Jun 15 2009
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Política

Venezuela, Chávez y la crítica de los intelectuales al gobierno bolivariano

Néstor Francia*

Qué ejemplarizante la forma respetuosa en que el presidente Chávez hizo referencia a las recientes críticas de intelectuales revolucionarios –hechas en un evento internacional organizado en Caracas por el Centro Internacional Miranda–, sobre todo para quienes han apelado a la descalificación injusta contra personas respetables que no han hecho más que expresar sus opiniones, a lo cual tienen pleno derecho, estemos o no de acuerdo con ellas.

En el encuentro comentado por Chávez había gente insospechable como Juan Carlos Monedero, Marta Harnecker, Aram Arhaonian, Iraida Vargas, Vladimir Acosta, Carmen Bohórquez, Rigoberto Lanz, José Luís Pacheco, Roberto Hernández Montoya, Eva Golinger, Luís Britto García, Mario Sanoja, Arístides Medina, entre muchos otros. Al margen de que concordaran o no con todos los conceptos allí emitidos, ninguno de ellos pateó la mesa ni descalificó a nadie por sus opiniones.

Así es la democracia revolucionaria, una donde nadie es dueño absoluto de la verdad y donde todos, incluido el presidente, tal como lo dijo él mismo claramente el día de ayer, tienen que estar abiertos a las críticas y dispuestos a debatir.

Eduardo Galeano, nada más y nada menos, aseguró que comparte las inquietudes planteadas en el mencionado evento “que son también reflexiones y preguntas, sobre todo preguntas, que podemos y debemos hacer no sólo en relación con Venezuela, sino que también son aportes muy necesarios a los procesos de cambio de otros países y de otras regiones del mundo. Ojalá esta actitud de ustedes siga creciendo y ayudando. Ya va siendo hora de aprender del pasado, porque si vamos a repetirlo mejor nos quedamos en casa”

¿Entonces qué?

¿Será que Galeano va pasarse a la contrarrevolución? ¿Es Galeano un “chavista sin Chávez” (supuesta tendencia que, dentro de la Revolución, plantea seguir adelante prescindiendo del líder)? ¿Es Galeano un infiltrado? ¿Debe demostrar algo Galeano con respecto a su vida, su obra, su larga lucha revolucionaria? ¿O está ejerciendo esta gran figura latinoamericana el papel que asigna a los intelectuales el pensador revolucionario François Houtart: “Los intelectuales, si no son comprometidos, no son creíbles; pero si no son críticos, no son útiles”?

No nos podemos detener en conceptos aislados. Yo particularmente considero necesario el llamado “hiperliderazgo” de Chávez (una de los conceptos emitidos en el evento) en este momento de la Revolución. Pero tampoco me parece aceptable reducir a esa sola cuestión el conjunto de críticas que se viene haciendo. En general, no se está criticando a Chávez, sino a los vicios del proceso que el mismo líder critica a menudo.

Por ejemplo, Luís Britto García, revolucionario, Premio Nacional de Literatura y Premio Casa de las Américas, escribió ayer en Ultimas Noticias, entre otras cosas:

“Solucionemos la dicotomía entre un Estado formal ineficiente y el Estado informal de las misiones, que resuelve urgentes problemas pero en condiciones de precaria institucionalización y con voluntarios en situación laboral ambigua”; y también, con relación al tema central de este artículo: “Integremos los intelectos creadores en todas las áreas de la ciencia, la sociedad, la política y la cultura. En lugar de aislarlos, permitámosles participar”

El desprecio por los intelectuales no es revolucionario. El Ché Guevara, por ejemplo, los tenía en alta estima. En su célebre carta a Armando Hart, muy crítica de la burocracia soviética por cierto, recomienda el estudio de “Libros que traten de problemas concretos, no sólo de los actuales gobernantes, sino del pasado, haciendo averiguaciones serias sobre los aportes de filósofos y, sobre todo, economistas o estadistas” (subrayado nuestro)

En Cuba se ha venido reconociendo el error de menospreciar el papel de la crítica. En la entrevista que le hace Ignacio Ramonet en el libro Cien horas con Fidel, el líder histórico de la revolución cubana dice cosas harto interesantes:

“Nosotros confiábamos en la crítica y en la autocrítica, sí. Pero eso se ha casi fosilizado. Ese método, tal como se estaba utilizando, ya casi no servía. Porque las críticas suelen ser de un grupito; nunca se acude a la crítica más amplia, a la crítica en un teatro por ejemplo (…) conozco a algunos que dicen: «Sí, me autocritico», y se quedan tan tranquilos, ¡muertos de risa! Son felices (…) Hay que ir a la crítica y a la autocrítica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, en el municipio, y en el país (…) Nosotros debemos tener el valor de reconocer nuestros propios errores precisamente por eso, porque únicamente así se alcanza el objetivo que se pretende alcanzar”

No hay ninguna duda de que la mayoría de los intelectuales revolucionarios tienen en su pensamiento notables rémoras pequeño-burguesas, y que en muchos sentidos necesitan ir transformando su conciencia en el ejercicio de la práctica. Pero en ese camino hay que ayudarlos y no execrarlos. Marx y Engels eran ellos mismos intelectuales burgueses que se transformaron y se hicieron líderes de la clase obrera.

En fin, bienvenido sea el llamado de Chávez a criticar y debatir. Pero, vamos a repetirlo, no esperemos que eso venga desde las alturas: el pueblo es un gran crítico en este momento, quienes andamos en la calle lo sabemos.

Sigamos su ejemplo, bien si somos intelectuales o no, y hagamos como recomendó Mao: “no temer a la crítica ni a la autocrítica y aplicar aquellas máximas populares chinas tan buenas como di todo lo que sepas y dilo sin reservas, no culpes al que hable, antes bien, toma sus palabras como una advertencia y corrige tus errores” (Sobre el gobierno de coalición, 24 de abril de 1945)

* Analista político.

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1 Comentário

Comentarios

  1. Venezolano
    20 junio 2009 12:19

    Chavez critica a los intelectuales como vargas llosa por no entender su “robolucion”.
    De paso critica a los intelectuales de izquierda que lo apoyan por no entender su “robolucion”.
    ¿No entienden que no se puede estar pro encima del YO SUPREMO?
    Fascista es fascista, aunque se disfrace de rojo rojito.