Nov 10 2017
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Cultura

Uruguay: La culpa es de los intelectuales

El Pa√≠s de Montevideo en su editorial del 7 de noviembre de 2017, hace tua culpa de Eduardo Galeano, Mario Benedetti y Daniel Viglietti por apoyar la violencia, acus√°ndolos de ‚Äúcorresponsables de los tr√°gicos desv√≠os de un sector de la juventud uruguaya‚ÄĚ. La sola palabra ‚Äúdesv√≠os‚ÄĚ recuerda a la dictadura uruguaya y a muchas otras, como las palabras de aquel ministro argentino de Bienestar Social que se quejaba que el problema de los estudiantes era que ten√≠an demasiado tiempo para pensar y ‚Äúel exceso de pensamiento produce desviaciones‚ÄĚ.

De la violencia crónica que apoyó El País, antes, durante y después de la dictadura, nada. Así resulta que, en un continente plagado de brutales dictaduras, asesinatos en masa, racistas y de clase, desde un siglo antes que la Guerra Fría sirviese como excusa para más opresión y matanzas, los intelectuales fueron los promotores de la violencia.Resultado de imagen para galeano benedetti viglietti

No los generales que ordenaban desapariciones de disidentes, violaban y torturaban a gusto, muchos de ellos asesorados por nazis (como Klaus Barbie) protegidos de las potencias ‚Äúdel mundo libre‚ÄĚ.

No los grandes empresarios que telefoneaban al gobierno estadounidense para apoyar un golpecito aquí y otro allá.

No alg√ļn que otro latifundista que dispon√≠a de sus peones y de sus hijos como de su ganado.

No de los comisarios que aprendían técnicas de tortura en escuelas internacionales.

No de aquellos que ponían millones de dólares para comprar armas o comprar opiniones en los medios.

No de los due√Īos de los grandes medios que manipulaban la opini√≥n p√ļblica o simplemente ocultaban la realidad con mucho humo para perpetuar el estado semifeudal.

Oh, no, todos ellos eran responsables y moderados hombres, honorables ciudadanos dispuestos a sacrificarse por la Patria. Todos repetían que habían servido a la patria por no decir que la patria les había servido a ellos.

No, claro, los peligrosos radicales eran esos intelectuales que usaban ideas y palabras radicales. Esos peligrosos radicales por los cuales Am√©rica Latina estaba como estaba y si no estaba peor era por las dictaduras que sirvieron a una min√ļscula clase exportadora y explotadora por m√°s de un siglo, apoyados por sus ej√©rcitos, sus escuelas, sus iglesias y sus grandes miedos de comunicaci√≥n.

Cierto, Uruguay no fue el peor caso de Am√©rica Latina. Tal vez fue casi una excepci√≥n, precisamente, por su precoz nivel de educaci√≥n y sus figuras cr√≠ticas. Pero esos malditos intelectuales a los que apunta el dedo acusador de El Pa√≠s no limitaron su cr√≠tica a su propio pa√≠s, que las merec√≠a (¬Ņo no?) sino principalmente a la mil veces brutal realidad latinoamericana y a sus implicaciones l√≥gicas con el imperialismo internacional (algo que, obviamente, no exist√≠a para El Pa√≠s y muchos de sus lectores).

Anexo: El editorial del diario El País de Montevideo

Intelectuales ¬ęcomprometidos¬Ľ
Resultado de imagen para galeano benedetti viglietti¬ęArtistas e intelectuales como Viglietti, Benedetti y Galeano fueron propagandistas de la lucha armada y corresponsables de los tr√°gicos desv√≠os de un sector de la juventud uruguaya.

Las cr√≠ticas de la escritora Mercedes Vigil a la trayectoria del recientemente fallecido Daniel Viglietti sirven para plantear un tema m√°s amplio como es el da√Īo inferido en su momento a las nuevas generaciones por las posturas pol√≠ticas de intelectuales y artistas uruguayos. Viglietti, al igual que otras figuras locales tan notorias como Mario Benedetti y Eduardo Galeano, no solo adhirieron a posiciones de izquierda cuyo fracaso pudieron comprobar en vida, sino que hicieron algo mucho m√°s grave: la apolog√≠a de la violencia guerrillera dentro y fuera de nuestro pa√≠s.

De los tres hay suficientes textos editados como para comprobar que fueron propulsores de la lucha armada a trav√©s de sus aportes de prosa, poes√≠a y canciones que prendieron en un sector de la juventud, con nefastas consecuencias en la tumultuosa d√©cada del sesenta. De dos de ellos ‚ÄĒViglietti y Benedetti‚ÄĒ hay evidencias no solo de su trabajo propagand√≠stico en pro de la guerrilla sino de su actuaci√≥n directa dentro del movimiento tupamaro. Es decir que ambos pasaron de la palabra a la acci√≥n sin mayores reparos.

En el caso de Galeano es sabido que se dedic√≥ durante a√Īos a cantar loas a cuanto grupo guerrillero surgiera en Am√©rica Latina, Estados Unidos y Europa, sin importarle mucho si esa lucha armada se desarrollaba contra dictaduras o democracias y hasta d√≥nde se justificaba la crueldad de sus m√©todos. Su apolog√≠a abarc√≥ tanto a narcoguerrillas como las FARC, a la banda alemana Baader-Meinhof o a las Panteras Negras yanquis. Si bien era inocultable su fascinaci√≥n por los alzados en armas en nombre de unas vagas ideas socialistas, no hay pruebas de que haya militado activamente en alguna de esas organizaciones, incluida la de los tupamaros.

Distinto es el caso del cantautor Viglietti y del escritor Benedetti, dos famosos que deResultado de imagen para galeano benedetti viglietti distintas formas apoyaron en los hechos a la guerrilla uruguaya. De los actos de Viglietti se habl√≥ en estos d√≠as en medio de la pol√©mica desatada por alguien que consider√≥ inoportuno que se lo enterrara en olor de santidad. Aparte, como cualquier analista medianamente informado sabe, durante los a√Īos de plomo se distingui√≥ por su belicosidad entre los tupamaros una tal ¬ęcolumna Viglietti¬Ľ que seguramente no llevaba ese nombre por pura casualidad.

La vinculaci√≥n de Benedetti con los tupamaros fue todav√≠a m√°s evidente. Alguna vez el mismo escritor admiti√≥ haber actuado como correo entre los alzados uruguayos y sus inspiradores cubanos. Y est√° adem√°s su labor al frente del Movimiento 26 de Marzo, el brazo pol√≠tico de la guerrilla uruguaya. En el desempe√Īo de esas tareas pol√≠ticas escribi√≥ en la prensa algunas frases que retratan su actitud ante la violencia guerrillera. ¬ęEn una √©poca la tracci√≥n de las m√°quinas era esencial para los cambios; de ahora en adelante lo importante ser√° la tracci√≥n a sangre¬Ľ. Una frasecita, como otras muchas de su autor√≠a que, dichas por un escritor consagrado, estaban destinadas a tener un efecto nocivo entre aquellos j√≥venes ilusos que so√Īaban con imitar en Uruguay la epopeya triunfal de los barbudos cubanos.

Por cierto, los tres nombrados no fueron los √ļnicos que a trav√©s de las canciones, las poes√≠as o los esl√≥ganes disfrazados de literatura, echaron nafta a la hoguera en condici√≥n de animadores de la acci√≥n directa como forma de resolver los conflictos pol√≠ticos. De casi ninguno de ellos, famosos o no, se oy√≥ despu√©s algo parecido a una autocr√≠tica o alguna forma de pedir perd√≥n por los males causados. ¬°Era tan simple dar manija y que otros fueran la carne de ca√Ī√≥n!

Son viejas e interminables las discusiones sobre el compromiso del intelectual y la posibilidad de usar su arte como un arma de militancia. El siglo XX registró a grandes artistas y pensadores negándose a ver la realidad y sosteniendo opiniones favorables a las purgas de Resultado de imagen para galeano benedetti vigliettiStalin o las masacres perpetradas por Mao. A veces por convicciones propias y en otras ocasiones por no desalinearse del pensamiento dominante en los cenáculos izquierdistas, artistas admirables optaron por defender causas indefendibles. Ahí nomás está el caso de Gabriel García Márquez alabando la obra de los hermanos Castro sin levantar jamás su voz en defensa de los presos políticos cubanos o a periodistas integrantes del socialismo uruguayo elogiando la obra del dictador rumano Nicolás Ceausescu.

Fueron decenas de j√≥venes incautos los que en nuestro pa√≠s pagaron con su vida, la c√°rcel y el fracaso personal, el cr√©dito que le prestaron a las exhortaciones de los artistas ¬ęcomprometidos¬Ľ. Y eso es algo que no deber√≠a olvidarse a la hora de juzgarlos¬Ľ.

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