ejemplos prueban que si se dispone de recursos es posible obtener resultados: se pueden implementar políticas específicas, proveer asistencia y entrenar las fuerzas policiales y el personal judicial. Por ello, en este 25 de noviembre, alentamos a los gobiernos a cumplir con sus compromisos e instamos a todos los ciudadanos a redoblar sus esfuerzos para oponerse a la violencia contra las mujeres en sus comunidades, ya que toda mujer tiene derecho a una vida libre de violencia. 
 
*Actriz, embajadora de Buena Voluntad del Fondo de Desarrollo para las Mujeres de las Naciones Unidas (UNIFEM). Distribuido por IPS

 

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