Mar 13 2007
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Política

Venezuela. – EL DOCTOR FRANKENSTEIN

Aparecida en la revista Piel de Leopardo, integrada a este portal.

Mary Wollstonecraft, mientras mantenía su ménage a trois con Percey Shelley, su marido, y Lord Byron –las malas lenguas dicen que hasta dormían los tres juntos–, fue desafiada una noche de tormenta a escribir un cuento de horror. Estaban en Ginebra bajo rayos y centellas. Mary, por sus orígenes, tenía en la mente aquel personaje del folclore medieval y de la mitología judía, el Golem, el mismo que tan destacada resonancia tiene en la Kabbalah, como ser creado desde materia inanimada, y hasta en la Biblia, que lo menciona como sustancia embrionaria.

La joven escritora conocía de los experimentos científicos de su tiempo (1818), puesto que todo escritor, quiéralo o no, es influenciado por lo que vive. Su personaje creador, su alter ego, sería el doctor Víctor Frankenstein, el científico que tomaría la materia inanimada para, durante dos años de ardua labor, crear el resultado que el cine, las tiras cómicas y la moderna mitología “massmediática” elevaría a calidad de icono del horror. Aquella noche de Ginebra nació la ciencia-ficción, sin imaginarse nadie, menos el extraordinario escritor Lord Byron, que cada lenguaje cambia y el Golem sería sinónimo de tonto en yiddish.

La modernidad ha visto otro sin fin de intentos de reconstrucción de un cuerpo, de pujos por parte de políticos de alzarse como nuevo Prometeo definiendo líderes desde la materia inanimada.
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Mary Shelley desarrolló su trabajo en tres narraciones, con muchas cajas chinas, hasta llegar al momento en que el personaje sin nombre, bautizado Frankenstein por su creador, se independizó y echó a andar con pretensiones de independencia. El doctor Víctor se sumió en la impotencia y todo su esfuerzo se dirigió a detener a su creación.

De las tres narraciones que tiene el libro original apenas estamos en la segunda en nuestra versión de los hechos, quiero decir que falta una y media. La primera se reduce a la colaboración intensa con el personaje embrionario, la segunda al intento de hacer de su presencia ya viva una cotidianeidad aceptada y a una colaboración en el desarrollo de su poder hasta que la realidad demuestra que es imposible. Comienzan entonces los deseos de ocultarlo y como el personaje bautizado con el nombre de su creador anda alzado pues vienen las reuniones y algunos interesantes personajes enriquecen la trama. Es siempre, sin embargo, el doctor Víctor Frankenstein, desdoblado y por ende con dos cabezas, el que maneja los hilos de la con-fabulación.

Es el deber de Víctor Frankenstein liberar al mundo de su creación. Los aliados de la creación deben decir “Amén”, sin dejar de jorungar. La creación del anticuerpo toma tiempo, es menester que la creación con nombre de su creador no se ponga demasiado nerviosa. Los personajes consultan con Víctor Frankenstein, hombre sabio sin duda, quien aconseja prudencia, dos pasos hacia delante y uno hacia atrás, una proclama de democracia y una voluntad de pertenecer al único, a la materia inyectada de vida por uso de la electricidad.

Pero es siempre Víctor Frankenstein, al que los inocentes creían dormido, desaparecido e inerme, el que sabe lo que hace, ahora en estrecha alianza con el ex-segundo de a bordo. Suponemos que vigilados por los servicios de seguridad del Estado, recordando los viejos tiempos de militancia común bajo la égida del maestro que decía “el único político muerto es el que está bajo tierra”, el dúo llamado Víctor Frankenstein espera pacientemente llegar al tercer capítulo, aquel en que la criatura debilitada esté lista para desaparecer de escena.

Sólo así el doctor Víctor Frankenstein habrá concluido felizmente la novela.

La imagen de apertura corresponde a una ilustración de Boris Vallejo, de 1993)

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* Escritor.

tlopezmelendez@cantv.net.

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