Sep 4 2008
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EconomíaOpinión

Veinte años después, el combate contra la deuda externa sigue en pie

Esther Vivas*

El movimiento contra la deuda externa ha jugado, desde mediados de los años 80, un papel clave en el desafío al modelo de globalización capitalista y a sus promotores, siendo capaz de situar en el centro de la agenda política la temática del endeudamiento de los países del Sur y las consecuencias en sus poblaciones. Éste ha sido un movimiento amplio y plural, capaz de sacar a la calle en todo el mundo a miles de personas contra el yugo de la deuda y fortalecer de forma decisiva al movimiento altermundialista.

A grandes rasgos, y después de más de veinte años de trayectoria, podemos clasificar la evolución de este movimiento en cuatro etapas principales. La primera, de los años 80 hasta 1996, en la que se dieron las primeras protestas/1 de masas en los países del Sur contra el pago de la deuda y los Programas de Ajuste Estructural (PAE) impuestos por el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Una segunda etapa, de 1996 al 2000/2001, período en que se constituyeron las principales campañas contra la deuda a escala internacional y estatal, se llevaron a cabo las mayores acciones de protesta, principalmente, contra el G8, y se consiguió la máxima visibilidad política, social y mediática. Una tercera, del 2001 hasta el 2004, momento de auge del movimiento altermundialista y de interpelación de éste con las campañas contra la deuda. Y, finalmente, cabe señalar un último período, del 2004/2005 hasta la actualidad, en que el movimiento altermundialista pierde peso como tal, mientras que las dinámicas de movilización a nivel nacional contra las agresiones de las políticas neoliberales recuperan capacidad de protesta, del mismo modo que a nivel internacional las campañas sectoriales establecen sus propias agendas de trabajo al margen de las dinámicas de las contracumbres y, parcialmente, del proceso del Foro Social Mundial (FSM).
 
Un repaso a la historia
 
Los antecedentes del movimiento contra la deuda se remontan a los años 80 cuando en los dos continentes más castigados por el endeudamiento, América Latina y África, principalmente, surgieron campañas de masas contra el pago de la deuda y la aplicación de los Programas de Ajuste Estructural del BM y del FMI. En agosto de 1982, el gobierno mexicano fue el primer país en declararse insolvente para pagar la deuda, en un contexto de crisis aguda. Esta situación pronto se generalizó a muchos otros países de la periferia en lo que se ha llamado la crisis de la deuda. En este contexto, en 1985, Cuba lanzó una iniciativa por el no pago de la deuda con el objetivo de federar a los países latinoamericanos favorables a la suspensión del pago de la deuda, y que arrastró a un número importante de organizaciones campesinas, sindicatos, partidos en Brasil, Argentina, Perú, Ecuador y México. Se trató de una campaña masiva y popular, pero los gobiernos latinoamericanos, finalmente, optaron por no constituir este frente común/2.
 
De 1980 a 1990, las revueltas populares contra las políticas de ajuste impuestas por el FMI y el BM se generalizaron en buena parte de los países del Sur. En total se contabilizaron más de cincuenta alzamientos sociales en estos diez años que generaron miles de muertos en África, Asia y América Latina. Este movimiento de resistencias en el Sur inspiró a muchas otras organizaciones en el Norte.
 
La caída del muro de Berlín en 1989 y la desintegración de la URSS en 1991, con el consiguiente derrumbamiento del bloque del Este, marcaron un nuevo escenario político que fue determinante para el ciclo de protesta entrante y en el que el movimiento contra la deuda jugaría un papel de precursor, juntamente con otras luchas como el movimiento campesino, indígena, de mujeres.
 
A partir de 1996, y en los años posteriores, con la constitución de la campaña de Jubileo 2000 en Gran Bretaña/3 y su consiguiente expansión a otros países, el tema de la deuda adquirió una posición central en la dinámica de la movilización internacional, a la vez que el posicionamiento de las iglesias católica y protestante a favor de la condonación de las deudas de los países del Sur, coincidiendo con la celebración del año jubilar, año 2000, contribuyó a ello. De este modo, la cuestión de la deuda ganó relevancia en la agenda política de los países del G7 y de las Instituciones Financieras Internacionales (IFI), así como en los medios de comunicación.
 
La extensión de la campaña de Jubileo 2000 a otros países y continentes se llevó a cabo a finales de los años 90 de la mano, principalmente, de organizaciones vinculadas a la iglesia como en Canadá, Guayana, México, Zambia… Éste también fue el caso de la Campaña Deuda Externa, ¿Deuda Eterna? constituida en el año 1998 en el Estado español. En muchos casos, las organizaciones del Norte contribuyeron a financiar las campañas en el Sur/4.
 
A partir del marco general común de exigir la condonación (el perdón) de la deuda coincidiendo con el año 2000, las demandas concretas podían variar en función de las organizaciones que impulsaban la campaña en cada país o región. Mientras que algunas coaliciones exigían la anulación de toda la deuda, otras demandaban la anulación de la deuda impagable; mientras unas rechazaban de pleno la Iniciativa País Pobres Altamente Endeudados, (PPAE), otras instaban a su reforma. Estas divergencias se fueron agudizando con el tiempo y llevaron a la constitución, en 1999, del movimiento internacional Jubileo Sur, como una reacción desde dentro de Jubileo 2000 por parte de algunas organizaciones del Sur con posicionamientos más radicales.
 
La red internacional Jubileo Sur se creó formalmente en noviembre de 1999 en la cumbre Sur-Sur, que tuvo lugar en Sudáfrica, y fue impulsada por organizaciones africanas, latinoamericanas y asiáticas, quienes exigían la cancelación total de la deuda y definían el endeudamiento como inmoral e ilegítimo reivindicando a los países del Sur como acreedores de una deuda histórica, ecológica y social fruto de siglos de expolio y explotación.
 
Principales debates
 
Las diferencias en el seno del movimiento contra la deuda, entre sectores radicales y moderados, se remontan a sus inicios. Los primeros condenaban las condicionalidades de los PAE y exigían una total cancelación de la deuda y los segundos aceptaban una reducción sustancial de la deuda y una reforma de las condicionalidades que permitieran el alivio a los más pobres/5. Éstas posturas han marcado, desde los orígenes, los principales debates en el seno del movimiento.
 
A finales de los 90 y principios del 2000, con la constitución formal de Jubileo Sur y su alianza con organizaciones del Norte, como el CADTM y más adelante y de forma parcial con la Red Ciudadana por la Abolición de la Deuda Externa (RCADE) en el Estado español, se empezó a fortalecer la corriente radical en favor de la cancelación total de la deuda. En oposición, se encontraba la red de Jubileo 2000, integrada por distintas coaliciones de países del Norte, con Jubileo 2000 Gran Bretaña y Erlassjahr 2000 (Jubileo 2000 en Alemania) a la cabeza, y en alianza con campañas en el Sur, principalmente, en Ecuador, Perú y Bolivia, entre otras. Éstos defendían posturas reformistas acerca de la condonación de la deuda con demandas posibilistas y moderadas. A pesar de las divergencias, algunas organizaciones participaban en ambas coaliciones.
 
La red internacional de Jubileo 2000, junto con otros actores como Oxfam Internacional y EURODAD exigían la reducción de las deudas impagables de los países más pobres, la revisión de las condicionalidades, la reforma de las IFI, entre otras, mientras que Jubileo Sur, el CADTM y la RCADE reivindicaban la anulación total de la deuda, definiéndola como ilegítima e inmoral y considerando que ésta había sido pagada con creces, exigían la cancelación incondicional de las mismas y rechazaban las políticas impuestas por el FMI y el BM, etc.
 
El final del año jubilar, diciembre del 2000, fue la fecha de clausura de la campaña de Jubileo 2000 a nivel internacional y de algunas coaliciones nacionales como Jubileo 2000 Gran Bretaña, que había jugado un papel clave en la estrategia de expansión de la iniciativa, y también de la Campaña Deuda Externa, ¿Deuda Eterna?
 
Más allá del año 2000
 
El auge del movimiento altermundialista, entre los años 2001 y 2004, no dejó indiferente a las campañas contra la deuda. La emergencia del movimiento contra la globalización neoliberal obligó a los actores antideuda a una interpelación directa con éste. Así, mientras los sectores más radicales convergían y se integraban en el seno del movimiento altermundialista, aquellos más moderados optaban por el distanciamiento y la crítica a las acciones directas no violentas. Si en el período anterior, las organizaciones contra la deuda externa habían capitalizado las protestas en motivo de las cumbres del G8, consiguiendo una importante visibilidad y eco mediático y social, como en las cumbres de Birmingham en 1998 y de Colonia en 1999, a partir de este momento sus acciones y propuestas quedarían disueltas en el seno del movimiento altermundialista.
 
A partir del año 2001, nuevas demandas tomaron fuerza entre las organizaciones contra la deuda. La apuesta por la creación de un Tribunal Internacional de Arbitraje, la realización de auditorías ciudadanas o la reclamación de la ilegitimidad de la deuda fueron iniciativas que empezaron a plantearse en las contracumbres y los foros sociales. Cada una de estas demandas partía de un análisis político específico sobre las causas y las consecuencias del endeudamiento. Así, mientras la creación de un Tribunal de Arbitraje no ponía en cuestión los cimientos del sistema capitalista, la demanda de ilegitimidad rechazaba de base los mecanismos de endeudamiento y anteponía a éstos la soberanía de los pueblos para negarse a pagar una deuda ilegítima e insostenible.
 
A partir del año 2004/2005 podemos señalar el inicio de una nueva etapa. A nivel global, se da un contexto de pérdida de centralidad del movimiento altermundialista, después de las masivas protestas contra la guerra de los años 2003 y 2004, así como una disminución del impacto, tanto interno como externo, del Foro Social Mundial que pese a su consolidación pierde su carácter de novedad. Esto repercute en los movimientos sectoriales específicos como el de la deuda. Frente a una pérdida de centralidad del movimiento altermundialista y una cierta rutinización de los FSM, los movimientos temáticos como el de mujeres, de campesinos, de la deuda… empiezan elaborar agendas de movilización y de encuentro propias al margen de las citas unitarias de los foros y las contracumbres. El nuevo escenario devuelve la iniciativa al ámbito temático y sectorial, sin menospreciar las movilizaciones y los foros unitarios. Algunos ejemplos de esta dinámica sectorial serían: el encuentro internacional del movimiento contra la deuda en La Habana, en 2005; la celebración del Foro por la Soberanía Alimentaria en Malí, en febrero del 2007; o la Semana de acción global contra la deuda, en octubre del 2007, entre otras.
 
Esta etapa también se caracteriza por un aumento de la convergencia entre los actores antideuda que podemos afirmar que dura hasta la actualidad: búsqueda de marcos de trabajo comunes, de coordinación de acciones y de estrategias. El encuentro internacional contra la deuda en La Habana (Cuba), en septiembre del 2005, donde participaron todos los actores contra la deuda externa a escala global, fue un claro ejemplo de esta dinámica al aprobarse un calendario de movilización unitario y con el acuerdo de posturas comunes respecto a temas como la ilegitimidad de la deuda o la reclamación de una deuda social, histórica y ecológica por parte de los países del Sur, posturas defendidas anteriormente tan solo por los sectores más radicales.
 
En el período de movilización reciente, los sectores más combativos han marcado la pauta y el liderazgo de la protesta y han conseguido arrastrar a los más moderados hacia sus posiciones. A diferencia de años antes, cuando el movimiento era encabezado por la campaña Jubileo 2000, ahora son los sectores más radicales, que han venido trabajando en el marco movimiento altermundialista, quienes lideran el movimiento. A partir de aquí, podemos afirmar que el ciclo de protesta inaugurado en 1999, en Seattle, ha reforzado a aquellos actores con unas demandas y una perspectiva más confrontativa y radical.
 
Mucho ruido y pocas nueces
 
Pero, después de veinte años de movilizaciones contra la deuda, ¿qué logros han conseguido los movimientos sociales? ¿Qué impacto han tenido en la opinión pública? ¿Y en las instituciones internacionales?
 
En el ámbito externo al movimiento se han conseguido avances, especialmente, en el terreno de lo simbólico y en la percepción que las sociedades, tanto del Norte como del Sur, tiene de la problemática del endeudamiento. En los países acreedores, las campañas han difundido las causas y las consecuencias que el pago de la deuda externa tiene para los pueblos del Sur y se ha vinculado el concepto de deuda externa al de pobreza y subdesarrollo. Así mismo, en los países acreedores, se ha generado una importante movilización de denuncia de las consecuencias que esta deuda tiene sobre sus poblaciones y la responsabilidad de las instituciones internacionales (BM, FMI, G8…) en la generación y mantenimiento de la misma. En el transcurso de estos años, las campañas han dejado claro la necesidad de condonar, cancelar o abolir la deuda para permitir el desarrollo de estos países, a la vez que han reivindicado una deuda social, ecológica e histórica del Norte respecto al Sur.
 
En relación con otros movimientos sociales, debemos de señalar como éstos han ido incorporando como propia la demanda de cancelación de la deuda externa. Así colectivos de mujeres, ecologistas, campesinos, ONG’s de desarrollo… han asumido en su repertorio de reivindicaciones la necesidad de cancelar las deudas de los países del Sur. Un hecho que es fruto de la participación y el impulso de los actores antideuda en el seno del movimiento altermundialista, a la vez que estos últimos han incorporado a su discurso y demandas nuevos enfoques ecologistas, feministas, anticorporativos… en una dinámica de contaminación mutua.
 
En el ámbito institucional, más allá de situar la cuestión de la deuda en la agenda política, los cambios conseguidos han sido mínimos. Si analizamos, por ejemplo, las promesas de condonación de los países miembros del G8, podemos afirmar que éstas no han sido nada más que una estrategia de limpieza de imagen. En la cumbre de Colonia, en junio de 1999, los jefes de estado de los países más ricos se comprometieron a anular el 90% de la deuda bilateral y multilateral de los 42 países más endeudados listados en la Iniciativa PPAE. Pero, finalmente, las cifras reales tan solo equivaldrían a un 3% de la deuda total de los países del Sur.
 
Según Éric Toussaint y Damien Millet/6, esta contradicción, entre promesas y realidad, pone de relieve el objetivo de los países del G8 para mantenerse como acreedores de los PPAE y del resto de los países subdesarrollados. Su objetivo es continuar imponiendo las políticas neoliberales y mantener un mecanismo permanente de transferencia de riqueza del Sur a los capitalistas del Norte. Los países que ocupen una posición geoestratégica relevante o que se muestren más dóciles seguirán recibiendo medidas de reducción de la deuda, pero que no les servirán de nada para liberarse del yugo neoliberal. Respecto al resto de los países en desarrollo, que suman un total del 89% de la población pobre del planeta, el G8 ni siquiera ha propuesto ninguna medida de alivio.
 
 
Es a partir del análisis de estas cifras que se observa la dificultad para conseguir medidas reales de alivio que tengan un impacto en las poblaciones del Sur. La deuda es un claro ejemplo de la dominación Norte-Sur y las élites políticas y económicas no renunciarán fácilmente a ella. El impacto político se debe de medir en el terreno de los simbólico, del descrédito y del debilitamiento de los acreedores tanto del G8 como de las IFI.
 
Aún así, algunos gobiernos o instancias políticas en Europa, como el gobierno noruego o el senado belga, han dado pequeños pasos en lo que respecta la declaración de ilegitimidad de algunas de las deudas de las que sus países eran acreedores. Según Jubileo Sur/7, el hecho de que un gobierno de los países acreedores reconozca y tome responsabilidad pública sobre este tema, abre una oportunidad en la lucha por la ilegitimidad de la deuda y es un precedente a tener en cuenta. En el Estado español, por ejemplo, el trabajo de los actores antideuda ha conseguido, a finales del 2006, la aprobación en el Congreso de una Ley reguladora de la gestión de la deuda externa que, a pesar de sus limitaciones, significa un cierto paso adelante sobre todo en materia de transparencia informativa.
 
En lo que se refiere al pago de la deuda por parte de los países del Sur, según Éric Toussaint/8, la coyuntura actual es favorable para que los gobiernos de estos países modifiquen la situación y sea posible el desendeudamiento. En la actualidad, un número importante de estos países, si incluimos a Rusia como lo hace el BM y el FMI, son acreedores netos de EEUU y de los bancos privados en el Norte y si se lo propusieran podrían reembolsar de facto al FMI todo el dinero que le deben y crear fondos de asistencia para que los otros países en desarrollo, con menos recursos, pudieran también eliminar su deuda rápidamente. Pero como señalaba Toussaint, los países que tienen en su mano la posibilidad del cambio (China, Rusia, India, Brasil, Nigeria, Indonesia, México y Sudáfrica) no tienen la más mínima intención de llevar a cabo esta estrategia, ya que sus gobernantes son los primeros beneficiados por la implementación de las políticas neoliberales en sus países.
 
En oposición, debemos de señalar aquellos gobiernos como el de Rafael Correa en Ecuador, Hugo Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia que, a pesar de sus contradicciones y límites, rechazan, con grados diversos y de forma parcial, al imperialismo y a las políticas neoliberales, a la vez que fortalecen el papel del Estado. Aún así, los pasos dados por estos gobiernos en materia de deuda, a excepción del de Correa, han sido muy moderados.
 
El gobierno de Rafael Correa es quien se ha mostrado más favorable para tomar medidas que frenen el pago de la deuda, repudiando aquella considerada como ilegítima y dedicando la partida ahorrada a inversiones sociales. Hay que tener en cuenta que Ecuador es el país de América Latina que dedica un mayor porcentaje de su presupuesto al reembolso de la deuda externa. En este sentido, el gobierno de Correa ha hecho pública su voluntad de identificar la deuda ilegítima del país y ha creado una Comisión de Auditoría Integral de la Deuda Pública Interna y Externa, formada por representantes de la administración del Estado y de la sociedad civil ecuatoriana e internacional. El trabajo de esta Comisión de Auditoría priorizará la deuda contraída con los acreedores multilaterales, sin dejar de lado los préstamos comerciales, los bonos y los bilaterales, a la vez que nace con una vocación integral, incluyendo no sólo un análisis financiero o legal, sino también una valoración social y ambiental. A pesar de que en materia de deuda Correa lleva a cabo una política avanzada, ésta no es necesariamente extensiva a otros ámbitos.
 
Acabar con el yugo de la deuda externa, como instrumento de control y de dominación de los países periféricos y poner fin a la expoliación de sus recursos naturales es hoy más urgente que nunca. Los países en desarrollo han reembolsado casi diez veces el monto de la deuda de 1980 y aún así se encuentran cinco veces más endeudados. Como defiende el movimiento antideuda, debemos de exigir la ilegitimidad y la inmoralidad de estas deudas y abogar por el reconocimiento de una deuda ecológica, social e histórica del Norte respecto al Sur.
 
1 Las resistencias nacionales contra la deuda externa se remontan al siglo XIX cuando ésta se empezó a utilizar como instrumento de dominación de los pueblos del Sur. Desde entonces varios países intentaron rechazar su pago, pero no fue hasta mediados de los años 80, en el siglo XX, que se dio una movilización masiva desde del Sur que trascendió las fronteras nacionales.
 
2 Millet, D. y Toussaint, É. (2004) 50 preguntas 50 respuestas, Barcelona, Icaria editorial.
 
3 La constitución de la campaña Jubileo 2000 y el apoyo que recibió por parte de las iglesias cristianas marcó un punto de inflexión en la trayectoria del movimiento contra la deuda estableciendo el punto de partida de lo que sería un potente movimiento internacional antideuda.
 
4 Donnelly, E. (2002) “Proclaiming Jubilee: the debt and structural adjustment network” en Khagram, S. et al.(ed) Restructuring world politics, Minneapolis, University of Minnesota Press.
 
5 Donnelly, E. (2002) Op cit.
 
6 Toussaint, É. y Millet, D. (2005) El G7 prefiere las promesas a los actos: no habrá una verdadera anulación de la deuda en http://www.cadtm.org/article.php3?id_article=1145
 
7 Jubileo Sur (2006) Norway cancels the debt claimed of five south countries en: http://www.cadtm.org/spip.php?article2124&var_recherche=norway
 
8 Toussaint, É. (2005b) Deuda: nuevos retos en http://www.cadtm.org/article.php3?id_article=1673
 
*Esther Vivas es autora de En pie contra la deuda externa (El Viejo Topo, 2008). Artículo publicado en El Viejo Topo, nº 244.

 

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