Sep 4 2008
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Política

Uruguay: de congresos, paros y candidatos

Constanza Moreira

En medio de las difíciles decisiones que deberá tomar el Frente Amplio, de cara al año electoral que se preanuncia con varios gestos de candidatos, sectores y partidos, hay tres acontecimientos que deben ser tomados en consideración para evaluar el clima de opinión en las bases de la izquierda: el II Congreso del pueblo, el paro general del miércoles pasado, y la elección de las bases del Frente Amplio que tendrá lugar hoy 25 de agosto.

El II Congreso del Pueblo tuvo una participación destacada de algunos de los partidos del Frente Amplio (el Partido Comunista y el Partido por la Victoria del Pueblo), de algunas corrientes del movimiento sindical (otras lo vieron con "frialdad", según registra la crónica de la prensa), de algunos gremios, y de instituciones entre las cuales se destaca la Universidad de la República (un apoyo que quizá, bajo otra conducción, hubiera sido también "más frío"). Este Congreso tuvo el enorme mérito de poner en blanco sobre negro (al menos en el borrador que pasará a discutirse en setiembre), algunas de las viejas demandas de la izquierda, retraducidas al nuevo contexto. Ya no reforma agraria, sino límites a la extranjerización de la tierra. Ya no nacionalización de la banca, sino un sistema financiero al servicio de la actividad productiva. Ya no la estatización de los medios de producción, sino la recuperación de áreas estratégicas. O sea, no sólo frente a su propio pasado este Congreso es tímido, sino también frente a otras apuestas por izquierda que existen en el continente (para empezar, por Bolivia). Y sin embargo, ha sido calificado como "radical" por una parte de la izquierda que, siguiendo con la crónica, lo ha registrado "con frialdad". Para entenderlo hay que recurrir al análisis de otras instancias, como las del paro general del miércoles pasado.

Fue el primer paro general realizado en lo que va del gobierno, y aquí se hicieron evidentes también las diferencias. Mientras el Secretariado Ejecutivo había acordado un paro parcial, la Mesa Representativa votó un paro general. Mientras algunos diarios (incluyendo éste) anunciaron el "fracaso" del paro, otros lo mostraban como un "éxito". Descalificar a los gremios como "radicales" (una descalificación por lo menos cuestionable en una izquierda que quería mover "hasta las raíces de los árboles"), no ayuda mucho en la comprensión del problema. Es más, sólo ahonda las diferencias en el seno de un movimiento sindical que tuvo, como su principal virtud, mantenerse unido a lo largo de todos estos años.

El voto por un paro general total, realizado por algunos gremios, deja de manifiesto las diferencias entre éstos y la corriente llamada Articulación, que integra a dirigentes del ala "moderada". Este conflicto tiene como evidencia manifiesta la evaluación del gobierno. A saber, si es positiva o negativa. Pero en este caso los matices sí tienen importancia. No hay duda alguna que la política social y salarial de este gobierno no tiene parangón con las anteriores, en lo que a "defensa de los vulnerables" se refiere. Tampoco hay duda sobre los logros económicos en el contexto de un ciclo de crecimiento que está aún muy por encima de los mejores años de la década del noventa (cuando el auge del "neoliberalismo"). Pero también es cierto que la concentración del ingreso no ha podido ser combatida, y en todo caso ha tendido a consolidarse y profundizarse, y que los logros en materia de reducción de la pobreza han sido muy magros, aún a pesar de los enormes esfuerzos realizados en la política social. Así que a nadie debe asombrar que en el seno del movimiento sindical, la demanda por "redistribución" haya estado entre las que hicieron al paro.

No se trata entonces de una lucha en el seno del movimiento social sobre "si se apoya o no al gobierno". Y quizá no sea bueno colocar así las cosas. Parecería que fuera un conflicto de lealtades. Y demasiado conflicto de lealtades ha vivido la historia de este país al que alguien, alguna vez, le llamó la "tierra purpúrea", por la sangre de los degollamientos a que se sometían las divisas blancas y coloradas en sus enfrentamientos. Ese era básicamente un conflicto de lealtades. Los conflictos de lealtades tienden a despolitizar la contienda. Y a oscurecer los intereses que de verdad están en juego.

El tema de las lealtades encubre otro, mucho más delicado, y que exige afinar las lecturas políticas. Y es cómo la izquierda se reproduce en un próximo período, si es que llega a ganar las elecciones de 2009 (algo que parece muy probable, aunque no haya certeza alguna en este momento). Con quién se reproduce, y cómo se reproduce. El tema de los "candidatos", como evidencian las tres instancias antes señaladas (Congreso del Pueblo, movimiento sindical y comités de base), no es sólo un "tema de candidatos". Si fuera eso, simple sería la cosa. Uno u otro no importarían: al final, el movimiento es el mismo. El problema es que el movimiento no es el mismo. Porque las diferencias en el seno de la izquierda y en el seno de los movimientos sociales existen, y deben ser tomadas en cuenta. Ninguna aplanadora: ni aún el más exitoso de los gobiernos (la aplanadora políticamente más eficaz), terminará con las diferencias. Sólo hará que una voz sea más débil que las otras. Y, como lo muestra otra vez el movimiento sindical, al parecer, la izquierda debe aprender a cantar en coro. Porque las diferencias existen, y están a la vista. Y entonces ya no importa si un paro es exitoso o no. Lo que importa es que se votó, y se hizo. Tampoco importa entonces si el II Congreso del Pueblo "representa" o no al "pueblo": lo importante es que se hizo, que concitó el apoyo de muchos grupos, y que se transformó en un lugar donde se hicieron sentir otras voces.

Y tampoco es del caso si los Comités de Base son o no representativos de las bases del FA, sino que las autoridades que se elijan, tendrán como objetivo decidir en el próximo Congreso, cuál será la fórmula presidencial que se llevará a las elecciones de 2009. Hasta ahora, el Presidente Tabaré Vázquez ha hecho conocer sus preferencias. No es verdad que su opinión es la de cualquier ciudadano. El es el ciudadano más importante de la izquierda. Las preferencias de un presidente por su sucesor han sido absolutamente cruciales en la historia de un país sin reelecciones. Y baste recordar la historia reciente de las elecciones en los partidos Nacional y Colorado para comprobarlo. Claro está que cuando se impusieron elecciones ciudadanas (con la instauración de las elecciones internas con la reforma constitucional de 1996), a veces los resultados no coincidieron con las preferencias de las cúpulas partidarias. O sea, cuando la gente vota, puede hacer que las cosas cambien. A eso se le puso el nombre de democracia, hace ya muchos siglos, pero a veces nos olvidamos. En especial porque los partidos políticos, centrales en el funcionamiento democrático, tienen procedimientos a menudo muy poco democráticos para tomar sus decisiones. Y sobre esta paradoja hay demasiada bibliografía escrita como para olvidarla.

En todo caso, la gran diferencia entre el Frente Amplio y los partidos Nacional y Colorado, son que sus "bases" se extienden a lo largo del movimiento social. Por eso el Congreso del Pueblo, la interna del PIT-CNT y la elección de los Comités de Base, son tan importantes para determinar los cursos futuros de la izquierda como la opción del Presidente, o los sectores políticos del FA. No más importantes, pero el menos tan importantes. En todo caso, esto es positivo: es más gente opinando, y de nuevo, esto es siempre bueno. Claro, si uno cree en la democracia.

Así, lo que está en juego hoy no es cuál es el candidato sino algo más elemental y es el procedimiento para establecerlo. Un Congreso, cuya construcción se decidirá este domingo, deberá tomar posición sobre si "decidir por consenso" (es decir, sin la participación del electorado), o decidir en elección abierta. Ninguna fórmula legitima más una decisión, sobre todo si esta es controversial, que una decisión abierta en la que participe todo el mundo. Esto también está en la teoría democrática, al menos desde principios del siglo XX.

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